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Aportan comunistas cubanos al concepto de modelo económico y social
2016-04-16 20:20:43 / web@radiorebelde.icrt.cu
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Miguel Díaz-Canel Bermúdez (I), miembro del Buro Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (BP PCC), y Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, durante la discusión de la conceptualización del modelo económico y social socialista cubano, en el Séptimo Congreso del PCC, en el Palacio de Convenciones de La Habana, el 16 de abril de 2016. ACN FOTO/ Omara GARCÍA

Los delegados al VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), enriquecen la propuesta de conceptualización del modelo económico y social de desarrollo socialista en la comisión de trabajo correspondiente a ese tema, cuyos debates preside este sábado el miembro del Buró Político y Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

En Palacio de Convenciones de La Habana, el Primer Vicepresidente cubano recordó las palabras del Primer Secretario del Comité Central del Partido, General de Ejército Raúl Castro Ruz, cuando explicó en la sesión inaugural que es la primera vez que se trae a una cita de este tipo una conceptualización.

Miguel Díaz-Canel Bermúdez apuntó que un ejercicio como este conlleva muchos requerimientos e invitó a reflexionar si en el documento recoge lo necesitamos.

El trabajo en esta comisión inició con la explicación del procesamiento de la información emanada de las consultas previas al VII Congreso y que tributó directamente al proyecto.

Como documento en construcción la propuesta de conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista se analiza por los delegados a la importante cita política que se desarrollará hasta el próximo 19 de abril.

La delegada habanera Haydée Flores Martínez expresó que esta práctica es muy buena y que permite escuchar a los demás y distintos puntos de vista, para al final poder decidir el camino.

Al valorar los elementos indispensables para lograr una acertada conceptualización, Flores Martínez destacó que el carácter integral de este ejercicio, el cual tiene un basamento científico.

Explicó que la propia comisión y los debates que se han suscitado y el estudio de los documentos y la preparación por la que los delegados han transitado implican también la experiencia, aspecto que les posibilitará definir qué van a conceptualizar y hacia dónde quieren llegar.

Ocho preguntas sobre el Congreso del Partido

7MO-Congreso-PCC

Interrogantes acerca del importante acontecimiento que tendrá lugar del 16 al 19 de abril en el Palacio de Convenciones
Autor: Redacción Nacional | internet@granma.cu
13 de abril de 2016 22:04:28
1. El Congreso tendrá lugar del 16 al 19 de abril, en el Palacio de Convenciones. ¿Cómo está previsto que transcurran las sesiones? ¿Todo será en plenaria?
Está previsto que la apertura del Congreso el día 16, donde se presentará el Informe Central, sea en plenaria. Pos­te­rior­mente los delegados trabajarán en comisiones, en la tarde del 16 y durante el día 17. El 18 vuelven a sesionar en plenaria, para debatir de conjunto el dictamen del trabajo de las comisiones. La tarde de ese día se dedicará a la presentación, análisis y votación de la candidatura del Comité Central del Par­tido. El 19, también en plenaria, se dará a conocer el Comité Central electo, así como los miembros del Buró Político, el Primer y Se­gundo Secretario. Y se efectuará la clausura del Congreso.
2. ¿Cuántas comisiones habrá? ¿Qué temas discutirá cada una?
Habrá cuatro comisiones. En la primera se discutirá la conceptualización del modelo económico y social socialista cubano. La segunda abordará el plan de desarrollo de cara al 2030, la visión de la nación, sus ejes y sectores estratégicos. La tercera evaluará la implementación de los Lineamientos aprobados en el Sexto Congreso y su actualización para el próximo quinquenio y la cuarta valorará la materialización de los Objetivos de trabajo del Partido a partir de su Primera Conferencia.
3. ¿Cuántos invitados habrá? ¿Con qué criterio se seleccionaron?
Habrá unos 280 invitados. El criterio esencial para su selección, más allá del reconocimiento que para cada uno de ellos pers­onalmente significa, es el aporte que por sus conocimientos y experiencia pueden dar a los diversos temas que el Con­gre­so abordará, tanto en el orden económico como social e ideológico. Entre ellos hay cuadros del Partido, diputados a la Asamblea Nacional, representantes de Organismos de la Ad­ministración Central del Estado y nuestra sociedad civil, combatientes, investigadores de centros científicos, profesores universitarios, intelectuales, directores de medios de prensa, entre otros.
4. Se ha planteado que los mil delegados representan al conjunto de la militancia del Partido, y que la edad promedio es 48 años. ¿Quién es el delegado de mayor edad y quién el más joven?
El delegado de mayor edad es José Ramón Fernández, Héroe de la República de Cuba, fundador del Partido y combatiente de una destacada trayectoria. Él tiene 92 años. La delegada más joven es la guantanamera Idaliena Díaz Casamayor, presidenta de un Consejo Popular y diputada a la Asamblea Nacional. Ella tiene 27 años.
5. Entre los mil delegados hay 55 que tienen menos de 35 años. Eso significa el 5,5 % del total. ¿No son pocos?
Es natural que para asistir a eventos de esta naturaleza se elija como regla a compañeros que acumulan una experiencia considerable y una larga trayectoria en las filas del Partido. El hecho de que en el Congreso haya 55 jóvenes es una demostración de cuánto cada uno de ellos ha podido aportar en lo personal a pesar de su juventud, pero, sobre todo es el reconocimiento a una generación que da continuidad a la obra de sus abuelos y sus padres.
Hay muchos otros jóvenes que pudieran haber sido electos delegados, como también muchos otros militantes que fundaron el Partido, alfabetizaron, combatieron en la clandestinidad, la Sierra, Girón, el Escambray, Angola; participaron en las zafras del pueblo, levantaron comunidades, hospitales, escuelas, fábricas… En el Congreso todos están representados, también los más jóvenes, cuyos Moncada y Granma han sido otros.
6. Hay miles de cubanos que brindan ayuda solidaria a otros países. ¿Fueron seleccionados delegados e invitados entre los militantes que prestan colaboración en el exterior?
Sí. Hay 14 compañeros que militan en núcleos de nuestras misiones solidarias en el exterior, de cinco países: Venezuela, Brasil, Haití, Bolivia y Ecuador.
7. ¿Está la mujer suficientemente representada en el Congreso? ¿Y los negros y mestizos?
Las mujeres son el 43 % de los delegados, mientras que los negros y mestizos son el 36 %. En ambos casos, son cifras que se corresponden con su representación en el total de la militancia. Son superiores, en un 2,5 y 4,5 %, respectivamente, a las del Sexto Congreso.
8. ¿Hay suficiente representatividad de todos los sectores económicos y sociales?
El Congreso es un reflejo de la militancia y de la sociedad cubana en su conjunto. Es obvio que hay un número significativo de cuadros del Partido, desde el nivel nacional hasta los municipios y distritos, así como dirigentes de organizaciones de base (núcleos y comités del Partido). Hay obreros, campesinos, técnicos, directivos estatales y empresariales, investigadores, economistas, profesores y maestros, trabajadores de la salud, combatientes de las FAR y el Minint, intelectuales y artistas, juristas, periodistas… Como muestra de las transformaciones impulsadas por el Sexto Congreso, una parte de los delegados labora en el sector no estatal de la economía. Este es el Partido de la nación cubana, no de una parte de ella.

Orgullo y compromiso por partida doble

delegado Congreso

El VII Congreso del Partido será un espacio de continuidad y trabajo, considera el teniente coronel Mauri Martín Batista, delegado granmense a la magna cita
Autor: Darelia Díaz Borrero | internet@granma.cu
12 de abril de 2016 22:04:38
Foto: Rafael Martínez Arias
BAYAMO, Granma.—Sus ojos claros irradian un brillo especial que denotan el orgullo y el compromiso. Resulta que para el teniente coronel Mauri Martín Batista, instructor del Ministerio del Interior en la provincia de Gran­ma, deviene un honor su designación como delegado granmense al VII Congreso del Parti­do Comunista de Cuba, una satisfacción que, según relata, solo es comparable con aquella que sintió cuando lo seleccionaron para participar en el V, en 1997.
Recuerda Mauri que en aquel entonces el país atravesaba una etapa difícil dentro del Periodo Especial, que afectó a todos los sectores de la economía y la sociedad, y por tanto centró los debates del Congreso.
Para él, la economía continúa como el eje de cualquier análisis en la nación, porque, según dijo a Granma, no podemos renunciar al empeño de construir una sociedad cada vez más próspera.
No obstante, Mauri considera que este Con­greso no puede descuidar otros temas fundamentales para los destinos de la nación como son la preparación político-ideológica y la formación de valores en las nuevas generaciones de cubanos.
“Sobre los hombros de los jóvenes descansa el futuro de la nación, por eso la atención a ellos es clave”, destacó.
En los momentos actuales, dijo, en los que muchos intentan inculcar la desmemoria histórica y enamorar a los de menor edad con falsos beneficios respecto al sistema capitalista, es preciso acercar a las nuevas generaciones de cubanos a las esencias de la nación, para que defiendan aún más la identidad nacional.
“La juventud tiene la responsabilidad de elevar el protagonismo, ser ejemplo de sacrificio y constancia en el trabajo, y garantizar la defensa de la Patria”, insistió.
“El restablecimiento de relaciones entre Cu­ba y Estados Unidos es una victoria de nuestra soberanía, por la cual dieron su sangre miles de hijos de esta tierra, pero no podemos ser ingenuos y dejarnos confundir; nuestros principios no se negocian y esa convicción tenemos que transmitirla de generación en generación, y el Congreso es un escenario más que oportuno para analizar estos retos”, comentó.
Mauri tiene fe en que durante el Congreso se ratificará la firmeza de los ideales socialistas de las nuevas generaciones, pues la juventud ha dado muestras de su compromiso con el futuro revolucionario de la nación.
Así lo puede afirmar, por su experiencia, este incansable cubano de 49 años, quien es militante del Partido desde el año 1992, y ha palpado esa realidad no solo desde su puesto de instructor político del Ministerio del Interior, sino también desde su condición de delegado a la Asamblea Provincial del Poder Popular y como delegado de circunscripción por dos mandatos consecutivos.
En sus palabras vuelve a ser recurrente una y otra vez el humilde orgullo por ser elegido para asistir por segunda ocasión a la magna cita.
“Es un gran voto de confianza que agradezco infinitamente, porque fueron propuestos varios compañeros que igual reunían las condiciones profesionales y humanas para representar a la provincia”, resalta el entrevistado.
“Será una oportunidad para evaluar la marcha de la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social trazados en el VI Congreso, porque el VII le da continuidad”, considera Mauri.

Lo que está en juego es el destino de la nación

7MO-Congreso-PCC
9 abril, 2016 de Luis Ernesto Ruiz Martínez

Por Luis Toledo Sande. Entre los propósitos de las calumnias sistemáticamente lanzadas contra Cuba por los enemigos de su Revolución puede estimarse que ha estado no solo desprestigiarla, sino también que ella se acostumbre a ser blanco de mentiras. De ese modo puede acabar autoanestesiándose y menospreciar la importancia que tendría responder puntualmente los insultos, o atenderlos siquiera. Aburrido por lo menos sería darse a desmontar engendros como la acusación de mantener prohibido el rock cuando en el país —lo recordó una buena respuesta de Cubainformación— se organizan cada año trece festivales de esa expresión musical.
Los artífices de las calumnias no necesitan asideros para inventarlas, pero magnifican y capitalizan al máximo las torpezas en que Cuba pueda haber incurrido. A otros países se les pasan por alto o se les consideran naturales las desmañas cometidas por algunos de sus dirigentes, o incluso nacidas de la línea cardinal de sus gobiernos, o, dicho de otro modo: del sistema que los rige. En semejante “juego”, a naciones como los Estados Unidos y sus aliados se les toleran crímenes y genocidios.
Contrastando con semejante manera de medir, sean menudas o de mayor envergadura a Cuba no se le perdonan sus impericias, y se da por sentado que no prescriben. Un concierto de los Rolling Stones sirve para dar por válido que el rock sufrió veto hasta la noche misma en que ese grupo actuó en La Habana, y para olvidar el paso por el país, a lo largo de años, de otros cultores de dicha expresión musical. En general, se desconoce la libertad con que desde hace décadas se mueven en Cuba los roqueros nacionales y los visitantes.
Calzadas por el peso que durante décadas han tenido los ataques contra ella, y por la desinformación que a nivel global consiguen los medios dominantes a partir incluso de una sobresaturación noticiosa astutamente manejada —dígase: llena de falsedades—, las confusiones sobre Cuba generan barullos peregrinos. Fuera de su patria un cubano puede toparse con una persona bienintencionada que descarga toda su euforia procubana para decirle cosas como esta: “¡Al fin tenía que aparecer en los Estados Unidos un presidente de origen humilde y africano que se arriesgara a dar pasos decisivos para salvar a Cuba del bloqueo!” Pero suposiciones tales —improntas racistas incluidas, ¡vade retro! — brotan asimismo en el ámbito local.
Con lo dicho, apenas se espigan poquísimos ejemplos recientes de falsedades en torno a la realidad de Cuba. Pudiera afirmarse que, si esta nación se hubiera dedicado nada más a desmentirlas una por una, campaña tras campaña —etapas u oleadas de una misma maniobra que no ha cesado desde el triunfo de su Revolución—, lo más probable sería que no le hubieran quedado ni tiempo ni fuerzas para hacer otra cosa. No habría podido consumar ninguno de los logros que la han erigido en una digna anomalía sistémica dentro de un contexto internacional en que el campo socialista que realmente existió se las tuvo que ver con un capitalismo tan experimentado como carente de escrúpulos, y donde, al desmontarse aquel campo, el imperio actuaría a sus anchas, y tendría recursos para manipular sus propias crisis hasta sacar dividendos de ellas.
Los logros de Cuba, no sus errores, sus torpezas, sus pifias, alguna que otra idiotez —tire la primera piedra la nación que no las haya cometido— son la verdadera causa de la rabia de sus enemigos contra ella. Pero mal andaría el país si adoptase la soberbia de ignorar cuanto se dice acerca de él. Debe tenerlo en cuenta no para complacer a sus enemigos y “cumplir la agenda informativa que ellos le tracen”, sino para estar en guardia lúcida y en capacidad de autosuperación permanente, aunque solo fuera por aquello aquello que un poeta sabio, glosando un ejercicio de retórica apócrifo, sostuvo con respecto al diablo: “Que como tal Demonio nos hable, que ponga cátedra, señores. No os asustéis. El Demonio, a última hora, no tiene razón; pero tiene razones. Hay que escucharlas todas”. ¿Para qué, podríamos preguntarnos? Pues, por lo pronto, para dejarlo sin ellas, o hacer todo lo posible para impedir que nos dañe, que nos confunda al vender como razón sus razones, falsas o verdaderas, entreveradas de dosis de verdades y mentiras.
Ni es necesario imaginar dominios infernales para avalar la utilidad del libre ejercicio del pensamiento y la expresión. Un mundo como el actual, manipulado por medios que convierten en juegos de hipocresía y calumnias lo que debería ser el limpio desempeño informativo, no debe llevarnos a meter en el mismo saco de la desfachatez cuanto se diga sobre la realidad. Esa sería otra forma de peligrosa anestesia, aliada de la perpetuación de errores y, por tanto, cómplice factual del imperio y sus alabarderos.
De tanta inmoralidad que los caracteriza, los medios imperantes —recordemos el parentesco entre imperar e imperio, e imperialismo— autorizan a las personas honradas a desentenderse incluso de ellos. Pero nada parecido a tal desconocimiento merece la opinión de un pueblo cuya capacidad de resistencia le ha permitido al país ver que la mayor potencia imperialista se ha visto impulsada —obligada, pudiéramos decir, pero seamos corteses— a cambiar de táctica, no de estrategia, y procurarse la imagen de que está dispuesta a dialogar con los representantes de ese pueblo, de la nación cubana, como entre iguales.
Las opiniones que forman la opinión de ese pueblo —único garante posible de la actitud que la nación cubana debe y necesita seguir manteniendo frente a una potencia que a nadie trata como a igual, ni siquiera a sus aliados— merecen el mayor respeto. Y nunca ese respeto estará bien materializado si no se expresa en la debida atención práctica.
Está a punto de celebrarse —en fechas que rendirán homenaje en su aniversario 55 a la victoria del pueblo cubano en Playa Girón sobre tropas mercenarias al servicio del imperio— el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba. No habrán sido pocos los hijos y las hijas de este país que contaban con que a la nueva magna reunión de la organización política que dirige su proceso revolucionario la precedería un proceso ejemplar al que ya estábamos, en el mejor sentido de la palabra, acostumbrados: la discusión masiva, por el pueblo en general, no solo por la militancia, de los documentos rectores.
Esa práctica —que tantos buenos frutos dio, por ejemplo, en ajustes hechos a los lineamientos aprobados en el congreso anterior para regir las transformaciones económicas y sociales emprendidas— se presentía más aconsejable aún, si cabe, que en las anteriores convocatorias. Baste señalar que la próxima reunión partidista, en la cual se aprobará la conceptualización del modelo pensado para resumir guiadoramente dichos lineamientos, dichas transformaciones, será la primera tras el inicio de la llamada normalización de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba.
El aplicar aquí a esa normalización en marcha —en marcha inicial, vale precisar— el cauteloso participio llamada, no busca abonar aprensiones hiperestésicas: apunta objetivamente a un proceso marcado por la asimetría. Uno de los dos países ni siquiera ha cumplido —o no ha podido cumplir— la correspondencia elemental en cuanto al nombramiento de su embajador, y ese es el país que, un camino de voracidad y pretensiones que le viene de su fragua como nación, no de episodios aislados, ha bloqueado al otro, lo ha agredido militarmente y lo ha hecho objeto de actos terroristas, además de usurpar desde hace más de un siglo parte de su territorio, y ahora anuncia desembozadamente un cambio de métodos para conseguir lo que no ha logrado con aquellas prácticas. No procede, pues, hablar de simetría, ni suponer que Cuba —necesitada, por otra parte, de que se levante un bloqueo con el cual el imperio ha buscado estrangularla, y que en lo fundamental sigue vigente— deba tener gestos de reciprocidad con su agresor.
No se deben promover odios estériles, ni propiciar olvidos indignos, convenientes al imperio que sigue promoviendo en el mundo guerras con que calzar sus intereses. Por todo ello es necesario que la población cubana esté cada vez más al día y activa, por todos los caminos dignos posibles, en todo cuanto se vincule con la dirección de su vida. Tampoco se trata de que el plan de normalizar las relaciones diplomáticas entre los dos países sea el único ni el principal motivo para fortalecer en todos los órdenes la democracia participativa que, en coherencia con la sincera democracia que José Martí aspiraba a ver florecer en su patria, viene reclamándose, y mostrándose cada vez más necesaria, hace ya años.
Desde el modestísimo sitio que ocupa como patriota militante en la sociedad de su país, el autor de este artículo se halla entre quienes contaban con que el próximo congreso del Partido Comunista de Cuba tendría también el preámbulo de discusiones, de consultas masivas que tuvieron los otros. Albergó incluso la esperanza de que se atenderían las sugerencias —irreductibles a voces profesionales más o menos sobresalientes o aisladas— de que el foro se pospusiera para dar espacio a ese preámbulo.
Ya parce evidente que eso no ocurrirá. Por ello el articulista estima que lo mejor que se puede y se debe esperar es la comprobación —en los hechos, no solo en dictámenes emitidos sobre el tema— de que la decisión, a su juicio tan administrativa como política, de posponer el proceso de discusiones a la celebración del congreso, ha sido acertada. Pero ya entonces se habrán dado aprobaciones con validez calculada para al menos algunos lustros, cuando a la sociedad cubana no parece que le esté reservado mucho tiempo más para tanteos y experimentos, aunque riesgos siempre será insoslayable correr.
La responsabilidad de dirigentes, militantes de base y pueblo en general —para que de veras el partido sea el pueblo— incluye o ha de incluir propósitos de largo alcance: debe abarcar, quizás sobre todo, que la sociedad cubana quede mejor preparada para que en ella no se den aberraciones que no vale considerar privativas de otras realidades, de otras latitudes, de otras culturas, de contextos donde los partidos llamados a ser comunistas fueron paulatinamente distanciados del pueblo y desmovilizados hasta su aniquilación total.
A Cuba, a su fuerza partidista, a sus instituciones estatales y gubernamentales, a sus organizaciones de masas, a su ciudadanía, les toca cumplir una misión impostergable: impedir que pragmáticos, economicistas, individualistas, corruptos, oportunistas, antisocialistas agazapados y otros especímenes afines —de esos capaces de actuar en la sombra hasta que les llega la ocasión de asaltar el poder o pedazos de él— no encuentren, desde un terreno abonado cuando todavía está en pie y actuante la dirección histórica de la Revolución, caminos, subterfugios, prácticas de que valerse para, en su momento, erigirse como mafias dominantes. Grupúsculos o grupos de semejante índole medrarían en contubernio con poderíos capitalistas que, a la luz de la realidad en marcha, ya no estarían ni tan lejos ni tan identificados como claramente hostiles al afán socialista. Hasta buscan y encuentran vericuetos en el humorismo nacional para venderse como simpáticos y encantadores.
Lo que está en juego no es la validez de medidas más o menos administrativas, sino el destino de la nación, llamada a salvaguardar su dignidad y su soberanía, y la justicia social, y para ello no bastan consignas bien intencionadas: se requieren ideas y prácticas, conceptos y acciones a fondo. Ante la opinión de las masas, o de parte de ellas, no cabe sino recordar el llamamiento que en enero de 2011, en una reunión ampliada del Consejo de Ministros, para erradicar o prevenir actitudes contrarias al pueblo hizo a dirigentes y funcionarios el primer secretario del Partido y presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, general de ejército Raúl Castro: mantener “los pies y el oído pegados a la tierra”
(Tomado del blog del autor)