Taller Científico profundiza en el ideario de José Martí.

Taller

El XIV Taller Científico El Pensamiento martiano en torno a la defensa , secciono en la Habana en tributo al aniversario 121 de la caída en combate de José Martí , al 90 cumpleaños del Líder de la Revolución Cubana Fidel Castro , y al 60 aniversario del desembarco de los expedicionarios del yate Granma y Día de las Fuerzas Armadas Revolucionaria FAR .
El Instituto Técnico Militar ITM José Martí Orden Antonio Maceo Orden Carlos J Finlay , acogió a oficiales , soldados , cadetes , camilitos y trabajadores civiles de las FAR de todo el país , quienes presentaron 162 trabajos referidos a ponencias , fotografías , plástica y escultura .
Reunidos en comisiones se debatieron las temáticas José Martí la Ciencia y la tecnología , Presencia y vigencia de José Martí en los movimientos sociales actuales del orbe , José Martí y la Cultura , José Martí , ética moral y valores en defensa de la Revolución , Viví en el monstruo y le conozco las entrañas , y José Martí y la Educación .
En la apertura del evento , presidido por el segundo jefe de dirección del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias MINFAR general de brigada Jorge Luis Méndez la Fe , se realizo la conferencia sobre José Martí y el carácter nacional de los Estados Unidos impartida por el profesor Jorge Juan Lozano Ros ,asesor de la Oficina del Programa Martiano .
En el XIV Taller Científico El pensamiento martiano en torno a la defensa, los participantes coincidieron en que hay que dar la batalla contra la yanquimania, porque el anexionismo moral nos privaría del derecho de ser martianosTaller 2

Ofrendas de Fidel y Raúl Castro a José Martí

2016-05-19 12:51:54 / web@radiorebelde.icrt.cu

Estudiantes de la escuela Camilo Cienfuegos y cadetes de la Universidad de Ciencias Médicas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), rinden homenaje al Héroe Nacional de Cuba José Martí, en el aniversario 121 de su muerte, en ceremonia efectuada en el Mausoleo del cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, el 19 de mayo de 2016. (ACN) Foto: Miguel Rubiera Jústiz.

Ofrendas florales del líder de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz y del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, fueron depositadas en el Mausoleo a José Martí en el cementerio Santa Ifigenia, a 121 años de la caída en combate del Héroe Nacional.

Precisa la Agencia Cubana de Noticias que en ese sagrado lugar de la Patria, también fueron colocadas ofrendas en nombre de los Consejos de Estado y de Ministros y el pueblo de Cuba.

Con motivo de la fecha se realizó un acto político-cultural y ceremonia de Guardia de Honor especial, esta vez con la participación de alumnos de la Universidad de Ciencias Médicas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), de La Habana, y la Escuela Militar Camilo Cienfuegos de la provincia de Artemisa.

El cadete Rafael Llerena expresó a la ACN el reconocimiento que para él significó haber sido escogido por cuarta ocasión, como estímulo a sus resultados docentes y preparación, en tanto Yeleny Ledo, quien asiste por primera vez, manifestó el orgullo de poder representar a los “camilitos” del país.

Como regalo cultural al Maestro hubo canciones, poemas y danzas, a cargo de la Orquesta de Guitarras, alumnos de la
Beatriz Jhonso .

Beatriz Jhonson, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y vicepresidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular, en las palabras centrales destacó de Martí su pensamiento universal, en su afán por la independencia de Cuba y otras naciones de América.

Al referirse a los momentos actuales, señaló que el pueblo debe marchar unido como arma indestructible para defender las conquistas de la Revolución y recordó dos importantes fechas a celebrar en el 2016: el cumpleaños 90 de Fidel y el aniversario 60 del levantamiento armado del 30 de Noviembre.

Flores blancas fueron colocadas ante el nicho con los restos del patriota cubano, por pioneros, cadetes, camilitos y las máximas autoridades de la provincia.

A la ceremonia asistieron los miembros del Comité Central del PCC Lázaro Expósito Canto, primer secretario en la provincia, y Reinaldo García Zapata, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, además de otros dirigentes de las FAR, el MININT y organizaciones del territorio.

Los miembros del Comité Central del Partido (CC.PCC) Reinaldo García Zapata (I), presidente del Poder Popular del territorio y Lázaro Expósito (C), secretario del Partido en la provincia de Santiago de Cuba, junto a Martha Mesa Valenciano (D), rectora de la Universidad de Oriente y miembro del Consejo de Estado, rinden tributo a José Martí, durante el homenaje de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), al Héroe Nacional, en el aniversario 121 de su muerte, en ceremonia efectuada en el Mausoleo del cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, el 19 de mayo de 2016. ACN FOTO/Miguel RUBIERA JÚSTIZ/ogm
Los miembros del Comité Central del Partido (CC.PCC) Reinaldo García Zapata (I), presidente del Poder Popular del territorio y Lázaro Expósito (C), secretario del Partido en la provincia de Santiago de Cuba, junto a Martha Mesa Valenciano (D), rectora de la Universidad de Oriente y miembro del Consejo de Estado, rinden tributo a José Martí, durante el homenaje de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), al Héroe Nacional, en el aniversario 121 de su muerte, en ceremonia efectuada en el Mausoleo del cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, el 19 de mayo de 2016. ACN FOTO/Miguel RUBIERA JÚSTIZ/ogm

El giro martiano ante Estados Unidos

Jose Marti

La América del Norte “va de más a me­nos”. Así escribía José Martí a finales de 1890 en obvia alusión a Estados Unidos
Autor: Pedro Pablo Rodríguez | internet@granma.cu
18 de mayo de 2016 21:05:00
Clasif:Martí, José-Muerte 19 de Mayo de 1895 Foto Archivo. Publicado en Granma EFEME 19/05/2000 Mart0058
Antes de morir el 19 de mayo de 1895, José Martí comprendió la necesidad de la independencia de Cuba y de frenar las intenciones de expansión de los Estados Unidos. Foto: Ilustración de archivo
La América del Norte “va de más a me­nos”. Así escribía José Martí a finales de 1890 en obvia alusión a Estados Unidos, al mismo tiempo que decía que nuestra Amé­rica iba “de menos a más”. Interesante esa comparación en un texto dedicado a buscar la clave del enigma de Latinoamérica, por lo que sometía a nuestros países a una aguda crítica de sus basamentos histórico-sociales. Se tra­ta, como muchos recordarán, de Nues­tra América, publicado el primero de enero de 1891.
No es casual que en este ensayo, al advertir que “el desdén del vecino formidable” —ya con claras intenciones expansionistas hacia el sur del continente—, era “el peligro mayor de nuestra América”, Martí indique además las razones que impulsaban tal peligro en aquel momento finisecular: se vivía en Estados Unidos —nos dice el Maestro— la “hora del desenfreno y la ambición”, a que pudiera ser lanzado ese vecino “por sus masas vengativas y sórdidas”, por “la tradición de conquista” y por “el interés de un caudillo hábil”. Y aunque no deja de notar cierta esperanza de que a tal hora no se llegue “por el predominio de lo más puro de su sangre”, es más que evidente su extrema preocupación porque, como dice líneas más adelante en ese mismo escrito, “el día de la visita está próximo”.
Los tres motores señalados por Martí de ese posible y cercano movimiento contra la soberanía de nuestra América evidencian la hondura sociológica y la sagacidad política del Maestro: reconoce que hay sectores de la población deseosos de la acción conquistadora, seguidores de una tradición forjada a lo largo del siglo XIX y promovida por James G. Blaine, el caudillo hábil del Partido Repu­bli­cano, entonces secretario de Estado y organizador de la Conferencia de Washington que había pretendido establecer la hegemonía estadounidense sobre el sur del continente.
En estos juicios son inseparables las perspectivas del político ya decidido a cortar, me­diante la independencia de Cuba y de Puerto Rico, ese camino dominador de Es­tados Uni­dos hacia el sur, de las miradas del polifacético analista que se había dedicado desde 1880 a escudriñar cuidadosa y metódicamente en la realidad del vecino norteño.
Sabemos que desde sus años juveniles en España, Martí rechazó a la sociedad norteamericana como modelo de la cubana —y de hecho de la latinoamericana toda— dada su naturaleza histórico-social diferente y sus marcadas corrupción y metalificación. Años después, su primer acercamiento público a Estados Unidos ajustó un leal reconocimiento al mayor ejercicio allí de las libertades —algo infrecuente por esa época en el mundo moderno— al señalamiento al mismo tiempo de la mercantilización que allí se imponía como un modo de vida, como una cultura, lo cual hacía dudosas esas libertades.
“Medida y número; estos son aquí los elementos de la grandeza”. Así escribía en 1880 para los lectores del semanario neoyorquino The Hour, a quienes advertía en el mismo texto que “El poder material, como el de Cartago, si crece rápidamente, rápidamente declina”, a la vez que les llamaba a moderar y dignificar “el amor a la riqueza con la benevolencia hacia los hombres, la pasión por cuanto es grande, y la devoción por todo lo que signifique sacrificio y gloria”.
El joven revolucionario cubano sigue en­tonces, con el debido tacto hacia su público estadounidense, los puntos de partida de la fuerte crítica en su cuaderno de apuntes de sus años estudiantiles en Madrid: el rechazo al mercantilismo desenfrenado desde una postura marcadamente ética.
Las Escenas norteamericanas, ese gran periodismo entre 1882 y 1892, muestran el arduo proceso cognoscitivo martiano acerca de Estados Unidos, y en ellas podemos apreciar cómo su apresamiento de aquella sociedad fue conformando un sólido análisis que sostendría sus opiniones en un hondo contenido sociológico e histórico. Tal proceso se expresó también en la propia maduración de su idea de la unidad de nuestra América para afrontar el peligro de la dominación estadounidense, como reitera, sobre todo, en más de uno de sus textos para el mensuario La América entre 1883 y 1884.
Momento especial en ese camino iría ocurriendo a partir de 1884, destacadamente des­de 1886, con motivo del auge por esos años de las luchas sociales en Estados Unidos. Varios aspectos de esos choques entre clases y diversos sectores de la sociedad atraerían su atención y darían pie a algunas precisiones y rectificaciones de sus juicios sobre aquel país.
Los más llamativos resultan las luchas obreras por mejoras salariales, la disminución de las jornadas de trabajo que solían sobrepasar las 12 horas diarias, y contra la violenta represión que sufrían sus protestas; las demandas de las mujeres por la ampliación de sus posibilidades de empleo y el derecho a ejercer el voto y a ser electas para cargos públicos; la violencia y la discriminación racial contra los negros; la discriminación y la deportación de inmigrantes de varias nacionalidades; y la política genocida contra los pueblos originarios.
La revisión detallada de las crónicas martianas evidencia que cada uno de estos asuntos se convierte por esos años en todo un tema de nuestro autor, quien no deja a veces de ofrecer las conexiones entre ellos. Así, por ejemplo, cuando nos habla de Lucy Parsons, la viuda de uno de los anarquistas ejecutados por los sucesos de Chicago, nos entrega a una mujer que no se limita a su condición femenina y que es una luchadora contra el capitalismo, además de una mestiza seguramente a menudo discriminada por ello, como Martí nos deja entrever. O nos entrega un discurso acerca de la mujer obrera, inmigrante en muchos casos, sometida a la triple marginación por mujer, por asalariada y por inmigrante. O condena el empleo de la despiadada violencia que conduce a numerosas muertes contra obreros, negros, indígenas o inmigrantes chinos.
Todos estos casos, y muchos más, ensombrecieron el panorama de rápido crecimiento poblacional, de veloz empuje de la industria, de enriquecimiento acelerado de la burguesía y de aparición de los primeros monopolios productivos asociados al capital bancario. La lucha contra la voluntad hegemónica de ese sector que surgía apresuradamente fue larga, y en ella se enrolaron los granjeros y hasta sectores del capital de libre concurrencia, y se prolongó hasta entrado el siglo XX, cuando aún se aprobaron leyes antitrusts. En los tiempos de Martí, aparecieron nuevas agrupaciones políticas que desafiaron a las camarillas de los dos partidos tradicionales y que parecían poner en peligro el bipartidismo.
La voluntad martiana de acercarse e interpretar las necesidades de los sectores más reprimidos le llevó a concederle más espacio al tema posiblemente más abarcador y de similar presencia significativa en las otras sociedades industriales europeas: las luchas obreras, el enfrentamiento entre el capital y el trabajo, el conflicto de clases que por entonces era llamado el problema social. La huelgas de los trabajadores mineros, ferrocarrileros y de la industria alimentaria caracterizaron esa polarización social en los Estados Unidos de los años 80, zonas todas de avanzada en la embestida formadora del capital monopolístico.
Es claro que la sensibilidad martiana no podía quedar impávida ante las balaceras, golpizas y prisiones a los huelguistas, aunque más de una vez objetase el uso de la violencia por parte de los obreros. Era frecuente, desde sus primeras Escenas norteamericanas, que Martí atribuyese a los obreros venidos de Europa la responsabilidad por los actos violentos cometidos durante esa pelea social, y que su juicio negativo se dirigiera particularmente contra los anarquistas, presentados habitualmente como comisores de acciones terroristas y de atentados contra las autoridades de los estados.
Sin embargo, el largo proceso contra los llamados anarquistas de Chicago, tema de cerca de una veintena de sus crónicas entre 1884 y 1886, permitió un cambio de perspectiva en Martí. Inicialmente, el cubano se hizo eco de la culpabilidad de los detenidos como autores de la bomba que dio muerte a varios policías; lo cual cambiaría al conocer que aquella fue una provocación bien planeada y ejecutada para mover la ira popular contra aquellos y propinarle un golpe demoledor a las combativas organizaciones obreras y a sus dirigentes.
Al analizar el problema social recuerda có­mo mientras el inmigrante hallaba tierra an­cha y vida republicana, y se podía ganar el pan y se preparaba para la vejez, las teorías revolucionarias del obrero europeo no hallaban espacio en Estados Unidos. Pero, añade, “de una apacible aldea pasmosa se convirtió la república en una monarquía disimulada”. Y eso condujo a que los inmigrantes europeos encontraran en Estados Unidos los males que creían haber dejado atrás y a que los trabajadores quisieran ver la libertad en lo social tanto como en lo político. Y entonces sufren la represión del dueño, del juez, del policía. Por eso ponen esperanzas en el anarquismo. Y continúa Martí: “No comprenden [los obreros] que ellos [dueño, juez y policía] son mera rueda del engranaje social, y hay que cambiar, para que ellas cambien, todo el engranaje”. Luego, el asunto era más complejo: no se trataba de afrontar una parte sino el todo, la sociedad en su conjunto. Así, su crítica va más a fondo para plantearse, nada más y nada menos, que la necesidad de un cambio social.
El tono dramático y la crudeza de la descripción de la muerte de los anarquistas ahorcados en su última crónica al respecto, titulada Un drama terrible, en la versión para el diario La Nación, de Buenos Aires, contribuyen decisivamente a que esa extensa crónica deje una impresión favorable hacia aquellos y evidencie el crimen cometido con ellos. En dos palabras: desde entonces quedó claro que Martí puso de manifiesto la lucha de clases al interior de la sociedad estadounidense y que ello contribuyó decisivamente a radicalizar su crítica para situarla en un franco rechazo a la polarización social, como parte esencial de los cambios hacia una república imperial, cada vez menos democrática y francamente expansionista en el plano territorial y hegemonista sobre nuestra América.
*Investigador del Centro de Estudios Mar­tianos. Miembro de Número de la Aca­demia de Historia de Cuba.

ASISTE A CALIPROT DE CORREOS DE CUBA DIRECTOR DE COMUNICACIÓN INSTITUCIONAL DEL MINCOM.

La segunda jornada del III Taller Nacional del Calidad, Protección al Consumidor y Comunicación del Grupo Empresarial Correos de Cuba CALITPROT 2016, contó este miércoles con la presencia de Raúl Capote Fernández, director Comunicación Institucional del Ministerio de Comunicaciones (MINCOM).
Capote intercambió con directivos y especialistas de Atención y la Población y Comunicación Institucional de Correos de Cuba en torno al papel e impacto que tienen la Internet y las Redes Sociales en la proyección y defensa de la imagen e intereses corporativos de la organización y del país.
El directivo del MINCOM expuso sus experiencias como ex-agente de la Seguridad del Estado en el enfrentamiento de las acciones internas y externas de los enemigos de la Revolución cubana y el papel que corresponde a los trabajadores del sector de las comunicaciones y, en particular, a sus jóvenes en el empleo seguro y responsable de esas tecnologías en las condiciones actuales de nuestro país.
El compañero Capote reconoció la labor y las experiencias de Correos de Cuba en materia de comunicación institucional y convocó a sus directivos y trabajadores a sumarse a la iniciativa lanzada por la Dirección de Comunicación Institucional del MINCOM de crear el Grupo 90F que, en el contexto de las actividades conmemorativas del 90 cumpleaños del líder histórico de la Revolución Cubana, CorreosDaniel persigue el objetivo de aunar esfuerzos e incorporar a los trabajadores del sector de las comunicaciones y a aquellas personas que, dentro y fuera del país, deseen incorporarse de manera voluntaria a este movimiento dirigido a promocionar y defender en las redes sociales los proyectos, los valores y la obra de la Revolución cubana.
Participaron también en este intercambio, Luis Manuel Díaz, director de Comunicación Institucional de la Empresa de Telecomunicaciones ETESCA y otros especialistas de atención a la ciudadanía del Ministerio de Comunicaciones.