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La visita a Cuba del presidente Barack Obama

Cuba ratifica su voluntad de avanzar en las relaciones con los Estados Unidos, sobre la base de la observancia de los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas y de los principios de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz
Autor: Granma | internet@granma.cu
8 de marzo de 2016 23:03:39
El presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, realizará una visita oficial a Cuba entre el 20 y el 22 de marzo próximos.
Será la segunda ocasión que un mandatario estadounidense llega a nuestro archipiélago. Antes solo lo hizo Calvin Coolidge, quien desembarcó en La Ha­bana en enero de 1928. Arribó a bordo de un buque de guerra para asistir a la VI Conferencia Panamericana, que se efectuaba por aquellos días bajo los auspicios de un personaje local de infausta memoria, Gerardo Machado. Esta será la primera vez que un Presidente de los Estados Unidos viene a una Cuba dueña de su soberanía y con una Revolución en el poder, encabezada por su liderazgo histórico.
Este hecho se inserta en el proceso iniciado el 17 de diciembre de 2014, cuando el presidente de los Consejos de Estado y de Mi­nis­tros de Cuba, General de Ejército Raúl Cas­tro Ruz y el presidente Barack Obama, anunciaron simultáneamente la decisión de restablecer las relaciones di­plomáticas, rotas por los Estados Unidos casi 54 años antes. Forma parte del complejo proceso hacia la normalización de los vínculos bilaterales, que apenas se inicia y que ha avanzado sobre el único terreno posible y justo: el respeto, la igualdad, la reciprocidad y el reconocimiento de la legitimidad de nuestro gobierno.
Se ha llegado a este momento como resultado de la heroica resistencia del pueblo cubano y su lealtad a los principios, la defensa de la independencia y la soberanía nacionales, en primerísimo lugar. Tales valores, no negociados en más de 50 años, condujeron al actual gobierno de los Estados Unidos a admitir los daños severos que el bloqueo ha causado a nuestra población y al reconocimiento del fracaso de la política de abierta hostilidad hacia la Revolución. Ni la fuerza, ni la coerción económica, ni el aislamiento lograron imponer a Cuba una condición contraria a sus aspiraciones forjadas en casi siglo y medio de heroicas luchas.
El actual proceso con los Estados Unidos ha sido posible también gracias a la inquebrantable solidaridad internacional, en particular, de los gobiernos y pueblos latinoamericanos y caribeños, que colocaron a los Es­ta­dos Unidos en una situación de aislamiento in­sos­tenible. “Como la plata en las raíces de Los Andes” —tal como expresara nuestro Hé­roe Nacional José Martí en su ensayo “Nues­tra América”—, América Latina y el Caribe, fuertemente unidos, reclamaron el cambio de la política hacia Cuba. Esta demanda regional se patentizó de manera inequívoca en las Cum­bres de las Américas de Puerto España, Trinidad y Tobago, en 2009, y de Car­tagena, Co­lombia, en 2012, cuando to­dos los países de la región exigieron unánime y categóricamente el levantamiento del bloqueo y la participación de nuestro país en la VII cita hemisférica de Panamá, en 2015, a la que por primera vez asistió una delegación cubana, encabezada por Raúl.
Desde los anuncios de diciembre de 2014, Cuba y los Estados Unidos han da­do pasos hacia la mejoría del contexto bilateral.
El 20 de julio de 2015, quedaron oficialmente restablecidas las relaciones diplomáticas, con el compromiso de desarrollarlas sobre la base del respeto, la cooperación y la observancia de los principios del Derecho Internacional.
Han tenido lugar dos encuentros entre los Presidentes de ambos países, además de intercambios de visitas de ministros y otros contactos de funcionarios de alto nivel. La cooperación en disímiles áreas de beneficio mutuo avanza y se abren espacios de discusión, que permiten un diálogo sobre temas de interés bilateral y multilateral, incluyendo aquellos en los que tenemos diferentes concepciones.
El mandatario estadounidense será bienvenido por el Gobierno de Cuba y su pueblo con la hospitalidad que los distingue y será tratado con toda consideración y respeto, como Jefe de Estado.
Esta será una oportunidad para que el Presidente de los Estados Unidos aprecie directamente una nación enfrascada en su desarrollo económico y social, y en el mejoramiento del bienestar de sus ciudadanos. Este pueblo disfruta derechos y puede exhibir logros que constituyen una quimera para muchos países del mundo, a pesar de las limitaciones que se derivan de su condición de país bloqueado y subdesarrollado, lo cual le ha merecido el reconocimiento y el respeto internacionales.
Personalidades de talla mundial como el Papa Francisco y el Patriarca Kirill describieron a esta isla, en su declaración conjunta emitida en La Habana en febrero, como “un símbolo de esperanza del Nuevo Mundo”. El presidente francés, François Hollande afirmó recientemente que “Cuba es respetada y escuchada en toda América Latina” y elogió su capacidad de resistencia ante las más difíciles pruebas. El líder sudafricano Nelson Man­dela tuvo siempre para Cuba palabras de profundo agradecimiento: “Noso­tros en África —dijo en Matanzas, el 26 de julio de 1991— estamos acostumbrados a ser víctimas de otros países que quieren desgajar nuestro territorio o subvertir nues­tra soberanía. En la historia de África no existe otro caso de un pueblo (como el cubano) que se haya alzado en defensa de uno de nosotros”.
Obama se encontrará con un país que contribuye activamente a la paz y la estabilidad regional y mundial, y que comparte con otros pueblos no lo que le sobra, sino los modestos recursos con que cuenta, haciendo de la solidaridad un elemento esencial de su razón de ser y del bienestar de la humanidad, como nos legara Martí, uno de los objetivos fundamentales de su política internacional.
También tendrá la ocasión de conocer a un pueblo noble, amistoso y digno, con un alto sentido del patriotismo y la unidad nacional, que siempre ha luchado por un futuro mejor a pesar de las adversidades que ha tenido que enfrentar. El presidente de los Estados Unidos será recibido por un pueblo revolucionario, con una profunda cultura política, que es resultado de una larga tradición de lucha por su verdadera y definitiva independencia, primero contra el colonialismo español y después contra la dominación imperialista de los Estados Unidos; una lucha en la que sus mejores hijos han derramado su sangre y han asumido todos los riesgos. Un pueblo que nunca claudicará en la defensa de sus principios y de la vasta obra de su Re­volución, que sigue sin vacilación el ejemplo de Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Antonio Maceo, Julio Antonio Me­lla, Rubén Martínez Villena, An­tonio Guiteras y Ernesto Che Guevara, entre muchos otros.
Este también es un pueblo al que lo unen lazos históricos, culturales y afectivos con el estadounidense, cuya figura paradigmática, el escritor Ernest He­ming­way, recibió el Nobel de Literatura por una novela ambientada en Cuba. Un pueblo que muestra gratitud hacia aquellos hijos de los Estados Uni­dos que, como Thomas Jordan[1], Hen­ry Ree­ve, Win­chester Osgood[2] y Fre­derick Funs­ton[3], combatieron junto al Ejército Libertador en nuestras guerras por la independencia de España; y a los que en época más reciente se opusieron a las agresiones contra Cuba, desafiaron el bloqueo, como el Reverendo Lucius Walker, para traer su ayuda solidaria a nuestro pueblo, y apoyaron el regreso a la Patria del niño Elián González y de nuestros Cinco Héroes. De Martí aprendimos a admirar a la patria de Lincoln y a repudiar a Cutting[4].
Vale recordar las palabras del Líder histórico de la Revolución Cubana, el Co­mandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el 11 de septiembre de 2001, cuando afirmó: “Hoy es un día de tragedia para Estados Unidos. Ustedes saben bien que aquí jamás se ha sembrado odio contra el pueblo norteamericano. Quizás, precisamente por su cultura y por su falta de complejos, al sentirse plenamente libre, con patria y sin amo, Cuba sea el país donde se trate con más respeto a los ciudadanos norteamericanos. Nunca hemos predicado ningún género de odios nacionales, ni cosas parecidas al fanatismo, por eso somos tan fuertes, porque basamos nuestra conducta en principios y en ideas, y tratamos con gran respeto —y ellos se percatan de eso— a cada ciudadano norteamericano que visita a nuestro país”.
Este es el pueblo que recibirá al presidente Barack Obama, orgulloso de su historia, sus raíces, su cultura nacional y confiado en que un futuro mejor es posible. Una nación que asume con serenidad y determinación la eta­pa actual en las relaciones con los Estados Uni­dos, que reconoce las oportunidades y tam­bién los problemas no resueltos entre am­bos países.
La visita del Presidente de los Estados Uni­dos será un paso importante en el proceso hacia la normalización de las relaciones bilaterales. Hay que recordar que Obama, como lo hizo antes James Carter, se ha propuesto, desde el ejercicio de sus facultades presidenciales, trabajar para normalizar los vínculos con Cuba y, en consecuencia, ha realizado acciones concretas en esta dirección.
Sin embargo, para llegar a la normalización queda un largo y complejo camino por recorrer, que requerirá de la solución de asuntos claves que se han acumulado por más de cinco décadas y que profundizaron el carácter confrontacional de los vínculos entre los dos países. Tales problemas no se resolverán de la noche a la ma­ñana, ni con una visita presidencial.
Para normalizar las relaciones con los Estados Unidos será determinante que se levante el bloqueo económico, comercial y financiero, que provoca privaciones al pueblo cubano y es el principal obstáculo para el desarrollo de la economía de nuestro país.
Debe reconocerse la posición reiterada del presidente Barack Obama de que el bloqueo tiene que ser eliminado y sus llamados al Congreso para que lo levante. Este es también un reclamo mayoritario y creciente de la opinión pública estadounidense, y casi unánime de la comunidad internacional, que en 24 ocasiones consecutivas ha aprobado en la Asam­blea General de las Naciones Unidas la resolución cubana “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero im­puesto por los Estados Unidos de América con­tra Cuba”.
El mandatario estadounidense ha adop­tado medidas para modificar la aplicación de algunos aspectos del bloqueo, que son positivas. Altos funcionarios de su gobierno han dicho que están en estudio otras. Sin embargo, no ha sido posible implementar una bue­na parte de las medidas, por su alcance limitado, por la persistencia de otras regulaciones y por los efectos intimidatorios del bloqueo en su conjunto, que ha sido aplicado duramente por más de cincuenta años.
Resulta paradójico que, por una parte, el gobierno tome medidas y que, por otra, arrecie las sanciones contra Cuba, que afectan la vida cotidiana de nuestro pueblo.
La realidad sigue mostrando que el bloqueo se mantiene y se aplica con rigor y con un marcado alcance extraterritorial, lo cual tiene efectos disuasivos para las empresas y los bancos de los Estados Unidos y de otros países. Ejemplo de ello son las multas multimillonarias que se continúan imponiendo a compañías y entidades bancarias estadounidenses y de otras nacionalidades por relacionarse con Cuba; la denegación de servicios y el cierre de operaciones financieras de bancos internacionales con nuestro país; y la congelación de transferencias legítimas de fondos hacia y desde Cuba, incluso en monedas distintas al dólar estadounidense.
El pueblo de Cuba espera que la visita del mandatario estadounidense consolide su vo­luntad de involucrarse activamente en un de­bate a fondo con el Congreso para el levantamiento del bloqueo y que entretanto, continúe haciendo uso de sus prerrogativas ejecutivas para modificar tanto como sea posible su aplicación, sin necesidad de una acción legislativa.
Otros asuntos que son lesivos a la soberanía cubana también tendrán que ser resueltos para poder alcanzar relaciones normales en­tre los dos países. El territorio ocupado por la Base Naval de los Estados Unidos en Guan­tá­namo, en contra de la voluntad de nuestro go­bierno y pueblo, tiene que ser devuelto a Cu­ba, cumpliendo el deseo unánime de los cu­ba­nos desde hace más de cien años. De­ben ser eliminados los programas injerencistas di­rigidos a provocar situaciones de desestabilización y cambios en el or­den político, económico y social de nues­tro país. La política de “cambio de ré­gimen” tiene que ser definitivamente sepultada.
Asimismo, debe abandonarse la pretensión de fabricar una oposición política interna, sufragada con dinero de los contribuyentes estadounidenses. Tendrá que ponérsele término a las agresiones radiales y televisivas contra Cuba en franca violación del Derecho Internacional y al uso ilegítimo de las telecomunicaciones con objetivos políticos, reconociendo que el fin no es ejercer una determinada influencia sobre la sociedad cubana, sino poner las tecnologías en función del desarrollo y el conocimiento.
El trato migratorio preferencial que reciben nuestros ciudadanos, en virtud de la Ley de Ajuste Cubano y de la política de pies secos-pies mojados, causa pérdidas de vidas humanas y alienta la emigración ilegal y el tráfico de personas, además de generar problemas a terceros países. Esta situación debe ser modificada, como habría que cancelar el programa de “parole” para profesionales médicos cubanos, que priva al país de recursos humanos vitales para atender la salud de nuestro pueblo y afecta a los beneficiarios de la cooperación de Cuba con naciones que la necesitan. Asi­mismo, debe cambiarse la política que pone como condición a los atletas cubanos romper con su país para poder jugar en las Ligas de los Estados Unidos.
Estas políticas del pasado son incongruentes con la nueva etapa que el gobierno de los Estados Unidos ha iniciado con nuestro país. Todas son anteriores al presidente Obama, pero él podría modificar algunas de ellas por decisión ejecutiva y otras eliminarlas totalmente.
Cuba se ha involucrado en la construcción de una nueva relación con los Estados Unidos en pleno ejercicio de su soberanía y comprometida con sus ideales de justicia social y solidaridad. Nadie puede pretender que para ello, tengamos que renunciar a uno solo de sus principios, ceder un ápice en su defensa, ni abandonar lo proclamado en la Cons­titución: “Las relaciones económicas, di­plomáticas con cualquier otro Estado no podrán jamás ser negociadas bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera”.
No se puede albergar tampoco la me­nor du­da respecto al apego irrestricto de Cuba a sus ideales revolucionarios y an­timperialistas, y a su política exterior com­prometida con las causas justas del mundo, la defensa de la autodeterminación de los pueblos y el tradicional apoyo a nuestros países hermanos.
Como expresó la última Declaración del Gobierno Revolucionario, es y será inamovible nuestra solidaridad con la República Bo­livariana de Venezuela, el gobierno encabezado por el presidente Nicolás Maduro y el pueblo bolivariano y chavista, que lucha por seguir su propio camino y enfrenta sistemáticos intentos de desestabilización y sanciones unilaterales establecidas por la Orden Eje­cu­tiva infundada e injusta de marzo de 2015 que fue condenada por América Latina y el Caribe. La notificación emitida el pasado 3 de marzo prorrogando la llamada “Emer­gencia Na­cio­nal” y las sanciones, es una intromisión directa e inaceptable en los asuntos internos de Venezuela y en su soberanía. Aquella Orden debe ser abolida y esto será un reclamo permanente y firme de Cuba.
Como señalara el General de Ejército Raúl Castro, “no renunciaremos a nuestros ideales de independencia y justicia social, ni claudicaremos en uno solo de nuestros principios, ni cederemos un milímetro en la defensa de la soberanía nacional. No nos dejaremos presionar en nuestros asuntos internos. Nos hemos ganado este derecho soberano con grandes sacrificios y al precio de los mayores riesgos”.
Llegamos hasta aquí, reiteramos una vez más, por la defensa de nuestras convicciones y porque nos asiste la razón y la justicia.
Cuba ratifica su voluntad de avanzar en las relaciones con los Estados Unidos, sobre la base de la observancia de los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas y de los principios de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada por los Jefes de Estado y Gobierno de la región, que incluyen el respeto absoluto a su independencia y soberanía, el derecho inalienable de todo Estado a elegir el sistema político, económico, social y cultural sin injerencias de ninguna forma; la igualdad y la reciprocidad.
Cuba reitera a su vez, plena disposición a mantener un diálogo respetuoso con el Go­bierno de los Estados Unidos y a desarrollar relaciones de convivencia civilizada. Convivir no significa tener que renunciar a las ideas en las cuales creemos y que nos han traído hasta aquí, a nuestro socialismo, a nuestra historia, a nuestra cultura.
Las profundas diferencias de concepciones entre Cuba y los Estados Unidos sobre los modelos políticos, la democracia, el ejercicio de los derechos humanos, la justicia social, las relaciones internacionales, la paz y la estabilidad mundial, entre otros, persistirán.
Cuba defiende la indivisibilidad, interdependencia y universalidad de los derechos hu­manos civiles, políticos, económicos, so­ciales y culturales. Estamos convencidos que es obligación de los gobiernos defender y ga­rantizar el derecho a la salud, la educación, la seguridad social, el salario igual por trabajo igual, el derecho de los niños, así como el derecho a la alimentación y al desarrollo. Re­cha­za­mos la manipulación política y el doble rasero sobre los derechos humanos, que deben ce­sar. Cuba, que se ha adherido a 44 instrumentos internacionales en esta materia, mientras que los Estados Unidos solo han suscrito 18, tiene mucho que opinar, que defender y que mostrar.
De lo que se trata en nuestros vínculos con los Estados Unidos, es que ambos países respeten sus diferencias y creen una relación ba­sada en el beneficio de ambos pueblos.
Independientemente de los avances que se puedan alcanzar en los vínculos con los Es­tados Unidos, el pueblo cubano seguirá adelante. Con nuestros propios esfuerzos y probada capacidad y creatividad, continuaremos trabajando por el de­sarrollo del país y el bienestar de los cubanos. No cejaremos en la de­manda por el levantamiento del bloqueo que tan­to daño nos ha hecho y hace. Per­sis­ti­re­mos en llevar adelante el proceso de ac­tualización del modelo económico y so­cial que hemos elegido, y de construcción de un socialismo prós­pero y sostenible para consolidar los lo­gros de la Re­volución.
Un camino soberanamente escogido y que seguramente será ratificado en el VII Congreso del Partido Co­mu­nis­ta, con Fidel y Raúl en la victoria.
Esta es la Cuba que dará respetuosa bienvenida al presidente Obama.

[1] Mayor General, Jefe del Estado Mayor del Ejército Libertador (1869).

[2] Comandante. Cayó en combate en el sitio a Guáimaro, el 28 de octubre de 1896.

[3] Coronel artillero, a las órdenes de Calixto García.

[4] Personaje que en 1886 atizó el odio y la agresión contra México

Viaje a Cuba, pasando por Guantánamo

Guantanamo

Entre las promesas incumplidas por el presidente Barack Obama, se encuentra el cierre de la cárcel en la ilegal base de Guantánamo
Autor: Elson Concepción Pérez | internet@granma.cu
26 de febrero de 2016 20:02:46

Esta semana el presidente norteamericano Ba­rack Obama presentó al Congreso de su país un proyecto para cerrar la cárcel de la ilegal base de Guantánamo, Cuba.
La idea lleva más de ocho años de lanzada públicamente, pues el actual gobernante, en su campaña electoral para el primer mandato, puso el tema de Guantánamo entre sus prioridades. Pero…
Ahora, cuando falta menos de un mes para que Obama se convierta en el primer presidente de Estados Unidos en visitar Cuba en los últimos 80 años, el cierre de la cárcel de Guantánamo ha vuelto al centro mediático, cuando se sabe que un Con­greso totalmente contrario ha reiterado la ne­gativa en aceptar tal medida.
En tal caso, el tema de los reos que aún quedan en aquel reclusorio donde muchos fueron torturados y hasta murieron por las salvajes prácticas usadas contra ellos, está en un limbo jurídico.
Obama pretende que unos 60 sean llevados a prisiones norteamericanas. Pero los republicanos se niegan a ello.
En cuanto al resto de los reclusos, a cuentagotas se han ido ubicando en terceros países.
Según la agencia EFE, el presidente contempla 13 prisiones diferentes dentro de Estados Uni­dos; y el presupuesto estimado por el Gobierno para acomodar a los detenidos de Guantánamo en suelo estadounidense va de 290 millones a 475 millones de dólares, en función de cuántos sean reubicados finalmente y de la instalación elegida.
De los 91 reos que alberga actualmente Guan­tánamo, un total de 35 han recibido la aprobación para ser enviados a terceros países “en los próximos meses”, sostuvo el mandatario.
Vale recordar que la instalación carcelera en la ilegal base de Guantánamo fue creada por el expre­sidente de Estados Unidos George W. Bush, quien envió al lugar a más de 800 prisioneros de va­rios países por el solo hecho de tener facciones árabes.
Esa historia estuvo acompañada con los vuelos secretos de la CIA estadounidense que involucraron a algunos países europeos que permitieron el tránsito de las naves aéreas con la ilegal carga hu­mana.
Los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos, fueron el pretexto de Bush para lanzar lo que llamó una “cruzada antiterrorista”, convertida de hecho en una siniestra maquinaria en la que se violaban los más elementales derechos humanos.
Las bárbaras torturas a que fueron sometidos los detenidos en la cárcel de Guantánamo; el he­cho de que la mayoría de ellos no tuvo acusación alguna que lo pusiera en evidencia como su­puesto terrorista; y el no permitírsele abogados defensores ni otros instrumentos jurídicos contenidos en las leyes internacionales; hicieron del te­ma una verdadera pesadilla moral para los si­gu­ie­n­tes gobiernos de Estados Unidos.
Llegó al poder entonces, en el 2008, Barack Obama, y entre sus compromisos de campaña, con verdadero apoyo de la población norteamericana y de muchos países e instituciones del mun­do; sostuvo que cerraría la cárcel de Guan­tá­na­mo por constituir un desprestigio para Estados Uni­dos.
No lo ha podido hacer, principalmente por la férrea oposición de la bancada republicana del Congreso, cuando solo le queda menos de un año como inquilino de la Casa Blanca.
Sin embargo, dio pasos verdaderamente comprometidos al restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba y se pronunció por la eliminación del bloqueo.
Pero, de cerrarse la cárcel de Guantánamo, la visita de Obama a Cuba deberá seguir contribuyendo al objetivo de verdaderas relaciones entre ambos países, algo que pasaría necesariamente por algo más que la existencia de esa instalación convertida en verdadero centro de tortura.
Estados Unidos, sea en época de Obama o de quien lo sustituya en la Casa Blanca, debe devolver a Cuba la base naval de Guantánamo, ese cán­cer enquistado en la parte más oriental de la Isla de la Libertad.

Para que nadie se ilusione

 

Posted by 
Por Arthur González.
Lo mejor para Estados Unidos y Cuba es lograr algún día relaciones normales, situación que la isla nunca ha conocido desde su independencia de España en 1902, pues el vecino del Norte siempre aspiró a ser el dueño y señor del archipiélago mayor de las Antillas.tio sam
Así lo recoge la historia desde que, en 1802, el gobernador de Mississippi, William C. Claiborne, en carta al presidente Thomas Jefferson, le decía:
“…nada deseo más que ver la bandera de mi país ondeando sobre el castillo de El Morro. Cuba es la entrada real del Mississippi, y la nación que la posea puede en el futuro mandar en el hemisferio occidental”.
Hasta 1820, Jefferson consideraba que “Cuba era la adición más interesante que jamás pudiera hacerse para nuestro sistema de estados…debemos, a la primera oportunidad, apoderarnos de Cuba”.
Después de restablecidas las relaciones diplomáticas el 17.12.2014, no se perciben indicios sólidos de que ambas naciones puedan llegar a normalizar sus relaciones, a pesar de que el Presidente Barack Obama, diga lo contrario.
El obstáculo principal es la permanencia del criminal Bloqueo económico, comercial y financiero, que Estados Unidos insiste en disfrazar de embargo, cuando sus documentos desclasificados de 1962 lo conceptúan como: una “guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país”.
Adicionalmente existen otros impedimentos con la existencia de la Base Naval en el territorio de Guantánamo, resultante de la imposición de un apéndice a la primera constitución de la naciente república cubana en 1901, conocida como Enmienda Platt, nombre tomado del senador Orville Platt, quien la propuso al presidente estadounidense.
roberta jacobson
Para que nadie se llame a engaño y sueñe con esa normalización de relaciones, que según declaró el Presidente Obama, se logrará durante su reciente anuncio de su visita a Cuba el próximo mes de marzo, la aun secretaria adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Roberta Jacobson, lo dejó bien esclarecido durante su testimonio el 16.02.2016 ante el Comité de Asuntos de Exteriores de la Cámara de Representantes, un día después de haberlo realizado ante el subcomité para Asuntos del Hemisferio Occidental del Senado.
En su descargo la señora Jacobson, aseguró con fuerza irrefutable que:
“Estados Unidos no entregará a Cuba, la Base Naval en Guantánamo, ni tampoco cerrará (las ilegales y subversivas) Radio y TV Martí, añadiendo que “mi gobierno no está interesado en discutir esa cuestión, y el asunto de Guantánamo no está sobre la mesa en estas conversaciones”.
Como se conoce, ella es la responsable de las negociaciones con las autoridades cubanas para el restablecimiento de relaciones bilaterales entre Washington y La Habana, por lo que está envestida de facultades para emitir tales criterios.
Subvertir políticamente a la población cubana es un propósito histórico desde el mismo 1959, cuando triunfó la Revolución encabezada por Fidel Castro, y Radio y TV Martí fueron creadas precisamente con ese fin, bajo los argumentos de “promover una sociedad abierta y plural en Cuba”, algo que nunca intentaron hacer durante la tiranía sangrienta de Fulgencio Batista.
Ambas emisoras han costado a los contribuyentes estadounidenses en los últimos 30 años, 770 millones de dólares, y este 2016 les costará otros 27 millones de dólares más, según afirmó la congresista demócrata Betty McCollum, cuando a finales del pasado mes de enero presentó un proyecto de ley ante la Cámara de Representantes para cerrar los dos medios.
Por tanto, Obama podrá visitar la Habana, disfrutar de sus encantos, de la hospitalidad de su pueblo, comprender lo disparatada que es la política de querer rendir por hambre y enfermedades a los cubanos, pero nada de eso hará derribar el alto y sólido muro del bloqueo económico, comercial y financiero, sostenido además por la Ley para la libertad y la solidaridad democrática cubanas, o Ley Libertad, aprobadas en 1996, más conocida como Ley Helms Burton.
Ante situaciones similares José Martí expresó:
“Los ensueños de la imaginación no valen gran cosa cuando es preciso ejercitar el pensamiento”.

El fantasma de la Enmienda Platt ronda en Guantánamo

 

7 febrero 2016
Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos no alcanzarán la normalización plena que, ambos pueblos merecen, mientras se mantengan vigentes el bloqueo económico, comercial y financiero, la política de subversión y la ilegal Base Naval de Guantánamo.
El 23 de febrero de 1903 la ilegítima Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo cumplirá 113 años. Está ubicada en la mejor bahía de cuba, ocupando un espacio de tierra y mar equivalente a 117.6 km2. Fue la primera base de Estados Unidos en nuestro hemisferio, la más antigua del mundo y la única donde el país sede carece de autoridad contractual para revocarla unilateralmente.
Según el repudiado acuerdo, Cuba posee la “soberanía” del territorio ocupado, pero la plena jurisdicción y señorío lo detenta la potencia ocupante.
Al influjo de la llamada política del “buen vecino” proclamada por el presidente F.D. Roosevelt, y bajo el amparo y complicidad de Fulgencio Batista, hombre de confianza del diplomático estadounidense Sumner Welles, en 1934 se firmó un nuevo acuerdo de relaciones entre ambos países abrogando la injuriosa Enmienda Platt, que ya resultaba innecesaria para la preeminencia del dominio sobre Cuba, pero manteniendo intocable el inciso referido al enclave naval en Guantánamo.
Los 22 presidentes que han pasado por la Casa Blanca desde 1903 la han mantenido inmutable, menospreciando el rechazo histórico del pueblo cubano y en desacato flagrante de las leyes que rigen el derecho internacional.
Lo mismo se puede afirmar de los presidentes cubanos de la seudo-república que, por oportunismo, entreguismo o vocación anexionista, dieron la espalda a los reclamos de su pueblo y a la dignidad de la patria.
En Estados Unidos y en cuba, con honorables excepciones, la base se presentaba no como una ignominiosa imposición, símbolo temprano del advenimiento del imperio estadounidense, que Martí nos anticipara, sino de la manera más irreal posible.
Veamos como un ejemplo ilustrativo, lo que en este sentido, refiere el profesor de Harvard Jonathan Hansen en su más reciente libro titulado “Guantánamo”, escrito después de sus varias visitas a la base:
” … los oficiales de relaciones públicas que me atendieron en mis visitas a la base, repitieron el mismo libreto: … los gallardos marines tomaron la bahía en el primer combate con las fuerzas españolas. Cuba, infinitamente agradecida, consintió el establecimiento de la base naval al final de la guerra española americana; … en los años que lleva la base las fuerzas basificadas en la misma retribuyeron a los cubanos actuando como buenos vecinos, estimulando su economía y, gentilmente, pero con firmeza, interviniendo en las volátiles provincias orientales para salvaguardar la libertad, independencia, estabilidad y la propiedad privada; … tristemente los Castro pusieron punto final a la idílica situación. La guerra levantó una impenetrable barrera entre aliados naturales y le añadió importancia estratégica a la base como garante de libertad en la región.”
Fue a partir del Triunfo de la Revolución, que la devolución del territorio ocupado se convirtió en un tema constitucional y de interés nacional, mientras que para Estados Unidos pasó a ser, durante más de 40 años, un espacio privilegiado para el derrocamiento de la Revolución incluyendo toda clase de provocaciones, conspiraciones y planes subversivos, entre los cuales, según documentos desclasificados por el gobierno estadounidense, se mencionaban la agresión de Playa Girón, la Crisis de Octubre, el Plan Mangosta, Patty–Candela, operaciones bingo, verano, tomar y cargar.
La mayoría de los planes contemplaban los asesinatos de Fidel y Raúl, así como la invasión a Cuba por los marines.
Aún así, cabe mencionar que a partir de la década de los 90 el nivel de tensión en el perímetro entre ambos lados de la frontera registró cierto grado de disminución devenido del comienzo de conversaciones sobre asuntos de interés común, como control de incendios, eventos meteorológicos, operaciones de salvamento, tráfico de drogas, etc.
Me atrevería a afirmar que las nuevas generaciones de estadounidenses poco conocen la verdadera historia.
La base es más conocida como un simple legado de la dependencia cubana de EE.UU., como centro migratorio de reclusión y tránsito de haitianos y cubanos que, como un perenne vestigio imperial, concertado en condiciones de absoluta desigualdad.
A partir del 11 de septiembre, adquirió destacada notoriedad mediática internacional como campo de concentración para los prisioneros de las guerras en Afganistán e Iraq, sospechosos de pertenecer a la organización terrorista Al Qaeda, enjaulados y sometidos a sistemáticos abusos y crueles prácticas de tortura contraviniendo los más elementales preceptos del derecho humanitario y de la Convención de Ginebra sobre prisioneros de guerra.
Las intenciones y promesas del Presidente Obama de cerrar la cárcel de Guantánamo permanecen incumplidas por la oposición política y pública y no implican, según sus propias declaraciones, el cierre de la ilegal base naval militar.
Igualmente, los altos mandos del Pentágono se han manifestado opuestos al cierre, basándose en el carácter estratégico de la base.
Otros ex militares de alta gradación consideran lo contrario. A ellos se suman no pocos académicos y significativas figuras de la diplomacia estadounidense, entre los cuales se encuentran varios ex jefes de la otrora Oficina de Intereses de Washington en La Habana.
El supuesto carácter estratégico de la base carece de sustentación, no vivimos en el 1903 cuando la instalación era única en toda la región latinoamericana y caribeña; hoy el imperio cuenta con 36 bases repartidas por toda la América Latina y el Caribe.
Tampoco vivimos en tiempos de Guerra Fría sino en tiempos en que nuestra región transpira paz y ejemplo de ello es la Declaración de la CELAC a la América Latina y el Caribe como zona de paz.
Cuba ya no es el país subordinado a Estados Unidos; es un país libre, soberano e independiente que reclama patrióticamente y como interés nacional la devolución del territorio ocupado bajo condiciones de fuerza.
El Presidente Obama reconoció públicamente el fracaso de la política que, por más de 50 años consecutivos 11 administraciones, impusieron a Cuba. En su calidad de Jefe de Estado y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, debería reconocer también el fracaso de la política imperial que por más de un siglo mantienen en nuestro país y cuyo oprobioso símbolo es la Base Naval de Guantánamo.

Granma sumará voces para exigir cierre de la base naval de Guantánamo

 

La filial granmense del ICAP, promoverá desde el 20 de febrero, un nuevo espacio de reflexión para exigir la devolución del territorio ilegalmente ocupado por Es­tados Unidos en Guantánamo
2 de febrero de 2016 22:02:32
La Base Naval de Guantánamo surge como parte del Tratado de Bases Navales y Carboneras de 1903. Foto:Reuters
GRANMA.—Desde el próximo día 20, la filial del Ins­ti­tuto Cubano de Amistad con los Pue­blos (ICAP) en esta provincia, promoverá un nuevo espacio de reflexión para exigir la devolución del territorio ilegalmente ocupado por Es­tados Unidos en Guantánamo.
Bajo el título Guantánamo nuestro, la iniciativa sesionará cada dos meses en la citada institución y pretende sumar más personas a ese justo reclamo, explicó este martes a la prensa Noemí Rabasa, delegada del ICAP en Granma.
Precisó que en la primera sesión, el espacio abrirá con un panel a cargo de José Sánchez Guerra, historiador de la más oriental de las provincias cubanas, y amplio conocedor del tema.
La dirigente del ICAP aquí recordó que la solución de este conflicto es uno de los principales pedidos cubanos en el actual proceso hacia la normalización de relaciones entre Es­tados Unidos y Cuba.
Según comentó en el encuentro, no solo se debatirá sobre cómo esa ocupación ilegal es un riesgo constante para la soberanía nacional en la Mayor de las Antillas, sino que también se intercambiará sobre las consecuencias de esas instalaciones militares en diferentes partes del mundo.
Participarán en su primera edición 25 estudiantes angolanos matriculados en universidades de este territorio, porque esa nación es una de las del continente africano con más ba­ses militares, señaló.
También están invitados, dijo, 20 jóvenes de Latinoamérica y el Caribe que cursan sus estudios de Medicina en la provincia.
La Base Naval de Guantánamo surge co­mo parte del Tratado de Bases Navales y Car­bo­neras de 1903. Ese territorio ilegalmente ocupado desconoce la declaración de Zo­na de Paz realizada por los países miembros de Co­munidad de Estados Latino­ame­ricanos y Ca­ribeños (Celac) en el 2014, en la capital cubana.