En los días históricos de Girón nació nuestro Partido (I)

Ninguna otra fecha pudo ser más simbólica que el 16 de abril para significar la fun­dación de nuestro Par­tido
Autor: Granma | internet@granma.cu
6 de abril de 2016 21:04:33
Ninguna otra fecha pudo ser más simbólica que el 16 de abril para significar la fun­dación de nuestro Par­tido.
En vísperas de la invasión mercenaria por Playa Girón, ante las víctimas del artero ataque a los aeropuertos el día anterior, los combatientes del Ejército Rebelde, la Policía Na­cional y los milicianos, fusil en alto, juraron defender hasta la última gota de su sangre, el carácter so­cialista de la Revolución, proclamado ese día inolvidable.
Las raíces históricas de la vanguardia po­lítica cubana están en el Partido Revolu­cio­nario Cu­bano fundado por José Martí para organizar y conducir la guerra necesaria; en la profusión que alcanzaron las ideas marxistas-leninistas del primer Par­tido Comu­nista de Cuba creado por Carlos Baliño y Julio Antonio Mella en 1925; en el desarro­llo de la conciencia antimperialista de las ma­sas alcanzada en la lucha durante la primera mitad del pasado siglo; y, co­mo colofón, en la conmoción nacional que produjo la ac­ción heroica del 26 de julio de 1953 y el inicio de la guerra de liberación por la definitiva in­dependencia, coronada el primero de enero de 1959. Entonces, por vez primera, el pueblo con­quistaba sus más legítimas aspiraciones y se convertiría en el protagonista prin­cipal después del triunfo revolucionario.
La destrucción del viejo aparato burgués y la formación del naciente Estado, las me­didas radicales de la Revolución y la creación de au­tén­ticas y pujantes organizaciones de masas, confirmaban su línea invariable. El 15 de octubre de 1960 el Co­man­dante en Jefe Fidel Castro de­claró, en comparecencia televisiva, cumplida la etapa de­mocrática, po­pular, agraria, an­tim­perialis­ta de la Revo­­lución Cubana y con ella, en lo esencial, el Programa del Moncada, expuesto en el do­cumento La His­toria me ab­solverá. El poder económico y político de los grandes privi­legios en Cuba habían sido liquidados, y anun­ciaba el inicio de una nueva eta­pa, cu­yos métodos, en la transformación económica y social serían distintos. A la postre se­ría el inicio del período socialista en las condiciones de Cuba, aunque su esen­cia ya se expresaba en medidas y en el contenido de la De­cla­ración de La Habana.
Los grandes cambios en todas las esferas de la vida del país, el enfrentamiento a las in­numerables agresiones imperialistas y los objetivos estratégicos de la Revolución, ha­cían im­pos­tergable la creación de una vanguardia política para forjar y con­­solidar la unidad imprescindible y que fuera fiel re­pre­sentante de la so­ciedad cubana y de los más caros anhelos de nuestro pueblo.
En aquel momento, las principales fuerzas participantes en la lucha armada y en el período inmediato de la victoria rebelde (el Mo­vi­miento 26 de Julio, el Directorio Revo­lu­ciona­rio 13 de Marzo y el Partido So­cia­lista Po­pular), tenían sus esferas de in­fluen­cias, tácticas y di­recciones propias.
El desarrollo del proceso y los objetivos de la Revolución contribuyeron a que se crearan las condiciones y se hicieran más fre­cuentes los vínculos, las consultas y discusiones entre las principales organizaciones que llevaban adelante la Revolu­ción, y se dieran pasos, mediante sus má­ximos di­ri­gentes, para su in­tegra­ción en la base y en la dirección.
De tal modo, cuando se declaró el carácter socialista de nuestro proceso, aquel histórico 16 de abril, ya venía operándose la unificación de esas tres fuerzas, sin que aún existiera un partido único.
Sobre ese importante proceso, se refirió el compañero Fidel en el In­forme Central al Pri­­mer Congreso de nuestra vanguardia po­lítica:
“Las condiciones estaban dadas para ver­tebrar en un solo Partido a todos los re­­­vo­­lucionarios. Ya desde antes se había ini­ciado un proceso de integración en las ba­­ses y en la dirección, pero después de las definiciones del 16 de abril y de la gloriosa victoria de Girón, nació de he­cho nuestro Partido en la unidad estrecha de todos los revolucionarios y del pueblo trabajador, ci­mentado por el he­roísmo de nuestra cla­se obrera, que combatió y derramó su sangre generosa en defensa de la Patria y el so­cia­lis­mo. En lo adelante actuamos como una so­la orga­nización y ba­jo una dirección co­he­­sio­nada”.
A diferencia del partido fundado por Ma­r­tí pa­ra alcanzar la independencia, del creado por Le­nin, que condujo en Rusia al triunfo de octubre de 1917, y de otras experiencias del mo­vimiento re­volucionario, nues­­tro Partido surgió en el fragor de los combates en defensa de la Revo­lución.
En los días posteriores a la contundente victoria frente a la invasión mercenaria, ten­drían lugar los pasos definitivos para la crea­ción de la nue­va organización política, ba­jo una dirección colegiada. Quedarían atrás los intereses y las barreras que dividían, dis­tan­ciaban, frenaban y debilitaban la unidad ne­cesaria. A partir de ese momento, el Par­ti­do transitó por un ca­mino inédito de creación y autenticidad, estrechamente vinculado al pueblo.
Así nació nuestro Partido, bajo el li­de­razgo in­discutible de Fidel.

Vilma Espín, paradigma para las mujeres cubanas

Vilma
Aniversario 86 de su natalicio

Cualidades humanas normadas por preceptos familiares, sentido de justicia, rechazo a la mentira, a lo banal y superficial,1 caracterizaron a Vilma Espín Gui­llois, quien naciera en Santiago de Cuba hace exactamente hoy 86 años, el 7 de abril de 1930
Autor: María Esther Mora Abad* | internet@granma.cu
6 de abril de 2016 22:04:06
Vilma Espin durante una protesta estudiantil en Santiago de cuba, cuando era alumna de la Universidad de Oriente.
Vilma Espín durante una protesta estudiantil en Santiago de Cuba, cuando era alumna de la Universidad de Oriente. Foto: Archivo
Santiago de Cuba.—Cualidades humanas normadas por preceptos familiares, sentido de justicia, rechazo a la mentira, a lo banal y superficial,1 caracterizaron a Vilma Espín Gui­llois, quien naciera en Santiago de Cuba hace exactamente hoy 86 años, el 7 de abril de 1930. Ante la situación imperante, fundamentalmente en lo social, a pesar de su vida acomodada repudió lo que veía, preguntándose “¿por qué hay pordioseros en la calle?, ¿cómo poder resolver e­sto?”. 2
Inició la carrera de Ingeniería Química en 1948, en la Universidad de Oriente, coincidiendo con las luchas por su oficialización y por un presupuesto, actividades en las que es­tuvo presente. Se afilió a la Federación Es­tu­diantil Universitaria de Oriente (FEUO) y no vaciló en sumarse a las disímiles jornadas de protestas convocadas.3
Con el golpe de Estado de 1952, al violarse la Constitución, y perderse el triunfo del Par­tido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), se aviva su ideal de acabar con la tiranía y considera lo ocurrido como una ofensa personal. En tal sentido, participa en diversas acciones de oposición junto a otros estudiantes y se integra a la generación que movilizó su pensamiento ra­dical hacia una militancia revolucionaria que propugnó la insurrección armada.
Consecuentemente en 1953, luego de condenar la muerte en La Habana del joven estudiante Rubén Batista, consolidó su pensamiento y tuvo el valor de acercarse al Mon­ca­da junto a otras compañeras, y de vincularse luego a los combatientes tras el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Cés­pedes, llevados a cabo en Santiago de Cuba y Baya­mo, respectivamente, por la Generación del Centenario encabezada por Fidel. De ello diría: “…Muchas familias acogimos a compañeros del Moncada, ayudamos a los que permanecían en el hospital, le llevábamos comida a los que estaban en la cárcel”,4 ejemplo fue su ayuda a José Pon­ce y Abe­lardo Crespo. Tam­bién escondieron a Seve­ri­no Rosell, en la casa familiar en Punta de Sal.
Su vínculo con Frank País y José Tey (Pe­pito), le dio una mayor preparación ideológica que encauzó en el Movimiento Nacional Re­volucionario, con un programa serio acorde con sus ideas.5 “Así, toma parte en un desfile de homenaje a Antonio Maceo que fue re­primido, pero logra llegar a la casa del Titán expresando en una nota: “…muchos salimos a honrarte hoy 7 de diciembre, solo un pequeño grupo hemos llegado… Las fuerzas policiacas que destronaron la nación que tú liberaste, se encargaron de detenerlos. Más sa­brás, Titán de Bronce, con esto, que tus hijos saben defender la patria”. 6
Al crear Frank, Acción Revolucionaria Orien­tal (ARO), Vilma se incorpora y trabaja junto a él en la sección de finanzas, donde de­mostró honestidad y desempeño. La organización crece y es llamada Acción Nacional Re­vo­lucionaria (ANR), nombre que según Calas Be­navides fue acordado en una reunión en casa de Frank en la que estaban Vilma y Pepito Tey.
La oportunidad de leer y comprender La Historia me absolverá, fortalece su formación ideológica, de ahí que llegara a expresar: “…lo leí de un tirón… estábamos todos fascinados, se clarificaba un programa en el cual podíamos aglutinarnos para luchar…”,7 y acto seguido contribuyó con su distribución. Tras culminar sus estudios el 14 de julio de 1954, continuaría vinculada al centro y a los revolucionarios.
Junto a su hermana Nilsa borran los rastros de pólvora que Frank tenía en las manos luego del asalto al cuartel del Caney.
Cuando este cae preso asume algunos de sus trabajos. Era considerada su ayudante y de ello dijo Gra­ciela Aguiar: “… mandó a hacer todo lo posible por garantizar su vida… juntas fuimos a la cárcel y me dijo tengo tantas cosas que decirle en tan poco tiempo, que no sé cómo lo ordeno”. Mostró su capacidad de manejar las estrategias del Movimiento.
El Movimiento Revolucionario 26 de Julio, se funda en Oriente en el último trimestre de 1955 y Vilma participa en el proceso de consultas efectuado por Frank, antes de marcharse a estudiar a Boston, Estados Unidos. Podría pensarse que cesaba una etapa activa de lu­cha, aunque no dejó de preocuparle la situación de Cuba.8 En junio de 1956 va a México, se reú­ne con Fidel Castro ya en el exilio, y trae a Cuba mensajes para la coordinación de acciones de apoyo en el país. Fue protagonista de este trabajo en Santiago, donde preparó botiquines y facilitó su hogar para la organización del le­van­tamiento armado del 30 de noviembre, casa que luego pasa a ser la sede del cuartel general.
El año 1957 fue decisivo. Estuvo en la Sie­rra Maestra en reunión con los jefes de la guerrilla nacida tras la expedición del Granma, y participó en la entrevista de Fidel con el periodista norteamericano Herbert Matthew. Junto a Frank or­ganizó el primer envío de hombres a la Sierra y le es asignada, el 20 de julio, la Coordinación Pro­vincial de Oriente, responsabilidad que la ubicó en la vanguardia en momentos decisivos, como la muerte de Frank y todo lo que ella generaría posteriormente.
Su accionar no se detiene y en 1958 se le puede ver en el abastecimiento a la guerrilla, en la huelga del 9 de abril y en reuniones importantes convocadas en la Sierra Maestra, lo cual contribuyó a que Oriente fuera considerado un baluarte en la lucha. En junio participa junto al Comandante Raúl Castro Ruz en las conversaciones con el cónsul americano, a raíz de la Operación Antiaérea realizada en el Segundo Frente Oriental Frank País, y por su seguridad se decide que permanezca en el territorio rebelde, como Delegada Na­cional del MR-26-7. Participó en las diferentes reuniones sostenidas para la toma de San­tiago de Cuba y entró triunfante a su ciudad natal el 1ro. de Enero de 1959.
A partir de entonces se iniciaría una nueva etapa de lucha, por la plena igualdad de derechos de la mujer, desde la Federación de Mujeres Cubanas, que presidió por 47 años, así como desde el Partido Comunista y como Diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular. El 18 de junio del 2007 nos deja físicamente, pero sigue siendo la eterna Presidenta y su ejemplo, como dice Fidel, es hoy más necesario que nunca.

*Máster en Ciencias. Museóloga del Memorial Vilma Espín, Santiago de Cuba. Miembro de la UNIHC.

1 Palabras de Asela de los Santos en el montaje del memorial Vilma Espín.
2 Margot Randall: “La mujer cubana de ahora” en revista Mujeres, julio de 1973, p. 6, entrevista a Vil­ma Espín.
3 Mirza, Ramos Ochoa: Participación de Vilma Espín en las luchas estudiantiles, 2011 (inédito).
4 Vilma Espín: “Seguimos a Fidel”, en revista Mu­jeres no. 2, 2003, p. 57.
5 Vilma Espín: “Deborah” en Una Revolución que Comienza, p. 56.
6 Renaldo Infante Urivazo: Frank País: Leyenda sin Mitos, p. 104.
7 Vilma Espín: “Deborah” en Una Revolución que Comienza, p. 59. Contra todo Obstáculo, p. 23.
8 Vilma Espín: “Deborah” en Una Revolución que Comienza, p. 60.

Con José Martí y la misión de ser el pueblo

Por: Luis Toledo Sande   7 de abril de 2016

fidel_detenido_moncada

Raíces históricas llevaron a Fidel Castro a sostener que Martí era el autor intelectual de los hechos del 26 de Julio de 1953, como, en consecuencia, lo sería de la etapa revolucionaria iniciada entonces

En el Partido Revolucionario Cubano, calificado por Juan Marinello como “creación ejemplar de José Martí”, reconoció Fidel Castro, guía de la Revolución Cubana, “el precedente más honroso y más legítimo del Partido” que la dirige. Tal fue la altura de la organización fundada en 1892 por Martí, entre compatriotas y puertorriqueños emigrados, para librar a Cuba de España y del “sistema de colonización” que se gestaba en los Estados Unidos, y contribuir a la independencia de Puerto Rico.
Con su radicalidad en pensamiento y en actos Martí fraguó lo que Julio Antonio Mella, en sus Glosas acerca del Maestro, caracterizó como “el misterio del programa ultrademocráticodel Partido Revolucionario”. Es relevante que ese criterio venga de un luchador comunista, central en la continuidad por la que el estudioso mexicano Pablo González Casanova apreció que el marxismo entró en Cuba por la senda heredada de Martí.

La feliz revelación nada tiene que ver con tendencias a fabricar similitudes entre el legado martiano, forjado esencialmente para nuestra América y, en gran parte, desde los Estados Unidos —donde Martí vio surgir el voraz imperialismo—, y la teoría marxista, nacida en Europa. Tampoco debe atribuirse al sociólogo mexicano la creencia de que esas contribuciones se agotan en sus respectivos ámbitos y períodos de origen.

Medular en las preocupaciones de Martí, la cuestión colonial no se redujo al siglo XIX y a un continente, ni la lucha de clases para la emancipación de los trabajadores es exclusivamente europea, anulable por el auge de la socialdemocracia a expensas del ideario socialista. La interrelación de tales vertientes de la realidad y las ideas revolucionarias vinculadas con ellas es un hecho, aunque aldeanismos varios lo hayan mistificado en un sentido o en otro.

Durante años, entre esos aldeanismos ­­—torpes en cualquier caso— tuvieron empaque prestigioso los supuestamente marxistas, que hacían considerar acertado lo que para Martí habría sido un crimen: que todo habría de esperarse y vendría de Europa. Pensando en nuestra América, y con utilidad aún más abarcadora, trazó él una norma para frenar estrecheces como las aludidas: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”.

Contextos, propósitos

En rigor, aún más que de injertos y trasplantes, su pensamiento encarnó creatividad fundadora. En Nuestra América, el mismo ensayo al que pertenece lo antes citado, pensando en las hornadas latinoamericanas de su tiempo, no en una generación entendida estrechamente, afirmó: “Crear es la palabra de pase de esta generación”.

En los años aludidos, lejos de escrutar en lo hondo del pensamiento de Martí y su valor para enfrentar las realidades de su entorno y aportar luces hacia el futuro, hubo quienes le aplicaran cartabones opuestos a su condición de ser humano primario, no secundario, lo que se dice glosando palabras suyas. Encarnó la actitud que él alababa en los talentos fundadores: pensar y buscar por sí mismos las respuestas requeridas para enfrentar los problemas y solucionarlos. Por ser destacadamente uno de ellos, estructuró el proyecto revolucionario más avanzado en su entorno histórico y político.

Ese proyecto creció centrado en el conflicto colonia-metrópoli y para un continente donde emergía la que no tardó en ser la mayor potencia imperialista. La claridad con que Martí asumió su responsabilidad al frente del movimiento necesario en ese entorno, no siempre se ha valorado con acierto, debido a escollos como cierto entusiasmo de vocación marxista pero —buenas voluntades aparte— de sesgo eurocéntrico.

Apuntarlo no implica ignorar las grandezas del marxismo verdadero, pero sí tener en cuenta las que el propio Martí, refiriéndose a “la idea socialista”, calificó de “lecturas extranjerizas, confusas e incompletas”. Si hoy se detectan menos, no será porque hayan cesado, sino más bien porque en una parte de la izquierda, verdadera o tenida por tal, repliegues y traiciones han menguado, en lo visible, el interés por el marxismo.

Dichas lecturas explicarían que en ocasiones se inventaran similitudes de Martí con el legado marxista —o, acaso más exactamente, con el dogmatismo marxista-leninista promovido por lo que, de modo simple en exceso, se ha llamado estalinismo—, y se le aplicaran al Partido Revolucionario Cubano rótulos como “partido de nuevo tipo”. Esa confusión desborda el plano lexical: atañe al sentido sociopolítico, e histórico, de los conceptos. Razones abundan para decir que Martí creó un nuevo tipo de partido, pero partido de nuevo tipo es una categoría asociada a la organización que, en otro contexto, Vladimir Ilich Lenin llevó a su máxima potencialidad revolucionaria.

Cometido y unidad

Tanto Martí como luego Lenin crearon un solo partido, lo cual es elementalmente lógico: un político, cualquiera que sea su ideología, salvo que se trate de un entusiasta irresponsable, no crea más de un partido, al menos a la vez. Pero entre el bolchevique ruso y el independentista cubano, ambos radicales en sus circunstancias, mediaron también diferencias básicas.

El partido de Lenin ­fue esencialmente uniclasista, de carácter proletario. Cabe afirmarlo sin menospreciar su heterogeneidad interna ni las deformaciones que, sobre todo tras la muerte de su guía fundador, le torcieron el camino hasta desmovilizarlo, pero no niegan el valor con que se fraguó, ni sus logros.

Martí fundó un partido para un proyecto de liberación nacional que tuvo en los humildes su mayor sostén —no por casualidad quiso el líder que su gestación se decidiera en comunidades básicamente obreras— y sus más enconados adversarios entre los más opulentos. Pero fue un frente de unidad nacional, pluriclasista. Su fuerza radicó, mientras vivió Martí, en merecer los términos con que él lo definió en vísperas de su proclamación: “El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano”.

Hoy esa aspiración sigue convocando también al que en 1965 se constituyó como Partido Comunista, nombre que a su propia dignidad une el valor de la permanencia. La ha mantenido en contraste con procesos que, al abandonar los ideales con que estaban comprometidos, empezaron por renunciar a él.

El partido que dirige la Revolución tiene también una responsabilidad que tuvo el creado por Martí, quien fue consciente de un hecho: la aspiración de crear una república con todos y para el bien de todos no autorizaba a desconocer la existencia de fuerzas, sectores sociales e individuos que se autoexcluían de la totalidad representada en el programa revolucionario.

Uno de los textos de Martí que explicitan claramente la necesidad de ese deslinde es su discurso del 26 de noviembre de 1891, ya en pasos previos y decisivos hacia la proclamación del Partido, y que suele titularse por el final, que llama a construir una república “con todos, y para el bien de todos”. En él, mentís tras mentís denunció a los que, egoístamente anclados en sus propios intereses, no abrazaban el plan patriótico.

Teoría, acción, ejemplo

En el partido martiano y en el leninista la necesidad de respetar principios, programas, y mantener la disciplina en el funcionamiento, se calzó con una estructura que no consistía en una mera suma de individuos, sino en todo un sistema de organizaciones de base. Por esa razón en años de dogmatismo (anti)marxista se aplicó también al de Martí una categoría acuñada en la conceptualización leninista: centralismo democrático.

Matizaciones y salvedades, historia sobre los caminos respectivos, cabría hacer. Ni en el plano organizativo es necesario cargar la mano en la comparación. Pero —para ceñirnos al ejemplo de Martí— lo más importante estriba en no perder de vista elementos esenciales más allá de lo factual visible.

No era el menor de esos valores el ejemplo requerido a los dirigentes, quienes, electos anualmente, eran revocables en cualquier momento, y debían rendir cuenta de su labor; otro consistía en la importancia de que entre centralización y democracia se mantuviera el equilibrio indispensable para que no prosperasen ni el desorden ni el autoritarismo.

Junto con el señalamiento de la similitud, suscitada por los elementos de centralismo y de democracia, se incurrió también en igualar la unidad revolucionaria buscada y lograda por Martí y el concepto de partido único o unipartidismo que ni siquiera viene estrictamente de Lenin. El ímpetu de polemista característico de este último permite incluso conjeturar que disfrutaba tener a su alrededor fuerzas partidistas con las cuales contender —el debate fue una de sus más poderosas armas—, y tampoco habría podido eliminarlas aunque hubiera querido.

En Martí se debe apreciar la voluntad de que los patriotas revolucionarios —que en su programa eran los defensores de la independencia y de la fundación de una república moral que abriera caminos para la justicia y el saneamiento sociales— se unieran resueltamente en una sola organización política. Solo así su fuerza y sus sacrificios podrían dar los frutos esperados.

Sería erróneo aplicar a Martí los cánones de un modelo de gobierno ajeno a sus propuestas, y cuyos orígenes habría que buscar más bien en lo que se ha llamado estalinización de la sociedad soviética. Martí vivió en una Cuba donde había otros partidos: el Liberal Autonomista, el Unión Constitucional, antinacionales ambos por plegarse a intereses foráneos. Previó incluso el posible surgimiento de un partido anexionista, contra el cual tempranamente pensó que urgía organizar en un partido a las fuerzas revolucionarias, y que de hecho existía como tendencia, machihembrada, en la práctica, con el autonomismo y el integrismo colonialista. Herencia, secuelas, dejaría.

Fines y ética

Martí preparó una guerra en la que sería necesario defender tenazmente el programa libertador. Su prédica no cuajó en líneas aplicadas desde el poder, sino en principios e ideales válidos para la lucha revolucionaria. Consecuente con la idea de que “un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea”, sostuvo a propósito de la entrada del Partido Revolucionario Cubano en su tercer año de vida: “A su pueblo se ha de ajustar todo partido público, y no es la política más, o no ha de ser, que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos de un país”.

El “sacrificio propio” apunta claramente al que él mismo hacía para mantener, sin faltar a la ética, la armonía necesaria entre el deber de guiar a sus seguidores potenciales hacia logros lo más altos posible, y el también deber de cultivar la mayor unidad alcanzable entre ellos. Acertadamente Roberto Fernández Retamar señaló que, al poner el periódico Patria en circulación antes de proclamarse el Partido, y sostener que no era órgano de este, Martí tenía un propósito: que el rotativo diera cabida a una radicalidad ideológica mayor que la media esperable en una organización política de base social hetorogénea.

Sabía que la unidad era indispensable para alcanzar una victoria que valiese de veras la pena, y, si en España y en repúblicas de nuestra América denunció manquedades del liberalismo al uso, en los Estados Unidos lo hizo de modo macizo y especialmente abarcador: repudió la inutilidad, para los intereses populares —para una democracia sincera como la que él quería ver en Cuba—, de la alternancia de partidos que en esencia representaban a corporaciones rivales, pero afines. Lo demostraban las vertientes partidistas dominantes, con nombres emparentados hasta en significación teórica: republicanos y demócratas.

El valor de su pensamiento y de sus actos lo confirma su presencia guiadora —ni dogmatismo ni sectarismo alguno han podido eclipsarla— en la Revolución Cubana. Esa presencia da continuidad a lo dicho por González Casanova en cuanto al valor del legado martiano como vía para la entrada del marxismo en Cuba. Ello habla de lo acertada que estuvo la vanguardia de este país en la más temprana asimilación de las ideas socialistas y marxistas, y anarquistas incluso. Estas últimas, en el caso cubano, se incorporaron a la lucha independentista y alcanzaron apreciable potencialidad revolucionaria.

La prueba de los hechos

El marxista Carlos Baliño, el socialista Diego Vicente Tejera y el activista obrero José Dolores Poyo —como otros unidos a Martí en la acción patriótica y por vínculos de mutua admiración— tuvieron la inteligencia y el sentido político necesarios para comprender que debían sumarse al proyecto martiano. Mella testimonió haberle oído decir a Baliño que Martí le había confesado que la revolución no se haría en la guerra por la independencia, sino en la república. El testimonio es verosímil por la honradez de sus trasmisores y por coincidir en su esencia con declaraciones de Martí.

El alcance práctico de esa idea se expresa en hechos como el siguiente: el Baliño que siguió a Martí en la fundación del Partido Revolucionario Cubano, en 1925 acompañó a Mella y otros luchadores en la creación del primer partido cubano en proclamarse comunista y basar su programa en el marxismo.

En esa tradición vive, y ha de seguir cumpliendo el magno deber que le viene de ella, el partido que hoy dirige el proceso revolucionario cubano, y tiene, como la tuvo el partido creado por Martí, la misión de merecer que se le considere, y serlo, el pueblo cubano. En el mismo texto Martí afirmó: “Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere”.

(Tomado de Bohemia. La parcial modificación del título para Cubadebate fue aprobada por el autor.)

Se filtran rumores sobre reunión de #Obama con Oposición en #Cuba

06 Miércoles Abr 2016
Posted by Santiago Arde in Mercenarios

reunion
Por Samuel Alejandro/Cuba sin mordazas
reunionFragmentos tomados de El Nuevo Herald.
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article68022877.html
Ya lo dice el refrán: “Entre cielo y tierra nada es oculto”. ¡Y mucho menos en Cuba! Agregaría yo a esta frase extraída de lo más puro y genuino del saber popular.
El pasado 22 de marzo ocurrió “a puertas cerradas” una muy publicitada entrevista entre el presidente Barack Obama y algunos miembros de la tan cacareada oposición cubana.
¿Dónde?
Pues en la flamante embajada norteamericana.
¿Qué se habló?
¿Cómo saberlo, si los participantes constituían “lo más selecto” de la camada de bicharracos alimentados por años a través de la industria subversiva anticubana?
Pero como ya es sabido: UNO, es indiscreción; DOS, es molotera y TRES, ya es multitud; han comenzado a filtrarse los pormenores de lo ocurrido y nada más y nada menos que El Nuevo Herald se ha encargado de dar su versión de los hechos que hoy intentamos compartir con ustedes:
“¿Qué le dijeron los opositores al presidente Barack Obama cuando se reunieron este martes en La Habana? ¿Cuál fue el clima del encuentro? ¿Hubo rifirrafe? Dicha reunión era uno de los puntos más exigidos tanto por enemigos como amigos de la visita presidencial de Obama a Cuba y fue uno de los hechos más aplaudidos después que terminó. Pero… ¿qué pasó verdaderamente allí? ¿Qué dijeron, cuánto y cómo le expresaron algunas cosas los opositores al presidente norteamericano? Y ¿qué les contestó?”.(Fin de la cita)
Resulta extraño que un evento de tanta fanfarrea no se convirtiera en la comidilla entre los Medios de Desinformativos que lo cubrieron y que los mismos “líderes opositores” que participaron, no salieran de allí dándose guayo en el ombligo, tomando en cuenta que en esta “reunión” se encontraban, entre otros, los “prominentes” Berta Soler, Antonio Rodiles, Guillermo Fariñas y José Daniel Ferrer, los cuales no se destacan precisamente por ser discretos o veraces cuando de sobresalir por sobre los demás se trata. ¿Raro Verdad? ¡Ni una sola palabra!
Continúa el artículo de El Nuevo Herald:
“El encuentro presidencial con los opositores duró unas dos horas, pero lo único que se ha dado a conocer son las diplomáticas palabras que durante unos tres minutos Obama les dirigió a los que estaban allí. (…): “Todos los individuos alrededor de esta mesa han mostrado un coraje extraordinario”; “Muchas veces requiere un gran coraje ser activo en la vida civil aquí en Cuba”. Pero de lo que le dijeron los opositores a Obama, o se dijeron entre ellos, absolutamente nada”.
Como bien reconoce el Herald: “… muchísima más divulgación le dio la Casa Blanca al comediante Pánfilo que a los trece miembros de la sociedad civil y opositores que se reunieron con Obama”.
¿Será que Pánfilo, Chequera o Facundo van a ser los sustitutos en las nóminas que financian a “los históricos combatientes por la libertad en Cuba? ¿Será que ahora nos quieren joder la Libreta?: Me pregunto.
Como el veneno anticubano no podía faltar en tan “consagrado medio”, refiere este más adelante en el artículo:
“Que el gobierno cubano no publique la reunión opositora con Obama se entiende, porque no lo tendrá o no le interesará hacerlo; pero que el gobierno norteamericano no facilite los detalles del histórico encuentro, el primero entre un presidente norteamericano y la oposición política cubana… es verdaderamente inexplicable”.
La realidad es que “… no se sabe si por cautela de la Casa Blanca con la grabación u otra mayor razón, han comenzado a propagarse los rumores…” y que yo, considerándolos sabrosos y creíbles hoy comparto con el Herald:“… que si Rodiles empezó a hablarle en inglés a Obama y estuvo a punto de faltarle el respeto…”.
¿Caballero a quién se le ocurre establecer un diálogo con el inglés básico de un nivel preuniversitario como el que tiene Rodiles? Me pregunto.
“… que si Berta Soler le cantó las cuarenta al presidente americano…”.
¿Sabrá Beta Soler contar hasta 40 o llevaría los números anotados en un papelito oculto debajo de su peluca para no equivocarse? Me pregunto.
“… que a los veinte minutos del encuentro el primer opositor interrumpió al otro que hablaba y ahí empezó todo…”.
¿Se imaginan ustedes?: Que si UNPACU; que si FANTU; que si el CID, que si el NOD. ¿Dígame usted?
“… que si Elizardo Sánchez-Santa Cruz contemplaba silente y compungido desde su esquina todo el panorama…”.
“… que si en un momento dado los opositores empezaron a discutir tanto entre ellos que Obama quiso ser moderador, pero como nadie le hacía caso…”.
tragoEntonces, me imagino que el Servicio Especial se movilizara al ver al presidente, que en ese justo momento, sacara unas claves y un bongó; cerrarra los ojos; respirara profundamente y comenzara a susurrar el estribillo de aquella canción aprendida la noche antes en un restaurant de la Habana Vieja:
Suavecito,
suavecito,
suavecito es como me gusta a mí…
Como parafrasear no es plagiar: “… A mí lo que más me intriga es si Obama pudo calmar la supuesta refriega entre cubanos…”.
Y lo que más frustra, es el no poder haber visto su cara, si como dice el Herald: “… en medio del jelengue se le ocurrió decirle a Susan Rice: “Esto no es fácil”.
ObamatragoEstados  Unidos de America

Lo que no saben las Damas de Blanco

damas-blanco-soler

Posted by heraldocubano

Por Arthur González.
Las denominadas “Damas” de Blanco, esas que, orientadas y financiadas desde Estados Unidos para sus provocaciones contra el gobierno cubano, se manifiestan todos los domingos en una zona residencial de La Habana, desconocen los trámites que tendrían que ejecutar en ciudades estadounidenses si tuvieran interés en hacer un espectáculo similar contra el gobierno.Damas-Blanco-Soler
Mientras en Cuba no requieren de ninguna autorización para sus marchas y escándalos públicos, en Estados Unidos, la inculta y grosera Berta Soler, como representante de esa agrupación no registrada oficialmente, tendría que correr todas las alcaldías de Estados Unidos para lograr que le aprobaran sus actos, porque en el país de la “libertad” todo está estrictamente controlado por el Estado.
Un ejemplo evidente es lo que regulan las autoridades neoyorquinas para aprobar una manifestación como las que ejecuta Berta y sus asalariadas.
El primer paso que tendría que dar la inculta y grosera es presentar un documento impreso, donde haga constar la solicitud del permiso a las autoridades, el cual consta de nada menos que de cuatro páginas y con tres copias, siempre legalizadas ante un notario público.
Dicho documento será presentado por lo menos con siete días hábiles de antelación a la fecha propuesta para la manifestación, explicando es detalles lo que se pretende ejecutar, sus causas, quienes participarían, los sectores que representan, si portarán carteles y su contenido, así como el día y las horas que duraría, además de especificar en detalles las calles por donde prevén pasar.
El gobierno de la ciudad tiene la potestad de cambiar el lugar, las vías a utilizar, el día y hasta la hora, si considera que la misma puede interrumpir las actividades de la localidad o molestar a los vecinos.
Otro requisito que exigen las autoridades gubernamentales de Estados Unidos, es que los manifestantes deben poseer una póliza de seguro ante cualquier daño que causen a la propiedad ajena y si por casualidad hay daños al ornato público, entonces los protestantes correrán con el pago por el monto total de los perjuicios causados.
En cuanto a la policía encargada de custodiar la zona, si el jefe de ese órgano considera que necesita más personal para mantener el orden, el salario de estos deberán asumirlo los propios manifestantes.
Si Berta y su pandilla tuvieran que hacer lo mismo en Cuba, sin dudas que otro gallo cantaría, pues el dinero que recibe para sus provocaciones no iría a parar a su bolso como hasta ahora, algo que dejaría de serle tan rentable porque como apuntara José Martí:
“…la bambolla se compra casi siempre a precio del decoro”.