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Cubanos en Venezuela rechazan ofensa contra estatua de Martí

 

Miembros de la Asociación de Cubanas y Cubanos Residentes en Venezuela calificaron de provocadora e irrespetuosa la acción cometida contra la estatua de José Martí por manifestantes de la oposición.

La Asociación de Cubanas y Cubanos Residentes en Venezuela (Accreven) rechazó el ultraje cometido contra las estatuas de los próceres José Martí y Luis Brión, encapuchadas por grupos violentos participantes en las manifestaciones promovidas por la oposición venezolana.

“Accreven rechaza enérgicamente el acto repudiable llevado a cabo contra las estatuas de dos patriotas y próceres independentistas que hicieron suyas las causas libertarias de los pueblos de nuestra América”, expresaron a través de un comunicado que hicieron público en su portal web.

Los miembros de la organización repudiaron la acción cometida, la cual fue calificada “provocadora, irrespetuosa y vandálica”.

“Reivindicamos el legado del Apóstol y guía de todas las generaciones de cubanos que le han precedido dentro y fuera de Cuba, nuestra Patria y reafirmamos nuestro amor y respeto por la historia, los símbolos y la cultura cubana, de Venezuela y todos los pueblos del mundo”, manifiesta el documento.

En referencia con la figura histórica del Héroe Nacional de Cuba, el comunicado subraya que Martí “nunca se cubrió el rostro para decir su verdad y hasta el sol hubo de iluminarle en el instante aciago de su caída en combate”.

“Una capucha no podrá apagar la mirada del Maestro, ni ocultará en sus ojos el sentido del bien y de justicia. Una capucha no apagará la luz penetrante de un hombre que fue capaz de ver mil años en dirección al futuro. Una capucha no detendrá jamás el amor como energía revolucionaria”, culmina el texto.

La pasada semana grupos violentos pertenecientes a la oposición venezolana encapucharon las estatuas del Héroe Nacional cubano José Martí y de Luis Brión, militar curazoleño-venezolano que luchó en la Guerra de Independencia de Venezuela, ambas ubicadas en la Plaza Chacaíto de Caracas.

Declaración de los Comités de Defensa de la Revolución en apoyo a Venezuela

 

Los más de ocho millones y medio de cederistas cubanos los acompañamos. No están solos. La revolución bolivariana es heredera de los más dignos patriotas latinoamericanos y en su sedimento están presentes los valores más nobles de un pueblo.

La voz de Chávez aún estremece al pueblo venezolano. Hoy vibra con mayor fuerza; sus vítores se escuchan en toda la América. «Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó, la Ley respetando, la virtud y honor (…) Gritemos con brío ¡Muera la opresión!, Compatriotas fieles, la fuerza es la unión».

Frente a la Organización de Estados Americanos (OEA) y a su Secretario General, el tristemente célebre «para los Estados Unidos», Luis Almagro, el eco de la voz de Chávez, encarnada en sus hijos, fue espada, sonido punzante, flecha al corazón de unos cuantos, empeñados en secuestrar la verdadera democracia venezolana, sus recursos y riquezas.

Esta nueva OEA, que intenta hoy derrumbar a Venezuela, es la misma que pretendió frenar el ejemplo de la Revolución Cubana por América Latina y el Caribe. Mientras que en una pequeña Isla se aprobaban medidas de beneficio popular como la Ley de Reforma Agraria o acontecía la campaña de alfabetización, el «ministerio de colonias», guardó absoluto silencio ante la invasión mercenaria de Playa Girón.

No es casual que a solo días después que Estados Unidos rompiera relaciones con Cuba, la OEA excluyera a la Mayor de las Antillas del sistema interamericano. La historia de su papel nefasto inscribe una nueva agresión contra el pueblo bolivariano y su gobierno democrático, uno de los que con mayor ímpetu ha impulsado el bienestar de la región.

Tampoco lo es el mutismo guardado por Almagro y su séquito ante las impunes violaciones democráticas en países como Brasil y Argentina, naciones en las que miles de ciudadanos han sido despojados de sus puestos de trabajo, o de los constantes casos de corrupción política, desapariciones, asesinatos de líderes sociales y estudiantiles, migración irregular y agresiones de todo tipo, contra las clases más desposeídas del hemisferio.

En abril del 2009, el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro, publicaba en una de sus reflexiones que «la OEA tiene una historia que recoge toda la basura de 60 años de traición a los pueblos de América Latina».

Los cubanos y venezolanos han demostrado una vez más, con Martí, que «Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas». Este 28 de marzo ni las presiones estadounidenses, ni de los países que han intentado utilizar a la OEA contra Venezuela han podido con su pueblo. «Triunfo popular, victoria popular para Venezuela. Hemos derrotado al Departamento de Estado, hemos derrotado a la cancillería mexicana y a la derecha venezolana» han sido las declaraciones del presidente Nicolás Maduro.

Los más de ocho millones y medio de cederistas cubanos los acompañamos. No están solos. La revolución bolivariana es heredera de los más dignos patriotas latinoamericanos y en su sedimento están presentes los valores más nobles de un pueblo.

Tal y como somos capaces de donar nuestra propia sangre para cualquier ser humano cubano o de cualquier parte del mundo sin diferencia de raza, sexo, pensamiento, el pueblo venezolano se ha despojado en disímiles ocasiones de sus recursos para ayudar a nuestra gente. El más reciente ejemplo está en la ayuda brindada a Cuba tras el devastador paso del huracán Mathew por el oriente del país.

La Revolución chavista continuará. Cuba y su pueblo están a su lado. Tal ha sido el compromiso del General de Ejército Raúl Castro durante la XVI Cumbre del Alba a inicios de marzo. «Les ratifico el compromiso asumido en nuestra Declaración, de acompañar la defensa de Venezuela y la posición digna, valiente y constructiva del presidente Nicolás Maduro».

55 años después de la salida de Cuba de la Organización de Estados Americanos, Venezuela convoca a un debate «con el pueblo, con la gente honesta, patriota que quiera paz». El mandatario venezolano ha abierto «el debate nacional e internacional sobre la violación de la carta fundacional de la OEA y la agresión de un grupo concertado de gobiernos de derecha contra Venezuela y la pertinencia de la Organización de Estados Americanos, su vigencia y utilidad».

El pueblo de Cuba ha demostrado la incompetencia y el espíritu intervencionista de este organismo. Estamos seguros que ahora lo hará el venezolano.

Retumba en nuestros corazones la voz inconfundible del comandante eterno Hugo Chávez. «Unida con lazos, que el cielo formó, la América toda, existe en nación; y si el despotismo levanta la voz, seguid el ejemplo que Caracas dio».

Es espada, es escudo, es la fuerza con que vibra la América.

Secretariado Nacional de los Comités de Defensa de la Revolución

Los verdaderos planes de Estados Unidos contra Venezuela

Por Arthur González

Nadie se llame a engaño, desde que triunfó Hugo Rafael Chávez Frías, mediante el voto popular, Estados Unidos inició planes desestabilizadores contra su gobierno, por tener ideas socialistas que beneficiaban a su pueblo.

Se conoce de los cientos de millones de dólares gastados por el Departamento de Estado con el propósito de derrocarlo, el trabajo de subversión ejecutado por la USAID en las universidades para fabricar un movimiento estudiantil contrario a Chávez, a pesar que todas las medidas aprobadas iban encaminadas a disminuir la pobreza que durante años sembró el capitalismo en Venezuela.

Las Misiones fomentadas por el chavismo a favor de los desposeídos no han sido vistas con buenos ojos en Washington, considerándolas un mal ejemplo para otros países de la región, y al igual que hicieron contra Cuba, se dieron a la tarea, con la CIA y otras agencias de inteligencia yanqui, de diseñar planes de acción encubierta para derrocar a Chávez, en total similitud con que los llevados a cabo contra Fidel Castro.

Mientras Carlos Andrés Pérez robaba a las dos manos y les reía las gracias a los yanquis, el Departamento de Estado y la OEA callaban en plena complicidad con sus desmanes, por eso al final fue a refugiarse en Miami sin ser sometido a un juicio por sus actos delictivos.

Cuando la embajada estadounidense organizó el golpe de estado, con el secuestro del Presidente constitucional incluido, la OEA no se pronunció y mucho menos habló de aplicar la Carta Democrática, todo lo contempló en silencio cómplice y con el aplauso del gobierno español encabezado por el agente José María Aznar.

Lo mismo sucedió cuando el golpe de estado en Honduras, igualmente con el secuestro del Presidente Manuel Celaya, electo democráticamente, algo inaudito que no fue condenado por la OEA, pero sí apoyado plenamente desde Washington por los congresistas mafiosos de origen cubano, Ileana Ros-Lehtinen y los hermanos Díaz–Balart.

Ahora que el gobierno venezolano toma medidas para impedir los planes que desarrolla la oposición financiada y orientada por Estados Unidos, el portavoz del Departamento de Estado, Mark Toner, habla de “ruptura de las normas democráticas y constitucionales que dañan en gran medida las instituciones democráticas de Venezuela y niegan al pueblo venezolano el derecho de moldear el futuro”
Pero la historia no miente y los planes que diseñaron y ejecutaron contra la Revolución cubana, están desclasificados y demuestran que están siendo aplicados casi idénticamente contra el gobierno de Nicolás Maduro.

En 1961 el presidente J.F. Kennedy organizó un Grupo Especial Ampliado dentro del Consejo de Seguridad Nacional, para crear las condiciones necesarias que justificaran una invasión a Cuba por parte del ejército norteamericano. Al frente del mismo fue designado el General de Brigada Edward Lansdale.

Si se analiza con detenimiento que pretendía alcanzar Estados Unidos con ese plan, podremos entender mejor lo que le aplican a Venezuela y comprobar la similitud de sus objetivos y tareas.

El nombre de aquel plan fue Proyecto Cuba y su objetivo era el mismo que hoy desean para Venezuela. Planteaba en detalles cómo acabar con el Gobierno revolucionario que quería el pueblo cubano, pero había que introducir acciones para restarle apoyo y finalmente el rechazo total de las masas.
Entre las ideas diseñadas estaban:

“El objetivo de EE.UU. es ayudar a los cubanos a derrocar al régimen comunista en Cuba, e instaurar un nuevo gobierno con el cual Estados Unidos pueda vivir en paz”.

“Concepto de la Operación: Básicamente, la Operación está dirigida a provocar una rebelión del pueblo cubano. Esta sublevación derrocará al régimen comunista e instaurará un nuevo gobierno con el cual Estados Unidos pueda vivir en paz”.

“La sublevación necesita un movimiento de acción política fuertemente motivado y arraigado en Cuba, capaz de generar la rebelión, de dirigirla hacia el objetivo perseguido y de aprovecharse de su momento clímax”.

“La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen, y las de tipo militar darán al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos”.

“El clímax del levantamiento saldrá de la reacción airada del pueblo ante un hecho gubernamental (producido por un incidente), o de un resquebrajamiento en la dirección política del régimen o de ambos incluso”. (Desencadenar esto debe constituir un objetivo primordial del proyecto)

“El movimiento popular aprovechará el momento del clímax para iniciar un levantamiento abierto. Se tomarán y se mantendrán ocupadas las áreas”.

“En caso de ser necesario el movimiento popular pediría ayuda a los países libres del Hemisferio Occidental. De ser posible, Estados Unidos, en concierto con otras naciones del Hemisferio Occidental, brindaría apoyo abierto a la sublevación del pueblo cubano. Tal apoyo incluiría una fuerza militar, si fuera necesario”.

Si alguien aún tiene dudas de que la actual situación creada en Venezuela no es idéntica a la que Estados Unidos intentó por todos los medios fabricar en Cuba, deberá estudiar con detenimiento este documento publicado en el Volumen X, 1961-63, Foreign Relations, State Department, páginas 745-747, y otros planes más para comprenderlo, porque todo está escrito y publicado.

Solo la unidad del pueblo le dará la victoria a Venezuela, como pasó con los cubanos, porque José Martí nos enseñó que:

“Alzar la frente es mucho más hermoso que bajarla; golpear la vida es más hermoso que abatirse y tenderse en la tierra por sus golpes”.

Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba

La OEA que enfrentó a Venezuela es la misma que endosó agresiones e intervenciones militares; es la que ha guardado cómplice silencio ante graves violaciones democráticas y de derechos humanos en todo el hemisferio

La sala Simón Bolívar que, para escarnio del Libertador, ocupa el Consejo Permanente de la decadente y vergonzosa Organización de Estados Americanos (OEA) fue testigo este 28 de marzo del combate de sus descendientes —hijos del líder bolivariano Hugo Chávez—, en defensa de la soberanía, la independencia, la autodeterminación y la dignidad de Venezuela y de toda Nuestra América.

La batalla librada fue por principios, en contra de las intenciones imperiales y oligárquicas de truncar el derecho de los pueblos y los Estados a emanciparse, ejercer su soberanía y darse el sistema político, económico, social y cultural que libremente elijan.

La OEA que enfrentó a Venezuela es la misma que endosó agresiones e intervenciones militares; es la que ha guardado cómplice silencio ante graves violaciones democráticas y de derechos humanos en todo el hemisferio, que incluyen, entre otras, golpes de Estado, desapariciones de personas, detenciones arbitrarias, torturas y asesinatos de estudiantes, periodistas y líderes sociales; desplazamientos forzados causados por la pobreza y la violencia; muros, deportaciones, comercio desigual, contaminación medioambiental, narcotráfico y agresiones culturales.

Es evidente la coincidencia entre la actual agitación de la OEA y aquel 1962, cuando la conjura era contra Cuba. El Ministerio de Colonias vuelve a cometer hoy los mismos errores: nuevamente funcionaron las intensas presiones y chantajes de EE.UU. sobre un grupo de países, incluyendo los más pequeños y vulnerables; y otra vez se produjo la actitud sumisa de aquellos que prefieren hincarse y someterse, a enfrentar al gigante de las siete leguas.

El papel de verdugo correspondió a un senador y aspirante perdedor al trono del imperio, en las últimas elecciones presidenciales, y quedará para la historia como evidencia de la necesidad de cambiar la relación enfermiza entre esa América y la nuestra.

Se confirma la certeza de que la proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz adoptada por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños refleja los principios para tratarnos con respeto y fraternidad entre nosotros, y a la vez el reclamo como países independientes de ser tratados como iguales.

La OEA demostró una vez más su incapacidad para frenar la execrable e histérica postura de su Secretario General, al servicio de los centros de poder y en franca violación de la letra y el espíritu de la propia Carta de esa lamentable organización. Con suficiente elocuencia, quedó demostrado cómo el Consejo Permanente intervino en asuntos de la jurisdicción interna de uno de sus Estados miembros, en flagrante quebrantamiento del artículo 1 de la Carta fundacional.

Sin embargo, no logró imponerse al Consejo Permanente una decisión en contra de Venezuela, ni darle continuidad a los intentos de aplicar la Carta Democrática Interamericana a ese país, con la finalidad de su suspensión, ni aprobar ningún informe u hoja de ruta mal intencionados e injerencistas.

Se demostró que Venezuela no está sola. Es motivo de orgullo la valiente defensa de quienes colocaron en alto la dignidad latinoamericana y caribeña, y se pusieron del lado de la verdad, la razón y la justicia. La OEA, su Secretario General y su dueño, no podrán con la Revolución Bolivariana y chavista que dirige el indoblegable presidente Nicolás Maduro Moros, ni con la unión cívico militar de su pueblo que él encabeza.

Mientras la ignominia y la vergüenza se retorcían en Washington, en Caracas, ese pueblo bravo, cuyos derechos humanos y libertades democráticas fueron enaltecidos por la Revolución, respaldaba a su gobierno y celebraba en las calles la victoria de la moral y de las ideas bolivarianas.

La Habana, 28 de marzo de 2017