Archivo de la etiqueta: Central de Trabajadores de Cuba CTC

Rememoraran Aniversario 60 del Congreso Obrero en Armas.

La Central de Trabajadores de Cuba (CTC) recordara el aniversario 60 de la celebración del Congreso  Obrero en Armas, el venidero 8 de diciembre en Soledad de Mayarí, en el municipio santiaguero II Frente.

La celebración  por el aniversario de la histórica reunión obrera devendrá en el homenaje a sus protagonistas y en una jornada de reconocimiento a  centros laborales y trabajadores destacados de la provincia Santiago de Cuba.

Consuelo Baeza Martin, miembro del secretariado  nacional de la CTC  dijo en la Habana  que se entregaran  Medallas de Hazaña Laboral, Jesús  Menéndez, Orden Lázaro Peña de III Grado, así como el Titulo Honorifico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

El Congreso Obrero en armas se realizó los días 8 y 9 de diciembre de 1958 con la participación de 110 delegados de 13 zonas liberadas en el II Frente Oriental Frank País García.

El Comandante Raúl Castro  Ruz, no pudo asistir porque las operaciones militares para la toma de la Maya, ese mismo día, requerían de su atención directa, pero se mantuvo en contacto permanente y al tanto de todo lo relacionado con la reunión obrera.

El Congreso Obrero en Armas constituyo un paso de vital importancia para la reorganización de la vida económica y social en las zonas  orientales liberadas, y puso de  manifiesto una vez más la importancia de la unidad en la alianza obrera-campesina  como un factor indispensable del triunfo, dio el golpe de gracia a  los  mujalistas, de la zona  y fortaleció considerablemente el apoyo del movimiento obrero, al Ejército Rebelde.

A 60  años del Congreso Obrero en Armas los trabajadores y campesinos cubanos  continúan firmes y unidos, sin necesidad de huelgas ni demandas y se ha cumplido con creces el temario de aquel histórico evento.

Instituto de Medicina Legal y Cruz Roja Cubana reciben Bandera Proeza Laboral

El Instituto de Medicina Legal y la filial de La Habana de la Cruz Roja recibieron la Bandera de Proeza Laboral que otorga el Secretariado Nacional de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), por la consagración y entrega en la búsqueda, rescate e identificación de las víctimas del accidente aéreo.

En el acto, presidido por el miembro del Buró Político, vicepresidente del Consejo de Estado y Ministro de Salud, Roberto Morales, el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores del sector, Santiago Badía, elogió la labor conjunta que permitió que en solo 8 días fueran identificadas todas las víctimas.

El antropólogo forense, Dodany Machado, destacó que el reconocimiento es un compromiso, ese que asumieron desde el primer día en el Instituto de Medicina Legal, fundado hace 60 años y con importantes resultados

En el acto 6 trabajadores de la institución recibieron la Distinción Manuel Piti Fajardo.

Premio a la consagración y entrega.

José María Pérez: no lo dejamos morir

José María Pérez
José María Pérez

“Nunca más supimos de él. Fue como si se lo hubiera tragado la tierra. Recorrí todas las estaciones de policía, todas las dependencias represivas posibles, hice gestiones a todos los niveles. Nadie aportaba nada. Nadie sabía nada”. Así recordó Irene Rodríguez, militante comunista y sindicalista, el angustioso peregrinar para conocer el paradero de su esposo José María Pérez, quien asumió la dirección del movimiento sindical cubano después de que la dictadura de Fulgencio Batista le negó la entrada al país al secretario general de la CTC Lázaro Peña.

José María había sido secuestrado el 20 de noviembre de 1957, en la intersección de las céntricas avenidas capitalinas Belascoaín y Carlos III, por agentes del llamado Buró de Represión de Actividades Comunistas (Brac).

No era un hecho inusual, sino una de las tantas prácticas de las fuerzas represivas. Muchos revolucionarios fueron detenidos como él, en plena calle, con total impunidad, ante la mirada alarmada de los transeúntes que sabían lo que ello significaba: algunos de los capturados sobrevivían a la prisión y las torturas, otros morían como consecuencia de los maltratos, y sus cuerpos eran abandonados por sus verdugos en cualquier parte; José María engrosó una siniestra lista: la de los desaparecidos.

No fue hasta después del triunfo de enero de 1959 que se supo cómo habían sido los últimos días del recio luchador. Había caído en manos del sanguinario Julio Laurent, jefe del Servicio de Inteligencia Naval, organismo de vigilancia y represión de la Marina de Guerra. Este personaje trabajaba en estrecho contacto con el asesino Esteban Ventura Novo y operaba fundamentalmente en La Chorrera. Allí se utilizaba la lancha 4 de septiembre para lanzar a las aguas los cuerpos martirizados de los luchadores.

Un cabo de la dictadura, alias El Rana, al ser juzgado por su actuación criminal, se refirió a lo acontecido. Declaró que en una casa de botes ubicada en 21 esquina a 32, en la margen este del río Almendares, se resguardaban las embarcaciones de Batista y otros políticos del régimen, además de la comandada por el propio cabo.

Al ver una foto de José María que le mostró Irene, el acusado lo reconoció como el hombre que estuvo durante cuatro días ferozmente golpeado en la nave donde guardaba la lancha, y al manejarla hacia su fatídico destino comprobó por el espejo de esta cómo lo lanzaban a las profundidades.

Es una historia que a pesar de los 60 años transcurridos los cubanos no podemos olvidar, de igual modo tampoco se borrará de nuestras mentes la reacción de las autoridades de Estados Unidos ante la solicitud del Gobierno Revolucionario de la detención para su posterior extradición de Laurent, autor de este y muchos otros crímenes, quien se había refugiado en la nación del Norte. Entonces ese país sí fue sordo al justo reclamo de Cuba y continuó proporcionándoles refugio no solo a este, sino a otros asesinos al servicio del batistato.

Intentaron ahogar en el mar la rica ejecutoria de José María en favor de los trabajadores, pero quedó grabada para siempre en la historia del movimiento sindical cubano.

Desde muy joven había desafiado la dictadura de Gerardo Machado y sin pertenecer todavía al sector del transporte organizó como miembro de la Liga Juvenil Comunista un paro de choferes; estuvo en primera fila en la huelga general revolucionaria que despachó al tirano; ayudó a crear el Sindicato de Ómnibus Aliados y, durante su cargo de secretario general, demostró a sus compañeros de labor que con la unidad podrían luchar con éxito contra los patronos. Y su empeño unitario lo llevó a convertirse en fundador y dirigente de la Federación de Trabajadores de La Habana y de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), de cuyo primer ejecutivo formó parte. Como representante a la Cámara por el Partido Comunista defendió con igual vehemencia a los suyos.

Cuando Lázaro Peña tuvo que viajar al exterior por su condición de vicepresidente de la Federación Sindical Mundial, la dictadura de Batista le prohibió el regreso a Cuba. Entonces la dirección del movimiento sindical recayó sobre José María, que en circunstancias muy complejas y riesgosas mantuvo la acción de los trabajadores a través de los Comités de Defensa de las Demandas Obreras y la Democratización de la CTC, cuya dirección había caído en manos de una camarilla servil y corrupta.

En vano lo encarcelaron en más de una docena de ocasiones. José María siguió batallando. “El trabajo era intenso; José María apenas pasaba por la casa. A veces nos encontrábamos en la calle, en cualquier lugar. Nos tenían chequeados constantemente. La Policía y el Brac no nos perdían pie ni pisadas; pero había que seguir la lucha”, evocó la esposa sobre aquellos difíciles años.

Solo la muerte pudo detenerlo. Pero aquellos a los que había dedicado su existencia no lo dejaron morir y a 60 años de ese fatídico 20 de noviembre lo recuerdan.

Lázaro Peña, un hermano entrañable

Lazaro

Dirigente sindical de base, organizó paros, sufrió cárcel. En la huelga de agosto de 1933 contra el tirano Machado, extendió su liderato a los paraderos de ómnibus y tranvías de la Víbora
Autor: Pedro Antonio García | internet@granma.cu
27 de mayo de 2016 20:05:04
Foto: Archivo
Nació pobre en La Habana, el 29 de mayo de 1911. Como todo niño, tuvo un sueño: ser violinista, músico. Hijo de una despalilladora y huérfano de padre, en medio de una sociedad injusta, tuvo que renunciar desde muy temprana edad a los sueños y a la infancia para ganarse el pan, primero como aprendiz de carpintero y albañil, luego como constructor, herrero y operario en una fábrica de tabacos. En este último ramo, en 1929, a los 18 años, ingresó al Partido Comunista.
Dirigente sindical de base, organizó paros, sufrió cárcel. En la huelga de agosto de 1933 contra el tirano Machado, extendió su liderato a los paraderos de ómnibus y tranvías de la Víbora. Los tabaqueros lo quisieron para secretario general de su sindicato provincial en 1934.
Detenido durante la huelga de marzo de 1935 contra el régimen tiránico del coronel Batista y del embajador yanqui Caffery, se ne­gó, a pesar de maltratos y torturas, a declarar a qué casa pertenecían las llaves que le encontraron (eran de un importante local del Partido, donde se hallaba Blas Roca, el secretario general). Al salir de prisión, asumió la dirección de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC).
Paciente y perseverante, su lucha por dotar al movimiento obrero cubano de una organización unitaria cristalizó en 1939 con la fundación de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), de la que fue su primer secretario general. En ese cargo tuvo que enfrentar a las pandillas gangsteriles que asaltaron los sindicatos, en complicidad con la policía. Muchos líderes obreros fueron asesinados, como Jesús Me­néndez y Aracelio Iglesias.
Celebraban por aquellos días un acto en homenaje a Menéndez en Manzanillo, la localidad donde lo ultimaron. El asesino del dirigente sindical, impune y respaldado, que continuaba libre y en su cargo de jefe militar de la ciudad, ocupó el balcón de una casa cercana para contemplar, rodeado de su banda de matones, el desarrollo del mitin. No faltaron los que, ante situación tan violenta, aconsejaron que no se hablara del asesinato de Jesús.
Peña no se amilanó. En términos inequívocos, tajantes, que el momento imponía, acusó allí mismo, directamente y por su nombre, al culpable y sus cómplices. Años después al rememorar esa jornada el intelectual revolucionario Juan Marinello expresaría: “Muchas veces admiré la maestría tribunicia de Lázaro pero no recuerdo otra tan completa en su estructura, en su sobrio desarrollo y su radiante coraje”.
Con el derrocamiento de la tiranía batistiana, la clase obrera recuperó la democracia sindical. En el XI Congreso de la CTC, Lázaro Peña retornó a la secretaría general. Un nuevo lenguaje se oyó entonces en el Palacio de los Tra­bajadores: “Hay que querer discutir, querer convencer, querer oír; hay que practicar como lema y como conducta ineludible la democracia sindical. Ese compañero que se pasa el día hablando mal de todo, hay que llevarlo a la asamblea general, no como a un circo romano sino en un ambiente fraternal, para que exponga allí todo lo que él crea que es solución a sus problemas; y hay que oírlo porque a veces esa gente tiene una buena iniciativa”.
Años después de su muerte, un periodista preguntón acudió a la sede de la CTC en busca de anécdotas. “Siempre daba los buenos días, se detenía a saludar a los trabajadores, cualquier asunto que uno le planteara se esforzaba en darle respuesta”, le dijo una recepcionista. Una ascensorista añadió: “Me echaba el brazo sobre los hombros, me preguntaba por mis problemas personales, por la familia, cómo me trataba mi jefe”.
Un veterano líder obrero recordaba “la sonrisa que nos dejó, la mano presta al saludo, los dicharachos, la pasión por el boxeo, el béisbol y la música, su paciencia y respeto para escuchar a los demás, aun cuando no tuvieran la razón, la capacidad de analizar, orientar y convencer sin forcejeos”.
Otro dirigente sindical afirmaba: “Bastan tres palabras para caracterizar al hombre que fue Lázaro Peña: sencillez, modestia y firmeza. Por esas cualidades, más que por ninguna otra razón, se convirtió en uno de los dirigentes más queridos de la clase obrera cubana antes y después de 1959”.
Durante las honras fúnebres de este gran capitán del proletariado, Fidel expresó: “Fue para todos los trabajadores cubanos como un padre; y para los revolucionarios, un hermano entrañable (…) El Partido ha perdido un dirigente respetado y querido por las masas; el movimiento obrero, su más esforzado paladín; la organización sindical mundial, uno de los cuadros más sabios, maduros, reconocidos y respetados; los trabajadores cubanos, un padre; la Patria, un hijo esclarecido”.

La afiliación y la atención a los trabajadores no estatales es uno de los mayores retos que asume el Sindicato Nacional de Trabajadores del Comercio, la Gastronomía y los Servicios.

PHOTO_20160527_212401PHOTO_20160527_212424PHOTO_20160527_221935PHOTO_20160528_003639PHOTO_20160527_212424PHOTO_20160528_004220PHOTO_20160528_005541PHOTO_20160528_005557PHOTO_20160528_005611ef=”https://guayacandecuba.cubava.cu/files/2016/05/PHOTO_20160527_211050.jpg” rel=”attachment wp-att-2658″>PHOTO_20160527_211050PHOTO_20160527_204843PHOTO_20160527_204901PHOTO_20160527_204924PHOTO_20160527_204939PHOTO_20160527_204957PHOTO_20160527_205014PHOTO_20160527_211232
Los 250 delegados y 50 invitados a la primera Conferencia del Sindicato Nacional de los Trabajadores del Comercio , la Gastronomía y los Servicios , reunidos en sección plenaria en el teatro Lázaro Peña , de la Habana debatieron y analizaron temas vinculados con el fortalecimiento del funcionamiento sindical ,elemento imprescindible a partir del cual da solución a los principales problemas que afectan el desempeño de los trabajadores máxime cuando su principal función es brindar un servicio de calidad al pueblo.
La incorrecta aplicación de la resolución vinculada al salario en unos de los sectores menos remunerados financieramente en el país , la capacitación y superación de los dirigentes sindicales ,las frecuentes manifestaciones de delito , corrupción y desvió de recursos , así como las criticas condiciones de trabajo , y la falta de medios de protección también formaron parte del análisis .
En la cita presidida por los miembros del Buro Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba Salvador Valdez Mesa , Vicepresidente del Consejo de Estado , Ulises Guilarte de Nacimiento , secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba CTC , Jorge Cuevas Ramos , integrante del Secretariado del Comité Central ,Ulises Rosales del Toro , Vicepresidente del Consejo de Ministros , y Mari Blanca Ortega Barredo , ministra de Comercio Interior entre otros dirigentes del Partido y Sindicales , los delegados eligieron al Comité Nacional y ratificaron a Pedro Víctor Simón Rodríguez ,como secretario general de un gremio sindical que en los próximos años tendrá entre sus afiliados el 75 % de los trabajadores del sector no estatal en la isla , lo cual presupone la implementación de nuevas maneras y estilos de trabajo dentro del actuar sindical .
El secretario general de la CTC Ulises Guilarte de Nacimiento al resumir la Conferencia que concluyo este sábado manifestó “ Hoy como nunca antes la labor educativa del sindicato demanda fomentar entre los afiliados el máximo compromiso y rigor profesional , la inconformidad con lo mal hecho , el cumplimiento de la disciplina laboral y el sentido del deber , ello nos impone un sindicato con capacidad de movilizar , de diálogo y negociación. Un sindicato con liderazgo y apoyo mayoritario del universo de sus afiliados, un sindicato clasista unitario y siempre comprometido con su gloriosa revolución.”