Por Israel Valdés Rodríguez*
Como prueba evidente de la participación directa de las autoridades norteamericanas en esta Operación señalamos, que el capitán Cael F. Schenweis, quien fuera jefe de la Base Naval Yanqui hasta poco antes de estos hechos, fue uno de los más activos organizadores de las agresiones concebidas en la Operación, hasta el punto de hacerse evidente algunas contradicciones entre elementos de la CIA y el Pentágono, sobre los procedimientos a seguir. Existe la hipótesis de que esto motivó la sustitución de este oficial por el contralmirante Joseph O¨Donell, antiguo director de la oficina del Lejano Oriente.
Poco antes de su sustitución, el capitán Schenweis apresuró la extracción de armas de la Base por parte de los contrarrevolucionarios. Después de varias reuniones preparatorias en la propia Base, se acuerda la recogida del material bélico por la zona este, junto a la cerca de la instalación, lugar no transitado y de espesa vegetación y que pertenecía a la Finca Boquerón.
El 17 de julio, en horas del mediodía, varios conspiradores se presentaron en el lugar acordado, tripulando un camión y un jeep, el primero aparentemente en labores de recogida de arena y el segundo con la misión de proteger el presunto embarque. Ese día no pudieron realizar la maniobra planificada, por lo que regresaron a la mañana siguiente, cargando parte del material y el resto lo recogieron el día 19.
Todo el cargamento fue trasladado a la Finca “La Perla”, en el término de Alto Songo, entre este poblado y La Maya, contando con la complicidad de su dueño. Toda esta maniobra fue visualizada, desde el aire por un helicóptero y por fuerzas militares de la Base Naval norteamericana, como prueba evidente de la confabulación.
Cuando todo estaba previsto para realizar el corte de la actividad, pues se encontraba en juego la vida de Raúl, se intercepta una información del radista de la red Terrorista, donde informaba de la llegada a la Base Aérea de San Antonio de los Baños de varios aviones Mig – 15. Como se desconocía la fuente que aportó la información y además, coincidía con la realidad, surge la necesidad de conocer la vía por la cual se obtuvo. Se decide proponerle al Ministro de las FAR no operar de inmediato. Ante tal disyuntiva el comandante Raúl Castro expresa: “Esta bien, no hay problemas, los autorizo a seguir con la investigación, pero les advierto una cosa: si los tiros empiezan a sonar, yo no voy a tirarme al suelo en medio del acto”.
El plan concebido para la denominada operación “Acción Inmediata” contaba con las siguientes variantes:
Primera: Tomarían posesión de una casa adyacente a la Tribuna, donde haría uso de la palabra el dirigente y allí instalarían una ametralladora calibre 30, manipulada por dos hombres. Otros cuatro elementos C/R portando granadas de mano, serían los encargados de facilitar la retirada.
Segunda: En el caso de que el dirigente saliera ileso del atentado anterior, tendrían situado seis hombres con sub-ametralladoras M-3, en la bifurcación de las carreteras del Aeropuerto y del Morro, ya que suponían que el mismo se dirigiera hasta allí, para trasladarse a la capital e informarle al Comandante en Jefe.
Todo el plan sería ejecutado a partir de las 10:00 horas. Simultáneamente atacarían con morteros la Refinería “Hermanos Díaz” de Santiago de Cuba. Para llevar a cabo estas acciones, los involucrados habían elaborado meticulosamente los planos y croquis del estadio donde se desarrollaría el acto y la carretera que va en dirección del aeropuerto, incluyendo sus alrededores. Otra parte del plan consistía en situar en la Finca “El Cuero”, limítrofe con la Base Naval Yanqui, no menos de cuatro morteros, con un módulo de seis obuses cada uno, los que dispararían contra la BNG. Al mismo tiempo, con otro mortero se atacaría el emplazamiento de artillería del Ejército Rebelde cercano al lugar, de manera que, respondiendo el ataque, comenzaran a cañonear la Base Naval con la creencia de que eran estos los agresores. Todo esto originaría un infernal combate.
Los detenidos serían: José Amparo Rosabal Rosabal, conocido por “El Viejo”. Principal encartado del Plan. Logró escapar a las primeras detenciones que se producen al operar el caso y ocuparse todas las armas. Permaneció escondido en varias casas, hasta que finalmente es detenido el 20 de agosto de 1961. Los Medios ocupados fueron: 2 ametralladoras calibre 30.06 con su trípode; 6 Sub ametralladores M – 3 calibre 45 con 3 depósitos llenos y tres vacíos; 1 Fusil ametralladora 30.06 marca Browning con 17 depósitos llenos y tres vacíos; 2 carabinas M – 1 recortado; 1 rifle Winchester con 1 depósito y 17 cartuchos; 17 granadas piña de fabricación norteamericana; 10 cargas de gelatina para demolición; 27 cartuchos de dinamita; 50 paquetes pequeños de fulminantes de alambre; 19 fulminantes; 1 culatín para ametralladora 30.06; 884 cartuchos calibre 44 y 45 para pistola y M-3 respectivamente; 1750 cartuchos calibre 30.06 en cintas de 250 tiros cada uno; 350 cartuchos calibre 30.06 para ametralladora Browning; 1 carabina San Cristóbal; 2 paquetes y medio de dinamita; 3 rollos de mecha; 1 fusil checo.
Esta operación terrorista por su actividad abarcadora, sus proyecciones tácticas y estratégicas, la concepción de métodos brutales y violentos, donde estaban implicados mas de cien elementos contrarrevolucionarios; su extensión por varios territorios del país, la cantidad y calidad del material bélico que poseían, así como el cardinal apoyo de la CIA y el Servicio de Inteligencia Naval de la BNG, se vislumbraba como una operación de gran envergadura, con riesgos y peligros latentes, que de haberse llevado a cabo hubiera causado bajas mortales entre los propios militares norteamericanos de la BNG., y que posiblemente conllevaría a una confrontación armada en gran escala.
Hoy, el reclamo de todo nuestro pueblo es la devolución de ese territorio, que mantienen bajo su control en contra de la voluntad del gobierno y el pueblo cubano. Este enclave, desde el punto de vista militar, no tiene importancia alguna para los Estados Unidos. Sin embargo, esta situación constituye un obstáculo evidente, para la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos. * (San Antonio de los Baños, 1952) profesor e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores de Cuba.
Por Israel Valdés Rodríguez*
Al triunfar la Revolución, la Base Naval de Guantánamo se convierte en uno de los principales escollos en las relaciones bilaterales entre Cuba y los Estados Unidos y se afirma como parte fundamental del diferendo histórico. Este enclave militar con la anuencia de sus autoridades militares y la participación directa de sus servicios especiales convirtieron la Base en un activo centro de subversión, de provocaciones y violaciones.
Desde las primeras horas del día 19 de julio de 1964 la posta norteamericana, ubicada en las coordenadas 43-67 de la Base Naval de Guantánamo, rastrilla su fusil y apunta a los combatientes cubanos. Esta acción irresponsable se había convertido en uno de los actos provocadores mas usuales de los marines yanquis. A las 5:37 p.m. (17:37 horas) de ese día, dos soldados yanquis reinician las provocaciones y lanzan piedras, profieren ofensas verbales y vuelven a rastrillar sus armas. A las 7:07 p.m. (19:07 horas) mientras se producía el cambio de guardia en la posta cubana, los marines norteamericanos disparan una ráfaga contra los soldados de la Brigada de la Frontera Héctor Pupo Sucarno y Ramón López Peña. Este último resulta herido de gravedad en el cuello. Poco después muere. Ramón López Peña. Nació el 15 de diciembre de 1946 en el Barrio La Morena, municipio de Puerto Padre, en la actual Provincia Las Tunas. Hijo de Andrés López y Eunomia Peña Pérez de procedencia campesina, el matrimonio había formado un hogar humilde donde crecieron 12 hijos. Era el mayor de los hermanos de esta humilde familia carbonera.
Pudo asistir a la escuela, donde alcanzó el cuarto grado. Más tarde en Puerto Padre logró llegar hasta el sexto grado de escolaridad porque la situación económica familiar no le permitió continuar estudiando y se vio obligado a trabajar tempranamente cortando caña.
Al triunfó de la Revolución , Ramón aunque era un adolescente, pudo apreciar que habían surgido cambios en la sociedad cubana. A los 15 años de edad ingresó en las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR) y posteriormente en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). En 1962 ya era miembro activo del Ejército Regular y formaba parte de la División No. 59 de Las Tunas, con la cual participó en la lucha contra bandidos en la zona de Manatí.
En febrero de 1963 por sus méritos y disciplina fue destinado al Batallón de la Frontera. Ya en el frente, Ramón López Peña mantiene una firme y decidida participación en la preparación combativa y política, la superación cultural y participa en tres zafras del pueblo.
A los 17 meses de su estancia en la Frontera resultó seleccionado joven ejemplar durante el proceso de construcción de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en las FAR. El carné de miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas se entregó póstumamente a sus padres, convirtiéndose así en el primer militante de esa organización en las FAR.
En la despedida del duelo el entonces comandante y Ministro de las FAR, Raúl Castro Ruz expresó: “Símbolo de la valerosa fuerza que en la frontera defendió y defiende nuestra soberanía. Han perdido a un hijo, y en cada uno de nosotros tendrán un hijo. Su dolor lo compartimos todos”.
Su inhumación en el cementerio de Guantánamo, constituyó una manifestación de duelo popular, que se extendió a toda Cuba, indignada por el crimen horrendo cometido contra uno de sus más humildes y valerosos hijos. * (San Antonio de los Baños, 1952) profesor e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores de Cuba.
El 29 de septiembre de 1906 se produjo la segunda intervención militar yanqui en Cuba. Por dos años y cuatro meses se extendería esta vez la ocupación yanqui. Dada la opinión desfavorable que se había ganado el presidente Roosevelt por su política agresiva en el Caribe y Centroamérica, el gobierno norteamericano trató de presentar este hecho ante la opinión pública mundial como una muestra de la “incapacidad” de los cubanos para la vida democrática, y como la única solución encontrada para encauzar al país por el camino correcto.
Como es conocido, entonces las decisiones en Cuba las tomaba el gobernador interventor, y este no hacía más que cumplir las órdenes del presidente de los Estados Unidos.
La actuación del gobernador norteamericano Charles A. Magoon es una muestra de la forma en que concebía los Estados Unidos el “ordenamiento” del país. Manejó a su antojo el tesoro público y al concluir su mandato dejó a Cuba una deuda de unos 12 millones de pesos, Se esforzó por dividir al pueblo y desarrolló una amplia labor de corrupción de los políticos. Levó a cabo, además, obras públicas de pésima calidad y con cuantiosos gastos.
El colmo fue que al retirarse los ocupantes norteños, el gobierno de Estados Unidos exigió a Cuba el pago de la intervención, odiosa para el pueblo, alegando que nuestro país debía sufragar los desembolsos extraordinarios hechos para pacificar la isla.
Después de varios rejuegos y tanteos políticos, el 28 de enero de 1909, el gobierno interventor daba paso a los cuatro años de mandanto del general José Miguel Gómez, ese que se había ganado el significativo alias de “Tiburón.”
* (San Antonio de los Baños, 1952) profesor e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores de Cuba.
Por Omar Segura*/ La Polilla Cubana
La “preocupación” de Estados Unidos con Cuba no tiene nada que ver con los “derechos humanos”, la “democracia”, la “libertad de expresión”, la “promoción del terrorismo”, el “antiimperialismo”, el “comunismo”, el “castrismo” o, simplemente, con nuestra convicción de construir el socialismo.
Cuando en fecha tan temprana como el 23 de junio de 1773 (3 años antes de decretarse la independencia de las Trece Colonias), John Adams, segundo presidente de Estados Unidos (1797-1801), en carta a Robert Livingston, uno de los principales colaboradores de Thomas Jefferson en la redacción de la Declaración de Independencia y firmante de la Constitución de Estados Unidos por el Estado de New Jersey, expuso lo siguiente: “…es casi imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable para la continuación de la Unión”, en ese momento faltaban aún:
44 años para el natalicio de Carlos Marx
74 años para que él y Federico Engels redactasen el Manifiesto Comunista
80 años para el nacimiento de José Martí
95 años para el nacimiento de Vladimir Ilich Lenin
143 años para el inicio de la Gran Revolución Socialista de Octubre.
152 años para el nacimiento de Fidel
185 años para el triunfo de la Revolución Cubana
187 años para la Proclamación del Carácter Socialista de la Revolución.
La teoría de la “fruta madura”, de John Quincy Adams; la doctrina Monroe, la concepción del “Destino Manifiesto”… y lo que cuelga, no son cosa reciente ni olvidadas en la política de Estados Unidos hacia Cuba.
Los deseos de los gobernantes y los grandes intereses de Estados Unidos por intentar apoderarse de Cuba, no son nuevos. No se originaron el Primero de Enero de 1959, como algunos, interesados, pretenden hacer ver y creer.
En la actualidad –y desde siempre- quienes rigen la política en Estados Unidos justifican sus intenciones alegando la “incapacidad de los cubanos para gobernarse”, “violación de los derechos humanos”, “persecución de las personas”, “violación de los derechos humanos y de los derechos civiles”, “terrorismo”, “torturas”… en fin, han pretendido convertirse en “salvadores” y “libertadores” de los cubanos, sometidos al “comunismo” y a la “dictadura de los Castro” o al “régimen”, como también gustan llamarlo.
Precisamente a esas “violaciones” de las que acusan a Fidel y a la Revolución han endosado sus “justificaciones” para inmiscuirse en los destinos de la Isla y sus habitantes, organizar agresiones de todo tipo y mantener su injusto y criminal bloqueo, tantas veces condenado en la ONU por amplia mayoría… y nuevamente en esta ocasión con un récord histórico de sólo 2 votos en contra: el propio Estados Unidos y su socio Israel. Casi lo mismo como si uno sólo de ellos hubiera levantado las dos manos.
Pero, como decíamos al principio, estos intentos, y mucho más, esas pretensiones, no son nuevas.
Fidel Castro nada tiene que ver con el surgimiento y la aplicación de esta tradicional política. No había nacido cuando comenzaron a surgir estas manifestaciones de anexarse a Cuba por cualquier vía y con cualquier motivo.
Fidel nació el 13 de agosto de 1926, sin embargo, ya…
159 años antes, en 1767, faltando una década para que las Trece Colonias inglesas declararan su independencia, Benjamín Franklin, uno de sus padres fundadores, escribió acerca de la necesidad de colonizar el valle de Mississipi: “(…) para ser usado contra Cuba o México mismo (…)”
153 años antes, el político norteamericano John Adams, vicepresidente de Estados Unidos en 1789, reelegido en 1792, y electo presidente en el periodo 1796–1800, en carta fechada el 23 de junio de 1783, dirigida a Robert R. Livingston, uno de los principales colaboradores de Thomas Jefferson en la redacción de la Declaración de Independencia y firmante de la Constitución de Estados Unidos por el Estado de New Jersey, expuso lo siguiente: “…es casi imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable para la continuación de la Unión”.
139 años antes, en 1787, Alexander Hamilton, Secretario del Tesoro, uno de los padres fundadores de esa nación, exhortó a que su país creara un gran sistema norteamericano, superior al dominio de toda fuerza trasatlántica, y para lograrlo recomendaba: “La creación de un imperio continental americano que incorpore a la unión los demás territorios de América, aún bajo el dominio colonial de potencias europeas, o las coloque, al menos bajo su hegemonía”.
En 1805, 121 años antes, Thomas Jefferson, tercer presidente estadounidense (1801-09), notifica al Ministro de Gran Bretaña en Washington que, en caso de guerra contra España por la posesión de La Florida Occidental, EE.UU. tomarían a la Isla, porque la consideraban una posición imprescindible para la defensa militar de Louisiana y La Florida.
115 años antes, en 1811, el Gobierno norteamericano envía a Cuba a un agente especial para establecer contactos con elementos anexionistas en la Isla y realizar actividades conspirativas simulando actividades comerciales.
103 años antes, el 28 de abril de 1823, John Quincy Adams, secretario de Estado del presidente Monroe y su sucesor en el ejecutivo, escribió: “(…) es imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable para la continuación de la Unión y el mantenimiento de su integridad”; pero, como no considera oportuno actuar aún, diseña su teoría de la “fruta madura”, asegurando que cuando la isla se separara de España no podría sostenerse por sí misma y gravitaría hacia la Unión, “exclusivamente”. (Aquí no se cumplió la Ley de gravedad).
103 años antes, el 2 de diciembre de 1823, James Monroe, quinto presidente estadounidense (1817-25), en su discurso anual ante el Congreso de la Unión, expondría la estrategia de dominación regional que pasaría a la historia como: Doctrina Monroe, basada en el principio de “América para los americanos”… del Norte, se sobreentiende).
Cien años antes, en 1826, Estados Unidos se opone denodadamente a que Cuba quedara enrolada en los procesos independentistas de América Latina y bloquea cualquier intento, de cualquier patriota o internacionalista, por lograr ese objetivo.
En 1845, 81 años antes, se proclama la doctrina del Destino manifiesto: “misión histórica inevitable que le compete asumir a Estados Unidos de expansión agresiva”… porque “es nuestro destino manifiesto expandirnos por el continente que nos ha dado la Providencia”.
76 años antes, en 1850, Millard Fillmore, decimotercer presidente estadounidense, sería el primero en sugerir medios armados para ejercer su política expansiva. Varios generales del sur organizaron expediciones armadas integradas por aventureros. La más conocida fue en 1850, dirigida por el venezolano Narciso López, quien se apoderó de la ciudad de Cárdenas, pero no contó con apoyo popular y se vio obligado a reembarcar. Alentaron esta idea con la finalidad de continuar su política de anexión de nuevos territorios, como ya habían hecho con Texas.
Veintinueve años antes, en 1897, Theodore Roosevelt, entonces subsecretario de Marina y posteriormente presidente (1901-1909), escribió a un amigo: “En estricta confidencia, agradecería cualquier guerra, pues creo que este país necesita una”.
El 29 de marzo 1898, 28 años antes, el presidente William McKinley (1897-1901) exige a Madrid cesar las hostilidades en Cuba, y doce días después el Congreso le aprueba intervenir en la guerra mediante la “Resolución Conjunta”, en la que se establece que Cuba “debe ser libre”; se ordena al Presidente “usar las fuerzas militares y navales”, y se declara la determinación “de dejar el gobierno y dominio de la isla a su pueblo” luego de pacificado.
El 15 de julio de 1898, 28 años antes, las fuerzas españolas capitulaban en Santiago de Cuba ante los estadounidenses, apoyados por el Ejército Libertador, que mantuvo a raya a los 300 mil peninsulares empantanados en la Isla. El presidente Mc Kinley sabía que España estaba desangrada y en bancarrota frente al Ejército Libertador.
El 10 de diciembre de 1898, 28 años antes se firma del Tratado de París a espaldas del pueblo cubano: “(…) Cuba con un territorio mayor, tiene una población mayor que Puerto Rico. Ésta consiste en blancos, negros, asiáticos y sus mezclas. (…) la inmediata anexión de estos elementos a nuestra propia federación sería una locura y antes de hacerlo debemos limpiar el país aún cuando eso sea por la aplicación de los mismos métodos que fueron aplicados por la Divina Providencia en las ciudades de Sodoma y Gomorra. Debemos destruir todo lo que esté dentro del radio de acción de nuestros cañones. Debemos concentrar el bloqueo de modo que el hambre y su eterna compañera, la peste, minen a la población civil y diezmen al ejército cubano. (…) debemos crear dificultades al gobierno independiente y éstas y la falta de medios para cumplir con nuestras demandas y las obligaciones creadas por nosotros, los gastos de guerra y la organización del nuevo país, tendrán que ser confrontadas por ellos (…). Resumiendo: nuestra política debe ser siempre apoyar al más débil contra el más fuerte hasta que hayamos obtenido el exterminio de ambos a fin de anexarnos la Perla de la Antillas”. Esto fue refrendado el 24 de diciembre por el secretario de la guerra de EE.UU., Mr. N. Breckenridge, en instrucciones sobre la Campaña de las Antillas al teniente general N. A. Miles del ejército de esa nación.
Al referirse a las anexiones de nuevos territorios a Estados Unidos (Puerto Rico, Hawai, Cuba), respecto a esta última expresó:
“…Sus habitantes son por regla general, indolentes y apáticos. En ilustración se hayan colocados desde la más refinada hasta la ignorancia más grosera y abyecta. Su pueblo es indiferente en materia de religión, y por lo tanto, su mayoría es inmoral, como es a la vez de pasiones vivas, muy sensual, y como no posee sino nociones vagas de lo justo y de lo injusto, es propenso a procurarse los goces no por medio del trabajo, sino por medio de la violencia; y como resultado eficiente de esta falta de moralidad, es despreciable de la vida.”
A continuación, le expone los métodos de exterminio a aplicar a la población, reflejados en el referido Tratado… Después de trazar la estrategia para ir ocupando palmo a palmo el territorio cubano a partir de Oriente, y crear conflictos al gobierno independiente que se creara, Breckenridge, le reitera: “…nuestra política se concreta a apoyar siempre al más débil contra el más fuerte, hasta la completa exterminación de ambos, para lograr anexarnos la Perla de las Antillas”.
26 marzo de 1900, 26 años antes, Grover Cleveland, ex presidente de Estados Unidos que gobernó ese país entre 1893 y 1897, en carta que remitió a su Secretario, Richard Olney, el 26 marzo de 1900, expresó: “Me temo que Cuba debiera ser sumergida por algún tiempo antes de que pudiera ser un estado, territorio o colonia de los Estados Unidos del que estuviéramos orgullosos”.
Veinticinco años antes, el 28 de mayo de 1901, el gobernador interventor yanqui de la Isla, Leonardo Wood, le impuso a la Asamblea Constituyente la tristemente célebre Enmienda Platt, que deja claro su título de propiedad sobre la Isla y que poca o ninguna libertad deja a la naciente República. La Enmienda se impone bajo la amenaza de prolongar indefinidamente la ocupación.
El General Leonard Wood, gobernador militar de la Isla durante la ocupación norteamericana (1898-1902): expresó:
“(…) Por supuesto, que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt y lo único indicado ahora es buscar la anexión. Esto, sin embargo, requerirá algún tiempo y durante el período en que Cuba mantenga su propio gobierno, es muy de desear que tenga uno que conduzca a su progreso y a su mejoramiento. No puede hacer ciertos tratados sin nuestro consentimiento, ni pedir prestado más allá de ciertos límites y debe mantener las condiciones sanitarias que se le han preceptuado, por todo lo cual es bien evidente que está en lo absoluto en nuestras manos y creo que no hay un gobierno europeo que la considere por un momento otra cosa sino lo que es, una verdadera dependencia de los Estados Unidos, y como tal es acreedora de nuestra consideración. Con el control que sin duda pronto se convertirá en posesión, en breve prácticamente controlaremos el comercio de azúcar en el mundo. La isla se norteamericanizará gradualmente y, a su debido tiempo, contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que haya en el mundo (…)”.
Veinticuatro años antes, se firma el Tratado Permanente entre Cuba y los Estados Unidos, el cual se suscribió el 22 de mayo de 1902. En el mismo estaban incluidos los siete primeros apéndices de la Enmienda Platt.
El 2 de octubre de 1903, es aprobado por el Presidente de EE.UU. el Tratado de arrendamiento de bases navales o Carboneras (ratificado por el presidente cubano Estrada Palma). Poco después, el 10 de diciembre de 1903, los Estados Unidos toman posesión, en calidad de arrendamiento, de la bahía de Guantánamo y tierras adyacentes para la creación de la Base Naval que aún ocupan ilegalmente, contra la voluntad del pueblo y el Gobierno de Cuba.
El 27 de diciembre de 1903, 23 años antes, se firma el Tratado de Reciprocidad Comercial entre Cuba y Estados Unidos. Roosevelt, en mensaje al Congreso deEE.UU., expresó: “Insisto en aconsejar el planteamiento de la reciprocidad con Cuba, no solo por favorecer eficacísimamente nuestros intereses, dominar el mercado cubano, e imponer nuestra supremacía en todas las tierras y mares tropicales que se hallan al sur de nosotros…” Este Tratado, calificado por Raúl Roa, el Canciller de la dignidad, como “El tratado del esqueleto”, propició la penetración acelerada del capital financiero norteamericano y comprometió y empeñó el futuro desarrollo de la nación cubana.
El 14 noviembre de 1905, 21 años antes, ciudadanos estadounidenses residentes en la Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud), promueven un movimiento y se declaran “separados de Cuba”, y proclaman su “adhesión a la Unión”. Mr Squiers, ministro norteamericano en La Habana, pide a las autoridades cubanas que abandonen la isla y solicita un cañonero a su país. Declara que el Gobierno cubano debía entregar la isla a Estados Unidos.
Veinte años antes, el 13 de septiembre de 1906, a solicitud del presidente Don Tomás Estrada Palma, Estados Unidos ocupa a Cuba por segunda ocasión. La división de los cubanos, el surgimiento y proliferación de múltiples partidos políticos: Nacional, Liberal, Moderado, Conservador; Autonomista, Constitucional, entre otros; unido a las aspiraciones y ambiciones políticas de Tomás Estrada Palma, José Miguel Gómez, Alfredo Zayas y otros, propiciaron pugnas y contradicciones que se manifestaron en forma violenta. Estrada Palma intentó reelegirse como presidente de la República y tras unas fraudulentas elecciones, provocó la cruenta guerrita, en la que se vieron enrolados un grupo de generales veteranos de la Guerra de Independencia contra el colonialismo español en el siglo XIX.
En 1912, catorce años antes, Estados Unidos interviene por tercera ocasión en Cuba, pretextando “proteger los intereses” de esa nación, ante la rebelión encabezada por el Partido Independiente de Color.
En 1917, nueve años antes, Se produce la cuarta intervención estadounidense para imponer la reelección de Mario García Menocal. Para ello, nuevamente pretextaron la protección de la Base Naval de Guantánamo y la salvaguarda de las propiedades norteamericanas en la Isla.
Seis años antes, en 1920, se produce una nueva intervención estadounidense en los asuntos de la Isla, que duró hasta 1922. Envían al general Enoch H. Crowder, que dispuso la celebración de nuevas elecciones en Cuba, basadas en un código electoral confeccionado por él mismo. Estas elecciones se efectuaron en marzo de 1921.
Todo esto ocurría, y aun Fidel no había nacido; por supuesto, tampoco la Revolución que encabezara ni el socialismo que propugnara.
Así que, por favor, ¿cuáles son las verdaderas intenciones?
Vea además:
Como es conocido el bloqueo en el ámbito económico, financiero y comercial aplicado por once administraciones estadounidenses contra Cuba por casi 57 años, ha tenido una incidencia en todos los sectores de la sociedad cubana. De la misma forma que la violación de los márgenes terrestres, marítimos y aéreos de cualquier nación afecta su soberanía, el bloqueo al espacio radioeléctrico nacional es inadmisible para cualquier Estado.
Desde 1959 no ha pasado un día en que los límites definidos por normas internacionales para el uso de las frecuencias de radio en la mayor de las Antillas no se hayan afectado por señales emitidas desde territorio de Estados Unidos. Emisoras de radio, frecuencias para los servicios de navegación, radioaficionados y de otras organizaciones se han interferido con transmisiones provenientes del vecino del Norte.
Han sido incontables las horas de transmisiones hacia Cuba con el objetivo definido de desacreditar y desestabilizar el país. Así, surgieron Radio Swan, Radio Mambí, La Cubanísima, Radio Cadena Azul, La Voz del CID, La Voz de la Fundación, Radio Fé, Radio Martí y muchas otras, hasta llegar a más de 130 emisoras, patrocinadas por 43 organizaciones contrarrevolucionarias radicadas en Miami, o por el gobierno estadounidense, que han violado el Reglamento de Radiocomunicaciones anexo al Convenio Internacional de Telecomunicaciones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Actualmente se transmiten desde territorio de Estados Unidos mil 900 horas semanales en 24 frecuencias de Ondas Medias, Ondas Cortas, Frecuencia Modulada y televisión. Hay que destacar que en las décadas de los 70 y los 80 del siglo pasado la administración norteamericana utilizó frecuencias radioeléctricas en las bandas de onda media, FM y televisión en el territorio nacional de Cuba que usurpan por la fuerza en la provincia de Guantánamo, obstaculizando los servicios de radiocomunicaciones y la soberanía de nuestro país.
A las emisoras de radio, se une una estación de televisión que salió al aire el 27 de marzo de 1990, denominada Televisión Martí, propiedad del gobierno estadounidense, que ha transmitido desde un globo aerostático ubicado a 10 000 pies de altura sobre el nivel del mar, desde un avión militar EC-130 J, un bimotor Gulfstream G-1 y actualmente a través de cuatro satélites, en dos de ellos de lunes a domingo las 24 horas del día, constituyendo un verdadero acto de guerra en los órdenes técnico, diplomático y de inteligencia. Gracias a la eficaz acción de técnicos cubanos en defensa de la soberanía nacional, sus programas no se han visto en Cuba y el gobierno de Estados Unidos y la contrarrevolución han tratado de imponer en balde al Estado cubano su doctrina de dominación utilizando este medio de comunicación.
Luego de más de 56 años de fracasadas transmisiones ilegales de radio y televisión hacia nuestro país, se pone de manifiesto la impotencia de la potencia más poderosa del planeta para cumplir sus objetivos imperiales con relación a Cuba. Es tanta la soberbia, que desconocen las reiteradas llamadas de atención realizadas al gobierno de Washington por la Unión Internacional de Telecomunicaciones, organismo de la ONU.
Por solo citar un ejemplo, en febrero de 2012 la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones, que se celebró en Ginebra, reafirmó que Estados Unidos viola las normas a las que está sujeta por invadir el territorio cubano con frecuencias radioeléctricas enviadas desde aeronaves, que interfieren canales de televisión y frecuencias de radio en ondas medias y FM que se encuentran en servicio en la isla. La administración de Barack Obama también se ha empecinado en incrementar estas transmisiones, a pesar de las acusaciones de la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones, y el Congreso de ese país aprueba cada año un presupuesto de más de 30 millones de dólares de fondos federales para ese tipo de acciones contra la Isla. La noticia publicada en el Blog Along the Malecon, del periodista Tracey Eaton, y confirmada el 24 de septiembre de 2015, de que la Oficina de Transmisiones para Cuba, OCB, planea gastar dinero de los contribuyentes para atacar a los dirigentes cubanos en una serie de televisión, es una nueva agresión cuando ambos gobiernos buscan normalizar las relaciones.
Cuba tiene el derecho de denunciar estos actos ilegales en el marco de diversos escenarios multilaterales y emprender medidas político – diplomáticas con dicho fin, y sostiene claramente, que el fin de las transmisiones radio televisivas ilegales es una condición indispensable para la normalización de las relaciones.
Este es un espacio de intercambio y reflexión, para demostrar la valía de un pueblo que se enfrenta al Imperio más poderoso del planeta con la seguridad absoluta en la Victoria porque le asiste la razón. Esas son las Razones de Cuba