Todavía queda mucho por hacer

SusanaSusana Lee López fue una de las merecedoras del Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de la vida en el año 2016. Para Granma es un privilegio contar con ella en su colectivo de trabajo
Autor: Elson Concepción Pérez | internet@granma.cu
9 de marzo de 2016 20:03:29

En lo personal atesora el enorme privilegio de escribir del quehacer cotidiano de nuestro pueblo . Foto: Jorge Luis González
Susana Lee no demoró en responder este cuestionario, aunque mostró su preocupación por la extensión de sus respuestas, pero —me aclaró— “es que las preguntas son de temas para meditar”.
Y es que conozco a la “China” desde hace algo más de 50 años, cuando un día, allá en Hol­guín, me convenció para que fuera el co­rres­ponsal de Juventud Rebelde, que recién salía a la luz, en la entonces provincia de Oriente. De allá para acá, hemos compartido angustias del periodismo y satisfacciones
—mu­chas— por la obra que se construye en la participación comprometida de los profesionales de la información.
Hoy, además de coincidir con sus conceptos volcados en este diálogo, me considero su amigo.
—Durante más de 50 años has hecho pe­riodismo, escribiendo de tareas cotidianas, de esas que hacen posible que la obra revolucionaria florezca y se perfeccione. Há­­blame de tropiezos, disgustos e incomprensiones en tu hoja de ruta para llegar hasta lo que eres hoy.
—Son casi 54, pues fue en mayo de 1962 cuando entré por primera vez a un periódico, el Hoy, respondiendo a la solicitud que este diario y la revista Mella le hicieron a la ya Unión de Jóvenes Comunistas, para que les enviaran a un grupo de estudiantes, entonces de bachillerato, con la idea de prepararlos como periodistas en sus redacciones.
“Y aclaro que en aquellos primeros tiempos no sabía ni escribir a máquina, mucho me­­nos ‘hacer periodismo’; los jefes de información y de redacción que me recibieron me explicaron los ‘abc’ mínimos y fueron puliendo mis lógicas equivocaciones.
“Podría mencionarte a decenas de periodistas, fotógrafos, formatistas, archiveros, correctores, a linotipistas, cajistas, fotograbadores, y has­ta el personal de las rotativas impresoras en los talleres de aquellos mis primeros años, cuyos consejos y señalamientos fueron moldeando mi formación y perfilando mi vocación periodística, aun cuando de estudiante quería ser abogada y pude llegar a serlo, entre 1972 y 1976, en curso para trabajadores, que, por supuesto, nun­ca ejercí. Y esas decenas hoy suman cientos de compañeros con los que he trabajado y compartido todos estos años en Granma y Juventud Rebelde, fundamentalmente.
“Junto a esos elementos que van adentrándote en la técnica, es imprescindible hablar de una carrera que como el periodismo suma motivaciones, no te aburre, te obliga a superarte para afrontar la variedad de temas y asuntos que te asignan. Y en lo personal, atesoro el enorme privilegio que he tenido en más de cinco décadas de escribir del quehacer cotidiano de nuestro pueblo, que nunca ha sido fácil y le han acompañado esfuerzos, sacrificios, limitaciones, complejidades, sinsabores y los siempre grandes retos de querer construir cada día una obra mayor, pero sobre todo mejor. Marcados siempre también por la hostilidad de sucesivas administraciones del gobierno de los Estados Unidos, en casi todas, por no decir todas sus variantes, que podría resumir en el bloqueo.
“¿Tropiezos, disgustos e incomprensiones en mi ‘hoja de ruta’? Creo que en la de todos los que hemos ejercido el periodismo en la etapa revolucionaria los hay… primero, porque escribir de logros, de éxitos, de victorias, de cumplimientos siempre es y será más fácil, estimulante y enaltecedor que cuando se trata de hechos que impliquen lo contrario. Es casi imposible, por dejar un margen, que haya un periodista imparcial, por tanto reportar acontecimientos negativos, te la­cera el hecho que describes en sí mismo, pero también te afecta como revolucionaria”.
—Si te tocara evaluarte a ti misma, ¿qué críticas te harías y qué virtudes profesionales y humanas destacarías?
—Esta pregunta da ella sola una entrevista, pero ni en la mayor de las abstracciones, me corresponde contestarla a mí. La dejo para mis contemporáneos y sobre todo, para las jóvenes generaciones de periodistas, que pueden y de­ben tener las mejores evaluaciones de los que hemos sido y aún somos sus antecesores.
—En tu historial analizado en el jurado del Premio José Martí, la consagración, disciplina y organización del trabajo de la licenciada en Derecho, Susana Lee, son constantes. ¿Qué hay de estas virtudes en el periodismo de hoy? ¿Qué dirías al respecto a los jóvenes periodistas?
—Mis tiempos y los tuyos son distintos al de quienes ejercen hoy el periodismo. Y tenemos, estamos obligados a comprenderlos, a escucharlos, a intercambiar con ellos en su lenguaje. Admitir que están mejor preparados, que dominan las técnicas que nosotros no tuvimos, que pueden y están preparados para ser mejores profesionales. Negarlo sería lanzarnos quijotescamente contra aquellos molinos cervantinos… A ellos les faltan muchas de las cualidades que nos motivaron y consagraron a noso­tros, la sabiduría nuestra estaría en aprovechar el poco tiempo que a algunos nos queda y trasladarles las experiencias más útiles y que no les resulten “clichés”, convencerles —porque pien­so que en su inmensa mayoría son revolucionarios y quieren que la
Patria siga adelante, que la Revolución no pierda los infinitos valores que fue capaz de sembrar—, de que como no­so­tros hasta aquí, a ellos les toca ahora la extraordinaria y no menos compleja tarea de ser los periodistas del presente y sobre todo del mañana de la Cuba revolucionaria que tanto hemos amado y defendido.
—¿Te sientes satisfecha de tu obra o te propones nuevas tareas para perfeccionarla y completarla?
—No, soy una permanente insatisfecha…, aunque mentiría si no admito que algún que otro pequeño logro organizativo, algún que otro trabajo periodístico que por algún motivo destacó, alguna enseñanza debo haber dejado por ahí… ¿Nuevas tareas…? Siempre he dedicado parte de mi tiempo en idear, en inventar, en proponer… por ahí —eso tiene el periodismo— están las ideas, los inventos, las propuestas… en blanco y negro, con o sin mi firma… Y sí me gustaría que el tiempo y la salud me permitieran dar un poco más… Todavía queda mucho por hacer…
—De compartir la satisfacción por este Pre­mio, ¿con quién preferirías hacerlo?
—Con mis compañeros de todos estos años de Hoy, Granma y Juventud, que son parte inseparable de este extraordinario galardón que hace valer con creces todo mi trabajo en la vida; con mi madre, que me dio todo su apoyo desde que alfabeticé y todavía después de muerta porque siempre me ha acompañado su consagración a la Revolución; y con Fidel por el privilegio de haber sido su contemporánea y permitirme acompañarle y reportar parte de la obra re­volucionaria que encabezó.

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