El vuelo 909

Parece que fue ayer, pero han transcurrido ya 57 años de aquella fatídica y calurosa tarde del 9 de agosto de 1961, cuando el avión DC-3 de Cubana –que acababa de levantar vuelo del aeropuerto de Rancho Boyeros, en La Habana, con destino a la otrora Isla de Pinos–, fue sacudido por la balacera

Jesus Rodriguez Osorio ,Teniente Coronel del Ministerio del Interior ,combatiente del Ejercito Rebelde en el Segundo Frente Oriental FranK País , fundador d e los Órganos de la Seguridad del Estado,.

Silvino Sánchez Almaguer,combatiente caído en acción cuanto trato de impedir el secuestro del avión por el grupo numeroso de contrarrevolucionarios que pretendían llevarse la aeronave rumbo a EE UU.

Llevaba como escoltas a dos muchachos que provenían del Ejército Rebelde: uno de Barajagua, municipio de Cueto, Silvino Sánchez Almaguer; y Jesús Rodríguez Osorio, del barrio de Colorado, perteneciente a la antigua región de Mayarí, ambos de la actual provincia de Holguín.

Pero el vuelo con destino a la Isla no despegó justamente a la hora en que le correspondía, sino mucho después de que el DC-8 americano –procedente de Texas, Estados Unidos, y con destino a Colombia–, aterrizara de emergencia en el citado aeropuerto internacional de Rancho Boyeros, ya que había sido desviado hacia La Habana por un individuo armado.

Jesús era el único escolta, como siempre, que debía llevar el pequeño bimotor, pero al subir a su puesto, después de una larga espera a causa del desvío del avión americano, se encontró, sorpresivamente, con Silvino, también portando una metralleta checa, a quien le habían dado la orden de reforzar el vuelo Habana-Gerona, precisamente por el desvío del avión americano.

«Primero le dije que se fuera –cuenta ahora Jesús– que no hacía falta, pero ante su insistencia en quedarse, en cumplimiento de una orden que le había dado el mando superior, le puse la mano en el hombro y le dije: “Bueno, quédate, pero eso sí: mantente alerta y no te confíes de nadie. Cualquier pasajero que se levante, aunque sea para ir al baño, míralo fijamente a los ojos como si tuvieras la intención de dispararle”».

Silvino ocupó su puesto en el asiento de la cola del avión. Jesús siguió por el angosto pasillo; con pasos firmes, entró a la cabina de los pilotos y cerró con seguro la puerta, antes de que subieran los pasajeros, obedeciendo a reglas de seguridad. Ya el piloto Luis Álvarez de la Regata y el copiloto Alberto Bayo se encontraban dentro de la cabina haciendo las comprobaciones técnicas de rutina, para asegurarse de que no había ningún problema para el despegue.

El DC-3 de fabricación norteamericana encendió los potentes motores y pidió permiso para el despegue, el cual se realizó normalmente con los 38 pasajeros a bordo.

Jesús respiró profundo, se acomodó en el pequeño asiento plegable y sostuvo fuertemente su modelo 25 checa de culata recortada, que lo hizo sentirse más seguro ante cualquier contingencia posible:

«Como ya yo estaba predispuesto por lo ocurrido al avión americano, a los pocos minutos del despegue se me ocurrió echarles un vistazo a los pasajeros a través del ojo mágico que había en el centro de la puerta, y veo que una mujer le pasaba una pistola a un hombre que iba en el asiento contiguo…

«Como deduje que se trataba de un secuestro, plegué el asiento, me tiré bocabajo en el piso, rastrillé la metralleta y le dije a los pilotos que se prepararan, porque se iba a producir un asalto, pero el capitán no me creyó, hasta que sonaron varios disparos que perforaron la puerta de la cabina, pasándome por encima. Quedé al acecho, pero al momento algunos de los asaltantes trataron de abrir la puerta, dándome ya por muerto, pues luego supe que nos habían disparado a Silvino y a mí simultáneamente. Si no hubiera hecho la observación en el momento en que lo hice y me hubiera tirado bocabajo en el piso, me habrían trozado por la cintura».

Al instante, y en medio del intenso tiroteo, se escuchó la voz del copiloto Alberto Bayo, que se trasladó al pequeño radio de la torre de control del aeropuerto internacional José Martí, en Boyeros, ocasionando una gran alarma que movilizó con rapidez a varios helicópteros, carros patrulleros y del G-2 y a numerosas ambulancias:

–¡Torre Martí, vuelo 909, hay una emergencia… Nos quieren robar el avión. Hay un tiroteo!

Después de más de 20 minutos de intenso tiroteo, y por firme orden de Jesús al copiloto Alberto Bayo, que ahora tenía en sus manos el control absoluto de los mandos del avión, porque el capitán piloto Álvarez de la Regata acababa de caer con un disparo en la nuca, este empezó a descender, casi rozó un campo de caña y se deslizó suavemente, hundiendo en el terreno arado su barriga metálica.

Por la cantidad de disparos que tuvo que hacer respondiendo a los del enemigo, a Jesús se le infló el ánima de su metralleta, y tuvo que hacer uso entonces de su pistola, pero al llegar a tierra, solo le quedaban tres balas. Aun así o sin saberlo, se enfrentó a tiros a tres asaltantes que lo esperaban en la cola del avión, pero abatió a uno de ellos y los otros se rindieron.

Silvino yacía ensangrentado en el piso del avión, pero según testimonio reciente de uno de los asaltantes entrevistado por este redactor (una mujer), él «se batió como una fiera»; poco antes de caer mortalmente herido, por varios disparos que le hicieron a quemarropa, disparó una ráfaga con su metralleta y ajustició a uno de los asaltantes.

«Yo recuerdo a Silvino como un hombre noble, humilde, como un combatiente digno, ejemplar, valiente, que se alzó, al igual que yo, en la columna 17, en el II Frente Frank País. Hasta donde descansan sus restos en el humilde cementerio de la comunidad de Barajagua, hemos ido –apoyados siempre por el organismo político de la Delegación Provincial del Ministerio del Interior en Santiago de Cuba– a llevarle flores, a rendirle honores, como él merece», afirma Jesús.

Durante el juicio celebrado a los asaltantes en La Cabaña, en La Habana, los peritos determinaron que el piloto Álvarez de la Regata presentaba un disparo en la nuca con fragmentos de pólvora, lo que indicaba que había sido hecho a muy corta distancia.

¿Qué pasó entonces? El escolta, presionado por los disparos y el asedio constante de los asaltantes pretendiendo penetrar a la cabina, más el del propio piloto insistiendo en que abriera la puerta, «porque eran muchos contra él solo» –como decía una y otra vez–,  se vio obligado a ajusticiarlo. Poco tiempo después de los hechos, según investigaciones que se practicaron, se supo que era cómplice del asalto, porque conocía que el mismo se iba a producir.


El sobrecargo José Ramón Ferrándiz Lefebre, durante el intenso tiroteo, se parapetó detrás del respaldar de su asiento para evitar que uno de los tantos disparos de su propio compañero, el escolta de la cabina, lo alcanzara; no podía hacer otra cosa. Después de este hecho, el alto mando sacó a Jesús de estos vuelos como escolta y no volvieron a coincidir.

Muchos años después se reencontraron. Fue en 1975, precisamente en un vuelo en el que Ferrándiz iba como sobrecargo y Jesús con destino a Angola, a cumplir una misión internacionalista. Ambos se abrazaron con mucha alegría. Pero, poco tiempo después, Jesús recibió la amarga y dolorosa noticia de su muerte en el atentado terrorista al avión cubano de Barbados en 1976, donde también ocupaba su puesto como sobrecargo.


Dos de los asaltantes resultaron muertos en el tiroteo, varios fueron heridos, algunos de gravedad, y la mayoría recibió condenas de privación de libertad, no así el principal cabecilla, que fue condenado a la pena máxima. Otros, luego de cumplir sus penas, abandonaron el país, y los menos fueron reivindicados, como la que nos hizo el relato del escolta caído.

Jesús, hoy teniente coronel retirado del Minint, quien tuvo el alto honor de llegar a ser el jefe de la guardia personal del presidente chileno Salvador Allende, con quien convivió en su propia casa, es hoy un hombre más maduro y consciente, pero que, como antes, está dispuesto a dar su vida por esta causa que ha costado la vida de tantos hombres valiosos, entre ellos el escolta rebelde Silvino.

Fuente Periodico Granma

Nota Oficial del Ministerio del Interior en Villa Clara

El Ministerio del Interior en la provincia Villa Clara prioriza la investigación de un hecho de asesinato por el que resultó occisa una estudiante que cursaba el cuarto año de la carrera de Medicina en la Universidad de Ciencias Médicas del territorio.


Leidy Laura García Lugo, una joven estudiante de 24 años de edad que cursaba el cuarto año de la carrera de Medicina en Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara.
asesinada, con señales de “violencia extrema”, tras reportarse como desaparecida desde el pasado 30 de marzo

Desde el pasado sábado 30 de marzo, comenzó un intenso trabajo al radicarse una denuncia por la ausencia a su domicilio, ubicado en la localidad de Esperanza, del municipio de Ranchuelo, donde era esperada porterior a concluir su servicio de guardia rotativo, en el hospital ginecobstétrico “Mariana Grajales” de Santa Clara, como parte de su formación como profesional de la Salud.

Un equipo especializado del Ministerio del Interior trabaja en el esclarecimiento del hecho, cuyo resultado se informará a través de los medios de comunicación.