Hemos sido capaces de hacer lo que parecía casi imposible

 

HACE 55 AÑOS

El pueblo movilizado y la opinión pública impidieron la agresión
19 de enero de 2016 22:01:30
Portada del periódico Revolución con motivo de la desmovilización de los milicianos cubanos en 1960.Foto: Archivo
Entre los días finales de 1960 y los primeros de 1961, múltiples evidencias confirmaron que el presidente Eisenhower había autorizado la puesta en marcha del plan de invasión a Cuba an­tes de que —el 18 de enero—, John F. Ken­ne­dy asumiera el gobierno de Estados Unidos. Para enfrentar ese inminente peligro, al mismo tiempo que el Gobierno Revolucionario denunciaba el plan imperialista ante el mundo, movilizaba militarmente a decenas de miles de cu­banos, quienes  ocuparon sus puestos de combate en las trincheras. Preparar al pueblo y alertar a la opinión pública mundial impidieron que la agresión fuera consumada.

LA DESMOVILIZACIÓN SE DECIDE POR EL CAMBIO DE ADMINISTRACIÓN

En todo el territorio nacional, el 20 de enero de 1961, fueron celebrados actos de indescriptible fervor revolucionario para la desmovilización de los milicianos que regresaban nuevamente a sus hogares y a sus puestos de trabajo tras persuadir a los imperialistas de que una agresión a Cuba no sería un paseo militar.
Fidel presidió la desmovilización de los mi­licianos de La Habana; mientras que el comandante Raúl Castro, casi a la misma hora, lo ha­cía en Santiago de Cuba.
Ese día, desde la terraza norte del Palacio Presidencial, a las 5:45 de la tarde, el Co­man­dante en Jefe habló ante la multitud de milicianos sobre la situación de peligro que aconsejó la movilización militar y, especialmente, a los cambios que se habían producido en los últimos días. Fidel dejó muy claro que “la desmovilización la decide el cambio que acaba de tener lugar en la administración de los Estados Unidos. ¿Qué quiere decir esto? Esto es lo que nosotros debemos analizar. ¿Quiere decir que los peligros han desaparecido para nosotros? No. ¿Quiere decir que los problemas del mun­do se han resuelto? No. […] El cambio de ad­ministración que ha tenido lugar en los Es­ta­dos Unidos solo significa una ligera esperanza de la Humanidad de que el gobierno de ese país rectifique, si no todos, por lo me­nos una parte de los grandes desaciertos y de los grandes errores de la administración anterior.1
Después de valorar la significación del es­fuerzo del pueblo cubano durante la movilización, que alejó el peligro de una intervención, Fidel convocó a los milicianos a regresar a sus hogares y a sus centros de trabajo, con el orgullo del deber cumplido, pero no creyendo que todos los peligros habían desaparecido y los llamó a regresar de inmediato a las trincheras, si de nuevo la Patria se viera amenazada. Fidel reconoció que “al haber arribado al 20 de ene­ro con la Patria y la Revolución intactas, el pueblo ha ganado una batalla más”. 2
Y esta batalla se logró gracias al pueblo, porque, al decir de Fidel: “Hemos sido capaces de hacer lo que parecía casi imposible y esto nos ha enseñado una cosa: que el pueblo lo puede to­do, que el pueblo es capaz de las más increíbles hazañas, y que solo el pueblo es capaz de realizar proezas semejantes, y que solo el respaldo del pueblo es capaz de lograr empresas tan difíciles. ¡Solo cuando el pueblo es una sola alma, solo cuando el pueblo es una sola idea, solo cuando el pueblo es un solo ideal, solo cuando el pueblo es un solo amor a una causa muy grande, estas cosas son posibles”. 3

¡AMISTAD PARA TODOS, SUMISIÓN PARA NADIE!

En Santiago de Cuba, el comandante Raúl Castro reconoció que aunque en ese momento se consideraba que habían pasado los días de mayor peligro, eso no significaba que el peligro hubiese cesado totalmente. Y, de inmediato, explicó a los milicianos que: “El abandonar par­cialmente las trincheras, preparadas con toda precipitación durante estos días, no quiere de­cir que no volvamos a ellas, y no solo cuan­do haya movilización, sino como parte de los futuros entrenamientos para hacerlas mejores, para ha­­cerlas más resistentes, y para hacerlas —como nos dijera un compañero miliciano— ‘firmes en nuestros parapetos’. Mu­chas zanjas de co­municaciones entre las trincheras, pero ni si­quiera un caminito para retirarnos, ¡porque los milicianos de Oriente no nos retiraremos de las trincheras!”. 4
Raúl se refirió a que nuestras victorias, no eran solo de Cuba, sino que eran victorias directas de doscientos millones de latinoamericanos y de muchos millones de africanos y asiáticos. Destacó que “estamos desarrollando una obra de la que por muchos años tendrá que hablar la historia del mundo. Pero a veces pienso que no le damos toda la importancia o que no nos percatamos de la gran importancia mundial que tiene nuestra Revolución”. Y más adelante, reflexionó cómo “destruimos los mi­tos que la propaganda dirigida y consuetudinaria había afirmado como creencia tradicional en las mentes de nuestro pueblo, venciendo un ejército moderno, llegando el pueblo al po­der, iniciando una Revolución, recuperando nuestras riquezas […] queremos amistad con todos los gobiernos, pero, antes que nada, con todos los pueblos del mundo. Nosotros hemos dicho una y otra vez que ofrecemos ¡amistad para todos, pero sumisión para nadie!”. 5

NUESTRA FUERZA ES TAMBIÉN LA FUERZA DE LA RAZÓN DE LOS DEMÁS PUEBLOS

La fuerza que acompañó a los milicianos fue —al decir de Fidel—, la fuerza de nuestra ra­zón, de nuestra moral, de nuestro derecho, saber que estábamos defendiendo lo nuestro, saber que estábamos defendiendo algo muy justo y muy sagrado, nos dio confianza en que nosotros podríamos resistir cualquier golpe.
A la fuerza del pueblo cubano se unió la fuerza de la solidaridad del mundo. “Son esas dos fuerzas que se complementan, porque la solidaridad no significaría nada sin nuestra propia fuerza, y nuestra propia fuerza necesita de la solidaridad de los demás pueblos. Nues­tra fuerza no es la sola fuerza de nuestra razón, nuestra fuerza es también la fuerza de la razón de los demás pueblos del mundo”. 6
Antes de concluir su intervención, Fidel insistió en la necesidad de seguir preparándose militarmente, pues mientras exista el menor peligro para Cuba no podría disminuir el es­fuerzo de entrenar, organizar y armar cada vez más al pueblo. El líder de la Revolución reafirmó que no se cerrarían las escuelas de milicias. “Todas continuarán funcionando a todo ritmo para que si en cualquier momento nos vemos ante un peligro inminente de agresión, no tengamos que hacer artilleros en veinticuatro hor­as. Que antes que sobren cañones, que sobren ar­tilleros. Que antes que sobren fusiles, que so­bren batallones. Que antes que falten oficiales, que sobren oficiales. Que antes que falten fortificaciones, que sobren fortificaciones”. 7

KENNEDY: CINCO DECLARACIONES CONTRA CUBA EN 20 DÍAS

¡Cuánta razón había en las reflexiones de Fidel y Raúl! La historia se encargó de reafirmarlo. Pues, pocos días después de haber asumido la presidencia, Kennedy profirió amenazas contra Cuba. Sus declaraciones echaron por tierra las palabras que pronunciara en la toma de posesión cuando prometió “comenzar de nuevo” en lo que se refería a rehacer las maltrechas relaciones entre Estados Unidos y América Latina. A solo diez días de asumir la presidencia, ante el Congreso, el nuevo mandatario puso de manifiesto la existencia de una conjura de los gobiernos de América, dirigida por Estados Unidos, contra Cuba y afirmó que “en América Latina los agentes comunistas tratan de explotar la revolución pacífica de esta región, y han establecido una base en Cuba a solo 90 millas de nuestras playas. […] Nos hemos comprometido a trabajar con nuestras repúblicas hermanas para liberar a las Amé­ricas de ese dominio extranjero y de tal tiranía trabajando a favor de un hemisferio libre, con gobiernos libres, extendiéndose de Cabo de Hor­­nos hasta el Círculo Ártico”. 8
El 1ro. de febrero, nuevamente Kennedy formuló otro ataque contra Cuba cuando de­claró que Fidel Castro y la Revolución Cubana eran factores en los “delicados problemas” que afrontaba Estados Unidos al intensificarse el poder del Primer Ministro cubano y el aumento de las milicias en ese país. Al referirse a la política militar norteamericana, el nuevo mandatario afirmó que “no serían alterados los planes trazados por Eisenhower hasta que el nuevo secretario de defensa hiciera un análisis de la situación”. 9
El 8 de febrero, en la tercera conferencia de prensa que ofreciera tras asumir el poder en los Estados Unidos, al tratar sobre distintas cuestiones de interés nacional e internacional, Ken­ne­dy afirmó que su gobierno “está prestando gran atención a la cuestión de la exportación de la Revolución Cubana a La­ti­noamérica”.
Así, en esos tonos, continuaron las declaraciones del nuevo mandatario contra Cuba. Fi­del, hablando sobre el tema, en una reunión en el teatro Blanquita [hoy Karl Marx] celebrada el 11 de febrero de 1961, preguntó al público si ellos sabían qué le dolía al señor Kennedy; el porqué de cinco declaraciones contra Cuba en apenas 20 días de gobierno; el porqué de esa actitud agresiva frente a la actitud serena del Gobierno Revolucionario; el porqué de esa actitud provocadora frente a la actitud ecuánime del Gobierno Revolucionario; el porqué de esa especie de obsesión que tiene por Cuba; el porqué de ese nerviosismo y el porqué de esa histeria. Ante el público expectante, Fidel respondió: “Por una sola causa: nuestros éxitos. Lo que pone nervioso al imperialismo, lo que no deja dormir a Kennedy, lo que lo lleva a una política de agresión más agresión, y de amenazas más amenazas, y de declaración más de­claración contra Cuba, son, sencillamente, nues­tros éxitos. ¡De qué dolor de cabeza se habría librado el imperialismo, si en vez de éxitos cosecháramos fracasos!10

1 Fidel Castro Ruz: Obra Revolucionaria, Im­prenta Nacional, 20 de enero de 1961, p. 6.
2  Ibídem, p. 7.
3  Ibídem, p. 10.
4 Discurso de Raúl Castro. Revolución,  21 de enero de 1961, p.7.
5    Ibídem.
6 Fidel Castro Ruz: Obra Revolucionaria. Im­prenta Nacional, 20 de enero de 1961, p. 12.
7  Ibídem, p. 16.
8  Revolución, 31 de enero de 1961, pp. 1 y 2.
9  Revolución, 2 de febrero de 1961, pp. 1 y 14.
10 Fidel Castro Ruz: Obra Revolucionaria, 11 de febrero de 1961, pp. 12-13.

 

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