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El holguinero que esculpió la piedra de Fidel Castro

Conocí a Antonio Matos porque mi abuelo llamó un día diciendo que le habían regalado un pedazo de la piedra en la que están los restos de Fidel. Mi abuelo es un soñador y un romántico, por eso pensé que alguien le había hecho ese cuento y él se lo había tragado, y hasta se lo dije. “Me lo trajo el escultor que la hizo, es mi primo”, aclaró mi abuelo. Desde ese momento, le seguí el rastro al recién conocido miembro de la familia.
Preví un viaje hasta su casa en Santiago de Cuba. Lo planifiqué durante meses, pero nunca llegué a comprar el pasaje. Quizá porque no había asimilado la historia familiar que nos unía, y también porque las Fuerzas Armadas Revolucionarias debían autorizar la revelación de la identidad del hombre que esculpió la roca que serviría de sepulcro a Fidel. Entonces solicité correos electrónicos, números de móvil y fijo.
Lo del correo fue contraproducente. La primera vez que hablé con él fue por teléfono. Dicen que la sangre llama, por eso la conversación fluyó como la de dos amigos que acaban de reencontrarse. Así sucedió durante casi un año. No fue hasta hace algunos días que pude abrazar al escultor del grano de maíz donde el 4 de diciembre de 2016 “quedó guardada toda la gloria del mundo”.
Antonio Matos Díaz habla siempre en presente de la Roca Eterna y de Fidel Castro. Me explica algunas particularidades de la piedra según su origen y formación, cosas que no entiendo porque me falta aprender Geología. Pero sí entiendo cuando dice que es granito, extraído del macizo Gran Piedra. Y el granito dura miles de años, es resistente, “sólido como la Revolución y la figura de Fidel”, dice.
Nació hace 65 años en Naranjo Agrio, un asentamiento de la Sierra Cristal que, como le gusta decir, ya no es tan agrio porque la Revolución llegó hasta allá. Curiosamente, el café es el cultivo representativo de esa zona, y también el sembrado en las jardineras que rodean la Roca Eterna.
Por eso, trabajar en el Complejo Histórico Revolución, del cual forma parte el nicho del Comandante en Jefe, en el cementerio Santa Ifigenia, ha sido la universidad de la que nunca se graduó.
Luego de seis años trabajando, llegó el día que nunca quiso vivir. Era 25 de noviembre de 2016: “Yo estaba durmiendo y mis hijas no quisieron despertarme cuando el presidente Raúl Castro estaba haciendo su alocución, pero a las 4 de la mañana recibí una llamada de mi empresa para darme la noticia. Y después de una palabrota dije: ‘Lo que empecé lo voy a terminar’, porque todavía no se había colocado en Santa Ifigenia los diecinueve balaustres que rodean la Roca, en representación de las columnas del Ejército Rebelde y similares a la del mausoleo de Martí en Dos Ríos”.
Mientras recuerda ese momento, Matos inspira un agradecimiento profundo. Agradecimiento que nunca pudo expresar al Comandante, sino a través de su trabajo. “Tuve el honor de participar en Santiago de Cuba en la clausura del VI Congreso del Partido, en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, y estuve cerca de él, pero nunca tan cerca como el 4 de diciembre de 2016, fecha tan histórica y significativa para mí, el momento en que me toca levantar la urna con sus cenizas para colocarla en el lugar exacto dentro de la cavidad interior del nicho y cerrarla para siempre. Ese fue para mí el momento en que lo conocí”, explica.
Y su mirada se pierde. Va a otro lugar, a otro tiempo, y después regresa. Conocer la leyenda no es conocer al hombre. Matos asegura haber conocido a ambos.
Pocas personas están al tanto del esfuerzo silencioso de quienes, como él, materializaron el Complejo Histórico Revolución. Antonio Matos forma parte de ese proyecto integrado por los trabajadores de la unidad 1 de Construcciones Militares de Santiago de Cuba, que desde 2006 laboraban en esta obra. “Ese fue el proyecto que nunca soñamos”, comenta.
Fueron necesarias horas de preparación, de fatiga y sueño para concretar un conjunto escultórico que resumiera la última etapa de las luchas armadas por la independencia cubana y cerrara un ciclo histórico en Santa Ifigenia.
Según las explicaciones de Matos, mucho antes del Triunfo de la Revolución Fidel había idealizado este monumento en el Manifiesto a la Nación, en 1953. Cuenta que desde el Comandante Juan Almeida hasta Eusebio Leal estuvieron encargados de verificar personalmente el diseño en el espacio, la selección de la piedra y la escultura del concepto Revolución.
También dice que nadie tuvo la intención de transformar la Roca Eterna en un grano de maíz. Tampoco fue deseo del Comandante en Jefe considerarse tan glorioso como para personificar aquella sentencia martiana, repetida tantas veces durante los días posteriores a su fallecimiento. Sin embargo, es una alegoría dada por el propio pueblo cubano. Y ya eso ni una entrevista lo puede cambiar.
“Todo el mundo la ve como una obra emblemática, lo es desde su nacimiento. La cantidad de personas que visita ese altar sagrado de la Patria que es Santa Ifigenia, se debe más a que van a visitar la tumba de Fidel. Allí va gente de todas las denominaciones en el mundo y el país, de distintas afiliaciones políticas. Yo he visto a madres con hijos que van allí, como a la Iglesia del Cobre, para darle gracias a Fidel. Es decir, que todavía lo sienten en el corazón”, dice.
Esta conversación ha transcurrido en el patio interior de la sede holguinera de la Unión de Arquitectos e Ingenieros de Cuba. Ahora que ha salido a la palestra pública, y Carlos Sanabria lo entrevistó en Haciendo Radio, Antonio Matos cumple con el compromiso de transmitir su experiencia en distintas instituciones del país, vinculadas a la arquitectura y las construcciones. Por eso ha venido a Holguín.
Su mensaje a las tres o cuatro de la tarde me tomó por sorpresa. “¿Puedes venir?”. Encontrarme con él fue descubrir que en la familia no todos tienen la piel cobriza, aunque el pelo delate la ascendencia negra. Que por amplia que sea la diferencia de edad, y los kilómetros de por medio, es un axioma para quienes tienen raíces tanameñas la hospitalidad hasta fuera de la propia casa; ofrecer un cariño paternal a pesar de verlo a uno por primera vez.
Entre una pregunta y otra, hace historias de una familia inmensa, desperdigada por los montes de Sagua de Tánamo y Santiago de Cuba. De un padre joven e inquieto que se alzó en el ‘58 y formó parte de la Columna 19 “Pepito Tey”.
De cómo se crió en un bateycito de la Sierra Cristal. Todo lo cuenta con lujo de detalles. No olvida un nombre, ni una fecha. Recuerda cada lugar, cada diálogo.
Antonio Matos estuvo aislado en un área especial de unos 400 metros cuadrados, a la cual solo tenían acceso seis personas, mientras trabajaba en la escultura de la Roca Eterna. Dificultades no le faltaron. Entre ellas, la selección de la piedra fue de los momentos más estresantes. Dice que el monolito utilizado como sepulcro de los restos de Fidel Castro pesaba alrededor de veinticuatro toneladas.
En tal situación de aislamiento y silencio necesarios, Antonio Matos tuvo seis años para pensar mientras tallaba, limaba asperezas, pulía. “Pues te voy a decir”, y dice: “pensaba en los valores con los que me criaron. Los de mi padre, mis abuelos, que asimilaron en el seno de su familia, allá en Naranjo Agrio, a mucha gente de la clandestinidad y le enseñaron las vicisitudes con las que vivíamos en aquellos bohíos de pisos de tierra y techo de guano. En eso pensaba, y tenía la seguridad de que estaba cumpliendo con su legado. Fue como retribuirle a mi padre y a la Revolución”.
Cada centímetro de esa Roca está dedicado a toda una generación de cubanos, a una familia campesina. A la humildad con la que asumió ese honor, pues “si sencilla fue la obra de Fidel, también lo es mi trabajo como homenaje a él, y si mi madre hubiese estado viva, como cristiana, a lo mejor diría que uno de sus hijos estaba predestinado para hacer esa obra”.
Aunque existía un cuestionario preparado desde un año atrás, a la espera de un encuentro con el escultor, no pude evitar algunas preguntas improvisadas. Entonces, cuando ya no hay nadie en la UNAICC, y solo escucho los carros pasar por Frexes, y llaman a Matos para ir a comer, doy por terminada la entrevista preguntándole qué hará ahora. “El Ministro de Cultura, en ocasión de la Feria del libro en Santiago, me dijo: ‘Un día la historia se encargará de poner a los hombres en su justo lugar’; porque comprendió que mi discreción no buscaba ningún protagonismo en los medios.
Eso posibilitó que la dirección del Partido en Santiago haya depositado en mí su confianza para seguir acometiendo el mantenimiento de esa obra y de otras tareas relacionadas con los asuntos históricos. Pero esa ha sido mi realización profesional y personal, y me siento orgulloso de lo que he hecho”.
(Tomado de Ahora)

Los que cuidan a Fidel

Por: Betty Beatón Ruíz

Arturo pone especial cuidado en los helechos alrededor del monolito que guarda las cenizas de Fidel. Foto: Betty Beatón Ruíz/ Trabajadores.

Arturo pone especial cuidado en los helechos alrededor del monolito que guarda las cenizas de Fidel. Foto: Betty Beatón Ruíz/ Trabajadores.

 

Nadie supo qué pesaba más en aquella mujer, si sus 94 años de vida o el desgarramiento interior que le provocó un llanto en surtidor. Contó que venía desde lo más recóndito de Yateras, que bajó lomas, cruzó ríos, pasó lo inenarrable… pero estaba allí, y muy a pesar de sentimientos encontrados dijo a todos que era feliz.

Cumplió con él y con ella misma, se le acercó, le regaló una flor, le pidió protección y bendiciones, y le dejó un gracias infinito por la vida de antes y por la de ahora, aunque en otra dimensión.

La anciana es, entre los miles de personas que ha visto rendirle tributo a Fidel, de las que más ha conmovido a Carlos Rosabal, jefe de turno de los agentes de seguridad y protección del cementerio de Santa Ifigenia, uno de los tantos trabajadores del camposanto santiaguero que desde el 4 de diciembre del 2016laboran día a día vinculados al sitio de reposo eterno del líder de la Revolución cubana.

Otra que lo estremeció en lo profundo, al igual que a sus compañeras Sandra Figueredo y Yunelvis Jay, fue la señora que hincada de rodillas frente a la piedra funeraria no encontraba consuelo, y por unos minutos detuvo la fila de quienes esperaban por rendirle honores a su Comandante.

“Con total comprensión hubo que sujetarla por los brazos y alejarla de allí”, cuenta Yudis García Delis, administradora de Santa Ifigenia, quien ha sido testigo de muchas manifestaciones de respeto y amor hacia ese cubano universal “cuyas cenizas custodiamos con total responsabilidad y orgullo los trabajadores de este cementerio”.

Con manos obreras

Cada espacio del Sendero de la Patria, en el cementerio de Santiago de Cuba, se atiende con esmero. Foto: Betty Beatón Ruíz/ Trabajadores.

Invariablemente los amaneceres sorprenden a Mirtha Miranda Silegas en plena tarea. A las cinco de la madrugada, junto a Maricel Medina, su compañera de faenas, sus pasos van y vienen por el llamado Sendero de la Patria. Con balde, colcha, trapeador, escoba y paño, se encargan de mantener la pulcritud de cada milímetro de ese espacio físico que para ellas resulta sagrado.

“Antes del 4 de diciembre del 2016 nos ocupábamos de la limpieza del mausoleo a José Martí, eso ya era muy importante en nuestras vidas. Después de esa fecha nos escogieron también para atender la zona de la piedra que protege a nuestro Fidel, y se convirtió en lo máximo, lo más grande que nos pudiera pasar.

“¿Usted se imagina? Día por día nos acercamos a esa roca, pasamos el paño por el mármol donde se inscribe en bronce su nombre, ponemos a cada lado una rosa blanca y las cambiamos en el transcurso del día si se marchitan, estamos siempre atentas a cada detalle para que todo esté a la altura que él merece…

“Yo le digo que no hay palabras para explicar lo que se siente, sin duda vivo orgullosa de mi trabajo y se lo hago saber a todo el que tenga la oportunidad”.

Similares sentimientos marcan a los integrantes de la brigada de jardineros de esa área del cementerio patrimonial santiaguero en la cual se integran armónicamente los sitios de descanso póstumo de Mariana Grajales, Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, los caídos en misiones internacionalistas, los mártires del 26 de julio de 1953 y, por supuesto, Fidel Castro Ruz.

La misión de cada jornada está bien clara para Eduardo Landa, Onelio Cid, Gabriel Pérez, Noel Navea, Arturo Cruz, Yordanis Cabrera, Ismael Palacio y Rafael Hechavarría, y la cumplen con el reconocimiento de todo el que acude al cementerio.

“Nos complace que las personas expresen su admiración por lo bonito de la jardinería —dice Eduardo—, nunca hemos recibido un señalamiento por algo mal hecho o descuidado, y quienes pasan un tiempo sin venir y luego regresan no dejan de hablar de cómo están de cuidadas las plantas, y ahí mismo uno se siente feliz de saber que el esfuerzo que hacemos se nota y se queda grabado en fotos y videos que recorren el mundo entero”.

Para estos obreros el tiempo de trabajo se inicia igualmente en las primeras horas de la madrugada y ya a las siete de la mañana todo reverdece: el césped San Agustín, las rosas de varios colores que circundan a la Madre de la Patria, el manto rojo de las jardineras frontales, los colgantes de lluvia de fuego o llanto de Cupido, las diez del día, las palmas y particularmente el jazmín de café y los helechos que crecen junto al monolito de Fidel, plantas que Arturo Cruz cuida con particular esmero.

“Vivo cerca de aquí, por eso muchas veces ya a las cuatro de la mañana estoy regando, detenido por espacio de una hora más o menos en los helechos que rodean la piedra del Comandante, ya se sabe que esas son plantas delicadas, y yo le pongo todo el empeño porque el sol y el calor de Santiago de Cuba no son fáciles.

“Mantenerlos así como están de lindos, de copiosos y bien verdecitos requiere de entrega, por eso, sin importarme la hora de irme a las seis de la tarde vuelvo a echarles agua. En el resto del día estoy muy pendiente de las jardineras, donde el pueblo le pone bastantes flores a Fidel, hay ocasiones en que he tenido que vaciarlas hasta dos veces porque se colman de ramos, o de soliflores de rosas, azucenas, calas, ave del paraíso y otras más.

“A un año de la partida física del Comandante soy testigo de que el sentimiento de las personas no se apaga, siguen viniendo, honrándolo, agradeciéndole… Estoy convencido de que así será por siempre y mientras así sea nosotros seguiremos aquí, cuidándolo y cuidando este sitio que le pertenece a todos”.

Los que cuidan a Fidel. Foto: Betty Beatón Ruíz/ Trabajadores.

Mirtha se siente orgullosa de la misión que cumple desde el 4 de diciembre del 2016. Foto: Betty Beatón Ruíz/ Trabajadores.

Rinde Raúl Castro honores militares a Pedro Miret

 

2016-02-19 11:11:04 / web@radiorebelde.icrt.cu / Carlos Sanabia Marrero

Rinde Raúl honores militares a Pedro Miret
El General de Ejército Raúl Castro Ruz (C), Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, el comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez (centro Der.), Lázaro Expósito Canto (D), Primer Secretario del Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba (PCC), y la esposa del fallecido Pedro Miret Prieto (I), durante las honras fúnebres realizadas en el Retablo a los Mártires del 26 de Julio del Cementerio Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, el 19 de febrero de 2016. ACN Foto: Miguel Rubiera Justiz/ rrcc

Santiago de Cuba: El Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, asistió a la Ceremonia de Honores Militares realizada en el cementerio “Santa Ifigenia” de ésta sur oriental ciudad, donde este viernes fueron depositadas las cenizas del Comandante del Ejército Rebelde Pedro Miret Prieto, fallecido el pasado 15 de enero en La Habana, quien cumpliría hoy 89 años de edad.

Presentes también en la luctuosa ceremonia el Comandante de la Revolución Ramiro Valdez Menéndez, El primer secretario del Partido en Santiago de Cuba, Lázaro Expósito Canto, familiares del Comandante Pedro Miret Prieto, combatientes del 26 de julio de 1953, oficiales de las FAR, el MININT y de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.

Ofrendas florales de Fidel, de Raúl y en nombre de los familiares del Comandante del Ejército Rebelde Asaltante al cuartel Moncada, fueron depositada junto al Retablo de los mártires del Moncada, donde integrantes de la Unidad de Ceremonias del Estado Mayor General de las FAR, colocaron en uno de sus nichos, las cenizas del destacado revolucionario bajo los acordes del himno nacional y tres descargas de fusilería.

Hasta el Retablo de los Mártires del 26 de julio, fueron portadas también las numerosas condecoraciones y reconocimientos, otorgados al Comandante Pedro Miret por sus innumerables servicios prestados y su fidelidad a la Revolución, sobresaliendo la condición de fundador de nuestro partido y el título honorifico de Héroe de la República de Cuba.