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El agua no se le niega a nadie

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ViviLnk
ViviLnk

Escrito por Vladia Rubio/CubaSí

El agua no se le niega a nadie
Antes era usual que las abuelas sentenciaran: «el agua no se le niega a nadie». Ahora tampoco se le niega, pero tiene que comprarla.
De un tiempo a esta parte, tomarse un vaso de agua fuera de casa se ha convertido en un problema.
Quienes tienen 40 años o más, podrán recordar lo normal que era ir caminando, sentir sed y acercarse al establecimiento gastronómico más cercano para pedirle al dependiente un vasito de agua. Si era de los más solidarios, pues hasta te la daba fría; los que no, abrían la llave y te entregaban un vaso de agua bomba, pero que de todas formas servía para mitigar el sofoco.
Ahora, con la proliferación de los negocios de expendio de alimentos por cuenta propia, las cosas han cambiado, y también en los que son por cuenta del estado.

Tomarse un vaso de agua en las calles cubanas puede convertirse en un problema.

Una amiga que tiene una amiga que trabaja en una de esas cafeterías-puerta-calle, me cuenta que la muchacha le dijo que el dueño tiene prohibido regalar agua «porque si no, no te compran el refresco o el jugo».
Además, el agua que se sirve en esas instalaciones debe ser hervida y clorada, y no todo el mundo dispone del llamado «gas de la calle» (manufacturado) para garantizarlo; entonces, deciden responder con una negativa al cubano que les pide refrescar la garganta.
El que quiera agua, apunta mi interlocutora, tiene que comprarla en pomitos plásticos que cuestan diez pesos.
Sí, el agua tiene que ser hervida, clorada, por el cólera y para en general proteger la salud, pero eso no es motivo para negarla.

Bucear, y no entre corales
Casi se ha vuelto una estampa familiar, y lamentable, la de personas que hunden el brazo en los contenedores de basura buscando pomos plásticos.
Luego de pescarlos, los van apilando en sacos que llevan al hombro o en una carretilla.
«¿Y a dónde van? ¿Acaso se van», como reza la canción del trovador? No es afán coleccionista el que mueve a estos buzos. Esos mismos pomos de respectivamente 500 y 1500 mililitros, son los mismos que en no pocos casos llegan a nuestras manos conteniendo yogurt, jugo y muy diferentes líquidos para el consumo; entre ellos, claro está, el ag
Esos pomitos llenos de agua que venden por ahí, ¿de dónde salieron, cómo los higienizaron, qué agua
contienen?

Y sin ninguna garantía de higiene, son también los mismos que vemos vender en calles, terminales de trenes y ómnibus, en la playa, en la costa… Donde quiera que haya calor y mucha gente, habrá alguien sediento.
Que Regalado no descanse en paz
-¿Usted puede regalarme un vasito de agua, mi tía?
-Yo no soy tu tía, mi’jo, y Regalado se murió hace rato.
Este intercambio lo escuché en la concurrida y capitalina calle Obispo, bajo un sol que rajaba los adoquines; pero, con variaciones, puede encontrársele en muchas otras latitudes de esta Isla.
Me vino al recuerdo cierta oportunidad en que, junto a otros colegas y en funciones de trabajo, andábamos extraviados por Santiago de Cuba, arriba y abajo por la calle Padre Pico, que en aquel mediodía era como subir y bajar la santísima Sierra Maestra.

Qué hubiera sido de nosotros sin la solidaridad de aquellos santiagueros, quienes, en cada portal donde parábamos para preguntar, nos ofrecían agua fría y hasta café, sin conocernos, pero como si fuéramos parientes de toda la vida. Regalado andaba entonces vivito y coleando.
Más allá del regalo, del favor, no he podido averiguar si, al menos en los restaurantes y cafeterías estatales, es un deber ponerte el vaso de agua fría sin que lo pidas y como parte del servicio, como siempre había sido.
Porque ahora, lo mismo en el restaurante más lujoso que en el cafetín, te dicen que si quieres agua, tienes que comprar «la de pomito». Y esa no cuesta diez pesos, se paga en cuc y vale más que un café. Por lo regular, este suele costar 50 centavos y el pomito de agua, 70. No todo el mundo puede pagar 70 centavos de cuc por 500 mililitros de agua.
El agua, elemento consustancial a la vida, ha tenido en diferentes culturas y religiones hasta connotaciones simbólicas y también sagradas. En la cultura oriental, por ejemplo, se le considera sustancia originaria de todo lo existente: «el huevo del mundo se incuba en la superficie de las aguas», apuntan textos hindúes. Purificarse en las aguas del Ganges es una escena usual en esa parte del mundo.

El agua, además de imprescindible para el organismo humano, tiene significación purificadora en muchas culturas.

Y en la Biblia, el agua se considera también elemento primigenio de toda la creación. En el principio, «el espíritu aleteaba sobre las aguas» (Génesis 1,2). Sin agua no hay bautizo cristiano. «Dad de beber al sediento», incluye la Biblia entre las obras de misericordia.

Si un favor se le hace a un perro, ¿cómo no hacérselo a un humano, a un coterráneo?

Pero, creyentes o no, ya no es usual dar de beber al sediento, si no hay dinerito de por medio. Se atraganta uno, de espanto más que de sed.