Jóvenes cubanos y extranjeros participan en tareas de la agricultura en el Campamento Internacional Julio Antonio Mella, perteneciente al ICAP. Foto: Juvenal Balán
El Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), nació en medio de la efervescencia desatada al triunfo de nuestra Revolución, cuando miles y miles de personas se acercaban al país queriendo conocer a sus dirigentes y al pueblo que vivía la nueva experiencia revolucionaria. Tal como expresara el Presidente Raúl Castro en su carta de felicitación, esta institución fue creada hace 55 años por nuestro Comandante en Jefe “con la premisa de que ser solidarios constituiría siempre un componente esencial de la Revolución”.POR LA AMISTAD CON TODOS LOS PUEBLOS DEL MUNDO
La Ley 901, aprobada el 30 de diciembre de 1960 por el Consejo de Ministros, reconoce en su Artículo 1 la creación del “Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos como organismo de carácter autónomo, con propia personalidad jurídica y plena capacidad legal que radicará en la Capital de la República para cumplir los fines que en esta Ley se expresan”.1
Y el Artículo 2 de la ley declara que los fines de la nueva institución son:
a) Estimular y facilitar la visita a Cuba de los representativos de los sectores populares y progresistas de todos los países del mundo que muestren interés en conocer directamente las transformaciones sociales y económicas y las realizaciones producidas por la Revolución Cubana en nuestro país.
b) Propender al fortalecimiento de la amistad con todos los pueblos del mundo, acorde con los postulados de la Declaración de La Habana, con la preocupación sostenida del Gobierno Revolucionario y con la labor de los numerosos comités de solidaridad y de justo trato para Cuba creados en países de América y de otros continentes.2
El 1ro. de enero de 1961, Fidel firmó la Resolución No. 1 mediante la cual designa a Carlos Olivares Sánchez, Emilio Aragonés y Ramón Calcines, miembros de la Comisión Asesora de esta institución, y nombra a Giraldo Mazola Collazo como su director.
Por ello, el 30 de diciembre de 1960 es reconocido oficialmente como el día de la fundación del ICAP, aunque desde mediados de ese año la prensa de la época hace referencia a múltiples actividades organizadas o centradas por ese organismo. Ante esta aparente contradicción y para precisar otros detalles, solicitamos una entrevista a su primer director
—quien actualmente se desempeña como embajador de Cuba en la República de Namibia— y a Kenia Serrano Puig, su actual presidenta.
El 1ro. de enero de 1961, Fidel firmó la Resolución No. 1 mediante la cual designa a Carlos Olivares Sánchez, Emilio Aragonés y Ramón Calcines, miembros de la Comisión Asesora del ICAP, y nombra a Giraldo Mazola Collazo como su director.
FIDEL TUVO LA IDEA DE CREAR EL ICAP
Giraldo Mazola, nos cuenta: “En agosto de 1959, fui al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes de Viena y a mi regreso Emilio Aragonés, quien era el coordinador del Movimiento, me dice: ‘Mira, Olivares salió para Relaciones Exteriores entonces tú pasas a ser el Secretario de Relaciones Exteriores del 26 de Julio’. Yo le dije que yo no tenía ninguna experiencia con ese trabajo. Él me respondió: ‘Acabas de ir al Festival de Juventudes, eso es una experiencia’. Así empecé a finales de 1959 como Secretario de Relaciones Exteriores de la Dirección Nacional del 26 de Julio; estuve ahí como dos o tres meses, hasta que un día Emilio me llama y me dice que el Comandante en Jefe quiere que le hagamos un proyecto de ley para crear un organismo, que se llamaría Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y me trasladó las ideas de Fidel.
Elaboré el proyecto con la ayuda de Carneado, que era abogado. Cuando se lo di, Emilio Aragonés me entregó la llave del palacete de la calle 17 No. 301, entre H e I —sede del futuro ICAP—, y me dijo que me habían designado para esa tarea y que Fidel me vería en ese lugar para darme todas las indicaciones. También me dijo que debía ir buscando un grupo de jóvenes que me acompañara y que procurara que hablaran algún idioma. Comencé a buscar gente, entre ellos a Gustavo Mazorra a quien conocí cuando estuvimos presos”.
Pocos días después Fidel llegó a la sede y, con suma paciencia, le explicó a Mazola su concepción sobre cómo debía ser ese nuevo organismo que surgía para satisfacer la creciente curiosidad que despertaba en dirigentes obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales de todo el mundo el hecho revolucionario cubano.
“He insistido muchas veces —dice Mazola—, que el ICAP no fue creado para promover solidaridad con Cuba. Fue para dar, no para recibir. Lo mismo que hemos hecho después en las misiones nuestras en África y con las brigadas de médicos y de educadores en diferentes partes del mundo”.
Muy pronto en el ICAP comenzamos a traer invitados para las efemérides más notables como el 1ro. de Enero, 1ro. de Mayo, 26 de Julio. Me dieron entonces como 200 autos Cadillac, Chrysler y las limousines de Batista y de Prío que no podían ser usadas en oficinas ni por dirigentes. Con ellas y unos ómnibus, teníamos que llevar por todo el país a los invitados”.
“El recuerdo más relevante que tengo de aquella etapa fundacional, fue la posibilidad de tener contactos frecuentes con Fidel, Raúl, el Che y muchos otros dirigentes y de haber participado en cientos de entrevistas de ellos con delegaciones extranjeras. Fidel iba al ICAP, o iba a donde estaban alojados algunos delegados, o pedía el programa de alguna delegación y se aparecía allí, se encontraba con los invitados, y ahí sobre la marcha me daba indicaciones. También Celia Sánchez venía a controlar cómo estaba haciendo el trabajo. Celia me daba consejos, sugerencias, pero con un estilo angelical que recuerdo con cariño. Ella era el lazo de cuero mojado, suave, que aprieta pero no duele”.ABRAZANDO A GENTE NECESITADA DE SOLIDARIDAD
Por indicaciones de Fidel, el ICAP también atendió a los cubanos que regresaban a la Patria cargados de necesidades, así como un considerable número de heridos de guerra y huérfanos argelinos. Años después, formó parte de las instituciones que contribuyeron en la atención de familias latinoamericanas cuyos miembros habían sido asesinados por el Plan Cóndor o aún sufrían persecución y, durante más de 20 años, a los niños de Chernóbil. Esos hechos por sí solo bastan para entender que el ICAP, como aseverara Kenia Serrano “nació con alma profunda, y se forjó abrazando a gente necesitada de solidaridad y llena de firmes convicciones, practicando literalmente ese concepto de nuestro Comandante de que ‘ser internacionalistas no es dar lo que nos sobra, sino compartir lo que tenemos’”.
En el Palacio de Convenciones, al valorar el trabajo desarrollado, Kenia Serrano afirmó: “En estos 55 años nos distinguimos por haber preservado modos de hacer solidaridad con el mundo que surgieron en las primeras décadas de la Revolución; en las actuales Asociaciones de Amistad que Cuba tiene con diferentes países y regiones perdura la dinámica que la Heroína Melba Hernández le imprimió al Comité Cubano de Solidaridad con Vietnam del Sur, o que luego adoptó el histórico Comité Cubano Anti Apartheid, alrededor de los cuales se aglutinó el activismo de la sociedad cubana, las organizaciones y los ministerios, nuestros intelectuales, comunicadores, deportistas, combatientes, aportando representantes que pudiesen transmitir las iniciativas de su sector en defensa de tantas causas justas”.SOLIDARIDAD DEL MUNDO HACIA CUBA
El ICAP nació para mostrar la realidad cubana y una de las vías más eficaces para ello ha sido la atención que le ha dado a las delegaciones y a los grupos de interés sociopolítico; así como a la organización de eventos internacionales y al movimiento de brigadas internacionales de trabajo voluntario que, desde la primera Brigada Venceremos procedente de los EE.UU., hasta hoy, ha traído a La Habana más de 100 000 brigadistas. Solo este año el ICAP ha atendido a miles de amigos de 86 naciones.
La solidaridad política hacia Cuba tiene larga data. Surgió espontáneamente incluso antes del triunfo. No olvidemos que en los primeros años, decenas de especialistas extranjeros vinieron a dar su aporte solidario trabajando como médicos, ingenieros, arquitectos, maestros y en otras especialidades. Al arreciar las agresiones de Estados Unidos contra Cuba, el sentimiento de solidaridad creció. Miles y miles de personas de todos los continentes —cuando la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos en abril de 1961—, manifestaron su disposición de venir a Cuba para luchar junto a su pueblo con las armas en la mano. Un alto número de los grupos y asociaciones más antiguos de solidaridad con Cuba tienen su fecha de fundación por aquellos días de Girón y de la Crisis de Octubre.
Kenia, en sus palabras por el aniversario 55, rememoraba que “cuando inició el periodo especial, cuando muchos presagiaban el fin de la Revolución y con ella el fin de la solidaridad, el movimiento se multiplicó, se diversificó y no escatimó en formas para acompañarnos a resistir frente a un mundo unipolar, un bloqueo que se arreció y los cambios políticos que acontecieron en el planeta. Campañas de ayuda material a Cuba, con lápices, libretas, petróleo, leche en polvo, sillas de ruedas, medicamentos, entre otros artículos y productos vitales llegaron aquí y fueron parte de la tabla salvadora. La conclusión que extraemos de esta etapa es que esa solidaridad material que ahora se ha dirigido a proyectos de colaboración ha sido una expresión clara de la solidaridad política que el mundo manifiesta con Cuba”.
Ese movimiento internacional de solidaridad con Cuba vinculado y centrado por el ICAP, creció y se consolidó en causas tan justas como la devolución del niño Elián y la lucha por la liberación de nuestros Cinco hermanos prisioneros del imperio. Ahora, con el regreso de los Cinco Héroes, triunfalmente se ha cerrado un ciclo de la solidaridad y se abre otro: la lucha definitiva por el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero; la denuncia a la subversión contra Cuba y la lucha por la devolución del territorio que ocupa la ilegal Base Naval en Guantánamo.[1] Gaceta Oficial de la República de Cuba. Edición extraordinaria. La Habana, viernes 30 de diciembre de 1960. p. 2.
El 10 de octubre de 1868 se inició la lucha por la independencia nacional, cuando el hacendado y abogado bayamésCarlos Manuel de Céspedes incendió el ingenio azucarero de su propiedad, “La Demajagua”, proclamó la independencia de Cuba y dio la libertad a sus esclavos. Estalló así la primera guerra independentista, que duró diez años (hasta 1878).
Es destacable la participación de Ignacio Agramonte y Loynaz, quien organizó la famosa caballería camagüeyana y cayó en combate en 1871; el dominicano Máximo Gómez, quien organizó la primera carga al machete (la cual se convirtió en lo adelante en la principal arma del Ejército Libertador cubano) y combatió por la independencia de Cuba hasta 1898; el mestizo Antonio Maceo, conocido como el “Titán de Bronce”, así como Calixto García.
La Guerra de los Diez Años no tuvo un final feliz, influyó en ello un incontrolable caudillismo y regionalismo desatado entre los cubanos que hicieron fracasar la unidad y por ende, la independencia. En 1878, el general español Arsenio Martínez Campos propuso al mando cubano el llamado “Pacto de El Zanjón” por medio del cual cesaba la guerra. Muchos de los criollos en guerra no aceptaron las enmiendas del pacto, pero se vieron totalmente en minoría y finalmente claudicaron.
En 1878 surgió la figura culminante de las luchas cubanas por la independencia: José Martí (1853-1895), quien fundó el Partido Revolucionario Cubano y dirigió guerra de 1895. Máximo Gómez y Antonio Maceo continuaron luchando y extendieron la guerra desde el oriente del país a toda Cuba. España nada pudo hacer ante el avance de las tropas independentistas.
Las fuerzas cubanas ganaban cada vez más terreno y el Ejército Español se debilitaba rápidamente con su política de “Hasta el último hombre y hasta la última peseta”. En esa situación se produjo, en 1898, la intervención de los Estados Unidos en la guerra tomando como pretexto el estallido en el puerto de La Habana del acorazado norteamericano “Maine”, y que según muchos historiadores fue autosaboteado por Estados Unidos para intervenir en el conflicto.
El gobierno de Washington acabó muy pronto con el maltrecho Ejército Español y no reconoció al gobierno de la República de Cuba en Armas, impidiendo incluso la entrada de las tropas cubanas a la ciudad de Santiago de Cuba, una vez que capituló.
La guerra concluyó con la firma de un tratado de paz (Tratado de París, del 10 de diciembre de 1898) entre España y Estados Unidos en virtud del cual Norteamérica recibió el control absoluto de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
En 1901, el Senado y la Cámara de Representantes norteamericanos aprobaron la Enmienda Platt, la cual permitía la “soberanía” de Cuba, pero autorizaba al gobierno norteamericano a intervenir en cualquier momento en el país, y dejaba establecido que el gobierno de Cuba debía arrendar a los Estados Unidos “las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el presidente de los Estados Unidos.” El 20 de mayo de 1902 a Cuba se le concedió, después de tres años bajo tutela estadounidense, una independencia formal controlada por una oligarquía dependiente de Washington que convirtió al país, de hecho, en neocolonia de Estados Unidos. Desde entonces, se sucedieron gobiernos corruptos e intervenciones norteamericanas que cumplían la misión de entregar cada vez más las riquezas de la nación a intereses foráneos.
El escenario político cubano de aquellos años sólo había contado hasta el momento con hombres corruptos, pero más tarde un pequeño grupo de patriotas en oposición creó en 1923 el movimiento estudiantil de la Reforma Universitaria, tras la creación de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) -diciembre de 1922- destacándose como líder el martiano y marxista Julio Antonio Mella.
Le siguen la fundación de la Liga Antimperialista, la Universidad Popular “José Martí” para obreros, y otras organizaciones. En agosto de 1925 nacen la Confederación Obrera de Cuba y el Partido Comunista, fundado por Julio Antonio Mella y el socialista Carlos Baliño, entre otros.
Estas inquietudes juveniles contra la corrupción pronto abarcaron un amplio temario y sectores de la sociedad, lo cual contribuyó al desarrollo de una tendencia independentista de inspiración martiana, y más tarde antimperialista, de gran auge en la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado y luego contra la de Fulgencio Batista.
El 26 de julio de 1953 un grupo de jóvenes con Fidel Castro al frente, atacó en Santiago de Cuba, en el oriente del país, el Cuartel Moncada, segunda fortaleza militar cubana, con el objetivo de armar al pueblo e iniciar una insurrección general. El asalto terminó en derrota militar, pero destacó a Fidel Castro como líder de la futura revolución. La Historia me Absolverá, alegato de autodefensa de Fidel Castro en el juicio por el hecho, en el que se convirtió de acusado en acusador, devino el mejor argumento para la incorporación de decenas de miles de cubanos a la lucha antibatistiana.
Fidel Castro y los asaltantes sobrevivientes fueron condenados a prisión en el Presidio Modelo de Isla de Pinos (hoy, Isla de la Juventud). Una fuerte campaña popular consiguió la amnistía de los prisioneros, quienes se exiliaron en México en 1955.
En México, Fidel Castro organizó a sus compañeros del ataque al cuartel Moncada y a otros revolucionarios que se le unieron, entre ellos el argentino Ernesto “Che” Guevara. Salió del puerto mexicano de Tuxpan hacia Cuba a bordo del yate “Granma” y desembarcó el 2 de diciembre de 1956 por la playa Las Coloradas, al sur de la región oriental, reiniciando la lucha armada, esta vez como guerrilleros en las montañas de la Sierra Maestra. Al mismo tiempo se organizó en todo el país la lucha clandestina.
Triunfo de la Revolución
El primero de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista, definitivamente derrotado por las fuerzas revolucionarias comandadas por Fidel Castro, abandonó Cuba. Había triunfado la Revolución Cubana.
Muchas fueron las acciones y muchos los héroes de la guerra de liberación. Hombres desconocidos totalmente, se hicieron adorados por el pueblo gracias a su valentía e inteligencia en el combate, gracias a sus ideas populares y su respeto a las masas, por eso Fidel estuvo bien acompañado durante toda la contienda, porque hombres como el humilde sastre Camilo Cienfuegos, o el médico argentino Ernesto Guevara de la Serna, lo siguieron siempre y estuvieron a su lado en los momentos más difíciles, tanto en la guerra como en los primeros meses del triunfo revolucionario. Ese es el secreto de la increíble comunicación de los líderes de la Revolución con las masas, pues los líderes eran las masas mismas.
El 7 de febrero de 1959 se restauró la Constitución de 1940, al aprobarse la Ley Fundamental de la República, a la cual introdujeron los cambios correspondientes a la nueva situación del país, como el otorgamiento del poder legislativo y facultades constituyentes al Consejo de Ministros. Tomó posesión el presidente Manuel Urrutia, un exmagistrado, y Fidel asumió el cargo de Primer Ministro el 16 de febrero. Posteriormente ocurrieron sucesos como la intervención de la Cuban Telephone Company, la Cooperativa de Ómnibus Aliados y de Ómnibus Metropolitanos y se firmó la Ley de Reforma Agraria.
El camino estaba expedito para cumplir las promesas del Moncada y la Sierra Maestra, a pesar del incremento de la contrarrevolución organizada desde República Dominicana y Estados Unidos, a donde huyeron numerosos criminales y políticos batistianos. Comenzaba así la otra guerra, una guerra más solapada, más sucia. Las montañas del centro y occidente del país se llenaron de bandidos armados y financiados por la contrarrevolución exiliada en los Estados Unidos y luego ocurrió la Invasión por Playa Girón, donde participaron aviones del Ejército Norteamericano y fuerzas contrarrevolucionarias entrenadas por especialistas de ese país.
Obreros, campesinos y estudiantes, integrantes de las Milicias Nacionales Revolucionarias y los Comités de Defensa de la Revolución -fundados en 1959 y 1960, respectivamente- tomaron las armas y derrotaron a los invasores en 72 horas, los bandidos también fueron aniquilados y continuó el proceso revolucionario.
La historia de Cuba con los Estados Unidos no terminó con esta hazaña, sino que al desaparecer el campo socialista en el este de Europa, y la URSS al borde de la desintegración, el Gobierno estadounidense entendió que había llegado el momento de iniciar, en 1990, una nueva fase del bloqueo económico contra Cuba.
En abril de ese año, legisladores de La Florida presentaron proyectos de leyes en el Congreso, con el propósito de interrumpir las transacciones entre filiales de transnacionales norteamericanas y nuestro país, aspecto que se había flexibilizado desde 1975.
Pretendían además, sancionar a los barcos que transportaran mercancías o pasajeros a la mayor de las antillas (180 días sin tocar puertos estadounidenses). El 23 de octubre de 1992, el entonces presidente republicano George Bush firmó la denominada Ley Torricelli y en 1997, como continuidad de esta política, se implementó el capítulo II de la Ley Helms-Burton.
Desde el mismo momento de su aprobación, Washington no ha escatimado esfuerzos para conseguir internacionalizar la Ley, tratando de incorporar a la Unión Europea y otros aliados en su política contra la Isla.
A lo largo de todos estos años la batalla ha continuado. Cuba enfrenta atentados, sabotajes, guerra bacteriológica, un bloqueo económico terrible y cada vez más novedosas formas de agresión, incluyendo campañas contra el país a través de todos los medios. A pesar de este injusto y cruel ensañamiento por parte de la nación más poderosa de la Tierra, el gobierno revolucionario inició un programa socialista para el desarrollo nacional, a la vez que impulsó un profundo programa de desarrollo social que ha hecho de Cuba el país de mayores niveles de justicia social de todo el Tercer Mundo. Se destacan en este programa los altísimos logros de la salud pública en la que Cuba aspira a ser una potencia mundial; en la educación, gratuita a todos los niveles y obligatoria hasta la enseñanza media; en el deporte, donde obtiene los primeros lugares de los Juegos Panamericanos y en las Olimpiadas; y en la cultura, asequible a todos los cubanos y proclamada por nuestros artistas en todo el Orbe.
El analfabetismo era en Cuba uno de los problemas sociales que la Revolución heredó, y que se propuso eliminar en el menor tiempo posible, esa fue una de las razones por las que el líder de la Revolución convocó al pueblo a sumarse a una campaña nacional para en un año, declarar al país libre de ese mal.
Uno de los decenas de miles de voluntarios que se sumaron a esa llamado fue el joven de solo 16 años de edad Manuel Ascunce Domech, quien ascendió al lomerío espirituano del Escambray para llevar la educación a los campesinos.
Pero en el lomerío actuaban bandas de contrarrevolucionarios que por encargo de los servicios especiales de Estados Unidos intentaban con la violencia destruir la construcción de una nueva sociedad en Cuba, que tenía el propósito Martiano de hacer realidad el precepto: SER CULTOS PARA SER LIBRES.
Esa fue la razón en que en la tarde noche del 26 de noviembre de 1961, un grupo de bandidos, encabezados por Braulio Amador, Pedro González y Julio Emilio Carretero, llegaron hasta la humilde morada del campesino Pedro Lantigua, y tras engañarlo lo desarmaron y comenzaron a maltratar delante de su familia.
En ese hogar también se encontraba el casi niño alfabetizador Manuel Ascunce, a quien María de la Viña, la esposa de Pedro, trató de salvaguardar diciendo que era uno de sus hijos. A pesar del peligro y la tensión provocada por la irrupción de los criminales el joven expresó: YO SOY EL MAESTRO, lo que provocó la ira de los criminales.
A golpes los sacaron del bohío y próximo a él se ensañaron con los indefensos prisioneros, los arrastraron por el campo hasta colgarlos de un árbol, pero antes los torturaron.
Era la expresión practica del grito fascista, Muera la cultura, ya que ella como expresó Martí es el único modo de ser libres.
Ante aquel abominable hecho fuerzas revolucionarias incrementaron la persecución a las bandas que operaban en el macizo montañoso del Escambray y no cejaron hasta años después eliminarlas totalmente.
Aunque han transcurrido 53 años del abominable asesinato de Mauel Ascunce y Pedro Lantigua su pueblo no los olvida ni tampco ha borrado de la memoria historia el sangriento actuar de los enemigos de la Revolucion. UN POCO DE HISTORIA Las primeras bandas contrarrevolucionarias armadas aparecieron en 1959 y están asociadas fundamentalmente a antiguos miembros de los cuerpos represivos de la tiranía que tratando de eludir la justicia de los tribunales Populares, se internaron en zonas de difíciles accesos, más como una forma de escapar que de oponer resistencia
Hasta 1965 en que fueron totalmente destruida en toda Cuba operaron bandas de alzados que tenían como denominador común, eludir el combate e implantar el terror en las zonas de operaciones, que ocasionó 214 asesinatos, entre según datos del libro “Bandismo Derrota de la CIA en Cuba”, de Pedro Echeverry Vazquez y Santiago Oceguera.
En ese profundo estudio del bandismo se detalla que entre las víctimas estaban 63 campesinos y trabajadores agrícolas, 13 niños, 8 ancianos, tres mujeres, 9 maestros voluntarios, alfabetizadores y colaboradores de la campaña de alfabetización, e incluso los contrarrevolucionarios asesinaron a 18 alzados por pugnas internas entre ellos.
Esa es la triste historia de quienes por encargo del gobierno de Estados Unidos actuaron con sadismo contra la población cubana, a lo que se añade los daños materiales que provocaron sus acciones contra instalaciones especialmente en zonas rurales y el costo que ocasiono su enfrentamiento.
Hoy algunos tratan de hacer olvidar la historia, intentan hacer creer que el bandidismo fue un intento de librar a Cuba del Socialismo, que los integrantes de aquellas hordas criminales eran combatientes de la libertad, pero la historia real es que fue una de las páginas más sangrientas del terrorismo de estado contra la Revolución cubana, que como todo intento fracasó por la férrea voluntad de los cubanos.
La dictadura de Fulgencio Batista de 1952 a 1958 precipitó el advenimiento de la Revolución Cubana. Algunos mitos, cuidadosamente alimentados por los partidarios del antiguo régimen exilados en Miami y por los detractores de Fidel Castro, persisten aún.
1. El golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 que organizó Fulgencio Batista, expresidente de la República de 1940 a 1944, puso fin al orden constitucional y derrocó al gobierno democráticamente elegido de Carlos Prío Socarrás, unos meses antes de las elecciones presidenciales de junio de 1952.
2. Antiguo sargento estenógrafo, Batista emergió a la vida política cubana durante la Revolución del 4 de septiembre de 1933 que lideraron los estudiantes y que derrocó la dictadura odiada de Gerardo Machado. Encabezó una rebelión de suboficiales y se apoderó del ejército, convirtiéndose en el nuevo jefe del Estado Mayor. Al día siguiente, el 5 de septiembre de 1933, Batista visitó al embajador estadounidense Sumner Welles, lo que auguraba su futura traición. Welles estaba preocupado por los “elementos sumamente radicales” que acababan de tomar el poder. El gobierno revolucionario de Ramón Grau San Martín, conocido por el nombre de Pentarquía, tenía el apoyo de “la inmensa mayoría del pueblo cubano”, según la embajada estadounidense.
3. Estados Unidos se negó a reconocer al nuevo gobierno revolucionario y alentó a Batista a ejecutar un golpe de fuerza para derrocar a Grau San Martí. Éste preconizaba, mediante la voz de Antonio Guiteras, verdadera alma de la Revolución de 1933, la soberanía nacional y la justicia social. Welles informó a Batista de que disponía del “apoyo de la inmensa mayoría de los intereses económicos y financieros en Cuba”.
4. En enero de 1934, con el apoyo de Washington, Batista derrocó al gobierno de Grau San Martín, conocido como el gobierno de los “cien días” (127 días), impuso la figura de Carlos Mendieta y conservó el poder real. El sargento ascendido a general acababa de doblar las campanas de la Revolución de 1933. Washington se alegró de la situación: “El 4 de septiembre de 1933 fue liquidado”.
5. A pesar de las incesantes conspiraciones, la inestabilidad política crónica y la hostilidad de Estados Unidos, la Revolución de 1933 organizó elecciones para el 22 de abril de 1934, convocó una Asamblea Constituyente para el 20 de mayo de 1934, otorgó la autonomía a las universidades, redujo el precio de los artículos de primera necesidad, dio el derecho de voto a las mujeres, limitó la jornada laboral a ocho horas, creó un Ministerio del Trabajo, redujo las tarifas de electricidad y de gas, acabó con el monopolio de las empresas estadounidenses, impuso una moratoria temporal sobre la deuda y, sobre todo, nacionalizó la Cuban Electric Company, filial de la American Bond and Foreign Power Company.
6. De 1934 a 1940, Batista reinó entre bambalinas hasta su elección a la presidencia de la República en 1940, gracias a una coalición heteróclita que agrupaba a las fuerzas conservadoras y a los comunistas del Partido Socialista Popular. Según Washington, “el volumen y el tamaño de la corrupción”, su alineamiento con la política exterior estadounidense y su dependencia del mercado estadounidense marcaron su gobierno. Batista permitió también que Washington utilizara el espacio aéreo, marítimo y terrestre, dispusiera de varias bases aéreas y navales con uso exclusivo durante la Segunda Guerra Mundial, sin reciprocidad, poniendo así la soberanía nacional entre paréntesis.
7. En 1944, Ramón Grau San Martín fue elegido a la Presidencia de la República y tomó el poder en octubre de 1944. Batista dejó una situación financiera desastrosa a su sucesor. El embajador estadounidense Spruille Braden se dio cuenta de la situación tan pronto como julio de 1944 e informó a sus superiores: “Es cada vez más evidente que el Presidente Batista desea hacerle la vida difícil a la próxima administración por todos los medios posibles, y particularmente desde un punto de vista financiero”. Braden denunció “un robo sistemático de los fondos del Tesoro” y señaló que “el Doctor Grau encontrará cajas vacías cuanto tome el poder”.
8. Grau San Martín dirigió el país hasta 1948 y su administración estuvo gangrenada por la corrupción y la dependencia de Estados Unidos. El Departamento de Estado enfatizó el punto débil de la nación cubana en un memorándum del 29 de julio de 1948: “La economía mono-productora depende casi exclusivamente de Estados Unidos. Si manipulamos las tarifas o la cuota azucarera podemos hundir a toda la isla en la pobreza”.
9. Carlos Prío Socarrás, Primer Ministro de Grau en 1945 y Ministro del Trabajo después, ganó la elección presidencial de 1948. El nepotismo y la corrupción marcaron su administración.
10. El 10 de marzo de 1952, a tres meses de las elecciones presidenciales del 1 de junio de 1952, Batista rompió el orden constitucional e instauró una dictadura militar. Aumentó el salario de las fuerzas armadas y de la policía (de 67 pesos a 100 pesos y de 91 pesos a 150 pesos respectivamente), se otorgó un salario anual superior al del presidente de Estados Unidos (pasó de 26.400 dólares a 144.000 dólares frente a los 100.000 dólares de Truman), suspendió el Congreso y entregó el poder legislativo al Consejo de Ministros, suprimió el derecho de huelga, restableció la pena de muerte (prohibida por la Constitución de 1940) y suspendió las garantías constitucionales
11. El 27 de marzo de 1952, Estados Unidos reconoció oficialmente al régimen de Batista. Como subrayó el embajador estadounidense en La Habana, “las declaraciones del general Batista respecto al capital privado fueron excelentes. Fueron muy bien recibidas y yo sabía sin duda posible que el mundo de los negocios formaba parte de los más entusiastas partidarios del nuevo régimen”.
12. En julio de 1952, Washington firmó acuerdos militares con La Habana, aunque era consciente del carácter brutal y arbitrario del nuevo poder. Cuba está “bajo el yugo de un dictador sin piedad”, subrayó la embajada estadounidense en un informe confidencial de enero de 1953 con destino al Departamento de Estado. En efecto, el general reprimía con mano de hierro a la oposición, particularmente a la juventud estudiantil simbolizada por el asesinato del joven Rubén Batista en enero de 1953.
13. El 26 de julio de 1953, un joven abogado llamado Fidel Castro encabezó una expedición armada contra el cuartel Moncada, segunda fortaleza militar del país. Fue un fracaso sangriento. El consulado estadounidense de Santiago de Cuba señaló que “el Ejército no hizo distinciones entre los insurrectos capturados o simples sospechosos”, reconociendo las masacres que cometieron los soldados tras recibir órdenes del coronel Alberto del Río Chaviano. Enfatizó también “el número muy bajo de heridos entre los insurrectos con respecto al número de soldados heridos. […]. Los asaltantes capturados fueron ejecutados a sangre fría y los asaltantes heridos también fueron liquidados”.
14. En noviembre de 1954, Batista organizó una parodia electoral que ganó sin dificultad. Estados Unidos reconoció que “las elecciones que previó Batista eran un simulacro destinado a aferrarse al poder”.
15. En mayo de 1955, tras una orden de Washington, el régimen militar creó el Buró de Represión de las Actividades Comunistas (BRAC), que se encargaba de “reprimir todas las actividades subversivas que pudieran afectar a Estados Unidos”.
16. Si los discursos de Batista eran ferozmente anticomunistas, conviene recordar que fue él quien estableció por primera vez relaciones diplomáticas entre Cuba y la Unión Soviética en 1942.
17. Durante toda la dictadura militar, Batista mantuvo relaciones comerciales con Moscú, vendiendo azúcar. En 1957, el Diario de la Marina, periódico conservador cubano, se alegró de aquellas ventas señalando que “el precio del azúcar había mejorado después de que la Unión Soviética adquiriera 200.000 toneladas”. En ningún momento, Washington se preocupó de las relaciones comerciales entre la Unión Soviética y Cuba bajo la dictadura de Batista. La historia sería otra cuando tomara el poder Fidel Castro.
18. En mayo de 1955, Batista, quien deseaba mejorar su imagen y responder a una petición popular, procedió a una amnistía general y liberó a Fidel Castro así como a los otros presos del Moncada.
19. El 2 de diciembre de 1956, tras organizar una expedición desde México donde conoció a Che Guevara, Fidel Castro desembarcó en Cuba con 81 hombres para lanzar una guerra insurreccional contra la dictadura militar de Batista. Sorprendidos por el ejército, la operación fue un fracaso y los revolucionarios tuvieron que dispersarse. Fidel Castro se encontró con otros 11 insurgentes, con un total de 7 fusiles solamente.
20. El embajador estadounidense Arthur Gardner expresó su punto de vista sobre Fidel Castro en un informe enviado al Departamento de Estado. El líder del Movimiento 26 de Julio era un “gánster” que “iba a apoderarse de las industrias americanas” y “nacionalizarlo todo”. En cuanto al dictador Batista, “dudo de que hayamos tenido mejor amigo que él”. Hacía falta entonces “apoyar al actual gobierno y promover la expansión de los intereses económicos estadounidenses”.
21. Batista ejercía una violencia feroz hacia la oposición. Pero Estados Unidos se mostró discreto con respecto a los crímenes que cometía su aliado cubano. No obstante, la embajada estadounidense en La Habana multiplicaba los informes sobre este tema: “Estamos convencidos ahora de que los recurrentes asesinatos de personas a quienes el gobierno califica de opositores y terroristas son en realidad el trabajo de la policía y del ejército. La explicación oficial es que los hombres fueron asesinados por otros opositores. Sin embargo, el agregado jurídico recibió confesiones indirectas de culpabilidad en los círculos policiales, además de pruebas de la responsabilidad de la policía”.
22. Wayne S. Smith, joven funcionario de la embajada estadounidense, estuvo conmocionado por las masacres que cometían las fuerzas del orden. Describió escenas de horror: “La policía reaccionaba de modo excesivo a la presión de los insurgentes, torturando y matando a centenas de personas, tanto a inocentes como a culpables. Se abandonaban los cuerpos, ahorcados en los árboles, en las carreteras. Tales tácticas condujeron inexorablemente a la opinión pública a rechazar a Batista y a apoyar a la oposición”.
23. En febrero de 1957, la entrevista a Fidel Castro que realizó Herbert Matthews del New York Times permitió que la opinión pública estadounidense y mundial descubriera la existencia de una guerrilla en Cuba. Batista confesaría más tarde en sus memorias que gracias a ese palo periodístico “Castro empezaba a ser un personaje de leyenda”. Matthews matizó sin embargo la importancia de su entrevista: “Ninguna publicidad, por más sensacional que fuese, habría podido tener efecto si Fidel Castro no fuera precisamente el hombre que yo describí”.
24. El 13 de marzo de 1957, un comando del Directorio Revolucionario del líder estudiantil José Antonio Echeverría, que se componía de 64 jóvenes, asaltó el Palacio Presidencial con el objetivo de ejecutar a Batista. La operación fue un fracaso y costó la vida a 40 de los 64 estudiantes. Los supervivientes fueron perseguidos a través de la ciudad y asesinados. Echeverría perdió la vida durante un enfrentamiento con la policía cerca de la Universidad de La Habana.
25. La embajada francesa en La Habana brindó un análisis sobre el ataque del 13 de marzo: “Las reacciones americanas a los acontecimientos en Cuba eran de horror, de simpatía por los insurrectos, de reprobación contra Batista. Al leer los editoriales que los principales periódicos dedicaron al evento, resulta claro que el heroísmo de los patriotas cubanos marcó mucho a Estados Unidos […]. Si algunos reconocen sin embargo que los insurrectos del 13 de marzo estuvieron equivocados en sus métodos, es verdad, mucho más que en sus objetivos, todos estiman en cambio que dieron a su causa la palma del martirio y que este ejemplo galvanizaría a la oposición cubana”.
26. Fidel Castro, quien firmó una alianza con el Directorio Revolucionario en la lucha contra Batista, estaba en desacuerdo con el asesinato político: “Estábamos contra Batista pero nunca intentamos organizar un atentado contra él y habríamos podido hacerlo. Era vulnerable. Era mucho más difícil luchar contra su ejército en las montañas o intentar tomar una fortaleza que estaba defendida por un regimiento. ¿Cuántos había en la guarnición del Moncada, aquel 26 de julio de 1953? Cerca de mil hombres, quizás más. Preparar un ataque contra Batista y eliminarlo era diez o veinte veces más fácil, pero nunca lo hicimos. ¿Acaso el tiranicidio sirvió una vez en la historia para hacer la revolución? Nada cambia en las condiciones objetivas que engendran una tiranía […] Nunca hemos creído en el asesinato de líderes […], no creíamos que se abolía o se liquidaba un sistema, cuando se eliminaba a sus líderes. Combatíamos las ideas reaccionarias, no a los hombres”.
27. En las montañas de la Sierra Maestra donde se desarrollaban los combates entre el ejército y los insurrectos, Batista evacuó por la fuerza a las familias campesinas para eliminar la base de apoyo de los rebeldes y los concentró en almacenes de la ciudad de Santiago. Aplicaba así los métodos del general español Valeriano Weyler durante la guerra de 1895-1898. En un editorial, la revista Bohemia denunció una “situación de tragedia” que recordaba “las épocas más oscuras de Cuba”. El semanal relató la suerte de unas 6.000 víctimas: “Es una historia dolorosa, de sufrimientos, de penas intensas. Es la historia de 6.000 cubanos obligados a dejar sus hogares, allí, en los rincones inextricables de la Sierra Maestra, para concentrarlos en lugares donde carecían de todo, donde era difícil ayudarlos, darles una cama o un plato de comida”.
28. El 29 de julio de 1957, el asesinato de Frank País, líder del Movimiento 26 de Julio en la provincia de Oriente, desató una inmensa manifestación que fue reprimida por las fuerzas batistianas, hasta el punto de que el embajador estadounidense Earl E. T. Smith se sintió obligado a denunciar “la acción excesiva de la policía”.
29. El 5 de septiembre de 1957, la sublevación de una fracción del ejército contra Batista en Cienfuegos fue anegada en sangre. Según el embajador Smith, “el factor clave para quebrar la revuelta de Cienfuegos” fue el uso de aviones “F-47 y B-26” suministrados por Estados Unidos.
30. El 29 de septiembre de 1957, el Colegio Médico de Cuba publicó un informe sobre la situación política cubana durante la XI Asamblea General de la Asociación Médica Mundial. Según éste, “los combatientes de la lucha armada que se rinden son liquidados. No hay prisioneros, sólo hay muertos. Muchos opositores no son sometidos al Tribunal de Justicia sino ejecutados con un tiro en la nuca o ahorcados. Intimidan a los magistrados y a los jueces sin que las voces de protesta sean escuchadas. La desesperanza se difunde entre los jóvenes que se inmolan en una lucha desigual. El que es perseguido no encuentra refugio. En la embajada de Haití, diez solicitantes de asilo fueron asesinados por la fuerza pública […]. La prensa está totalmente censurada. No se permite la información periodística, ni siquiera por parte de agencias internacionales […]. En los locales de los cuerpos represivos de la policía y del ejército, torturan a detenidos para arrancarles por la fuerza la confesión de presuntos delitos. Varios heridos presentes en las clínicas y hospitales fueron llevados por la fuerza y aparecían varias horas después asesinados en las ciudades y en el campo”. El Washington Post y Times Herald señalaron que “los médicos cubanos son víctimas de atrocidades, incluso de asesinato por curar a rebeldes cubanos”.
31. En 1958, además de apoyar al régimen de Batista, Estados Unidos enjuició y encarceló a Carlos Prío Socarrás, presidente legítimo de Cuba, refugiado en Miami, bajo pretexto de violar las leyes de neutralidad del país. Éste intentaba organizar una resistencia interna contra la dictadura.
32. En cuanto a la libertad de prensa, Estados Unidos presenta a la Cuba prerrevolucionaria con una mirada positiva. Así, afirma, “antes de 1959, el debate público era vigoroso: había 58 periódicos y 28 canales de televisión que proporcionaban una pluralidad de puntos de vista políticos”. Los documentos de la época y los hechos contradicen esta afirmación. En efecto, un informe de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) publicado en 1957 calificó de “antidemocrático al gobierno del Presidente Fulgencio Batista de Cuba, pues este gobierno no respeta la libertad de prensa”. De hecho, la censura en la prensa se aplicó durante 630 días de los 759 que duró la guerra insurreccional entre el 2 de diciembre de 1956 y el 1 de enero de 1959.
33. Bajo Batista, la corrupción era endémica. “Los diplomáticos informan incluso de que si siempre hubo corrupción gubernamental en Cuba, nunca fue tan eficaz y generalizada como bajo el régimen del Presidente Fulgencio Batista”, precisaba el New York Times.
34. Batista estaba íntimamente vinculado a los elementos de gansterismo tales como Meyer Lansky o Luigi Trafficante Jr. Sus primeros contactos con la mafia se remontaban a 1933 cuando se autoproclamó coronel y se le acercaron Charles “Lucky” Luciano y Santo Trafficante senior. El mundo del juego, sumamente lucrativo, estaba controlado por Lansky, número dos de la mafia estadounidense, ‘uno de los principales gánsteres de Estados Unidos”, quien “había creado para el dictador Batista la organización actual de los juegos de La Habana”, según el diario francés Le Monde.
35. Estados Unidos y los partidarios del antiguo régimen presentan todavía la Cuba batistiana como “la vitrina de América Latina” de la época. La realidad es sensiblemente diferente. Las estadísticas del Banco Nacional de Cuba están disponibles para este periodo y es posible comparar la situación económica bajo el gobierno democrático del presidente Carlos Prío Socarrás y bajo el régimen militar de Batista. Así, entre 1951 y 1952, el PIB cubano aumentó un 2,52%. De 1952 a 1953, bajo Batista, el PIB cayó un 11,41%, con un alza de sólo un 0,9 de 1953 a 1954, y de un 3,5 de 1954 a 1955. Sólo en 1956, el PIB volvió a alcanzar su nivel de 1952 con 2.460,2 millones de pesos. Así, resulta imposible hablar de crecimiento económico entre 1952 y 1956. Durante dos tercios del reinado de Batista no hubo crecimiento. La mejoría sólo ocurrió a partir de 1957 cuando el PIB alcanzó la cifra de 2.803,3 millones de pesos y en 1958 volvió a bajar a 2.678,9 millones de pesos.
36. Además, las reservas monetarias cayeron de 448 millones de pesos en 1952 a 373 millones en 1958, los cuales fueron robados durante la huida de Batista y sus cómplices 1 de enero de 1959. La deuda de la nación pasó de 300 millones de dólares en marzo de 1952 a 1.300 millones en enero de 1959 y el déficit presupuestario alcanzó 800 millones de dólares.
37. La política azucarera de Batista fue un fracaso. Mientras que este sector generaba ingresos a la altura de 623 millones de pesos en 1952, bajó a 383,5 millones en 1953, 412,8 millones en 1954, 402,1 millones en 1955, 426,1 millones en 1956 y 520,7 millones en 1958. Sólo el año 1957 generó más ingresos que 1952 con 630,8 millones de pesos.
38. Los obreros y empleados agrícolas pagaron el precio. Mientras que su remuneración se elevaba a 224,9 millones de pesos en 1952, cayó a 127,7 millones en 1953, 128,2 millones en 1954, 118,9 millones en 1955, 127 millones en 1956, 175,3 millones en 1957 y 156,9 millones en 1958. Durante el régimen de Batista nunca tuvieron el ingreso de 1952. Lo mismo ocurrió con los obreros y empleados no agrícolas. Mientras que su ingreso global era de 186,6 millones de pesos en 1952, bajó a 126,2 millones en 1953, 123,5 millones en 1954, 112,7 millones en 1955, 114,6 millones en 1956, 145,7 millones en 1957 y 141,8 millones en 1958. Bajo Batista los obreros y empleados no agrícolas nunca alcanzaron su nivel de ingreso de 1952.
39. No obstante, el régimen de Batista se benefició de la ayuda económica estadounidense como nunca antes. Las inversiones estadounidenses en Cuba pasaron de 657 millones de dólares en 1950 bajo Carlos Prío Socarrás a más de 1.000 millones de dólares en 1958.
40. El profesor estadounidense Louis A. Pérez Jr. señala que “en realidad, el ingreso per cápita en Cuba en 1958 era más o menos similar al de 1947”.
41. Según un estudio que realizó el Consejo Nacional de Economía de Estados Unidos entre mayo de 1956 y junio de 1957 publicado en un informe titulado Investment in Cuba. Basic Information for the United States Busing Department of Commerce, el número de desempleados era de 650.000 la mitad del año, es decir cerca del 35% de la población activa. Entre esas 650.000 personas, 450.000 eran desempleados permanentes. Entre los 1,4 millones de trabajadores, cerca del 62% recibía un salario inferior a 75 pesos mensuales. Según el Departamento de Comercio de Estados Unidos, “en el campo, el número de desocupados aumentaba tras la zafra azucarera y podía superar el 20% de la mano de obra, es decir entre 400.000 y 500.000 personas”. Los ingresos anuales del jornalero no superaban los 300 dólares.
42. Cerca del 60% de los campesinos vivía en barracones con techo de guano y piso de tierra desprovistos de sanitarios o de agua corriente. Cerca del 90% no tenían electricidad. Cerca del 85% de esos barracones tenían una o dos piezas para toda la familia. Sólo el 11% de los campesinos consumía leche, el 4% carne y el 2% huevos. El 43% eran analfabetos y el 44% nunca había ido a la escuela. El New York Times señala que “la gran mayoría de ellos en las zonas rulares –guajiros o campesinos– vivían en la miseria, a nivel de la subsistencia”.
43. Según el economista inglés Dudley Seers, la situación en 1958 era “intolerable. “Lo que era intolerable, era una tasa de desempleo tres veces más elevada que en Estados Unidos. Por otra parte, en el campo, las condiciones sociales eran malísimas. Cerca de un tercio de la nación vivía en la suciedad, comiendo arroz, frijoles, plátanos y verdura (casi nunca carne, pescado, huevos o leche), viviendo en barracones, normalmente sin electricidad ni letrinas, víctima de enfermedades parasitarias y no se beneficiaba de un servicio de salud. Se le negaba la instrucción (sus hijos iban a la escuela un año como máximo). La situación de los precarios, instalados en barracas provisionales en las tierras colectivas, era particularmente difícil […]. Una importante proporción de la población urbana también era muy miserable”.
44. El Presidente John F. Kennedy se expresó también al respecto: “Pienso que no hay un país en el mundo, incluso los países bajo dominio colonial, donde la colonización económica, la humillación y la explotación fueron peores que las que hubo en Cuba, debido a la política de mi país, durante el régimen de Batista. Nos negamos a ayudar a Cuba en su necesidad desesperada de progreso económico. En 1953, la familia cubana mediana tenía un ingreso de 6 dólares semanales […]. Este nivel abismal empeoró a medida que la población crecía. Pero en vez de extenderle una mano amistosa al pueblo desesperado de Cuba, casi toda nuestra ayuda tomaba la forma de asistencia militar –asistencia que sencillamente reforzó la dictadura de Batista [generando] el sentimiento creciente de que Estados Unidos era indiferente a las aspiraciones cubanas a una vida decente”.
45. Arthur M. Schlesinger, Jr., asesor personal del Presidente Kennedey, recordó una estancia en la capital cubana y testimonió: “Me encantaba La Habana y me horrorizó la manera en que esta adorable ciudad se había transformado desgraciadamente en un gran casino y prostíbulo para los hombres de negocios norteamericanos […]. Mis compatriotas caminaban por las calles, se iban con muchachas cubanas de catorce años y tiraban monedas sólo por el placer de ver a los hombres revolcarse en el alcantarillado y recogerlas. Uno se preguntaba cómo los cubanos – viendo esta realidad – podían considerar a Estados Unidos de otro modo que con odio”.
46. Contrariamente a las prácticas el ejército gubernamental, los revolucionarios otorgaban una gran importancia al respeto de la vida de los prisioneros. Al respecto, Fidel Castro cuenta: “En nuestra guerra de liberación nacional, no hubo un solo caso de prisionero torturado, ni siquiera cuando hubiéramos podido encontrar como pretexto la necesidad de conseguir una información militar para salvar a nuestra propia tropa o para ganar una batalla. No hubo un solo caso. Hubo centenares de prisioneros, luego miles, antes del fin de la guerra; se podrían buscar los nombres de todos y no hubo un solo caso entre estos cientos, estos miles de prisioneros que sufriera una humillación, o siquiera un insulto. Casi siempre poníamos en libertad a estos prisioneros. Eso nos ayudó a ganar la guerra, porque nos dio un gran prestigio, una gran autoridad frente a los soldados del enemigo. Confiaban en nosotros. Al inicio, nadie se rendía; al final se rendían en masa”. El New York Times también aludió al buen tratamiento reservado a los soldados presos: “Es el tipo de conducta que ha ayudado al Señor Castro a tener una importancia tan extraordinaria en el corazón y el espíritu de los cubanos”.
47. El embajador Smith resumió las razones del apoyo de Estados Unidos a Batista: “El gobierno de Batista es dictatorial y pensamos que no tiene el apoyo de la mayoría del pueblo de Cuba. Pero el gobierno de Cuba ha sido un gobierno amistoso hacia Estados Unidos y ha seguido una política económica generalmente sana que ha beneficiado a los inversionistas estadounidenses. Ha sido un partidario leal de las políticas de Estados Unidos en los foros internacionales”.
48. El periodista estadounidense Jules Dubois, uno de los mejores especialistas de la realidad cubana de la época con Herbert L. Matthews, describió al régimen de Batista: “Batista regresó al poder el 10 de marzo de 1952 y empezó entonces la etapa más sangrienta de la historia cubana desde la guerra de independencia, casi un siglo antes. Las represalias de las fuerzas represivas de Batista costaron la vida a numerosos presos políticos. Por cada bomba que estallaba, sacaban a dos presos de la cárcel y los ejecutaban de modo sumario. Una noche en Marianao, un barrio de La Habana, se repartieron los cuerpos de 98 presos políticos por las calles, acribillados de balas”.
49. El Presidente Kennedy también denunció la brutalidad del régimen: “Hace dos años, en septiembre de 1958, un grupo de rebeldes barbudos bajó de las montañas de la Sierra Maestra de Cuba y empezó su larga marcha hacia La Habana, una marcha que derrocó finalmente a la dictadura brutal, sangrienta y despótica de Fulgencio Batista […]. Nuestro fracaso más desastroso fue la decisión de darle estatura y apoyo a una de las más sangrientas y represivas dictaduras en la larga historia de la represión latinoamericana. Fulgencio Batista asesinó a 20.000 cubanos en 7 años –una proporción más grande de la población cubana que la proporción de norteamericanos que murieron en las dos guerras mundiales– y transformó la democrática Cuba en un Estado policiaco total, destruyendo cada libertad individual”.
50. A pesar de las declaraciones oficiales de neutralidad en el conflicto cubano, Estados Unidos brindó su apoyo político, económico y militar a Batista y se opuso a Fidel Castro. A pesar de ello, sus 20.000 soldados y una superioridad material, Batista no pudo vencer a una guerrilla que se componía de 300 hombres armados durante la ofensiva final del verano de 1958. La contraofensiva estratégica que lanzó Fidel Castro ocasionó la huida de Batista a República Dominica y el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959.
Sobre la realidad de aquella etapa que en el exterior rememoran como un “paraíso perdido”, nos habló el doctor Arnaldo Silva León, Profesor Titular- Consultante de Historia de Cuba, de la Universidad de La Habana.
Entre las campañas contra la Revolución cubana, la propaganda imperialista ha insertado la presentación de la década del 50 del pasado siglo como un período de prosperidad para la Isla, en un avieso afán por “demostrar” las supuestas ventajas que el capitalismo trajo a nuestro país.
Sobre la realidad de aquella etapa que en el exterior rememoran como un “paraíso perdido”, nos habló el doctor Arnaldo Silva León, Profesor Titular- Consultante de Historia de Cuba, de la Universidad de La Habana.
¿Quiénes son los que se han dedicado a “embellecer” los años 50 y desde cuándo son esos intentos?
Los intentos de edulcorar la década anterior al triunfo revolucionario son viejos, datan de los años 60 y 70, con intelectuales como Jorge Domínguez, Carmelo Mesa Lago, e incluso con algunos economistas burgueses cubanos de indudable talento que se fueron del país, como Felipe Pazos, José Álvarez Díaz, Rufo López Fresquet, y Justo Carrillo, entre otros, que se han empeñado en presentar los años 50 como un período de gran prosperidad y desarrollo social para Cuba, con un solo problema de índole política: la dictadura de Fulgencio Batista, que se impuso mediante un golpe de Estado el 10 de marzo de 1952.
Para ellos lo que había que hacer era suprimir esa dictadura, restablecer un orden constitucional y una democracia burguesa representativa, sin negar la necesidad de producir en el país un adecentamiento de la vida política como proclamaban los ortodoxos, y de dar un mayor espacio económico y político a la burguesía cubana no azucarera, de la cual por lo menos los economistas cubanos mencionados eran ideólogos y representantes.
Aún persiste esta campaña, protagonizada por personajes con mucho menos rango, información y conocimientos de la realidad cubana y vinculados al mercenarismo.
¿En qué argumentos se basan para mostrar esa pretendida prosperidad?
Casi todos estos economistas utilizan algunos indicadores económicos y sociales de Cuba en aquellos tiempos, y los comparan con el comportamiento de esos mismos indicadores en otros países de América Latina y el Caribe. Es una manipulación muy inteligente y muy hábil de las estadísticas.
Tomemos como ejemplo la tasa de desempleo: en la década del 50, era altísima. En el llamado período muerto de la zafra, cerca de ocho meses del año, llegaba a 600 mil trabajadores, con una tasa de casi el 25% de la población económicamente activa, estimada en dos millones de trabajadores. Aun en período de zafra, que era el de mayor ocupación laboral, la tasa de desempleo estaba entre el 10% y el 12%, una cifra alta.
Ahora, ellos comparan esto con otros países latinoamericanos, incluso con naciones como México, Brasil, Argentina, donde esa tasa era a veces mayor. Por supuesto, si la contrastaban con Centroamérica, el Caribe, o los casos de Bolivia o Paraguay, en América del Sur, Cuba tenía una tasa de desempleo menor.
No dicen que escaseaban los empleos para los hombres y que muchos puestos de trabajo estaban vedados para los negros, apenas los había para las mujeres; la inmensa mayoría de ellas no trabajaba, o lo hacían si acaso como maestras, enfermeras o en el servicio doméstico.
Otro ejemplo de manipulación: el ingreso nacional per cápita nuestro era mayor que el de casi todos los países de América Latina y el Caribe. Los economistas manejaban este indicador con mucha habilidad, porque casi todos tenían el criterio de que el desarrollo económico de un país se medía por el ingreso nacional, lo que no es exactamente así.
Ahora bien, ¿cómo se distribuía ese ingreso nacional? Por supuesto que de una manera muy desigual, y el ciudadano común no recibía lo mismo que Julio Lobo, Gómez Mena, Pepín Bosch, o cualquier otro de aquellos grandes potentados. Lo que ocurría era que aplicaban una media aritmética: dividían todo el ingreso nacional entre el número de habitantes, y así todos tocábamos parejo, pero esa distribución no era ni remotamente igual. En realidad, en Cuba el ingreso nacional se repartía, fundamentalmente, entre los grandes hacendados, los colonos, los grandes terratenientes, la gran burguesía comercial.
Esos economistas no tenían en cuenta tampoco que una parte de ese ingreso nacional no se quedaba en el país. Se producía aquí, pero se remesaba al exterior. Era como si no existiera.
Y con otros indicadores pasaba lo mismo: televisores, radios, prensa por habitante, como si se distribuyeran equitativamente, y no era así.
En el orden social, ellos tomaban el analfabetismo, que según cifras oficiales bastante exactas, obtenidas en el censo de 1953, en Cuba era del 23,6%, y lo comparaban con México donde superaba el 40% en aquella época, y otras naciones, algunas con hasta el 60 por ciento. De esa forma, este país parecía una maravilla.
Pero esos economistas no hablan de lo que representaba ese 23,6% de analfabetos, en una población de algo más de cinco millones de habitantes. El referido censo arrojó casi un millón de analfabetos, sin contar los semianalfabetos, personas que apenas podían leer tres palabras, escribir su nombre y sin embargo no estaban en condiciones de leer un libro, ni la prensa, y eso sumaba casi otro millón. Muchos solo sabían poner su nombre y aparecían como personas alfabetizadas, pero no lo estaban realmente. Tampoco dicen que entre los negros, las mujeres y los campesinos, el analfabetismo era superior. El que otros países tuvieran una situación peor que la nuestra no quiere decir que estuviésemos bien.
En materia de salud pública. ¿cuál es su análisis? Hoy tenemos una tasa de mortalidad infantil inferior a seis por cada mil nacidos vivos, mientras que en aquellos momentos, según cifras oficiales era de 60. Al compararlo con otros países del área, los había con 90, 100, ciento y pico, entonces presentaban a Cuba como un país muy próspero.
La esperanza de vida era de 55 años; cifras oficiales; hoy se aproxima a 80. Esa cifra de 55 años superaba la de otros países.
La cantidad de seis mil médicos constituía el per cápita más grande de casi toda América Latina: un médico por cada mil habitantes, pero lo que no aclaraban estos señores era que la mayoría de los facultativos estaba en La Habana; los principales hospitales radicaban también en la capital del país, y para ingresar en ellos se requería de una “palanca”, ir a ver al concejal, quien pedía a cambio la cédula electoral y la persona se veía obligada a votar por él en las próximas elecciones. Es verdad que existían algunas clínicas mutualistas, como La Dependiente, La Covadonga, y otras sobre todo en la ciudad de La Habana, fundadas por los españoles. Y había otro mutualismo más pequeño, clínicas con 10 médicos y 10 ó 15 camas.
Ese homologismo estadístico según el cual Cuba aventajaba a otros países, los conducía a inferir que el nuestro tenía un progreso económico y social extraordinario. Pero en realidad, aquellos estaban peor que nosotros. Por supuesto, en esa imagen idílica no caben la prostitución, el juego, la mendicidad, los niños limpiabotas o vendiendo periódicos, los discapacitados en las calles viviendo de la caridad pública, ni otras realidades cotidianas de aquellos tiempos.
Que Cuba tuviera indicadores superiores al resto del continente no era sinónimo de desarrollo, sino de mayor dependencia, porque la Isla constituía el principal escenario de las inversiones norteamericanas y por su posición geográfica era de gran importancia para la seguridad nacional de Estados Unidos.
Como parte de ese interés por edulcorar esa etapa histórica hay quienes pretenden también limpiar la imagen de Batista.
Para estos individuos que he mencionado la dictadura era inadmisible. ¿Quién puede defender a Batista y a su dictadura sino cuatro locos en Miami? Esa defensa proviene fundamentalmente de Rubén Batista Godínez, su hijo mayor, ya fallecido, quien se dedicó a ensalzar al padre en una serie de discursos; de otros hijos que el tirano tuvo con Marta Fernández, sobre todo Jorge, dedicado a hablar en favor de su padre tomando como base libros escritos por Batista, el primero de ellos titulado Respuesta, editado en 1960, y el segundo, Piedras y leyes, en 1961, donde faltó poco para atribuirse la construcción del Morro.
Piedras quiere decir todo lo que él construyó, donde menciona muchísimas obras concluidas durante su administración, pero iniciadas en épocas anteriores y no es posible adjudicárselas. Incluye además un conjunto de leyes, tanto de su primera dictadura como de la segunda, las cuales fueron en su mayoría letra muerta, sin negar algunas positivas, en particular de los años de 1936 al 1940, cuando empezó a aspirar a presidente, destinadas a granjearse apoyo, simpatía, en una época en la que le convenía crearse una imagen de hombre democrático y progresista.
De este libro, Piedras y leyes, algunos han extraído información falseada por el propio Batista, para hacerle loas y presentarlo como un benefactor del pueblo cubano. Esto ha decaído. Quien defienda a Batista se desacredita a sí mismo, pues carece de sustento, de respaldo. Esta defensa está apoyada por batistianos como Mario y Lincoln Díaz Balart, hijos de Rafael, amigo de Batista; por Ileana Ross, hija de un oficial represivo de la dictadura; por Roberto Martín Pérez, ex policía de aquel régimen, hijo del asesino coronel Lutgardo Martín Pérez; por los hijos y nietos de Batista, y por otros como Rafael Rojas, un individuo talentoso que escribe para el El Nuevo Herald, donde es muy bien remunerado.
Usted ha afirmado que en los años 50 la sociedad cubana se adentraba en una crisis profunda.
En la década del 50 se yuxtapusieron dos crisis: la estructural del sistema, que dependía del modelo económico impuesto por Estados Unidos desde los albores de la república, y la funcional, que son las de superproducción relativa ya estudiadas por Carlos Marx en El capital. La crisis estructural del sistema venía desde los años 20, pero no fue hasta los 50 que el modelo se agotó.
¿Cuáles eran los rasgos fundamentales de ese modelo? Cuba era un país monoproductor, dependía del azúcar; también monoexportador, ya que el 80% del valor de las exportaciones del país provenía de ese producto, quiere decir que cualquier problema que hubiera con el azúcar generaba un desastre nacional. Si los americanos amenazaban con rebajar la cuota azucarera, todo el mundo comenzaba a temblar; si se producía una rebaja en el precio, ya fuera en Estados Unidos o en el llamado mercado libre mundial, al cual se destinaba una parte de la producción, se desencadenaba una crisis que afectaba a toda la economía. Para los años 50, el 24-25% del ingreso nacional provenía del azúcar. Se trataba de un modelo económico con una altísima dependencia de ese rubro.
Éramos una nación, además, plurimportadora. Importábamos casi todos los bienes de consumo y todos los bienes de capital que el país necesitaba. En el caso de los de capital, era prácticamente el ciento por ciento, pues no producíamos maquinaria ni piezas de repuesto ni transporte alguno; y en el de los de consumo, importábamos una gran cantidad de productos que se podían producir en el país, como arroz, tomate, lechuga y otras verduras, que venían de Estados Unidos.
Un cuarto rasgo de la economía era el monomercado: el 70% de nuestro comercio exterior se hacía con el mercado norteamericano, y un quinto y último rasgo, esencial por supuesto, es la dependencia económica, Cuba era un país con una alta dependencia del azúcar y de Estados Unidos.
Y aquí quiero detenerme en algo muy interesante, el llamado Informe sobre Cuba, elaborado por la Misión Truslow, que nos visitó en agosto de 1950, por una petición que el gobierno de Prío hizo al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), más tarde Banco Mundial. La misión, encargada de hacer un análisis de la economía cubana, la integraban 17 economistas, al frente de los cuales se encontraba Adam Truslow, alto funcionario del BIRF y presidente de la Bolsa de Nueva York.
El documento donde plasmó sus valoraciones tenía aproximadamente mil 700 páginas. Nunca la economía cubana había sido sometida a un escrutinio tan grande; es como si la hubiesen introducido en un Somatón. Ahí salieron a relucir muchos problemas. Lo entregaron en inglés y nunca, que yo conozca, se ha traducido completo al español. El Ministerio de Hacienda y el Banco Nacional hicieron sus respectivas síntesis y las tradujeron.
Ya en ese momento la Misión Truslow planteó, en términos dramáticos, el agotamiento del modelo económico. Llegaron a la conclusión de que su persistencia ponía en peligro el sistema capitalista de explotación y de dominación imperialista y para preservarlo su propuesta fue efectuar cambios. De no realizarse estos, sobrevendrían, según sus análisis, dos escenarios políticos probables: la dictadura de derecha y la dictadura de izquierda. No se podía seguir con la misma estructura económico-productiva, debía irse a un modelo pluriproductor, pluriexportador, menos dependiente. Pero esto no era nada fácil.
Simultáneamente, la burguesía cubana no azucarera estaba planteando cosas muy similares, en su empeño por ganar espacio económico y protagonismo político, los cuales tenía que disputar al imperialismo y a su aliada, la oligarquía criolla, que no querían compartirlo.
Pongamos un ejemplo: en 1955 se produjo un debate relacionado con el arroz y los textiles. Desde el gobierno de Carlos Prío, Cuba había ido incrementando la producción de arroz, la cual en ese año alcanzó una cifra que cubría el 50% del consumo nacional, y los arroceros norteamericanos pusieron el grito en el cielo, porque el arroz se importaba de Estados Unidos. La industria textil empezó a desarrollarse en la Isla a partir del henequén, y los exportadores estadounidenses de textiles a Cuba también empezaron a protestar. Cuando se produjo esta polémica, hubo una amenaza de rebajar la cuota azucarera.
Quiere decir que romper el modelo tenía obstáculos grandes y poderosos, y sin embargo era una necesidad para que el propio sistema pudiera subsistir. Miren la contradicción en la cual se movía la economía cubana en esos años. De ello no hablan Mesa Lago, ni Jorge Domínguez, ni ninguno de esos apologistas.
¿En qué medida el golpe de Estado de Batista contribuyó a profundizar la crisis?
El golpe fue, por una parte, el resultado de la crisis que vivía el país, y a la vez la recrudeció hasta dar lugar a una situación revolucionaria.
En ese tiempo los partidos burgueses se desgastaron y desprestigiaron, perdieron liderazgo. Como preconizó Fidel desde el propio año de 1952, “Hay otra vez tiranía, habrá otra vez Mellas, Trejos y Guiteras”.
Durante el batistato, la represión, la corrupción, el entreguismo a los intereses de los Estados Unidos en detrimento de los nacionales, la aplicación de una política económica que prácticamente provocó el agotamiento de las reservas monetarias del país, y la inminente devaluación del peso cubano, fueron agudizando la crisis.
No es un hecho fortuito que a partir de 1957 las clases dominantes empezaran a retirarle apoyo a Batista y a alejarse de él, por supuesto con mucho cuidado, porque estaban conscientes de que su régimen era económicamente insostenible en el poder. Más tarde se demostró que lo era también en lo político, porque no podía parar el empuje revolucionario.
La burguesía cubana y los Estados Unidos comenzaron a buscar una solución sin Batista, pero no resultaba fácil, porque el tirano era muy tozudo y lo fue hasta el último momento. Hubo que sacarlo de aquí por la fuerza, pero no lo hicieron ni los burgueses ni los norteamericanos, sino el Ejército Rebelde.
(Tomado del semanario Trabajadores. Entrevista realizada por Alina Martínez y Felipa Suárez)
Este es un espacio de intercambio y reflexión, para demostrar la valía de un pueblo que se enfrenta al Imperio más poderoso del planeta con la seguridad absoluta en la Victoria porque le asiste la razón. Esas son las Razones de Cuba