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Nota Oficial del Ministerio del Interior en Villa Clara

El Ministerio del Interior en la provincia Villa Clara prioriza la investigación de un hecho de asesinato por el que resultó occisa una estudiante que cursaba el cuarto año de la carrera de Medicina en la Universidad de Ciencias Médicas del territorio.


Leidy Laura García Lugo, una joven estudiante de 24 años de edad que cursaba el cuarto año de la carrera de Medicina en Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara.
asesinada, con señales de “violencia extrema”, tras reportarse como desaparecida desde el pasado 30 de marzo

Desde el pasado sábado 30 de marzo, comenzó un intenso trabajo al radicarse una denuncia por la ausencia a su domicilio, ubicado en la localidad de Esperanza, del municipio de Ranchuelo, donde era esperada porterior a concluir su servicio de guardia rotativo, en el hospital ginecobstétrico “Mariana Grajales” de Santa Clara, como parte de su formación como profesional de la Salud.

Un equipo especializado del Ministerio del Interior trabaja en el esclarecimiento del hecho, cuyo resultado se informará a través de los medios de comunicación.

Sentenciados en Cienfuegos asesinos de la joven Leidy Maura

El periódico 5 de Septiembre conoció, por la familia de la víctima, la sentencia dispuesta por el Tribunal Provincial Popular de Cienfuegos por la Causa 124/18.

El periódico 5 de Septiembre conoció, por la familia de la víctima, la sentencia dispuesta por el Tribunal Provincial Popular de Cienfuegos por la Causa 124/18, donde se juzgó a tres individuos, entre otros hechos, por violar y asesinar en septiembre de 2017 a la joven Leidy Maura Pacheco Mur, de 18 años de edad, juicio que concluyó el miércoles 8 de agosto.

Como resultado de la causa, el Tribunal sancionó a Irael Enrique Campos, de 32 años de edad, a privación perpetua de libertad; también condenó a Darián Gómez Chaviano, de 25 años, a privación perpetua de libertad. En el caso de Henry Hanoi Tamayo Hernández, de 19 años, y menor ante la ley, el Tribunal impuso una sanción conjunta de 30 años de privación de libertad.

Esta sentencia puede estar sujeta al derecho del recurso de Casación, por parte de los acusados o el Fiscal, ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo Popular, lo que ratificaría o modificaría la decisión del Tribunal Provincial.

Lamentablemente, no nos fue posible acceder a la información oficial por razones ajenas a la voluntad del Periódico.

 
Tomado del Portal Digital CubaSi.Cu

Memorias de un asesinato

La viuda del pescador cubano Rodolfo Rosell recuerda con angustia el crimen perpetrado hace 55 años, desde la Base Naval, y acusa al imperialismo por su presencia en suelo cubano

 
 
 

GUANTÁNAMO.— «Lo que hicieron fue una salvajada. Lo conocí por la entrada en la frente. Estaba muy inflamado y quemado por el sol, cuando llegaron al muelle de Caimanera con su cuerpo. Ellos sabían que él trabajaba para la Revolución.

«Lo hicieron por eso, tal vez para sacarle alguna información que no obtuvieron, o para acobardar a los pescadores, porque siempre estaban provocándolos, tratando de intimidarlos desde el otro lado.

«Yo sé que fueron ellos, quién más pudo ser. No teníamos otros enemigos que los militares de la Base Naval, siempre tan prepotentes. ¿Cómo van a matar a una persona y torturarla con saña porque no pensara o actuara como ellos? Terroristas es lo que son, y debieran largarse ya de allí y devolver ese pedazo nuestro de mar y tierra que ocupan ilegalmente».

Hoy tiene 84 años esta mujer que recuerda con angustia el asesinato de Rodolfo Rosell Salas y acusa al imperialismo por su indeseable presencia en suelo cubano. Su nombre es Eloísa Berto Martínez, y es la viuda de ese pescador cubano encontrado sin vida sobre su lancha, en cayo Tres Piedras, distante a unas cinco millas del poblado de Caimanera y en territorio de la Base Naval.

Al filo de las seis de la tarde de este lunes, estaba ella cabizbaja y triste en el portal de su casa de la calle Cuartel y avenida Camilo Cienfuegos, en la ciudad de Guantánamo. Una morada construida en el mismo año 1962, con la contribución monetaria de la población solidarizada con una familia cubana destrozada.

Tiene en las manos un retrato de boda. Ella y Rodolfo, sonrientes… «Estos días son muy pesados para mí. Me traen recuerdos que, a mi edad, ya me hacen mucho daño, pero vamos a conversar un poquito», me dice con hablar pausado, mientras va hilvanando sus memorias.

«Fue un momento trágico para mí, y para este pueblo, tanto que incluso a veces se crean algunas confusiones con los hechos y las fechas», expresa.

Cuenta la viuda que el día 11 de julio de 1962, a las cuatro de la tarde como siempre, Rodolfo Rosell salió de la casa, en la calle La Güira número 64, en Caimanera. «Solo llevaba su pomito con café, porque siempre dejaba todo lo de la pesca en su bote, cerca de la cooperativa pesquera donde trabajaba. Yo no quería que fuera a pescar ese día, porque estaba casi al parir a nuestro tercer hijo.

«Me dijo que ya había hablado con sus compañeros para que estuvieran atentos y le avisaran si me entraban los dolores del parto. Y se fue. Hubo una tempestad en la noche y parte de la madrugada, por eso no fui al muelle a esperarlo, como siempre, a las siete de la mañana de aquel día 12.

«Pero cuando vi que ya casi era mediodía y no llegaba, fui a la cooperativa. Me dijeron que no había regresado y que salió solo mar adentro, porque su compañero de pesca no fue ese día. Volví varias veces y nada. Entonces salieron en un barco a buscarlo. Fue prolongada la búsqueda de sus compañeros de trabajo y del cuerpo de guardacostas cubanos.

«Lo encontraron el día 13 en la mañana, específicamente en la playa El Conde. Sobre la popa de su bote Tres Hermanas, que estaba encallado y ladeado completamente, su cuerpo inmóvil, masacrado, descompuesto. En su cráneo y en otras partes había perforaciones hechas probablemente con punzones y hematomas de una cruel golpeadura, y toda la ropa estaba desgarrada.

«Tenía entonces 29 años de edad, como yo, y éramos felices con nuestros hijos. Marisela, la mayor, quien cuando aquello tenía siete años, no quiso ir al cementerio, porque estaba tan descompuesto el cadáver que no podía hacerse funeral, y menos como era en aquellos tiempos en Caimanera, en las casas.

«Pero Rodolfo sí fue, aunque no quiso ver el cadáver de su papá. Era muy pequeño, solo cinco años de edad. Mi hija Reyna no conoció a su padre, pues nació ocho días después de que lo mataran.

«Todo el pueblo fue al entierro y gritaba: “Asesinos, asesinos”, con la vista puesta en el enclave yanqui. Porque ellos son los responsables. Fue una salvajada lo que hicieron, y esas son de las cosas de la historia que no se pueden olvidar».

La última vez que se asesinó un periodista en Cuba hace 59 años

Periodista ecuatoriano Carlos Bastida Arguello, asesinado en La Habana en 1958
Cuando las balas asesinas que salían de la pistola del cabo de la policía batistiana Orlando Marrero Suárez, más conocido por Gallo Ronco, cegaron la vida del periodista ecuatoriano Carlos Bastida Argüello en el bar habanero Cachet, enclavado en la calle Prado entre Neptuno y Virtudes, se estaba asesinando al último periodista en Cuba. Era el 13 de mayo de 1958.

Bastidas había llegado a Cuba ese mismo año, interesado en conocer detalles de la lucha insurreccional que dirigía el comandante Fidel Castro, al frente del Ejército Rebelde, quien al frente de un puñado de rebeldes mal armados, tenía en jaque a las fuerzas armadas que apoyaban al sátrapa dictador, con el amparo de Washington.
Con apenas 23 años, el joven reportero ecuatoriano llegó a Cuba con un sólido aval periodístico, después hacer varios trabajos para la agencia norteamericana Asociated Press, para quien reporta los sucesos políticos acaecidos en Hungría en 1956 y las caídas de las dictaduras de Rojas Pinilla, en Colombia, y Pérez Jiménez, en Venezuela.
A su paso por Caracas, conoce al periodista argentino Jorge Ricardo Massetti, quien años más tarde fundaría en la Habana, a propuesta de los comandantes Fidel Castro y Ernesto “Ché” Guevara, la Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina.
Según relata el periodista e investigador cubano Juan Marrero González, en su libro Andanzas de Atahualpa Recio, -seudónimo empleado en Cuba por el periodista ecuatoriano-, Bastidas llegó a la isla con el afán de subir a la Sierra Maestra, para conocer y difundir la verdad acerca de la lucha insurreccional.
“Vivió allí como un revolucionario más”, afirma en su libro Juan Marrero. Fue de los primeros que habló a través de la emisora radial clandestina Radio Rebelde antes que se fundara oficialmente, y luego se trasladó a la comandancia en La Plata, donde establece una relación con Fidel, Celia Sánchez y otros compañeros de la dirección del Ejército Rebelde.

Bastidas se reencuentra con Masetti en los territorios liberados de la Sierra Maestra
donde permaneció varias semanas con las tropas revolucionarias y logró entrevistarse con su líder Fidel Castro.
Después de compartir con las tropas rebeldes cubanas, Bastidas regresó a La Habana el domingo 11 de mayo, y según narra en un artículo recientemente publicado por el periodista Jean Guy Allard, visitó el Colegio Provincial de Periodistas, acudió a la Embajada de Ecuador y se alojó en el Hotel Pasaje, en Centro Habana, con el propósito de seguir luego hacia Estados Unidos, después de un último contacto con miembros del Movimiento 26 de Julio.
El cabo Marrero, quien cumplía órdenes expresas del coronel Pilar García, uno de los más sanguinarios jefes militares de la tiranía y Jefe de la Policía Nacional, y el también coronel Orlando Piedra, jefe del tristemente célebre Buró de Investigaciones, seguía la pista del joven periodista ecuatoriano.
Según testigos presenciales, el cabo Marrero entró al bar Cachet, se acercó a Bastidas y empezó a ofenderlo. Sorprendido por esta agresión verbal, el periodista ecuatoriano iba a replicar cuando el matón le entró a golpes, y al caer al suelo, le propinó tres disparos mortales en la cabeza.
Recuerda el colega Allard que en una interesante nota publicada con motivo del 50 aniversario del crimen contra el periodista y mártir ecuatoriano, el periodista y escritor chileno Ernesto Carmona, después de recordar los hechos, concluyó: “Carlos Bastidas Arguello fue el último periodista asesinado en Cuba, pero su muerte nunca fue condenada por Reporteros Sin Fronteras y la Sociedad Interamericana de Prensa, como tampoco ocurre con la desaparición, torturas y asesinatos de casi un millar de periodistas latinoamericanos durante las últimas cuatro décadas”.
También la colega Aleida Godínez, en un artículo publicado hace algunos años sobre este hecho, recordó que “a pesar de las campañas enemigas contra la Revolución Cubana, ningún periodista ni cubano ni extranjero encontró la muerte violenta por ejercer su profesión ni emitir sus opiniones”
Carlos Bastidas Argüello fue el último periodista asesinado en Cuba, porque en estos 55 años de Revolución en la que él creyó y confió, la vida de los periodistas ha sido siempre respetada.
Publicado por Miguel Fernández Martínez