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Cuba consolidó una cultura de resistencia bajo la guía de Fidel

Te lo prometió Martí
y Fidel te lo cumplió.
Nicolás Guillén

Por Jorge Rivas

La puesta en práctica del ideario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz hizo posible que Cuba alcanzara los impresionantes niveles de educación y cultura que exhibe ante el mundo.

El Comandante en Jefe junto al Poeta Nacional Nicolás Guillén, presidente fundador de la Uneac.

La materialización de sus ideas en beneficio del conocimiento se remontan a pocos meses después del triunfo revolucionario al crear, en marzo de 1959, la Imprenta Nacional de Cuba (INC), y con ella comienza a germinar el incontenible desarrollo de la cultura cubana, cuya mayor épica fue la Campaña Nacional de Alfabetización, que erradicó la ignorancia.

El ferviente interés del entrañable líder por hacer de la cultura un arma de todo el pueblo, y a través de su consolidación favorecer la emancipación y la autodeterminación nacional, fue claramente expuesto en su memorable alegato La historia me absolverá.

Por ello no es casual que en 1962 la INC, bajo el nombre de Editorial Nacional, y la dirección del célebre escritor Alejo Carpentier, publicara su primer texto: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, novela publicada en 1605 por Miguel de Cervantes Saavedra, la obra más relevante de la lengua española. Durante el año 1961, como parte de la política cultural emprendida con su guía, surge el Consejo Nacional de Cultura junto con un amplio programa de reanimación —en correspondencia con las ideas revolucionarias— del Ballet Nacional de Cuba, la Biblioteca Nacional y la Academia de Artes Plásticas de San Alejandro, así como otras nuevas instituciones. Tales son los casos de la Orquesta Sinfónica Nacional, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y la Escuela Nacional de Arte.

También, con una perspectiva latinoamericanista, se crearon la Casa de las Américas y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos. Ese noble interés del Comandante en Jefe por fortalecer la cultura igualmente sobresale en su tenacidad por constituir otras entidades que posibilitaran ese fin con rapidez. Anhelo que adquiere relevancia cuando se repasa la historia y se advierte que justamente entre los años 1959 y 1962 se agudizaron las agresiones de la contrarrevolución y del imperialismo contra Cuba, entre estas más de 50 bombardeos con explosivos o fósforo vivo a centrales azucareros y áreas urbanas; y la voladura del vapor francés La Coubre, que provocó la muerte de más de 100 personas. Fueron años de incesantes y colosales amenazas que difícilmente otro estadista habría podido enfrentar pensando, a la vez, en el enriquecimiento espiritual de su pueblo.

Ya desde entonces, con su ejemplo, ponía en práctica su célebre frase pronunciada en 1998 durante el VI Congreso de la Uneac: “Lo primero que hay que salvar es la cultura”, premisa también inquebrantable de su ideario ante otros crueles sucesos como los bombardeos a Ciudad Libertad y a las bases aéreas de San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba; y el desembarco de mil 500 mercenarios por Playa Larga y Playa Girón, derrotados en menos de 72 horas.

El hombre que logró cristalizar la cultura y la identidad de los cubanos lo hizo en medio de otras grandes hostilidades como atentados dinamiteros, estallidos de bombas, incendios y el descarrilamiento de trenes, mientras que en el Escambray decenas de pandillas armadas acometían acciones subversivas y asesinaban a humildes maestros y campesinos.

Dos meses después de Playa Girón se produce su trascendental discurso en la Biblioteca Nacional (junio de 1961) ante un grupo de escritores y artistas, inigualable disertación que quedó recogida en la historia como Palabras a los intelectuales, donde trazó el posterior programa de la Política Cultural de la Nación: “La Revolución no puede pretender asfixiar el arte o la cultura, cuando una de las metas y uno de los propósitos fundamentales de la Revolución es desarrollar el arte y la cultura, precisamente para que el arte y la cultura lleguen a ser un verdadero patrimonio del pueblo”.

El imperialismo yanqui, a pesar de sus fracasos, continuó —y aún continúa— su política de hostigamiento hacia Cuba, y con la obsesión de asesinar al Comandante en Jefe en más de 630 intentos. Pero, al enfrentar adversidades, sobre todo las derivadas del bloqueo, Cuba arribó a la década de los años 80 del pasado siglo convertida en una indiscutible potencia cultural, tras la puesta en funcionamiento de escuelas como el Instituto Superior de Arte y la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños; amén de infinidad de centros de la enseñanza artística en toda la geografía nacional.

En una ardua batalla seguida muy de cerca por Fidel nació uno de los más increíbles proyectos de la Revolución: la creación de casi una decena de instituciones básicas de la cultura en todos los municipios del país —cines, museos, Casas de Cultura, galerías de arte, talleres literarios, bibliotecas, agrupaciones musicales, teatrales y danzarias—; a la vez que el arte y la cultura fueron llevados a los centros de trabajo, las escuelas y las penitenciarías, desarrollándose un fuerte movimiento de artistas aficionados.

Con el apoyo de la entonces comunidad socialista de Europa, y en particular de la Unión Soviética, Cuba se convirtió en referente cultural para el mundo, sustentado, también, por la realización de prestigiosos eventos internacionales, entre otros muchos, la Feria Internacional del Libro, los festivales del Nuevo Cine Latinoamericano, del Ballet y de Teatro de La Habana; además del Premio literario Casa de las Américas, y las bienales de Artes Plásticas de La Habana, y de Humorismo Gráfico de San Antonio de los Baños.

Al producirse el derrumbe de la Unión Soviética y del campo socialista, esa circunstancia fue aprovechada por el Gobierno de Estados Unidos para intensificar el bloqueo económico, comercial y financiero —que ya sobrepasa los 35 mil millones de dólares de daños solo en el sector de la cultura—. Cuba inició una difícil crisis económica que ocasionó carencias de todo tipo y, entre estas, el sostenimiento de las instituciones de la cultura.

Fue entonces cuando el Comandante en Jefe, haciendo uso de su brillantez intelectual en el VI Congreso de Uneac, tal preclaro promotor del legado martiano, recordó: “Ser culto es la única manera de ser libre”. Ante tantas dificultades, había que salvar la cultura. Tras el desmoronamiento del socialismo en Europa, durante la crisis de los 90 conocida como período especial, el producto interno bruto de Cuba se constriñó a un 35 por ciento.

A pesar de esto ninguna de las instituciones de la cultura cerró sus puertas, y aquellas que lo hicieron por falta de mantenimiento fueron priorizadas dentro de los programas del Ministerio de Cultura, en tanto continuaron realizándose los eventos internacionales de mayor renombre, aunque más austeros.

Los creadores cubanos se multiplicaron para enfrentar la escasez de recursos mediante inventivas de todo tipo con el afán de salvar la cultura. En una suerte de explosión cíclica de cada 20 años (1960, 1980), en el 2000, tras un leve alivio económico, Fidel lanza una nueva gran contienda en favor de la cultura: la Batalla de Ideas, a través de la cual se fundan las escuelas de Instructores de Arte, se inaugura el programa Universidad para Todos, se crean dos nuevos canales en la televisión, con una programación educativa y cultural, mientras que las Ferias Internacionales del Libro —de las que fue entusiasta promotor— convocadas cada dos años, se multiplicaron por todo el país con frecuencia anual. Se creó el Sistema de Ediciones Territoriales (Riso), con 22 casas editoriales a lo largo de todas las provincias.

Es imposible enumerar todos los proyectos ideados o acogidos con desvelo por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en tiempos de bonanza económica o en medio de las más duras carencias, siempre bajo la amenaza, el bloqueo y el hostigamiento del imperialismo, al que le demostró que este pueblo, bajo su guía, consolidó una fértil cultura de resistencia, alabada por connotados intelectuales de todo el mundo, y los desposeídos de Latinoamérica, África y Asia vieron en ella una luz de esperanza.