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Persiste Estados Unidos en formar opositores a la Revolución

Por Arthur González
Haciéndose los sordos ante las denuncias de Cuba y como si fueran los emperadores del mundo, los Estados Unidos persisten en impartir clases de liderazgo a jóvenes cubanos residentes en la Isla, con el propósito de desmontar el socialismo desde adentro.
Para lograrlo lanzaron una nueva convocatoria para diez becas mediante la organización Líderes Sociales, plateando sin ambages que el interés perseguido es “promover el desarrollo profesional juvenil y fortalecer la sociedad civil cubana”.
¿Cómo reaccionarían las autoridades estadounidenses si Cuba decidiera organizar becas para que jóvenes de ese país cursaran estudios para lograr democratizar esa sociedad de tanta desigualdad, organizarlos con el fin de luchar contra la discriminación racial y de género que existe en Estados Unidos?
Seguramente que las amenazas de recrudecer las sanciones estarían entre las medidas a tomar, e incluso hasta podría ventilarse en el Consejo de Seguridad como un caso de exportación de la Revolución.
Según sitios de noticias anticubanos, los requisitos para optar por una de las diez becas son: ante todo ser ciudadano cubano residente en Cuba, tener entre 20 y 35 años de edad y experiencia de trabajo en una organización de la sociedad civil, entiéndase de la contrarrevolución, o en iniciativas que buscan mejorar las comunidades.
La convocatoria se lanzó el 11 de enero y el cierre de las solicitudes es el 9 de marzo de 2017.
Los especialistas en temas subversivos de golpes suaves, siguiendo las teorías del experto Gene Sharp, ponen todo su empeño para aprovechar el cambio generacional en Cuba, con la ilusión de trasladar sus experiencias en el antiguo campo socialista europeo para desmontar el socialismo cubano.
Para eso no toman en cuenta que antes de existir socialismo en la Isla, existió un sistema capitalista que no ofreció al pueblo oportunidades, y que solo con la Revolución se erradicó el analfabetismo, las desigualdades, el desempleo y el llamado tiempo muerto en los campos.
Ahora todos tienen las mismas oportunidades de estudiar gratuitamente hasta la Universidad; tener un sistema de salud como no tienen los propios Estados Unidos, donde la mortalidad infantil pasó del 60 por mil nacidos en 1958 a un 4,3 en 2016; un acceso total a la cultura; a la seguridad social y ser tratados como seres humanos, algo por lo que cubanas y cubanos lucharon para alcanzarlo.
Estados Unidos mantiene intacta su guerra económica contra Cuba para lograr la insatisfacción de las necesidades del pueblo, y mediante sus campañas de guerra psicológica, hacerle creer que el socialismo es incapaz de satisfacerlas, algo reconocido por la CIA en un informe desclasificado en 1998 que se encuentra en la biblioteca JFK, caja # NLK 47-104.
En dicho documento la CIA afirma:
[…] Las medidas de aislamiento económico, político y psicológico de Cuba con respecto a América Latina y al mundo libre, y la construcción de un sistema de defensa contra la subversión Castro-Comunista, han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica […]
Esos planes subversivos no se los exponen a los jóvenes cubanos para que conozcan la crueldad con la que han sido tratados sus abuelos y padres desde hace casi 60 años, a lo que se suman las plagas y enfermedades que introdujeron en la Isla para matar de hambre y enfermedades al pueblo.
Al parecer 58 años de fracasos no son suficientes para seguir malgastando el dinero de los contribuyentes en viajes y cursos que al final tampoco tendrán los resultados esperados.
Sabio fue José Martí cuando sentenció:
“Los necios desdeñan la riqueza pública”.

Los tabacos de la Agencia Central de Inteligencia

Fuente:

Radio Reloj
El 18 de septiembre de 1960 el presidente Fidel Castro llegó a Nueva York para participar, como Primer Ministro cubano, en la XV Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

La delegación que presidía el líder de la Revolución sufriría inmediatamente el acoso de las autoridades norteamericanas que, en primer lugar, le prohibieron trasponer los límites de Manhattan.

Luego, los representantes cubanos fueron obligados a abandonar el Hotel Shelbourne, donde se alojaban, y en señal de protesta decidieron instalarse en los jardines de la ONU.

Pero la solidaridad de la comunidad negra superó aquella maniobra, y Fidel y sus acompañantes fueron invitados a alojarse en el modesto Hotel Theresa, en el barrio de Harlem.

En los anales de la Organización de Naciones Unidas pervivirá aquella visita de Fidel a Nueva York en 1960 para participar en la Asamblea General, no sólo por la extensión del discurso del líder cubano, sino por su valor y enérgica denuncia.

Pero en la oculta memoria de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, la visita del jefe revolucionario de Cuba tiene otra significación, pues como se demostró más tarde, ya en aquella temprana fecha la CIA conspiraba para asesinar al dirigente revolucionario.

Así lo declararía años después, ante un comité senatorial investigador, Michael J. Murphy, quien en aquel entonces era Inspector Jefe del Departamento de Policía de Nueva York, donde está enclavada la sede de la ONU.

Según declaró Michael Murphy, durante la permanencia de Fidel en Nueva York a propósito de la XV Asamblea General de la ONU, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos había preparado unos tabacos explosivos que pondrían a mano del líder cubano, que en aquella época fumaba.

Una noche, en el Hotel Waldorf Astoria, donde tenían su cuartel general los operativos policiales neoyorquinos encargados de la seguridad de los jefes de estado que asistían al cónclave, un agente de la CIA le reveló al Inspector Murphy el plan para asesinar a Fidel con aquellos tabacos.

Bastaría una sola chupada y el tabaco explotaría como una bomba, volando la cabeza del fumador, como macabro artefacto que sólo podía emerger de los laboratorios de la CIA.

El plan de la Agencia Central de Inteligencia para asesinar al máximo líder de la Revolución Cubana durante su viaje a Nueva York en septiembre de 1960, no prosperó, en parte por las circunstancias creadas por las propias autoridades yanquis.

Expulsados del Shelbourne, Fidel y su comitiva encontraron hospitalidad más segura en el barrio negro de Harlem.

Aunque la carencia de escrúpulos de la CIA no le habría impedido llevar adelante el magnicidio en el mismo territorio de Estados Unidos, tal vez la siniestra agencia desestimó el plan por considerar que otro, basado en el envenenamiento de los tabacos, haría menos evidente su participación.588f1615c36188e9358b458c

#TodosMarchamos Realizan peregrinación en homenaje a víctimas del Terrorismo en Cuba

2016-10-06 13:24:48 / web@radiorebelde.icrt.cu / Carlos Serpa Maceira
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Ofrendas florales del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, y del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, del pueblo de Cuba, del Movimiento Deportivo Cubano, de Cubana de Aviación y del Ministerio de la Industria Alimentaria y la Pesca, encabezaron la peregrinación que rindió homenaje a las víctimas del Terrorismo de Estado en Cuba.

El tributo tuvo lugar en la Necrópolis de Colón, en recordación al aniversario 40 del crimen de Barbados, ocurrido en 1976 tras la voladura de un avión de Cubana de Aviación en pleno vuelo.

En el Panteón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, FAR, contó con la presencia de la integrante del Buró Político Mercedes López Acea, Vicepresidenta del Consejo de Estado y Primera Secretaria del Comité Provincial del Partido en La Habana, Olga Lidia Tapia Iglesias, miembro del Secretariado del Comité Central, el Comité de Familiares de las Víctimas del Terrorismo de Estado, y los Héroes de la República de Cuba, Gerardo Hernández y Antonio Guerrero.
Realizan peregrinación en homenaje a víctimas del Terrorismo en Cuba.

Jorge de la Nuez Orozco, familiar de víctima del Terrorismo de Estado al usar de la palabra manifestó el compromiso de continuar exigiendo justicia ante la impunidad a la vez que denunció la impunidad de que gozaron los que fraguaron el atentado, los terroristas de origen cubano Luisa Posada Carriles y Orlando Bosch.
Realizan peregrinación en homenaje a víctimas del Terrorismo en Cuba .

Por su parte el Héroe de la República de Gerardo Hernández , llamó a no olvidar la historia Cuba ha denunciado en múltiples escenarios internacionales el crimen que cegó la vida a 73 personas , de ellos 57 cubanos , en su mayoría integrantes del equipo juvenil que participó en el campeonato Centroamericano y del Caribe de Caracas ,Venezuela.

En el 2010 el Consejo de Estado de la República de Cuba estableció la fecha del 6 de octubre como Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado, en perenne recordación de aquel acto terrorista.

 

#TodosMarchamos El asesinato de Letelier pudo haberse impedido

#TodosMarchamos El asesinato de Letelier pudo haberse impedido

El asesinato del excanciller chileno Or­lando Letelier del Solar y su asistente Ronni Karpen Moffit, constituye una de las mayores atrocidades de la Operación Cóndor
Autor: Manuel Hevia Frasquieri | internet@granma.cu
Autor: Pedro Etcheverry Vázquez* | internet@granma.cu
Autor: José Luis Méndez Méndez* | jose@internet.cu
19 de septiembre de 2016 21:09:03
Un bombero retira el cuerpo de Letelier tras el atentado en Washington en 1976.
Un bombero retira el cuerpo de Letelier tras el atentado en Washington en 1976. Foto: AP
El asesinato del excanciller chileno Or­lando Letelier del Solar y su asistente Ronni Karpen Moffit, constituye una de las mayores atrocidades de la Operación Cóndor, hecho en el que tuvieron una participación directa miembros de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA) de Chile, y connotados terroristas de origen cubano residentes en Miami.
Desde 1961 la CIA seguía los pasos de Or­lando Letelier cuando asistió junto con Sal­vador Allende a las actividades por el Pri­mero de Mayo en La Habana. Durante los años 60 este control se extendió cuando Letelier ocupó altos cargos en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington, y continuó en 1970 al ser nombrado embajador del Go­bierno de la Unidad Popular en los Estados Unidos.
Tras el golpe fascista del 11 de septiembre de 1973 encabezado por el general Augusto Pino­chet, varios terroristas cubanos entrenados por la CIA ofrecieron sus servicios a los golpistas chilenos para asesinar a sus opositores dentro o fuera del país.
En 1974 Letelier partió hacia Washington junto con su esposa y sus hijos en calidad de exiliado político. Durante su exilio participó en numerosas actividades internacionales contra el régimen de Pinochet, periodo en que llegó a ser uno de los miembros más destacados de la oposición chilena en el extranjero. Mientras la CIA observaba sus movimientos, fue documentando el Expediente No.0881118 que contenía reseñas biográficas, perfiles sicológicos, estilos de vida, y detallados informes sobre sus relaciones políticas y sociales.
Según documentos desclasificados, en 1975 el Buró Federal de Investigaciones (FBI) tenía conocimiento de las decisiones que se tomaban en los encuentros clandestinos que sostenía el agregado cultural chileno en Miami Héc­tor Durán, con los cabecillas de los principales grupos terroristas de origen cubano, para planificar agresiones contra intereses cubanos en los Estados Unidos, y atentados contra enemigos de la Junta Militar chilena.
En enero de 1976 el FBI conoció que varios cabecillas, entre los que se encontraba Orlando Bosch Ávila, habían celebrado una reunión con funcionarios del gobierno chileno. Un do­cumento desclasificado de la CIA del 8 de junio 1976, tres meses antes del asesinato, revelaba que Pinochet se quejó ante el Secretario de Estado Henry Kissinger debido al acceso alcanzado por Letelier ante el Congreso estadounidense.
El 15 de junio, en Bonao, República Do­minicana, varios agentes encubiertos de la CIA y el FBI estuvieron presentes en la constitución de la agrupación terrorista Coordinación de Or­ganizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), donde fue planificado el acto de terror contra un avión civil cubano y el asesinato de Or­lando Letelier, como parte de un compromiso con la Junta Militar chilena, lo que permite establecer que estos hechos hubiesen podido evitarse.
El 9 de septiembre varios oficiales de la lla­ma­da DINA exterior se encontraban en Was­hin­­g­ton, ocupándose de la vigilancia de Letelier, mientras que el norteamericano Mi­chael Vernon Townley, un agente de laf0068135f0068137 que actuaba al servicio de la DINA, junto con terroristas del Movimiento Nacionalista Cu­bano (MNC), tendrían la misión de preparar la bomba y hacerla estallar. Resulta inexplicable que los servicios de inteligencia norteamericanos, que mantenían a Letelier bajo un estrecho control, no hayan detectado el seguimiento de que era objeto.
Townley sostenía relaciones con los terroristas cubanos desde hacía mucho tiempo. Estos vínculos continuaron cuando integró la banda fascista chilena Patria y Libertad, pa­ra conspirar contra el gobierno de Sal­va­dor Allende.
El 10 de septiembre de 1976 Townley contactó con Guillermo Novo Sampoll y Dionisio Suárez Esquivel en el restaurante Cuatro Es­trellas, un lugar frecuentado por los cubanos en Union City, Nueva Jersey, donde les explicó la tarea a cumplir.
Después que los militares chilenos le entregaron toda la información necesaria sobre Letelier para realizar la acción, Townley sostuvo una entrevista con el terrorista de origen cubano Virgilio Paz Romero, del MNC, con quien había realizado varias operaciones contra «objetivos» de la DINA en Europa.
El sábado 18 de septiembre, Suárez Esquivel viajó a Washington y contactó con los terroristas mencionados en el restaurante McDonald de la avenida Nueva York, donde acordaron distribuirse las misiones que habían concebido. Paz Romero y Townley se hospedaron en el hotel Regency Congress Inn. y Suárez Esquivel se instaló en un motel cercano para evitar sospechas.
En memoria de Orlando Letelier en el lugar que fue asesinado el 21 de septiembre de 1976 en Washington.
Habían previsto preparar la bomba el do­mingo 19 y colocarla esa misma noche, para hacerla estallar el lunes en horas de la mañana cuando Letelier se dirigiera a su oficina. Sin em­bargo, Suárez Esquivel pidió cambiar la fecha, porque había perdido el trabajo y en ese mo­mento debía estar en Nueva Jersey para co­menzar en un nuevo empleo.
Después de cenar en el restaurante del Re­gency, los tres asesinos se dirigieron hacia la habitación que compartían Paz Romero y Townley, donde comenzaron a preparar la bomba. El artefacto contenía cuatro libras de TNT y explosivo plástico, y después de colocar el detonante, aseguraron el mecanismo de control remoto para hacerla estallar a distancia. Acordaron que ejecutarían la operación el martes.
El sábado por la noche, mientras Paz Ro­mero vigilaba, Townley saltó la verja del jardín de la casa de Letelier y se deslizó cautelosamente bajo su Chevrolet azul. Ajustó la bomba al chasis del auto de manera tal que no se cayera y para garantizar que la onda expansiva se concentrara hacia arriba, en dirección al asiento del chofer. Así aseguraba que la explosión tuviera un mayor efecto letal. El mecanismo de control remoto fue colocado en posición de encendido, y quedó lista para el día si­guiente.
Los sicarios Townley y Paz Romero dieron por cumplida su misión y regresaron al hotel. Suárez Esquivel llevó al estadounidense hasta el aeropuerto y este tomó el primer vuelo de la Eastern Air Lines con destino a Nueva Jersey, donde Alvin Ross, otro miembro del MNC, lo estaba esperando. Desde allí Townley transmitió un mensaje codificado a sus jefes en la DINA, indicando que la bomba había sido colocada.
El lunes 20 por la noche Michael y Ronni cenaron con Letelier y se retiraron a su apartamento en el mismo auto donde ya estaba colocada la bomba. Al día siguiente, la pareja llegó a la casa de Letelier, quien apareció en la puerta minutos después, le dio un beso de despedida a su esposa Isabel, y partieron a las nueve y quince de la mañana.
Al llegar a la altura del restaurante Roy Ro­gers, un sedán gris se les colocó detrás, y continuó tras ellos por la avenida River Road. Su conductor insertó en el encendedor los terminales del control remoto para detonar la bomba. Ambos automóviles tomaron a la izquierda desde la calle 46 hacia la Avenida Massa­chu­setts, entrando en la Avenida de las Em­bajadas. El auto de Letelier se deslizaba lentamente, so­brepasó la Embajada de Chile que estaba a la izquierda y cuando circulaba por la rotonda Sheridan Circle, el terrorista oprimió el botón del control remoto, e inmediatamente se produjo un ruido ensordecedor. La onda expansiva impactó a Letelier contra el techo del auto, que se elevó unos metros y cayó sobre el asfalto, desplazándose violentamente hasta detenerse frente a la Embajada de Rumanía, totalmente destruido e incendiado. El cuerpo de Letelier quedó desmembrado y Ronni cayó en el césped manando sangre por la garganta, y murió al llegar al hospital. Michael, quien viajaba en el asiento trasero quedó aturdido, sin atinar a comprender lo que había sucedido.
Tres semanas después cuando Luis Posada Carriles fue detenido en Caracas, por ser uno de los autores intelectuales de la explosión en pleno vuelo del avión civil cubano en Bar­bados, en su poder fueron encontrados varios documentos que mostraban los movimientos que hacía Letelier para desplazarse hacia su trabajo, y un mapa con su recorrido habitual.
El complot contra Letelier fue descubierto y parte de sus ejecutores detenidos. En medio de un dilatado proceso jurídico el tribunal dictó varios sobreseimientos y resoluciones. En 1979 Townley fue sancionado a diez años de prisión, pero negoció con la Fiscalía y solamente cumplió cuatro meses.
Después fue beneficiado por el programa de protección de testigos, y vive actualmente en los Estados Unidos con una nueva identidad. En 1990 y 1991 Suárez Es­quivel y Paz Romero fueron condenados a 12 años, pero Orlando Bosch, Luis Posada Ca­rriles, Guillermo e Ignacio Novo Sampoll y Al­vin Ross quedaron en libertad. Estos hechos revelan la participación en la Operación Cón­dor de agentes de la CIA, militares chilenos y terroristas de origen cubano residentes en Mia­mi, los mismos que durante más de 40 años han actuado contra Cuba con total impunidad, y todavía hoy continúan al margen de la justicia.

* Investigadores del Centro de In­ves­tigaciones Históricas de la Seguridad del Estado

#TodosMarchamos Mirando a los ojos de los terroristas que volaron el avión cubano

40 años del crimen en Barbados
Los terroristas de origen cu­bano Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, au­tores confesos del crimen, fueron protegidos por el gobierno de Es­tados Unidos
Autor: Alicia Herrera* | internet@granma.cu
15 de septiembre de 2016 22:09:00
Cuarenta años después de la voladura de un avión civil cu­bano cerca de las costas de Bar­bados, el 6 de octubre de 1976, donde perdieron la vida 73 personas inocentes, este ho­rrible acto terrorista aún permanece impune pe­se a las abrumadoras pruebas que existen y han sido presentadas, contra sus autores materiales e intelectuales y sus cómplices en los servicios de inteligencia de Estados Unidos.
El pueblo cubano, su Gobierno Revolucio­nario y en particular, los familiares de las víctimas del crimen de Barbados, no han descansado, en todos estos años, en su lucha por hacer justicia. El dolor fue transformándose en fuerza y coraje para plantar la verdad del caso, en todos los escenarios, no solo de la Isla sino de mu­chos países del mundo. Sin embargo, la esperada justicia nunca apareció.
Por el contrario, los terroristas de origen cu­bano Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, au­tores intelectuales confesos del abominable crimen, fueron protegidos por el gobierno de Es­tados Unidos, puestos a salvo de la justicia en su territorio, don­de recibieron todo el apoyo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que los adiestró desde la década de los años 60, para cometer todo tipo de atentados contra el pueblo cubano y su Revolución.
La voladura del avión de la línea aérea Cu­bana de Aviación, vuelo CU-455 que cubría la ruta Guyana-Trinidad y Tobago- Bar­bados-Ja­maica y finalmente La Habana, fue un hecho es­tremecedor, jamás había ocurrido uno igual en el hemisferio occidental. La maquinación para planificar el asesinato de personas inocentes con el amparo del Gobierno venezolano de entonces, presidido por Carlos Andrés Pérez, y la anuencia de la CIA, revela la verdadera esencia criminal de cuantos estuvieron involucrados en el crimen.
Tal vez las nuevas generaciones no conozcan completamente cómo se articulaba la maldad contra Cuba en aquellos años donde mu­rieron miles de cubanos, a consecuencia de los actos terroristas que alentaron y financiaron sucesivas administraciones norteamericanas para destruir a la Revolución Cu­bana.
Ahora cuando se cumplen 40 años del atentado contra el avión cubano en Barbados, tenemos el deber de rescatar la me­moria de aquellos hechos que no deben repetirse jamás.

NADA ES FICCIÓN
Recordaba que hace un par de años atrás, al concluir un conversatorio con un grupo de estudiantes de secundaria, se me acercó un muchacho de mirada vivaz y me preguntó con mucha curiosidad, si el spot de televisión en el que se oye la voz del copiloto del avión cubano antes de caer al mar, era una re­creación de ese dramático momento.
Yo me sorprendí y le pedí que me explicara por qué él pen­saba así, al tiempo que le explicaba que ese grito desgarrador (¡«Eso es peor, pégate al agua Felo, pégate al agua»!) era tan au­téntico que expresaba la gran humanidad de estos hombres que, hasta el último momento, trataron de impedir que el avión se desplomara.
El joven no tenía una idea clara sobre esta tragedia que enlutó a familias de Cuba, Guyana y de la República Popular de Co­rea. Creía que la imagen de la nave cayendo frente a las costas de Barbados era ficción. Como él, no se sabe cuántos aún ignoran o permanecen confundidos en relación con este triste episodio de la historia de las agresiones contra la Isla.
Es por esta y otras razones que estamos comprometidos a denunciar el crimen de Barbados, aprovechar estos momentos de recordación para transformarlos en tribuna y transmitir a los más jóvenes la verdad que es el camino más cierto para alcanzar la justicia.

MIRANDO A LOS OJOS DE LOS TERRORISTAS
Algunos de los lectores recordarán que yo fui la periodis­ta venezolana que denunció a los terroristas Orlando Bosch, Luis Posada Carriles, Hernán Ricardo y Freddy Lugo, por su participación directa en el atentado a la nave de Cubana de Aviación.
Solo por casualidades de la vida, yo visité en la prisión del Cuartel San Carlos de Caracas, a Freddy Lugo, un fotógrafo, com­pañero de trabajo de la Revista Páginas, que estaba preso por presunta participación en la voladura del avión cubano. No creía que él y el otro fotógrafo del diario El Mundo,
Hernán Ri­cardo, estuvieran implicados en un crimen tan horrible.
Mucho antes de que Lugo y Ricardo pusieran los explosivos en el avión de Cubana, ya eran parte de mi vida laboral, los co­nocía como muchachos trabajadores, un poco más a Freddy Lugo con quien salía frecuentemente a hacer reportajes para Páginas.
A través de Lugo surgieron las relaciones con los otros terroristas presos también en el cuartel San Carlos, mientras se de­sarrollaba en los tribunales el proceso que, durante mis visitas a esa prisión, descubrí que era completamente amañado con la venia del gobierno del presidente Pérez y después al concluir este su mandato, con el apoyo del presidente Luis Herrera Campins y su policía política (Disip) de la que Posada Carriles había sido comisario.
Freddy Lugo compartía celda con uno de las más connotados contrarrevolucionarios de origen cubano, Orlando Bosch, quien era una especie de héroe para él, a quien conminaba siempre a contarme sus historias de «luchador por la democracia en Cuba». Bosch disfrutaba, se frotaba las manos, y detallaba sus actos terroristas. De esta manera llegué a la conclusión de que si este hombre tenía este récord criminal y estaba preso, probablemente podía estar involucrado en el sabotaje del DC-8 de Cubana de Aviación.
Yo me sentía muy tensa cuando tenía al frente aquel hombre de mirada inquisitiva, detrás de unos gruesos espejuelos, que insistía en darme hasta los más mínimos detalles de cómo colocaba bombas en embajadas y consulados cubanos en el exterior, así como en oficinas de Cubana de Aviación y otras dedicadas al turismo con la Isla.
Fueron momentos muy fuertes, difíciles de manejar, con una carga de sorpresa y rabia, de miedo… porque de verdad, daba miedo, me temblaban las piernas, pero trataba de guardar la compostura casi sin emitir palabras: no hacía falta. Bosch se po­sesionaba del escenario, gesticulaba con sus manotas, a veces se levantaba del asiento y contaba con estridente voz sus fechorías, como si estuviera frente a un público cautivo.
Entonces tomé la decisión de hacer una investigación periodística sobre el caso del avión cubano con dos fuentes primarias, Bosch y Lugo.

ME LO DIJERON TODO
Por espacio de más de dos años visité a los terroristas en el Cuartel San Carlos. Allí conocí a la mujer de Bosch, la chilena Adriana Delgado, y a Nieves de Posada, esposa de Posada Ca­rri­les. Con ambas sostuve estrechas relaciones, siempre coincidíamos en las visitas y aportaban buenos datos para el trabajo periodístico que yo estaba preparando.
Las dos, imprudentes y habladoras, confirmaban todo cuan­to Bosch contaba de sus esfuerzos «por liberar a la Patria martirizada» junto con Posada Carriles. Nieves, una fuente indirecta pero muy valiosa, se vanagloriaba al resaltar que su marido había logrado prepararse en la CIA y era un experto en explo­sivos.
Esta mujer fue clave para conocer cómo Posada Carriles planificó con Orlando Bosch, el atentado al avión de Cubana, así como otras acciones criminales de los grupos contrarrevolucionarios cubanos, incluido el asesinato del excanciller chileno Orlando Letelier y su secretaria Ronni Moffit, en Washington, tres meses antes de la explosión en pleno vuelo del avión en Barbados.
Me lo dijeron todo. Lugo me contó paso a paso, cómo pusieron la bomba en el baño ubicado en la parte trasera del avión. Bosch en un arrebato de cólera dijo en mi presencia que había volado un avión cargado de comunistas. Posada, según documentos desclasificados del FBI anunció que «volaremos un avión cubano» y Ricardo con desfachatez gritó para que todos oyeran, en el patio de ejercicios del Cuartel San Carlos: «Pusi­mos la bomba, y qué?».

EL GRITO EN EL TÍTULO DEL LIBRO
De manera muy general he recordado episodios de aquel momento que cambió mi vida para siempre. Ya impuesta de que estos hombres eran los asesinos de 73 personas inocentes que viajaban en el vuelo CU-455 de Cubana, se planteó para mí una decisión determinante; o los denunciaba o me quedaba callada y me convertía automáticamente en su cómplice. Opté por la denuncia y tuve que hacerla fuera de mi país para proteger mi vida de los sicarios del gobierno socialcristiano de Luis Herrera Campins.
En septiembre de 1980, al conocer que un tribunal militar había absuelto a los cuatro terroristas por considerar que «fueron destruidas las pruebas» que servían de base a la acusación; convoqué a una conferencia de prensa, con medios nacionales y extranjeros en Ciudad de México y denuncié a los responsables del siniestro del avión: conté todo cuanto me dijeron acerca de su planificación y ejecución y la complicidad de los gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins.
Igualmente me referí a una serie de actos terroristas ejecutados en otros países por Bosch y Posada Carriles con saldo de muerte y destrucción y especialmente alerté a la comunidad internacional sobre la intención de estos criminales de continuar con estas acciones vandálicas contra Cuba y su pueblo.
Posteriormente, esta denuncia fue ampliada en el libro de mi autoría Pusimos la bomba… ¿y qué?, título tomado del grito de Her­nán Ricardo, autor material, junto con Freddy Lugo, de este abominable crimen.
Veinticinco años después de la publicación de mi investigación periodística, se lanzó una nueva edición ampliada del libro que incluía documentos desclasificados de la CIA y el FBI, sobre el sabotaje del avión cubano, que corroboraron que los hechos ocurrieron tal y como los denuncié, desmontando de esta ma­nera, la campaña mediática de la derecha que propagaba en sus medios que se trataba de una historia inventada para favorecer a la Revolución Cubana.

* Periodista venezolana y luchadora antiterrorista.Avion