Archivo de la categoría: Actos Terroristas contra Cuba

#TodosMarchamos Celebran vigilia en homenaje a las víctimas del terrorismo

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Jóvenes en vigilia, en el aniversario 40 del crimen de Barbados, en el Memorial a José Martí, en La Habana, Cuba, el 05 de octubre de 2016. ACN FOTO/Abel PADRÓN PADILLA
Jóvenes en vigilia, en el aniversario 40 del crimen de Barbados, en el Memorial a José Martí, en La Habana, Cuba, el 05 de octubre de 2016. ACN FOTO/Abel PADRÓN PADILLA

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El encuentro tuvo lugar en el Memorial José Martí de la Plaza de la Revolución, donde participaron familiares de los mártires del atentado a la aeronave de Cubana de Aviación, frente a las costas de Bar­ba­dos
Autor: Alejandra García | internet@granma.cu
6 de octubre de 2016 00:10:16
Vigilia por las victimas del terrorismo.
Foto: Jorge Luis González
Cientos de estudiantes, deportistas y trabajadores protagonizaron la noche del miércoles una vigilia en homenaje a las miles de víctimas del terrorismo sufrido por Cuba durante más de medio siglo.
El encuentro tuvo lugar en el Memorial José Martí de la Plaza de la Revolución, y en él participaron, además, familiares de los mártires del atentado a la aeronave de Cubana de Aviación del 6 de octubre de 1976, frente a las costas de Bar­ba­dos.
«Nadie nos obligará a olvidar el pasado que forma parte de nuestra historia. Exigimos justicia y que se acabe la impunidad que ha acompañado al crimen en estos 40 años», expresó al pronunciar las palabras que dieron inicio a la vigilia, Thalía Gattorno Espinosa, nieta de Mi­guel Es­pinosa, copiloto del avión CU 455.
“Cada vez que se ha hecho una convocatoria para la vigilia, yo me apunto como voluntario, porque demostrar respeto por las víctimas del terrorismo es también mantener la memoria”, dijo a Granma Frank Javier Pérez Me­nén­dez, estudiante de 5to. año del Instituto Supe­rior de Relaciones Internacionales.

#TodosMarchamos No dejo de escuchar la voz desesperada de mi padre

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A 40 años del crimen en Barbados

Cuando se recuerda el sabotaje al avión CU-455, se repite una y otra vez el grito del copiloto Manuel Espinosa, que dice a su compañero en la cabina «Pégate al agua, Felo». Una voz que estremece
Autor: Alejandra García | internet@granma.cu
22 de septiembre de 2016 19:09:19
Manuel Espinosa, copiloto del vuelo de Cubana saboteado en Barbados. Foto: Cortesía de su hija
Manuel Espinosa tuvo miedo. «Siento que no me queda mucho tiempo de vida», le dijo a su familia días antes del crimen en Bar­bados.
En otras dos ocasiones, en ese año de 1976, Espinosa había copilotado un avión en peligro de estallar. La primera vez, cuando trasladaba de México a La Habana a Hortensia Bussi, viuda del presidente chileno Salvador Allende. Uno de los equipajes de la aeronave contenía una bomba que no detonó.
Poco tiempo después, aguardaba su salida del aeropuerto de Kingston, Jamaica, el avión de Cubana que él comandaría de regreso a la Isla. La demora técnica impidió la muerte de Espinosa y del resto de los pasajeros, porque el artefacto explotó en el vagón que trasladaba los equipajes a la nave.
La tercera vez no corrió la misma suerte. No estaba en la lista del vuelo CU-455 de Bar­bados a La Habana ese 6 de octubre, pero a última hora tuvo que suplir a un miembro de la tripulación. La aeronave salió en tiempo con dos bombas activas que estallaron a po­cos minutos del despegue, a solo 600 metros de la costa de Bridgetown. Manuel Espinosa murió a la edad de 47 años, junto al resto de la tripulación y pasajeros. 73 en total, de ellos 57 cubanos. Es uno entre los 3 478 asesinados y miles de heridos, víctimas del terrorismo que ha azotado a Cuba con la complicidad de las sucesivas admi­nis­traciones norteamericanas desde 1959 hasta el presente.

***
Dra. Haymel Espinosa. Foto: Ismael Batista
«Yo tenía diez años» —dice Haymel Es­pi­nosa Gómez, mientras hojea un libro grueso de fotos y recortes de periódico, armado por ella a lo largo de los últimos 40 años. Cada titular guarda relación con el crimen en el que su padre, Manuel Espinosa, perdió la vida.
«El 6 de octubre habíamos quedado en que papá nos recogería a mi mamá y a mí a la salida de la escuela. Estábamos juntas allí, pues tuvimos que arreglar y pintar el aula junto a otras madres y compañeros de clase. Cuando a las cuatro de la tarde no habíamos tenido noticias suyas, sentimos que algo había sucedido».
Cerca de las cinco parqueó, justo al frente de su escuela primaria, una guagua pequeña de la que comenzaron a bajar hombres y mu­jeres vestidos con el uniforme de Cubana de Aviación. «Dedujimos que había pasado lo peor». La noticia del atentado corrió como la pólvora y la casa de la familia Espinosa-Gó­mez se fue llenando de vecinos, amigos, fa­miliares, conocidos…
«Todos fueron a darnos apoyo. Entre lágrimas se gritaban consignas revolucionarias. El dolor se había multiplicado. Días después es­cuché la grabación recuperada de la caja ne­gra del avión», recuerda mientras se empañan sus ojos. «Aunque era muy niña, nunca he podido olvidar la desesperación en esa voz tan querida».
Hoy, luego de tantos años, el dolor en Hay­mel Espinosa permanece intacto. «Cuan­do ponen la grabación, yo cambio el canal, o sigo de largo».
En el año 2006 familiares de las víctimas del atentado visitaron el monumento erigido en Barbados en honor a los 73 pasajeros a bordo del CU-455.
«Está muy cerca de la costa. Recuerdo que nos sentamos en silencio lo más cerca posible del mar. Así estuvimos buen rato mirando el horizonte y lloramos. Añoramos un sitio en Cuba donde colocar flores en honor a ellos».

***
«Él me puso Haymel. Formó mi nombre a partir del de dos heroínas cubanas: Haydée Santamaría y Melba Hernández. Eso da me­dida de lo comprometido que se sentía con la Revolución», cuenta orgullosa la hija mientras desempolva una foto de su padre, tomada en el año 1976. En ella viste de camisa blanca, pantalón negro y lleva con elegancia una gorra de capitán de Cubana de Aviación. En la foto sonríe.
«Era muy jaranero —cuenta Haymel con ternura—, le encantaba bromear con la gente. Gracias a eso comprobamos, en el año 1976, que era daltónico. Si no llega a elogiar el vestido rojo de una doctora de la cuadra, que en realidad era verde, aún pensaríamos que no se sabía los colores. Ella, asombrada con aquella equivocación, le hizo todos los chequeos debidos y los resultados dieron po­sitivo al daltonismo. No lo liberaron de Cu­bana de Aviación por la falta de pilotos que tenía el país, y, además, por su prestigio y experiencia en la aerolínea».
Haymel Espinosa se hizo médico, no solo por la vocación que sentía, sino porque así su padre habría querido. Integró las Fuerzas Armadas Revolucionarias como él. «Y hasta intenté ser piloto, pero no pude» —sonríe.
«La tragedia cambió mi vida. Poco tiempo antes del atentado en Barbados, yo estaba aprendiendo a tocar la guitarra. Mi papá me había armado una con partes de otras más viejas. El día antes de su partida, me juró que a su regreso a casa el 6 de octubre me traería una nueva, ya había reunido el dinero. Ese día habría ido a buscarme a la escuela con ella en las manos. Así lo imaginaba. La guitarra nunca llegó, él tampoco y yo nunca más quise tocar».

#SolidaridadVsBloqueo #YoVotoVsBloqueo #Cuba VsBloqueo Tenemos Memoria y Tuitazo Mundial contra el Bloqueo de Estados Unidos a Cuba .

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El Panel  Tenemos  Memoria ,y  un tuitazo ,  fueron   las  actividades   realizadas  en la  Habana  por el  Instituto  Cubano de Amistad  con los   Pueblos  ICAP , en el inicio   de la  Campaña  Mundial    contra  el Bloqueo   económico ,  comercial   y financiero  impuesto   por  Estados   Unidos a  Cuba .

La  convocatoria  del  ICAP  reafirmo  la vigencia  y afectaciones  del boqueo a  pesar   del  restablecimiento  de las  relaciones   diplomáticas  entre Cuba  y  Estados   Unidos ,  asi  como  sumo voces ,  desde  las  redes sociales   al  reclamo  de su  cese inmediato.

La   presidenta  del  ICAP   Kenia  Serrano  Puig ,  al   presentar  el panel expuso   las  razones y  las  formas de lucha  de  nuestro país contra  el  Terrorismo  y  el Bloqueo de los   Estados   Unidos .  ¨Nuestra batalla no es  de la  fuerza, es de las ideas, es  seguir  denunciando.¨

Camilo Rojos ,  familiar de victima  contra  el  Terrorismo ,  e integrante  del  panel  manifestó ¨ No  podemos  olvidar las  más de 5  mil  victimas .¨

El  Héroe   de la  República de  Cuba  Fernando  González  York ,  Vicepresidente  del  ICAP brindo su  testimonio sobre los 4  años  en  que  compartió la misma  celda  con  el patriota  puertorriqueño  Oscar  López  Rivera , y la  lucha  solidaria que se lleva  a cabo  por  su  liberación. ¨ Oscar  López  no   ha podido  ver   crecer a  su  nieta , prácticamente a  su  hija  ,era   una  bebe cuando   Oscar  López  fue  a la  prisión . Su  hija se caso  ,tuvo otra niña a  la  cual  Oscar únicamente ha  podido  ver en  sus  más de 20  años de vida  a través de una reja o  en una sala de visita vigilada  por  las  cámaras y  por los  guardias  de la  prisión .¨

El  tuitazo   formo  parte   de las  acciones   que  realiza   el  Movimiento  de solidaridad   con  Cuba   los  días  17 de cada mes  en  favor   del  levantamiento del   bloqueo .

A  través del  sitio www.cubavsbloqueo.cu  los internautas  participaron   en  una  votación   contra  el bloqueo  y  en la red   social  Twitter   usaron  las  etiquetas #SolidaridadVsBloqueo  y #YoVotoVsBloqueo.PHOTO_20160917_092952PHOTO_20160917_093127

 

 

#TodosMarchamos Mirando a los ojos de los terroristas que volaron el avión cubano

40 años del crimen en Barbados
Los terroristas de origen cu­bano Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, au­tores confesos del crimen, fueron protegidos por el gobierno de Es­tados Unidos
Autor: Alicia Herrera* | internet@granma.cu
15 de septiembre de 2016 22:09:00
Cuarenta años después de la voladura de un avión civil cu­bano cerca de las costas de Bar­bados, el 6 de octubre de 1976, donde perdieron la vida 73 personas inocentes, este ho­rrible acto terrorista aún permanece impune pe­se a las abrumadoras pruebas que existen y han sido presentadas, contra sus autores materiales e intelectuales y sus cómplices en los servicios de inteligencia de Estados Unidos.
El pueblo cubano, su Gobierno Revolucio­nario y en particular, los familiares de las víctimas del crimen de Barbados, no han descansado, en todos estos años, en su lucha por hacer justicia. El dolor fue transformándose en fuerza y coraje para plantar la verdad del caso, en todos los escenarios, no solo de la Isla sino de mu­chos países del mundo. Sin embargo, la esperada justicia nunca apareció.
Por el contrario, los terroristas de origen cu­bano Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, au­tores intelectuales confesos del abominable crimen, fueron protegidos por el gobierno de Es­tados Unidos, puestos a salvo de la justicia en su territorio, don­de recibieron todo el apoyo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que los adiestró desde la década de los años 60, para cometer todo tipo de atentados contra el pueblo cubano y su Revolución.
La voladura del avión de la línea aérea Cu­bana de Aviación, vuelo CU-455 que cubría la ruta Guyana-Trinidad y Tobago- Bar­bados-Ja­maica y finalmente La Habana, fue un hecho es­tremecedor, jamás había ocurrido uno igual en el hemisferio occidental. La maquinación para planificar el asesinato de personas inocentes con el amparo del Gobierno venezolano de entonces, presidido por Carlos Andrés Pérez, y la anuencia de la CIA, revela la verdadera esencia criminal de cuantos estuvieron involucrados en el crimen.
Tal vez las nuevas generaciones no conozcan completamente cómo se articulaba la maldad contra Cuba en aquellos años donde mu­rieron miles de cubanos, a consecuencia de los actos terroristas que alentaron y financiaron sucesivas administraciones norteamericanas para destruir a la Revolución Cu­bana.
Ahora cuando se cumplen 40 años del atentado contra el avión cubano en Barbados, tenemos el deber de rescatar la me­moria de aquellos hechos que no deben repetirse jamás.

NADA ES FICCIÓN
Recordaba que hace un par de años atrás, al concluir un conversatorio con un grupo de estudiantes de secundaria, se me acercó un muchacho de mirada vivaz y me preguntó con mucha curiosidad, si el spot de televisión en el que se oye la voz del copiloto del avión cubano antes de caer al mar, era una re­creación de ese dramático momento.
Yo me sorprendí y le pedí que me explicara por qué él pen­saba así, al tiempo que le explicaba que ese grito desgarrador (¡«Eso es peor, pégate al agua Felo, pégate al agua»!) era tan au­téntico que expresaba la gran humanidad de estos hombres que, hasta el último momento, trataron de impedir que el avión se desplomara.
El joven no tenía una idea clara sobre esta tragedia que enlutó a familias de Cuba, Guyana y de la República Popular de Co­rea. Creía que la imagen de la nave cayendo frente a las costas de Barbados era ficción. Como él, no se sabe cuántos aún ignoran o permanecen confundidos en relación con este triste episodio de la historia de las agresiones contra la Isla.
Es por esta y otras razones que estamos comprometidos a denunciar el crimen de Barbados, aprovechar estos momentos de recordación para transformarlos en tribuna y transmitir a los más jóvenes la verdad que es el camino más cierto para alcanzar la justicia.

MIRANDO A LOS OJOS DE LOS TERRORISTAS
Algunos de los lectores recordarán que yo fui la periodis­ta venezolana que denunció a los terroristas Orlando Bosch, Luis Posada Carriles, Hernán Ricardo y Freddy Lugo, por su participación directa en el atentado a la nave de Cubana de Aviación.
Solo por casualidades de la vida, yo visité en la prisión del Cuartel San Carlos de Caracas, a Freddy Lugo, un fotógrafo, com­pañero de trabajo de la Revista Páginas, que estaba preso por presunta participación en la voladura del avión cubano. No creía que él y el otro fotógrafo del diario El Mundo,
Hernán Ri­cardo, estuvieran implicados en un crimen tan horrible.
Mucho antes de que Lugo y Ricardo pusieran los explosivos en el avión de Cubana, ya eran parte de mi vida laboral, los co­nocía como muchachos trabajadores, un poco más a Freddy Lugo con quien salía frecuentemente a hacer reportajes para Páginas.
A través de Lugo surgieron las relaciones con los otros terroristas presos también en el cuartel San Carlos, mientras se de­sarrollaba en los tribunales el proceso que, durante mis visitas a esa prisión, descubrí que era completamente amañado con la venia del gobierno del presidente Pérez y después al concluir este su mandato, con el apoyo del presidente Luis Herrera Campins y su policía política (Disip) de la que Posada Carriles había sido comisario.
Freddy Lugo compartía celda con uno de las más connotados contrarrevolucionarios de origen cubano, Orlando Bosch, quien era una especie de héroe para él, a quien conminaba siempre a contarme sus historias de «luchador por la democracia en Cuba». Bosch disfrutaba, se frotaba las manos, y detallaba sus actos terroristas. De esta manera llegué a la conclusión de que si este hombre tenía este récord criminal y estaba preso, probablemente podía estar involucrado en el sabotaje del DC-8 de Cubana de Aviación.
Yo me sentía muy tensa cuando tenía al frente aquel hombre de mirada inquisitiva, detrás de unos gruesos espejuelos, que insistía en darme hasta los más mínimos detalles de cómo colocaba bombas en embajadas y consulados cubanos en el exterior, así como en oficinas de Cubana de Aviación y otras dedicadas al turismo con la Isla.
Fueron momentos muy fuertes, difíciles de manejar, con una carga de sorpresa y rabia, de miedo… porque de verdad, daba miedo, me temblaban las piernas, pero trataba de guardar la compostura casi sin emitir palabras: no hacía falta. Bosch se po­sesionaba del escenario, gesticulaba con sus manotas, a veces se levantaba del asiento y contaba con estridente voz sus fechorías, como si estuviera frente a un público cautivo.
Entonces tomé la decisión de hacer una investigación periodística sobre el caso del avión cubano con dos fuentes primarias, Bosch y Lugo.

ME LO DIJERON TODO
Por espacio de más de dos años visité a los terroristas en el Cuartel San Carlos. Allí conocí a la mujer de Bosch, la chilena Adriana Delgado, y a Nieves de Posada, esposa de Posada Ca­rri­les. Con ambas sostuve estrechas relaciones, siempre coincidíamos en las visitas y aportaban buenos datos para el trabajo periodístico que yo estaba preparando.
Las dos, imprudentes y habladoras, confirmaban todo cuan­to Bosch contaba de sus esfuerzos «por liberar a la Patria martirizada» junto con Posada Carriles. Nieves, una fuente indirecta pero muy valiosa, se vanagloriaba al resaltar que su marido había logrado prepararse en la CIA y era un experto en explo­sivos.
Esta mujer fue clave para conocer cómo Posada Carriles planificó con Orlando Bosch, el atentado al avión de Cubana, así como otras acciones criminales de los grupos contrarrevolucionarios cubanos, incluido el asesinato del excanciller chileno Orlando Letelier y su secretaria Ronni Moffit, en Washington, tres meses antes de la explosión en pleno vuelo del avión en Barbados.
Me lo dijeron todo. Lugo me contó paso a paso, cómo pusieron la bomba en el baño ubicado en la parte trasera del avión. Bosch en un arrebato de cólera dijo en mi presencia que había volado un avión cargado de comunistas. Posada, según documentos desclasificados del FBI anunció que «volaremos un avión cubano» y Ricardo con desfachatez gritó para que todos oyeran, en el patio de ejercicios del Cuartel San Carlos: «Pusi­mos la bomba, y qué?».

EL GRITO EN EL TÍTULO DEL LIBRO
De manera muy general he recordado episodios de aquel momento que cambió mi vida para siempre. Ya impuesta de que estos hombres eran los asesinos de 73 personas inocentes que viajaban en el vuelo CU-455 de Cubana, se planteó para mí una decisión determinante; o los denunciaba o me quedaba callada y me convertía automáticamente en su cómplice. Opté por la denuncia y tuve que hacerla fuera de mi país para proteger mi vida de los sicarios del gobierno socialcristiano de Luis Herrera Campins.
En septiembre de 1980, al conocer que un tribunal militar había absuelto a los cuatro terroristas por considerar que «fueron destruidas las pruebas» que servían de base a la acusación; convoqué a una conferencia de prensa, con medios nacionales y extranjeros en Ciudad de México y denuncié a los responsables del siniestro del avión: conté todo cuanto me dijeron acerca de su planificación y ejecución y la complicidad de los gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins.
Igualmente me referí a una serie de actos terroristas ejecutados en otros países por Bosch y Posada Carriles con saldo de muerte y destrucción y especialmente alerté a la comunidad internacional sobre la intención de estos criminales de continuar con estas acciones vandálicas contra Cuba y su pueblo.
Posteriormente, esta denuncia fue ampliada en el libro de mi autoría Pusimos la bomba… ¿y qué?, título tomado del grito de Her­nán Ricardo, autor material, junto con Freddy Lugo, de este abominable crimen.
Veinticinco años después de la publicación de mi investigación periodística, se lanzó una nueva edición ampliada del libro que incluía documentos desclasificados de la CIA y el FBI, sobre el sabotaje del avión cubano, que corroboraron que los hechos ocurrieron tal y como los denuncié, desmontando de esta ma­nera, la campaña mediática de la derecha que propagaba en sus medios que se trataba de una historia inventada para favorecer a la Revolución Cubana.

* Periodista venezolana y luchadora antiterrorista.Avion

#TodosMarchamos Una operación terrorista contra #Cuba

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ATENTADO CONTRA LA EMBAJADA DE CUBA EN LISBOA
Con este trabajo Granma inicia una serie de publicaciones relacionadas con los más violentos actos perpetrados contra Cuba, en ocasión de conmemorarse el próximo 6 de octubre el aniversario 40 del horrendo Crimen en Barbados y el Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado
Autor: José Luis Méndez Méndez* | jose@internet.cu
Autor: Pedro Etcheverry Vázquez* | internet@granma.cu
12 de septiembre de 2016 20:09:03
Atentado a la embajada de Cuba en Lisboa, Portugal. Foto: Archivo
El 22 de abril de 1976, alrededor de las cuatro y cuarenta de la tarde, cuando los niños de los funcionarios cubanos estaban a punto de regresar de la escuela, se produjo la explosión de una bomba de alto poder en el sexto piso de un edificio de apartamentos donde se encontraba la Embajada de Cuba en Lisboa, hecho en el que murieron los diplomáticos Adria­­na Corcho Calleja y Efrén Monteagudo Rodrí­guez, de 35 y 33 años de edad, respectivamente. El poderoso artefacto explosivo se encontraba dentro de un maletín, que había sido colocado en la escalera, junto a la puerta de uno de los apartamentos que ocupaba la sede, por un individuo que tocó y se retiró apresuradamente.
Adriana detectó la presencia de la carga ex­plosiva y, comprendiendo el peligro que se cernía sobre sus compañeros, los alertó. Acto seguido se lanzó a tomar las medidas de seguridad pertinentes, pero la sorprendió una te­rrible explosión que la mató en el acto y también ocasionó la muerte de Monteagudo Ro­dríguez. El funcionario Alberto Álvarez Al­fonso resultó herido. Los dos pisos donde se encontraba la representación cubana sufrieron grandes destrozos, y varios apartamentos de otros niveles también recibieron daños.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS
En octubre de 1975 Angola había sido invadida por el ejército racista sudafricano, fuerzas armadas zairotas y organizaciones contrarrevolucionarias de origen angolano, apoyadas por el Gobierno de los Estados Unidos, con el objetivo de impedir que el Movimiento Po­pu­lar para la Liberación de Angola y su principal líder Agostinho Neto, proclamaran la independencia de la nación.
Ante la compleja situación creada el MPLA solicitó la ayuda solidaria de Cuba, que no tar­dó en acudir en defensa del hermano pueblo angolano. A principios de noviembre, cuando los sudafricanos se encontraban a pocos kilómetros de Luanda por el sur y los zairotas junto con bandas terroristas del Frente Nacional pa­ra la Liberación de Angola se acercaban amenazadoramente a la capital por el norte, tropas especiales del Ministerio del In­terior y unidades regulares de las Fuerzas Ar­madas Revo­lucionarias entraron en combate junto a las Fuerzas Populares para la Libe­ra­ción de An­gola, obligando a los invasores a re­troceder en ambas direcciones. El 11 de no­viembre de 1975, en Luanda, durante un multitudinario acto en el que participaron miles de angolanos Agostinho Neto proclamó la independencia de la nación.

A los terroristas tampoco les importó poner en peligro la vida de los otros residentes en el inmueble saboteado. Foto: Archivo
SE ORGANIZA LA REPRESALIA
El 20 de enero de 1976 asumió funciones co­mo director de la Agencia Central de Inteli­gencia (CIA) George Herbert Walker Bush. Los grupos terroristas de origen cubano asentados en territorio estadounidense incrementaron su violento accionar con el visto bueno de la Casa Blanca, desatando una ola de actos terroristas contra oficinas comerciales y representaciones diplomáticas cubanas en América La­tina y Europa, que ocasionaron nuevas víctimas y cuantiosos daños materiales. Al mis­mo tiempo, otros grupos terroristas que actuaban al servicio de la dictadura militar del general Augusto Pinochet, fueron enviados por la Di­rección de Inteligencia Nacional de Chile a operar contra refugiados chilenos en el territorio europeo.
Posteriormente el connotado terrorista de origen cubano Luis Posada Carriles fue enviado a Chile para contactar con el neofascista italiano Stefano Delle Chiaie, de cuyo en­cue­n­­tro surgió la coordinación de atentados violentos contra miembros de la izquierda chi­le­na y otros objetivos potenciales en Eu­ro­­­pa. En ese momento, en Lisboa, Portugal, Frank Car­lucci[1] era el embajador de los Esta­dos Unidos.

LAS DENUNCIAS DE FIDEL
El 6 de junio de 1976 al referirse a estos grupos terroristas, el Comandante en Jefe Fidel Castro expresó: «Incluso la propia CIA, que los amaestró y los instruyó, es muchas veces incapaz de controlarlos. Esto no quiere decir que la CIA no tenga responsabilidad con estos he­chos. La CIA es la CIA, y a veces simula no te­ner responsabilidades; y a veces, efectivamente, esos elementos actúan por su cuenta, pero nadie sabe cuándo la CIA los está utilizando. La CIA les enseñó a manejar los explosivos, la CIA les enseñó a manejar instrumentos de muerte, y hoy hasta la propia CIA y los organismos policiales de Estados Unidos son a veces incapaces de controlarlos».[2]
El 15 de octubre de 1976, en el discurso pronunciado en la Plaza de la Revolución, durante el acto de despedida de duelo de las víctimas del avión civil cubano, saboteado unos días antes en pleno vuelo frente a las costas de Bar­bados, donde murieron las 73 personas que viajaban a bordo, Fidel denunció: «En los últimos meses el Gobierno de Estados Unidos, resentido por la contribución de Cuba a la de­rrota sufrida por los imperialistas y los racistas en África, junto a brutales amenazas de agresión, desató una serie de actividades terroristas contra Cuba. Esa campaña se ha venido intensificando por día y se ha dirigido, fundamentalmente, contra nuestras sedes diplomáticas y nuestras líneas aéreas».[3]

EL JUICIO CONTRA EL AUTOR MATERIAL
Algún tiempo después se conoció que los autores intelectuales del atentado contra la Em­bajada de Cuba en Lisboa eran antiguos colonos portugueses que habían sentido afectados sus intereses debido a la colaboración internacionalista prestada por los combatientes cubanos en defensa de la independencia de Angola, y que actuando en represalia, habían contratado a miembros de una red terrorista de extrema derecha que funcionaba clandestinamente en Portugal, con el objetivo de que hicieran estallar una bomba en la sede diplomática cubana.
El 15 de diciembre de 1977, Ramiro Mo­reira, autor material del atentado terrorista contra la Embajada cubana en Lisboa, que pertenecía al cuerpo de seguridad de un partido de derecha, compareció ante el Tribunal Mili­tar Territorial de Lisboa para responder por la realización de más de 60 operaciones te­rroris­tas en las que había participado.
La confirmación de la identidad de Moreira se produjo por las declaraciones formuladas ante ese tribunal por el diputado socialdemócrata a la Asamblea de la República Eduardo José Viera, quien admitió la verdadera identidad del acusado. Moreira, al igual que otro de los reos, se escudó en un precepto legal que le permitía no declarar en ningún proceso jurídico, y remitir a los jueces a su abogado defensor para que este realizara las aclaraciones correspondientes y respondiera cualquier pregunta.
En 1978, al final del juicio que duró ocho meses, una docena de acusados vinculados a estos hechos terroristas fueron absueltos, lo que tuvo cierta repercusión en los medios de difusión portugueses. En este proceso el exjefe de la Policía de Seguridad Pública, capitán Mota Pinto, fue acusado en la misma causa, señalándose como la persona que le indicaba a Moreira los lugares en que se debían colocar los artefactos explosivos. Moreira fue sancionado a 21 años de privación de libertad.

UNA ACUSACIÓN QUE CONTINÚA VIGENTE
El 23 de agosto de 1981, el abogado portugués Levi Baptista, representante legal de los fa­miliares de los dos funcionarios cubanos asesinados, acusó a la CIA de estar involucrada en el atentado dinamitero contra la Embajada de Cuba en Portugal. El conocido jurista declaró que sobre Ramiro Moreira recaían las mayores acusaciones, pero advirtió que aún permane­cían en libertad quienes lo habían mandado a cometer esos crímenes. Aquellas palabras continúan vigentes, y nadie sabe si algún día en­contrarán eco en la justicia. Tras un breve tiempo en prisión, Moreira logró evadirse y eludió la sanción huyendo hacia España. En 1991 fue indultado por el Gobierno de Mario Soares.
Los principales responsables de la detonación de la bomba que estalló en la Embajada de Cuba en Lisboa no tuvieron en cuenta que también habían puesto en peligro la vida de sus compatriotas, incluyendo ancianos, mujeres y niños residentes en el inmueble saboteado.
Ante tales crímenes el pueblo cubano siempre ha respondido con nuevas fuerzas para de­fender sus conquistas. Hoy, al cabo de cuatro décadas de aquel hecho, las nuevas generaciones recuerdan con profunda admiración a Adriana y Efrén, y esa manifestación de respeto hacia los caídos es, precisamente, uno de los factores que hacen invencible a un pueblo que se mantiene fiel a su historia.

* Investigadores del Centro de Investigaciones Histó­ricas de la Seguridad del Estado
[1] En 1978 Frank Carlucci fue designado subdirector de la CIA y en 1987 fue asesor de Seguridad del presidente Ronald Reagan.
[2] Acto central conmemorativo del XV Aniversario del Ministerio del Interior; teatro Karl Marx, La Ha­ba­na, Ediciones OR, Ene-Mar/76: p. 36.
[3] Discurso pronunciado por el Comandante en Je­fe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Cen­tral del Partido Comunista de Cuba y Primer Mi­nistro del Gobierno Revolucionario, en el acto de despedida de duelo de las víctimas del avión de Cubana destruido en pleno vuelo el 6 de octubre, efectuado en la Plaza de la Revolución el 15 de octubre de 1976, “Año del XX aniversario del Granma”, periódico Gran­ma, 16 de octubre de 1976.