Alma cubana

Por: Ariel Terrero

9 abril 2016

Fidel Castro makes a surprise appearance at the 6th Communist Party Congress in Havana, Cuba, Tuesday April 19, 2011. Cuba's President Raul Castro was named first secretary of Cuba's Communist Party on Tuesday, with Fidel not included in the leadership for the first time since the party's creation 46 years ago. (AP Photo/Javier Galeano)
Fidel Castro makes a surprise appearance at the 6th Communist Party Congress in Havana, Cuba, Tuesday April 19, 2011. Cuba’s President Raul Castro was named first secretary of Cuba’s Communist Party on Tuesday, with Fidel not included in the leadership for the first time since the party’s creation 46 years ago. (AP Photo/Javier Galeano)

Fidel. Foto: Archivo de Cubadebate
“Vivito y coleando. Preparándose para el Congreso.”
El mensaje o SMS perforó anoche la tranquilidad de una animada tertulia familiar. Demoré un par de horas en ver el celular y después de descubrirlo tardé otro par de segundos para comprenderlo. Sonreí.
“Y no quiere que un presidente gringo lo saque de escena”, respondí.
“Creo que eso mismo lo levantó.”
“No lo dudo.”
Y de que no lo dudo, no lo dudo.
El mensaje me lo envío Mayito, un amigo usualmente absorto en tareas laborales sin fin, rollos domésticos más interminables aún e interpretaciones críticas y sesudas de política. Llegó apenas unos minutos después de reportar el Noticiero de Televisión la reaparición de Fidel, en la escuela Vilma Espín de La Habana.
El motivo circunstancial de la visita fue el natalicio 86 de Vilma. Pero veo la razón profunda en la resistencia a dejar el ring cuando sube al cuadrilátero un presidente norteamericano.
Las miradas o alabanzas de tono compasivo ante los 90 años que cumple en agosto o las loas místicas que en exceso maldito lo han acompañado durante su vida no lo remueven ahora en el sillón de la casa donde permanece casi enclaustrado por motivos de salud. Pero solo hizo falta la llegada de Obama a Cuba para salir de la reclusión.
Publicó la reflexión “El hermano Obama” después de un año de escasa producción editorial. Desde el título volvió a las andadas con la ironía aguda a la que era afín cuando polemizaba con los rivales eternos de la Revolución Cubana. Y ahora asoma ante los niños y profesoras de la escuela -y ante las cámaras de la TV- para hablar de ese auditorio como motivo de satisfacción y alegría para la persona que sacrificó su vida, lucha y muere por la Revolución y dejó sus energías por el camino. Hablaba de Vilma. Y hablaba de otros, presentes. Se resiste a aceptar olvidos o peticiones de olvido.
Los años que arrastra son visibles. Pero la voz se la oí más tersa que en presentaciones anteriores. Más firme. “Está clarísimo”, me dijo Dixie, la mujer con que comparto vida y profesión.
Fidel escapó del retiro, apenas entró en la escena nacional un Presidente norteamericano. Obama vino con discurso amistoso y gestos simpáticamente hollywoodenses. Se merecía la bienvenida. Pero traía también guantes de boxeo. Lo había advertido antes y lo demostró. Solo propuso un estilo de pelea diferente. Y Fidel no soportó ver desde las gradas, en silencio, al relevo de Eisenhower, Nixon, Reagan, los Bush… y de tantos otros que derrotó uno a uno.
Vuelve al ataque el líder de la Revolución. Reencarna como nadie en la historia el orgullo cubano de ser independientes, la dignidad, el patriotismo, el coraje nacional… Un hombre singular que mezcla la lucidez para otear la política y la vida en el planeta hasta distancias casi sobrehumanas, con la capacidad muy cubana de rebelarse ante amenazas. Cualidad conocida en dialecto nacional, fino y tradicional, como cojones.
Hace un par de días, la televisión reprodujo un fragmento de un discurso del año 1980: “…le hemos dicho paladinamente al señor Reagan que no tenemos ningún temor a sus amenazas. Porque, desde luego, hay algo que no nos gusta, y no nos gusta que nos amenacen; no nos gusta que traten de intimidarnos, no nos gusta”. Lo dijo con calma y con una de esas sonrisas un poco callejeras que enardecen a sus compatriotas. “Además, nuestro pueblo hace tiempo que ha perdido ya la idea de lo que es el miedo; hace tiempo que nuestro pueblo ha perdido ya el sabor de lo que es el miedo”.
Fidel es único en la historia. Humano también, reconoció que cometió errores, pero se adelantó, como pocos a visiones de la historia, al extremo de no ser comprendido a veces. Pero ha tenido éxito porque ha interpretado y expresado, también como pocos, rasgos muy reales del alma cubana. Y el alma de una nación no desaparece en unos años, o no desaparece nunca, aunque el Partido avance hacia el próximo Congreso con pasividad y explicaciones de periódico que no convencen a ese mismo pueblo que guarda fidelidad mayoritaria y plural a la historia y a la Revolución que triunfó en 1959. Alma cubana que reacciona cuando descubre a un hombre de 90 años que resurge del silencio, salta sobre las cuerdas de un ring y enfrenta contundentemente al muchacho entrenado por mentores de Hollywood que en vano intentó tomarle la delantera.

El Partido Revolucionario Cubano y su legado

Jose Marti

El Partido creado por José Martí tenía la misión de organizar la guerra que hiciera posibles la independencia y el establecimiento de una república soberana
Autor: María Caridad Pacheco González* | internet@granma.cu
8 de abril de 2016 20:04:28
Martí, al centro, junto a otros miembros del Partido Revolucionario Cubano. Foto: Archivo
Cuando se constituyó el Comité Central del Partido Co­munista de Cuba en 1965, yo apenas comenzaba la adolescencia y no comprendía lo que podía significar este hecho para el futuro del país, pero sí recuerdo especialmente el impacto recibido con la lectura que hizo Fidel de la carta de despedida del Che antes de partir a una misión en África. La adopción de la denominación para la organización de vanguardia de la Re­volución y la presentación del primer Comité Central, marcaron un hito de madurez de una sociedad que por primera vez en el hemisferio occidental daba sus primeros pasos en la construcción del socialismo.
Es indiscutible que, al ponerse al frente del proceso revolucionario, el Partido Comunista de Cuba desempeñó un papel esencial en el logro de la unidad, sin la cual no había garantía de continuidad y permanencia de la Revolución. De este modo, el Partido surgió de la unión voluntaria de mujeres y hombres procedentes del Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revo­lu­cio­nario 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular, organizaciones que sostuvieron una postura firme de lucha frente a la dictadura de Batista y que se nutrieron del ideario y quehacer político-revolucionario de José Martí.
En un país donde históricamente la desunión fue la causa del fracaso de más de un proceso emancipatorio, quizá uno de los mayores aportes que nos legó el Partido Revolucionario Cubano (PRC), fruto de la tenaz lucha martiana frente a las tendencias contrarias a la independencia, tales como el anexionismo y el autonomismo, las contradicciones dentro de las filas revolucionarias, y la peligrosa expansión del imperialismo estadounidense; fue la unidad de los actores fundamentales en la lucha por la independencia y la construcción de una república en revolución.
Después de la proclamación del PRC el 10 de abril de 1892, José Martí escribía en el periódico Patria: “[…] el Partido Revolucionario Cubano, nacido con responsabilidades sumas en los instantes de descomposición del país, no surgió de la vehemencia pasajera, ni del deseo vociferador e incapaz, ni de la ambición temible, sino del empuje de un pueblo aleccionado, que por el mismo Partido proclama, antes de la república, su redención de los vicios que afean al nacer la vida republicana. Nació uno, de todas partes a la vez. Y erraría, de afuera o de adentro, quien lo creyese extinguible o deleznable. Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere. El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano”. [1]
En la segunda mitad del siglo XIX ya era práctica habitual la creación de partidos políticos con el fin de participar en las contiendas electorales, pero el Partido Revolucionario Cubano de Martí no pretendía imitar a los que se disputaban el poder para continuar imponiendo un régimen de explotación, sino que en una sociedad como la cubana, tenía la misión de organizar la guerra que hiciera posibles la independencia y el establecimiento de una república soberana, “con todos y para el bien de todos”. Si observamos con detenimiento su obra, podemos hallar que fue Martí uno de los primeros críticos de los falsos manejos de la democracia electoral y un promotor creativo de nuevas y superiores formas de concebir el ejercicio de la política, en las que, según sus concepciones, debía imperar una am­plia democracia y un reconocimiento sincero de la soberanía de la instancia popular.
La creación de un partido político moderno y revolucionario solo podía brotar de un conocimiento real, con fundamento científico, del proceso social. En Martí hallamos a un dirigente dispuesto a conocer esa realidad en contacto permanente con las masas, porque su perspicacia política le hizo darse cuenta de que la efectividad de la acción revolucionaria exigía en todo momento la participación activa, creadora, del pueblo. De este convencimiento brota la urgencia de educar a los trabajadores y formar en estos los mejores valores. El dirigente que había expuesto: “sin razonable prosperidad, la vida, para el común de las gentes, es amarga; pero es un cáncer sin los goces del espíritu”[2], es el mismo que refiriéndose al papel del PRC dijo: “[…] el Partido no prepara por cierto una república donde la riqueza de los hombres sea la base de su derecho, y tenga más derecho el que tenga más riqueza, sino una república en que la base del derecho sea el cumplimiento del deber”. [3]
Ningún cubano de la época vio con tanta lucidez como él la dirección que estaban tomando los asuntos políticos a nivel global, y a ello contribuyó su interés por la historia, que en su caso tiene una vinculación operativa con la práctica política. De esa premisa emana su comprensión de que el PRC debía trabajar “por levantar una nación buena y sincera en un pueblo que ha­bría de parar, si se le acaba el honor, en provincia ruinosa de una nación estéril o factoría y pontón de un desdeñoso vecino”[4], y en consecuencia, la independencia de Cuba y Puerto Rico, no era solo el medio “de asegurar el bienestar decoroso del hombre libre en el trabajo justo a los habitantes de ambas islas, sino el suceso histórico indispensable para salvar la existencia amenazada de las Antillas libres, la independencia amenazada de la América libre, y la dignidad de la república norteamericana”. [5]
Por estas razones, el pensamiento martiano ofreció a la generación de Mella y a la del Centenario de Martí, que encabezó el joven Fidel Castro, los fundamentos del antimperialismo, la confianza en el poder de las ideas justas, la defensa de la patria y su soberanía, la tesis de las masas humildes como verdaderos jefes de las revoluciones, así como la unidad y solidaridad con los pueblos de nuestra América. Ello suponía la necesidad de conocer con profundidad las especificidades de nuestro devenir histórico para no asumir dogmáticamente la continuidad del legado martiano, sin someterlo a las nuevas interpretaciones que imponía cada época y coyuntura internacional.
Una somera mirada retrospectiva a la década de los 90 del siglo XX, nos obliga a recordar que aquella se inició con la caída sucesiva de los Estados socialistas de Europa del Este y las tensiones económicas, políticas, sociales, y sobre todo, ideológicas, que se fueron acrecentando progresivamente en Cuba a partir de estos acontecimientos. Sin embargo, fue también un momento de inflexión que derivó en un fortalecimiento político-ideológico de la Revolución, debido fundamentalmente a su coherencia ideológica, y a que por ser consecuencia del devenir histórico nacional, había seguido su propio camino y no tenía que renunciar a los objetivos primordiales en su proyección socialista, como única vía de preservar la existencia de la patria y la nación cubanas.
En circunstancias tan vertiginosas y dramáticas como las de aquellos años, se hacía necesario volver al fundamento mismo de la unidad de la nación cubana, que se resume brillantemente en Martí, lo que explica la resistencia del pueblo cubano; así como su empeño en sustentar la viabilidad de un proyecto alternativo en el continente y el resto del mundo subdesarrollado, frente a la creciente globalización neoliberal.
La reflexión en torno a la obra de José Martí y sus aportes desde y para el presente, están vigentes como elemento sustancial para comprender y analizar los problemas a los que nos enfrentamos hoy. Tiene sentido exacto, por tanto, que nos asomemos a hechos y procesos del pasado como un gran mirador, desde cuya realización pretérita se proyecta el porvenir. Es un hecho cierto que la asunción del marxismo y el leninismo en Cuba estuvo signada por la regularidad histórica de que todos los que asumieron esta orientación ideológica tuvieron en el pensamiento martiano la fuente inicial de su formación, lo cual les motivó a buscar en las nuevas corrientes avanzadas de pensamiento una teoría y un método capaces de fomentar el análisis y la transformación de la sociedad cubana.
El Partido Comunista de Cuba es, en el momento actual, depositario del poder político y garantía presente y futura de la pureza, continuidad y avance de la Revolución. Si en la etapa de lucha contra la dictadura de Batista y en los primeros años después del triunfo de la Revolución, hombres y mujeres que conformaban la dirección revolucionaria desempeñaron individualmente un rol decisivo, ese papel lo desempeña hoy el Partido, que ha mantenido vivo el legado patriótico y antimperialista del Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí, de nuestras tradiciones revolucionarias en la república neocolonial, y por ello ha sido y es el Partido de nuestras victorias, de la Patria, de nuestro futuro.

*Investigadora del Centro de Estudios Martianos

[1] José Martí. “El Partido Revolucionario Cubano”, Patria, Nueva York, 3 de abril de 1892. En: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, Tomo 1, p. 366
[2] Ob Cit, tomo 10, p. 63
[3] José Martí. “Comunicación a los presidentes de los clubs en el Cuerpo de Consejo de Key West”, Nueva York, 27 de de mayo de 1892. En: José Martí. Epistolario, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1993, Tomo 3 pp. 114-115.
[4] José Martí. “El Partido revolucionario Cubano”, Patria, Nueva York, 27 de mayo de 1893. En: Obras Completas, Ob Cit, Tomo 2, p.348-349.
[5] José Martí “El tercer año del Partido Revolucionario Cubano”. Patria, Nueva York, 17 de abril de 1894. En: Obras Completas Ob Cit, tomo 3, p. 143.

Reconocimiento de las FAR a la Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria

Reconocimiento de las FAR a la Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea  Revolucionaria20160408_08432720160408_07542520160408_09004620160408_08440420160408_09030320160408_09003720160408_091423

El miembro del Buro  Político  del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionaria FAR ,general de cuerpo de  Ejército  Leopoldo Cintra  Frías  envió un certificado de reconocimiento a  los  combatientes de la Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria  DAAFAR ,  con motivo del aniversario 55 de la especialidad .

El reconocimiento fue entregado por el 2do jefe de la Dirección Política de las  FAR general de brigada Jorge  Luis Méndez de la Fe , al Jefe de la DAAFAR general de brigada Tomas Valdez Hernández , en el acto político y ceremonia militar  celebrado en una Brigada de  Defensa Antiaérea del Ejercito Occidental .

Uno de los   fundadores de la DAAFAR , el general de brigada de la reserva Armando Choy Rodríguez ,llamo a las  nuevas  generaciones a defender las  conquistas de la Revolución Cubana .

Compromiso que llego en la voz de la joven teniente Enelida Perdomo Sánchez ,  quien patentizo que la nueva generación de combatientes , estará a la  altura de la  confianza despostada por el pueblo ,e l Partido Comunista de Cuba y los  lideres Fidel y  Raúl .

En  las  arenas de Playa  Girón , nació la DAAFAR aquel  17 de abril de 1961 , cuando por primera vez la Fuerza Aérea y la Defensa Antiaérea , realizaron sus primeras acciones  conjuntas logrando derribar 9  aviones  y el  hundimiento de barcos y barcazas enemigas , destaco el segundo Jefe de la  DAAFAR  coronel Armando Daniel López .

El orador también dijo que la Defensa  Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria, estarán siempre ahí ,  velando por la  garantía de la Patria libre e independiente alcanzada , fruto de la heroica  resistencia de millones de cubanos .

Fidel rompió el mito de Goliat

PLAYA GIRON
Recuerdos de Girón

La energía que desplegó el Co­mandante, presente en la primera línea de batalla en todo mo­mento, arriesgando su vida, fue una impresionante muestra de valentía
Autor: Abraham Maciques | internet@granma.cu
7 de abril de 2016 18:04:40
Fidel aprecia los restos de uno de los aviones derribados en Girón; junto a él, vestido de civil, el autor de este trabajo. Foto: Korda, Alberto
En horas tempranas de la madrugada del 17 de abril recibo el aviso que se estaba produciendo un desembarco en Pla­ya Larga, gracias a un teléfono magneto instalado en el punto de observación allí que, con solo levantar el auricular, se comunicaba directamente con el cuartel de Jagüey Grande y mi casa.
Tan pronto conocimos lo que se estaba produciendo, le digo a Roxana, mi compañera en la vida: “Localiza a Celia y dile por dónde se está produciendo el ataque. Yo voy para Jagüey”.
Roxana llama, le sale un oficial de guardia y ella se identifica y le dice: “Quiero hablar con Celia porque están desembarcando aquí, están atacando en Playa Larga”. “¿Pero usted está segura?”, le pregunta el oficial. “Si no estuviera segura, no lo llamaba”. A los dos minutos, Celia escuchaba ya el relato de Roxana. Le dijo que sabían algo de lo ocurrido, pero no exactamente por dónde. Que enseguida iba a hablar con Fidel.
El comandante Guillermo García nos había enviado 400 ri­fles R-2 desde Managua, La Habana —eran rifles checos se­miautomáticos—, y cinco instructores que estuvieron en la Sierra. El propósito era organizar las milicias cenagueras y que instruyesen militarmente a los milicianos. Recibo el armamento y lo guardo en el Cuartel del Ejército de Jagüey para protegerlo hasta que comenzáramos el entrenamiento y su uso. Tam­bién llegó el Batallón 339 ligero sin artillería, con el capitán Cordero al frente.
Tan pronto Cordero recibió el parte en el central Australia, lo comunicó a La Habana. Por órdenes del Comandante en Jefe, a las 2:30 a.m. partió al combate. Las lanchas con calaveras pintadas en el costado, habían desembarcado con armas pesadas en dos puntos de la bahía: Playa Girón y Playa Larga.
Como primera medida tenía que distribuir los 400 rifles. Estaban en sus cajas con la grasa y todo, no se habían tocado.
Empezamos a tocar la campana de la iglesia en Jagüey Grande para movilizar a los milicianos. Fue increíble el respaldo, una cantidad de compañeros llegaron allí y les entregamos a cada uno el rifle con varios cargadores. Se armó así el primer grupo que iba a salir hacia Playa Larga y comenzó el traslado del Batallón 339 de milicias después de las 3:00 a.m.
Montamos los milicianos en camiones y partimos. Cada 100 o 150 metros se dejaban grupos de cuatro o cinco por toda la carretera hasta Pálpite, que está después de pasar la Boca de la Laguna del Tesoro. Los mercenarios tenían ametralladoras en esa carretera, a la entrada de Girón, y un cañón capaz de casi alcanzar hasta Pálpite.
Recibo como a las cinco o cinco y media de la mañana una llamada, era Fidel. Me explicó la situación, le dije las medidas que habíamos tomado. Ordenó detenerlos en Pálpite y anunció que nuestra aviación comenzaría a bombardear y enviaría refuerzos desde Matanzas, La Habana y Las Villas. Me pregunta si tenía información de desembarco en Girón o en otra zona. Le dije que no teníamos comunicación aún con Girón, pero que enviaría alguien a buscar información. Allá teníamos un grupo de obreros trabajando en la construcción del centro turístico, una posta con Mariano Mustelier, jefe de una milicia para protección.
A través de Mustelier después se pudo relatar que cuando estaba de recorrido en el yipi con el alfabetizador Valerio Rodríguez por la madrugada, ven una lucecita en el mar y piensan que es algún barco que está perdido. Viraron el yipi hacia el mar, y le hacen un cambio de luces. Ahí mismo les metieron un rafagazo que no los mató de milagro. El yipi tuvo dos impactos, pero ellos se tiraron de cabeza y eludieron la metralla.
Del barco siguieron disparando sobre el yipi. Mustelier contestó con su fusil. Pero los disparos de los invasores hirieron al brigadista, un adolescente de 13 años. Lo llevó al pequeño cuar­tel de milicias y volvió con cinco hombres, una escuadra del batallón 339 de las Milicias de Cienfuegos.
A medianoche, los cinco hombres habían observado relámpagos del tiroteo en Playa Girón. A las 2:00 a.m. una lancha se acercó a Playa Larga. El alto fue contestado con fuego de ametralladoras y fusiles. El combate se inició y Ramón González Suco, jefe de la escuadra, avisó por microonda al central Australia. Con él resistieron García Garriga, Hernández, Ja­ra­millo y Quintana, hasta que se les agotó el parque. A las 2:45 a.m. se retiraron con la consigna de ¡Patria o Muerte! Desde el barco comenzaron a dispararles con cañones, mientras los hombres-rana, que tenían un norteamericano como jefe, los conminaron a rendirse. ¡Patria o Muerte!, fue la firme respuesta. Simbolizaban lo que aguardaba a los invasores. La metralla hirió a dos de los valientes defensores. Otro fue enviado al
central Covadonga para avisar y un cuarto a la planta de radio para informar también.
Poco después vuelvo a hablar con Fidel, quien planteó que iba a venir todo el refuerzo, cosa que fue así. Me explicó que la aviación iba a comenzar a atacar.
Después que hablo con él, salgo otra vez en el yipi que manejaba Cordero. Yo venía al lado de él y en el asiento de atrás venía Fontió, camarógrafo de CMQ en Matanzas. Cuando estábamos de regreso hacia Pálpite para explicar las orientaciones de Fidel, vemos que vienen aviones con las insignias cubanas y empieza a ametrallarnos y la gente a ripostarles. “No tiren, no tiren, esos son los aviones nuestros”, grité. De pronto vemos cómo a poca distancia empiezan a lanzar paracaídas. Eran los enemigos.
Fidel comentaría después que los imperialistas solamente analizaron militarmente la zona del desembarco, sin preocuparse de que en la Ciénaga de Zapata la población había sido “redimida de la peor miseria, el peor aislamiento”. A tal punto llegó la Revolución a esa zona, que uno de los invasores, José Manuel Gutiérrez, cuando supo que se dirigían a la Ciénaga de Zapata, conocedor de lo que allí ocurría en el lugar pronosticó: “¡Se acabó!, porque si en algún lugar el Gobierno tiene influencia es ahí…”
REVOLUCIÓN EN LA CIÉNAGA
Al triunfo de la Revolución el Movimiento 26 de julio me situó en Varadero como subdirector del turismo en la provincia de Matanzas, con oficinas en la dársena de Varadero. En el verano de 1959, Fidel participó en las regatas de remo de Varadero, que eran muy esperadas, y me correspondió atenderlo durante el torneo y la estancia en general. A partir de ese momento se iniciaron los contactos con el Comandante en Jefe y Celia.
En mayo de 1960 recibo una llamada de Celia, quien me pregunta dónde estoy. Le respondo que en la oficina de la dársena, pide que la espere allí. Algo más de una hora después llega en un helicóptero. “Vamos para la Ciénaga que Fidel te está esperando”.
Allí, en la Laguna del Tesoro, había un pequeño cayito y en él una navecita, donde Fidel paraba. Nos reunimos con él y me narra el impacto que recibió en la cena de la Nochebuena de 1959 con los cenagueros.
Esos esforzados y sufridos trabajadores contaron a Fidel sus vicisitudes, todos sus problemas; no había carretera, no había escuelas, no había atención médica, no había hospitales, no había medios de comunicación. Las imponderables carencias la convertían en la más olvidada y atrasada zona de Cuba. Después de escucharlos, Fidel tomó la firme decisión de transformar la Ciénaga de Zapata.
Explicó qué quería hacer allí. En primer lugar, la construcción de las carreteras: para llegar a Playa Girón y a Playa Larga había dos accesos nada más: del central Australia a Playa Larga, y de Covadonga para entrar a Playa Girón. Él quería unir por carretera a Playa Larga con Playa Girón, lo que garantizaba los accesos a todas partes de la Ciénaga. Orientó la crea­ción de cooperativas para organizar a los cenagueros, producir el carbón, el corte de la madera y el corte de leña.
Además ga­rantizar en los bateyes las tiendas del pueblo, mejorando considerablemente la variedad de productos que nunca ha­bían recibido para su alimentación.
También garantizar la alfabetización y educación de niños, jóvenes y adultos, con apoyo de la brigada Conrado Benítez en el primer paso.
Cuando concluye, me dice: “Maciques, yo quiero que te hagas cargo de este hermoso proyecto, ¿tú estás dispuesto?”. Rápidamente le respondo que para mí una petición suya es una orden, y la quiero ejecutar con amor y disposición; ya estoy en la Ciénaga.
Regreso a Varadero e informo a mis compañeros de trabajo y al capitán Ramírez, Director de Turismo, sobre las orientaciones. Once trabajadores plantearon su disposición de trasladarse con nosotros para cumplir esta tarea.
Enseguida coordiné con Mario Díaz, que en aquel momento se encontraba al frente de la alfabetización, y se situaron jóvenes en las distintas cooperativas para acometer la tarea.
Acto seguido nos ubicamos con Roxana en una pequeña casita de madera muy modesta, en la misma entrada a la izquierda de la carretera que va a Playa Larga. Después se construyeron las oficinas rústicas, con techo de guano, al lado de donde vivíamos.
Fidel, que fungía como presidente del INRA, me nombra Director General del Parque Nacional Península de Zapata que atendía el desarrollo de la zona. Se constituyeron 14 cooperativas en distintas regiones y se trabajó fuertemente en las carrete­ras porque Fidel planteaba que había que convertir la zona en un centro turístico, para buscarles trabajo a los hijos de los ce­nagueros y ahí es donde surge la idea de desarrollar Guamá, que se convierte en una isla taína. Una isla taína con las esculturas de Rita Longa; también nació Playa Larga como centro turístico, con cafetería, sus casas y cabañitas; recibimos, en la organización de toda la actividad gastronómica, asesoría de la Dirección y los trabajadores del Ten Cents de Galiano para formar dependientes, camareras y personal administrativo. Tam­bién se trabajó en la formación del centro turístico de Playa Girón. Se cambió el modo de producción del carbón, elevando altamente la productividad a fin de obtener mejoras para ellos.
Las ideas y orientaciones expresadas por Fidel se fueron ejecutando y convirtiéndolas en realidad: de una zona inhóspita a un bello lugar, con un cambio radical en la calidad de vida.
Celia participó arduamente en la idea y desarrollo de todos los proyectos; orientó la creación de un taller de cerámica en la Boca de la Laguna del Tesoro y se seleccionó un grupo de jóvenes que fueron trasladados a La Habana para formarlos.
Una buena parte de lo que se produjo en ese taller se utilizó en la decoración de las distintas instalaciones turísticas y se comercializaban. Fidel chequeaba con frecuencia la ejecución de todos los proyectos.
Se desecó parte de la Ciénaga, a fin de sembrar arroz, granos y otros cultivos. Todos pudieron comprobar el cambio que se produjo convirtiendo en realidad lo que les prometió.
Una semana más o menos antes del ataque a Girón, Fidel me dice que me recogería, y nos fuimos hasta Playa Girón. Ya había la certeza de que se preparaba un ataque a Cuba. No se sabía el lugar exacto por dónde iba a ser y se tomaron distintas medidas. Fidel manda a Raúl para Oriente, el Che se queda en la parte de Occidente y Almeida en el Centro.
Cuando recorríamos la zona, Fidel dijo: “Maciques, si yo fuera a dirigir un desembarco en Cuba, este es un lugar ideal”.
Esto fue ocho o diez días antes del ataque. Me explica que solo existían dos vías de acceso a través de pantanos, lo que convertía a Playa Girón en el lugar ideal para crear y fortalecer una cabeza de playa.
Incluso se había construido un aeropuerto que se podría utilizar por el enemigo para enviar aviones con apoyo logístico.
En Cayo Ramona había una cooperativa, a tres o cuatro kilómetros de Girón, con un hospital pequeño que podría ser utilizado. Dadas esas condiciones, orientó situar cuatro bocas en el aeropuerto y proteger con ametralladoras 50 el tanque de agua de Playa Girón; lamentablemente llegaron tarde.
OFENSIVA Y CONTRAOFENSIVA
Además de la infantería, los invasores desembarcaron batallones de cañones pesados y motorizados, una compañía de tanques y lanzaron un batallón de paracaidistas al amanecer. El batallón de las Milicias de Cienfuegos, solo con armas ligeras, choca al alba con los invasores. Después de decidir el movimiento del 339, Fidel ordenó al entonces capitán José R. Fernández que, con el batallón de responsables de milicias, se trasladase desde Matanzas a Jovellanos; al batallón 117 de Las Villas ir hacia Yaguaramas y Covadonga y se trasladó al frente de guerra.
Los paracaidistas cayeron entre Pálpite y Soplillar, que está llegando a Pálpite. Se tiraban y a la vez disparaban sus armas ligeras. Allí se abatieron dos hombres en el aire, los recogimos con todo el armamento y las cosas que traían y se enviaron para el central Australia para que los reconocieran y vieran todo. Tiraron un segundo grupo de paracaidistas entre el central Australia y la Boca de la Laguna del Tesoro que portaban fusiles Garands con mirillas telescópicas.
Tenían buen armamento y controlaban la carretera; a todo lo que se movía le disparaban. Allí nos mataron, junto al peaje, al jefe del Cuartel de Jagüey, el teniente Antelo.
Llega el batallón de milicias de Matanzas que venía con Fernández. Lo esperé en el central Australia y salimos hacia Pálpite, donde se comenzó a montar la batería para atacar a Playa Larga; no se había terminado de montar las baterías y nos empiezan a caer disparos del enemigo que estaba haciéndolo desde Playa Larga hacia la zona nuestra. Hubo entonces que retirarse, se montó toda la artillería y se empezó a responder el fuego día y noche.
Fidel llega al central Australia el 17, en la misma tarde del desembarco y allí da las indicaciones a un grupo de oficiales sobre la estrategia a seguir.
Cuando sale ya casi anocheciendo, me lleva con él en un Oldsmobile de 1960 con las luces apagadas, fuimos a Pálpite donde caían muy cerca los proyectiles. Allí manda a buscar a Flavio Bravo, quien iba en uno de los tanques que estaban para atacar a Playa Larga, y a dos o tres compañeros más. Les orienta avanzar atacando, hasta mojar las esteras con el agua de la playa. Si se averiaba alguno de los tanques tenía que disparar hasta agotar todos los proyectiles.
El mismo 17 a las siete o siete y media de la noche, Fidel estaba a menos de dos o tres kilómetros de donde se estaba produciendo el ataque. Al día siguiente, el 18, plantea al comandante Luis Borges ponerse al frente del batallón 111 de La Habana y, desde Pálpite, atravesar toda la ciénaga para llegar a cayo Ramona y cortar el paso a los invasores; tomar cayo Ramona que estaba en manos de los mercenarios; de ahí salir a San Blas y de San Blas para Playa Girón.
Fidel me pregunta: “Maciques, ¿tú estás cansado?”. “No”, le respondí. “Entonces quiero que tú sirvas de guía al Batallón 111”, al cual llamó el “Batallón Perdido”, por las indicaciones que él dio. Logramos hacerlo, se toma cayo Ramona, y después el día 19 salimos a San Blas adonde llega Fidel, entre las dos y las tres de la tarde. Había cuatro tanques que son los que entran a Playa Girón. Entonces manda a Emilio Aragonés en el primero y dice: “Yo voy en el tercero”. Cuando dijo eso, todos se opusieron: “Comandante, usted no puede ir, usted tiene que quedarse”. “¡Coño!, yo soy el jefe de la Revolución y voy en el tanque”, y se montó.
Ordenó otra vez no parar hasta mojar las esteras con el agua salada. Nosotros con la escolta, Gamonal, Chicho y Abrantes, vamos en un camión con la Columna 1 y la Columna 2 a pasodoble, por toda la carretera hacia Playa Gi­rón, a ambos lados de la columna de tanques, para protegerlos. Llegamos a Playa Girón. Ya ha entrado el batallón de Efigenio Ameijeiras, el de la policía, que tomó la zona y estaban recorriéndola. Ellos fueron por la zona de Playa Larga, nosotros veníamos por San Blas.
Fidel se bajó del tanque y salimos caminando hacia la playa. Había una serie de compañeros, incluso allí suena un bombazo que nos cayó pegadito a nosotros y recuerdo que nos levantó la onda expansiva como casi un metro. “Avisen que ese es Pedro Miret, viene tirando y nos va a matar. Que no tire más”, indicó Fidel. En efecto, era Miret que venía atrás tirando con los tanques.
Pasó un hombre vestido de civil y Fidel me preguntó: “¿Ese quién es, tú lo conoces?”. “No”, respondí. “¿Hay aquí turistas?”. “No, aquí no hay ningún turista”, contesté. Mandó a buscar a la persona. Se le acercó y le preguntó: “¿En qué batallón de invasores venías tú?”, y enseguida dijo: “Yo venía en el batallón tal”. Era uno de los mercenarios, había cogido la ropa de los cenagueros para irse y se puso nervioso cuando estuvo frente a Fidel.
Al pasar por un puestecito, una cafetería ligerita de guano, para dar servicio a los trabajadores, escuchamos el quejido de un ser humano. Fidel orientó ver qué pasaba. Entramos y había un invasor acostado sobre un catre con las manos en el estómago que pedía: “Mátenme, mátenme, mátenme”. El Comandante lo mira, le mueve la mano, ve que no tiene sangre y afirma: “Este hombre tiene una úlcera perforada, si no se opera, morirá”.
Llamó a un teniente de la escolta y le dijo: “Tú eres responsable de que este hombre llegue a un hospital lo más rápido posible”. Fue una muestra de la condición humana de Fidel, la sensibilidad hacia un prisionero. Efectivamente se llevó a un hospital y lo operaron. Tenía una úlcera perforada, después el Comandante en Jefe se interesó por él.
El día 20 por la mañana, estando en Playa Girón, llaman del helicóptero del Comandante, que en aquel momento lo pilo­teaba el Cojo Otero y dice que le habían ametrallado desde el Houston. Nos fuimos para Playa Larga.
Un poco más adelante, caminando por la costa, va el tanque hasta un punto donde los fotógrafos toman la famosa imagen de Fidel tirándole al Houston. Fidel le fue indicando al tripulante del tanque cómo hacer el disparo, a tantos grados; falló el primero y el segundo, y a partir del tercero ya le dio en el mismo medio al Houston. En realidad del Houston no le tiraron al helicóptero, en el barco no había invasores; se habían bajado y estaban en la costa, porque el barco estaba encallado. La información era errada. Una cosa que no se conoce es que cuando Fidel le está tirando al Houston, viene el entonces capitán Lara corriendo y pidiendo que no le disparase más, pues estaba allá arriba el comandante Lussón que había ido a tomar al Houston. No se sabe cómo Lussón salió ileso.
Al día siguiente se sale de Playa Girón pegado al mar por la costa como en dirección a Cienfuegos. Fidel va en la primera línea, en el centro. Después de caminar 100 metros empezábamos a tirar al aire, y uno veía como salían y se entregaban.
Ese día capturamos casi 200 mercenarios.
Uno de los mercenarios era un personaje muy ligado a la CIA, Manuel Artime, jefe civil en la invasión. El jefe militar era un oficial antiguo, José San Roman. Fidel le orientó a Oscar Fernández Mell que lo buscase.
Mell me dice: “Maciques, llegó un grupito nuevo de presos, vamos a ir a verlos”. Oscar los mira y dice: “Ese es Artime”.
Había dado otro nombre. Mell lo increpa: “Me vas a decir eso a mí; tú y yo estudiamos en la escuela de Medicina y te conozco bien”. Tuvo que admitirlo. Rápido lo mandaron a buscar de La Habana en un avión.
Una de las cosas más impresionantes fue la actitud del pueblo en defensa de la Patria socialista. Por ejemplo, de la gente en el central Australia. Nosotros tuvimos que tomar la medida de bloquear la entrada del Central a Playa Larga, porque la gente venía hasta con un revólver y decían: “Yo quiero entrar para pelear”. Heroico fue el pueblo entero, no solo los que estaban presentes allí.
Hubo derroche de coraje, pero también de humanismo, con los nuestros y con los enemigos. Cuando ya empiezan los preparativos para atender todo, plantean los médicos que hacía falta buscar un local para montar el hospital de campaña. Roxana, que era una gran mujer les dijo: “Aquí mismo en mi casa”, y se montó un hospitalito de campaña donde se atendieron a muchos heridos. Los que impresionaron más fueron los jóvenes artilleros con las cuatro bocas al lado de la carretera para Playa Larga, sin camisas, cuando vino el avión sobre el central Australia en que iban los pilotos norteamericanos, esos muchachos los tumbaron con un derroche de valentía. Había que ver cómo brincaban y gritaban por la hazaña que contribuía a una relampagueante victoria en menos de 72 horas como pidió Fidel, en solo 66 horas.
Eran niños de 15 y 16 años, sin camisa y muy valientes. Entre los heridos, algunos murieron allí.
Se atendieron, tanto a los nuestros como a los mercenarios, pues Fidel orientó, como en la Sierra, respetar la vida y la integridad física de los prisioneros.
Los que fuimos a combatir lo hicimos por la Revolución Socialista, junto a Fidel, a Raúl, a Che. Celia también se presentó. Se apareció sola en el central Australia el día 18. Fue para nuestra casa y estuvo al tanto de todo con Fidel.
Nos impresionó a todos la energía que desplegó el Co­mandante, presente en la primera línea de batalla en todo mo­mento, arriesgando su vida, para lograr la victoria fulminante y evitar que establecieran una cabeza de playa, y reclamar reconocimiento de gobernantes lacayos e intervención directa de las fuerzas armadas de Estados Unidos, como era el plan que reclamaban hasta el último momento los jefes militares de Estados Unidos, en especial el almirante Burke.
Fidel desconcertó al enemigo con la forma en que fue organizando la ofensiva: primero acabó con los barcos para tronchar la posibilidad logística, escalonó los objetivos y dio el ejemplo de lo que es un jefe. Fidel es único. Todo el mundo gritaba: “¡Fidel, Fidel!”
El mito de Goliat estaba roto

En los días históricos de Girón nació nuestro Partido (I)

Ninguna otra fecha pudo ser más simbólica que el 16 de abril para significar la fun­dación de nuestro Par­tido
Autor: Granma | internet@granma.cu
6 de abril de 2016 21:04:33
Ninguna otra fecha pudo ser más simbólica que el 16 de abril para significar la fun­dación de nuestro Par­tido.
En vísperas de la invasión mercenaria por Playa Girón, ante las víctimas del artero ataque a los aeropuertos el día anterior, los combatientes del Ejército Rebelde, la Policía Na­cional y los milicianos, fusil en alto, juraron defender hasta la última gota de su sangre, el carácter so­cialista de la Revolución, proclamado ese día inolvidable.
Las raíces históricas de la vanguardia po­lítica cubana están en el Partido Revolu­cio­nario Cu­bano fundado por José Martí para organizar y conducir la guerra necesaria; en la profusión que alcanzaron las ideas marxistas-leninistas del primer Par­tido Comu­nista de Cuba creado por Carlos Baliño y Julio Antonio Mella en 1925; en el desarro­llo de la conciencia antimperialista de las ma­sas alcanzada en la lucha durante la primera mitad del pasado siglo; y, co­mo colofón, en la conmoción nacional que produjo la ac­ción heroica del 26 de julio de 1953 y el inicio de la guerra de liberación por la definitiva in­dependencia, coronada el primero de enero de 1959. Entonces, por vez primera, el pueblo con­quistaba sus más legítimas aspiraciones y se convertiría en el protagonista prin­cipal después del triunfo revolucionario.
La destrucción del viejo aparato burgués y la formación del naciente Estado, las me­didas radicales de la Revolución y la creación de au­tén­ticas y pujantes organizaciones de masas, confirmaban su línea invariable. El 15 de octubre de 1960 el Co­man­dante en Jefe Fidel Castro de­claró, en comparecencia televisiva, cumplida la etapa de­mocrática, po­pular, agraria, an­tim­perialis­ta de la Revo­­lución Cubana y con ella, en lo esencial, el Programa del Moncada, expuesto en el do­cumento La His­toria me ab­solverá. El poder económico y político de los grandes privi­legios en Cuba habían sido liquidados, y anun­ciaba el inicio de una nueva eta­pa, cu­yos métodos, en la transformación económica y social serían distintos. A la postre se­ría el inicio del período socialista en las condiciones de Cuba, aunque su esen­cia ya se expresaba en medidas y en el contenido de la De­cla­ración de La Habana.
Los grandes cambios en todas las esferas de la vida del país, el enfrentamiento a las in­numerables agresiones imperialistas y los objetivos estratégicos de la Revolución, ha­cían im­pos­tergable la creación de una vanguardia política para forjar y con­­solidar la unidad imprescindible y que fuera fiel re­pre­sentante de la so­ciedad cubana y de los más caros anhelos de nuestro pueblo.
En aquel momento, las principales fuerzas participantes en la lucha armada y en el período inmediato de la victoria rebelde (el Mo­vi­miento 26 de Julio, el Directorio Revo­lu­ciona­rio 13 de Marzo y el Partido So­cia­lista Po­pular), tenían sus esferas de in­fluen­cias, tácticas y di­recciones propias.
El desarrollo del proceso y los objetivos de la Revolución contribuyeron a que se crearan las condiciones y se hicieran más fre­cuentes los vínculos, las consultas y discusiones entre las principales organizaciones que llevaban adelante la Revolu­ción, y se dieran pasos, mediante sus má­ximos di­ri­gentes, para su in­tegra­ción en la base y en la dirección.
De tal modo, cuando se declaró el carácter socialista de nuestro proceso, aquel histórico 16 de abril, ya venía operándose la unificación de esas tres fuerzas, sin que aún existiera un partido único.
Sobre ese importante proceso, se refirió el compañero Fidel en el In­forme Central al Pri­­mer Congreso de nuestra vanguardia po­lítica:
“Las condiciones estaban dadas para ver­tebrar en un solo Partido a todos los re­­­vo­­lucionarios. Ya desde antes se había ini­ciado un proceso de integración en las ba­­ses y en la dirección, pero después de las definiciones del 16 de abril y de la gloriosa victoria de Girón, nació de he­cho nuestro Partido en la unidad estrecha de todos los revolucionarios y del pueblo trabajador, ci­mentado por el he­roísmo de nuestra cla­se obrera, que combatió y derramó su sangre generosa en defensa de la Patria y el so­cia­lis­mo. En lo adelante actuamos como una so­la orga­nización y ba­jo una dirección co­he­­sio­nada”.
A diferencia del partido fundado por Ma­r­tí pa­ra alcanzar la independencia, del creado por Le­nin, que condujo en Rusia al triunfo de octubre de 1917, y de otras experiencias del mo­vimiento re­volucionario, nues­­tro Partido surgió en el fragor de los combates en defensa de la Revo­lución.
En los días posteriores a la contundente victoria frente a la invasión mercenaria, ten­drían lugar los pasos definitivos para la crea­ción de la nue­va organización política, ba­jo una dirección colegiada. Quedarían atrás los intereses y las barreras que dividían, dis­tan­ciaban, frenaban y debilitaban la unidad ne­cesaria. A partir de ese momento, el Par­ti­do transitó por un ca­mino inédito de creación y autenticidad, estrechamente vinculado al pueblo.
Así nació nuestro Partido, bajo el li­de­razgo in­discutible de Fidel.