Archivo de la etiqueta: CIA

#TodosMarchamos El asesinato de Letelier pudo haberse impedido

#TodosMarchamos El asesinato de Letelier pudo haberse impedido

El asesinato del excanciller chileno Or­lando Letelier del Solar y su asistente Ronni Karpen Moffit, constituye una de las mayores atrocidades de la Operación Cóndor
Autor: Manuel Hevia Frasquieri | internet@granma.cu
Autor: Pedro Etcheverry Vázquez* | internet@granma.cu
Autor: José Luis Méndez Méndez* | jose@internet.cu
19 de septiembre de 2016 21:09:03
Un bombero retira el cuerpo de Letelier tras el atentado en Washington en 1976.
Un bombero retira el cuerpo de Letelier tras el atentado en Washington en 1976. Foto: AP
El asesinato del excanciller chileno Or­lando Letelier del Solar y su asistente Ronni Karpen Moffit, constituye una de las mayores atrocidades de la Operación Cóndor, hecho en el que tuvieron una participación directa miembros de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA) de Chile, y connotados terroristas de origen cubano residentes en Miami.
Desde 1961 la CIA seguía los pasos de Or­lando Letelier cuando asistió junto con Sal­vador Allende a las actividades por el Pri­mero de Mayo en La Habana. Durante los años 60 este control se extendió cuando Letelier ocupó altos cargos en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington, y continuó en 1970 al ser nombrado embajador del Go­bierno de la Unidad Popular en los Estados Unidos.
Tras el golpe fascista del 11 de septiembre de 1973 encabezado por el general Augusto Pino­chet, varios terroristas cubanos entrenados por la CIA ofrecieron sus servicios a los golpistas chilenos para asesinar a sus opositores dentro o fuera del país.
En 1974 Letelier partió hacia Washington junto con su esposa y sus hijos en calidad de exiliado político. Durante su exilio participó en numerosas actividades internacionales contra el régimen de Pinochet, periodo en que llegó a ser uno de los miembros más destacados de la oposición chilena en el extranjero. Mientras la CIA observaba sus movimientos, fue documentando el Expediente No.0881118 que contenía reseñas biográficas, perfiles sicológicos, estilos de vida, y detallados informes sobre sus relaciones políticas y sociales.
Según documentos desclasificados, en 1975 el Buró Federal de Investigaciones (FBI) tenía conocimiento de las decisiones que se tomaban en los encuentros clandestinos que sostenía el agregado cultural chileno en Miami Héc­tor Durán, con los cabecillas de los principales grupos terroristas de origen cubano, para planificar agresiones contra intereses cubanos en los Estados Unidos, y atentados contra enemigos de la Junta Militar chilena.
En enero de 1976 el FBI conoció que varios cabecillas, entre los que se encontraba Orlando Bosch Ávila, habían celebrado una reunión con funcionarios del gobierno chileno. Un do­cumento desclasificado de la CIA del 8 de junio 1976, tres meses antes del asesinato, revelaba que Pinochet se quejó ante el Secretario de Estado Henry Kissinger debido al acceso alcanzado por Letelier ante el Congreso estadounidense.
El 15 de junio, en Bonao, República Do­minicana, varios agentes encubiertos de la CIA y el FBI estuvieron presentes en la constitución de la agrupación terrorista Coordinación de Or­ganizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), donde fue planificado el acto de terror contra un avión civil cubano y el asesinato de Or­lando Letelier, como parte de un compromiso con la Junta Militar chilena, lo que permite establecer que estos hechos hubiesen podido evitarse.
El 9 de septiembre varios oficiales de la lla­ma­da DINA exterior se encontraban en Was­hin­­g­ton, ocupándose de la vigilancia de Letelier, mientras que el norteamericano Mi­chael Vernon Townley, un agente de laf0068135f0068137 que actuaba al servicio de la DINA, junto con terroristas del Movimiento Nacionalista Cu­bano (MNC), tendrían la misión de preparar la bomba y hacerla estallar. Resulta inexplicable que los servicios de inteligencia norteamericanos, que mantenían a Letelier bajo un estrecho control, no hayan detectado el seguimiento de que era objeto.
Townley sostenía relaciones con los terroristas cubanos desde hacía mucho tiempo. Estos vínculos continuaron cuando integró la banda fascista chilena Patria y Libertad, pa­ra conspirar contra el gobierno de Sal­va­dor Allende.
El 10 de septiembre de 1976 Townley contactó con Guillermo Novo Sampoll y Dionisio Suárez Esquivel en el restaurante Cuatro Es­trellas, un lugar frecuentado por los cubanos en Union City, Nueva Jersey, donde les explicó la tarea a cumplir.
Después que los militares chilenos le entregaron toda la información necesaria sobre Letelier para realizar la acción, Townley sostuvo una entrevista con el terrorista de origen cubano Virgilio Paz Romero, del MNC, con quien había realizado varias operaciones contra «objetivos» de la DINA en Europa.
El sábado 18 de septiembre, Suárez Esquivel viajó a Washington y contactó con los terroristas mencionados en el restaurante McDonald de la avenida Nueva York, donde acordaron distribuirse las misiones que habían concebido. Paz Romero y Townley se hospedaron en el hotel Regency Congress Inn. y Suárez Esquivel se instaló en un motel cercano para evitar sospechas.
En memoria de Orlando Letelier en el lugar que fue asesinado el 21 de septiembre de 1976 en Washington.
Habían previsto preparar la bomba el do­mingo 19 y colocarla esa misma noche, para hacerla estallar el lunes en horas de la mañana cuando Letelier se dirigiera a su oficina. Sin em­bargo, Suárez Esquivel pidió cambiar la fecha, porque había perdido el trabajo y en ese mo­mento debía estar en Nueva Jersey para co­menzar en un nuevo empleo.
Después de cenar en el restaurante del Re­gency, los tres asesinos se dirigieron hacia la habitación que compartían Paz Romero y Townley, donde comenzaron a preparar la bomba. El artefacto contenía cuatro libras de TNT y explosivo plástico, y después de colocar el detonante, aseguraron el mecanismo de control remoto para hacerla estallar a distancia. Acordaron que ejecutarían la operación el martes.
El sábado por la noche, mientras Paz Ro­mero vigilaba, Townley saltó la verja del jardín de la casa de Letelier y se deslizó cautelosamente bajo su Chevrolet azul. Ajustó la bomba al chasis del auto de manera tal que no se cayera y para garantizar que la onda expansiva se concentrara hacia arriba, en dirección al asiento del chofer. Así aseguraba que la explosión tuviera un mayor efecto letal. El mecanismo de control remoto fue colocado en posición de encendido, y quedó lista para el día si­guiente.
Los sicarios Townley y Paz Romero dieron por cumplida su misión y regresaron al hotel. Suárez Esquivel llevó al estadounidense hasta el aeropuerto y este tomó el primer vuelo de la Eastern Air Lines con destino a Nueva Jersey, donde Alvin Ross, otro miembro del MNC, lo estaba esperando. Desde allí Townley transmitió un mensaje codificado a sus jefes en la DINA, indicando que la bomba había sido colocada.
El lunes 20 por la noche Michael y Ronni cenaron con Letelier y se retiraron a su apartamento en el mismo auto donde ya estaba colocada la bomba. Al día siguiente, la pareja llegó a la casa de Letelier, quien apareció en la puerta minutos después, le dio un beso de despedida a su esposa Isabel, y partieron a las nueve y quince de la mañana.
Al llegar a la altura del restaurante Roy Ro­gers, un sedán gris se les colocó detrás, y continuó tras ellos por la avenida River Road. Su conductor insertó en el encendedor los terminales del control remoto para detonar la bomba. Ambos automóviles tomaron a la izquierda desde la calle 46 hacia la Avenida Massa­chu­setts, entrando en la Avenida de las Em­bajadas. El auto de Letelier se deslizaba lentamente, so­brepasó la Embajada de Chile que estaba a la izquierda y cuando circulaba por la rotonda Sheridan Circle, el terrorista oprimió el botón del control remoto, e inmediatamente se produjo un ruido ensordecedor. La onda expansiva impactó a Letelier contra el techo del auto, que se elevó unos metros y cayó sobre el asfalto, desplazándose violentamente hasta detenerse frente a la Embajada de Rumanía, totalmente destruido e incendiado. El cuerpo de Letelier quedó desmembrado y Ronni cayó en el césped manando sangre por la garganta, y murió al llegar al hospital. Michael, quien viajaba en el asiento trasero quedó aturdido, sin atinar a comprender lo que había sucedido.
Tres semanas después cuando Luis Posada Carriles fue detenido en Caracas, por ser uno de los autores intelectuales de la explosión en pleno vuelo del avión civil cubano en Bar­bados, en su poder fueron encontrados varios documentos que mostraban los movimientos que hacía Letelier para desplazarse hacia su trabajo, y un mapa con su recorrido habitual.
El complot contra Letelier fue descubierto y parte de sus ejecutores detenidos. En medio de un dilatado proceso jurídico el tribunal dictó varios sobreseimientos y resoluciones. En 1979 Townley fue sancionado a diez años de prisión, pero negoció con la Fiscalía y solamente cumplió cuatro meses.
Después fue beneficiado por el programa de protección de testigos, y vive actualmente en los Estados Unidos con una nueva identidad. En 1990 y 1991 Suárez Es­quivel y Paz Romero fueron condenados a 12 años, pero Orlando Bosch, Luis Posada Ca­rriles, Guillermo e Ignacio Novo Sampoll y Al­vin Ross quedaron en libertad. Estos hechos revelan la participación en la Operación Cón­dor de agentes de la CIA, militares chilenos y terroristas de origen cubano residentes en Mia­mi, los mismos que durante más de 40 años han actuado contra Cuba con total impunidad, y todavía hoy continúan al margen de la justicia.

* Investigadores del Centro de In­ves­tigaciones Históricas de la Seguridad del Estado

#TodosMarchamos Mirando a los ojos de los terroristas que volaron el avión cubano

40 años del crimen en Barbados
Los terroristas de origen cu­bano Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, au­tores confesos del crimen, fueron protegidos por el gobierno de Es­tados Unidos
Autor: Alicia Herrera* | internet@granma.cu
15 de septiembre de 2016 22:09:00
Cuarenta años después de la voladura de un avión civil cu­bano cerca de las costas de Bar­bados, el 6 de octubre de 1976, donde perdieron la vida 73 personas inocentes, este ho­rrible acto terrorista aún permanece impune pe­se a las abrumadoras pruebas que existen y han sido presentadas, contra sus autores materiales e intelectuales y sus cómplices en los servicios de inteligencia de Estados Unidos.
El pueblo cubano, su Gobierno Revolucio­nario y en particular, los familiares de las víctimas del crimen de Barbados, no han descansado, en todos estos años, en su lucha por hacer justicia. El dolor fue transformándose en fuerza y coraje para plantar la verdad del caso, en todos los escenarios, no solo de la Isla sino de mu­chos países del mundo. Sin embargo, la esperada justicia nunca apareció.
Por el contrario, los terroristas de origen cu­bano Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, au­tores intelectuales confesos del abominable crimen, fueron protegidos por el gobierno de Es­tados Unidos, puestos a salvo de la justicia en su territorio, don­de recibieron todo el apoyo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que los adiestró desde la década de los años 60, para cometer todo tipo de atentados contra el pueblo cubano y su Revolución.
La voladura del avión de la línea aérea Cu­bana de Aviación, vuelo CU-455 que cubría la ruta Guyana-Trinidad y Tobago- Bar­bados-Ja­maica y finalmente La Habana, fue un hecho es­tremecedor, jamás había ocurrido uno igual en el hemisferio occidental. La maquinación para planificar el asesinato de personas inocentes con el amparo del Gobierno venezolano de entonces, presidido por Carlos Andrés Pérez, y la anuencia de la CIA, revela la verdadera esencia criminal de cuantos estuvieron involucrados en el crimen.
Tal vez las nuevas generaciones no conozcan completamente cómo se articulaba la maldad contra Cuba en aquellos años donde mu­rieron miles de cubanos, a consecuencia de los actos terroristas que alentaron y financiaron sucesivas administraciones norteamericanas para destruir a la Revolución Cu­bana.
Ahora cuando se cumplen 40 años del atentado contra el avión cubano en Barbados, tenemos el deber de rescatar la me­moria de aquellos hechos que no deben repetirse jamás.

NADA ES FICCIÓN
Recordaba que hace un par de años atrás, al concluir un conversatorio con un grupo de estudiantes de secundaria, se me acercó un muchacho de mirada vivaz y me preguntó con mucha curiosidad, si el spot de televisión en el que se oye la voz del copiloto del avión cubano antes de caer al mar, era una re­creación de ese dramático momento.
Yo me sorprendí y le pedí que me explicara por qué él pen­saba así, al tiempo que le explicaba que ese grito desgarrador (¡«Eso es peor, pégate al agua Felo, pégate al agua»!) era tan au­téntico que expresaba la gran humanidad de estos hombres que, hasta el último momento, trataron de impedir que el avión se desplomara.
El joven no tenía una idea clara sobre esta tragedia que enlutó a familias de Cuba, Guyana y de la República Popular de Co­rea. Creía que la imagen de la nave cayendo frente a las costas de Barbados era ficción. Como él, no se sabe cuántos aún ignoran o permanecen confundidos en relación con este triste episodio de la historia de las agresiones contra la Isla.
Es por esta y otras razones que estamos comprometidos a denunciar el crimen de Barbados, aprovechar estos momentos de recordación para transformarlos en tribuna y transmitir a los más jóvenes la verdad que es el camino más cierto para alcanzar la justicia.

MIRANDO A LOS OJOS DE LOS TERRORISTAS
Algunos de los lectores recordarán que yo fui la periodis­ta venezolana que denunció a los terroristas Orlando Bosch, Luis Posada Carriles, Hernán Ricardo y Freddy Lugo, por su participación directa en el atentado a la nave de Cubana de Aviación.
Solo por casualidades de la vida, yo visité en la prisión del Cuartel San Carlos de Caracas, a Freddy Lugo, un fotógrafo, com­pañero de trabajo de la Revista Páginas, que estaba preso por presunta participación en la voladura del avión cubano. No creía que él y el otro fotógrafo del diario El Mundo,
Hernán Ri­cardo, estuvieran implicados en un crimen tan horrible.
Mucho antes de que Lugo y Ricardo pusieran los explosivos en el avión de Cubana, ya eran parte de mi vida laboral, los co­nocía como muchachos trabajadores, un poco más a Freddy Lugo con quien salía frecuentemente a hacer reportajes para Páginas.
A través de Lugo surgieron las relaciones con los otros terroristas presos también en el cuartel San Carlos, mientras se de­sarrollaba en los tribunales el proceso que, durante mis visitas a esa prisión, descubrí que era completamente amañado con la venia del gobierno del presidente Pérez y después al concluir este su mandato, con el apoyo del presidente Luis Herrera Campins y su policía política (Disip) de la que Posada Carriles había sido comisario.
Freddy Lugo compartía celda con uno de las más connotados contrarrevolucionarios de origen cubano, Orlando Bosch, quien era una especie de héroe para él, a quien conminaba siempre a contarme sus historias de «luchador por la democracia en Cuba». Bosch disfrutaba, se frotaba las manos, y detallaba sus actos terroristas. De esta manera llegué a la conclusión de que si este hombre tenía este récord criminal y estaba preso, probablemente podía estar involucrado en el sabotaje del DC-8 de Cubana de Aviación.
Yo me sentía muy tensa cuando tenía al frente aquel hombre de mirada inquisitiva, detrás de unos gruesos espejuelos, que insistía en darme hasta los más mínimos detalles de cómo colocaba bombas en embajadas y consulados cubanos en el exterior, así como en oficinas de Cubana de Aviación y otras dedicadas al turismo con la Isla.
Fueron momentos muy fuertes, difíciles de manejar, con una carga de sorpresa y rabia, de miedo… porque de verdad, daba miedo, me temblaban las piernas, pero trataba de guardar la compostura casi sin emitir palabras: no hacía falta. Bosch se po­sesionaba del escenario, gesticulaba con sus manotas, a veces se levantaba del asiento y contaba con estridente voz sus fechorías, como si estuviera frente a un público cautivo.
Entonces tomé la decisión de hacer una investigación periodística sobre el caso del avión cubano con dos fuentes primarias, Bosch y Lugo.

ME LO DIJERON TODO
Por espacio de más de dos años visité a los terroristas en el Cuartel San Carlos. Allí conocí a la mujer de Bosch, la chilena Adriana Delgado, y a Nieves de Posada, esposa de Posada Ca­rri­les. Con ambas sostuve estrechas relaciones, siempre coincidíamos en las visitas y aportaban buenos datos para el trabajo periodístico que yo estaba preparando.
Las dos, imprudentes y habladoras, confirmaban todo cuan­to Bosch contaba de sus esfuerzos «por liberar a la Patria martirizada» junto con Posada Carriles. Nieves, una fuente indirecta pero muy valiosa, se vanagloriaba al resaltar que su marido había logrado prepararse en la CIA y era un experto en explo­sivos.
Esta mujer fue clave para conocer cómo Posada Carriles planificó con Orlando Bosch, el atentado al avión de Cubana, así como otras acciones criminales de los grupos contrarrevolucionarios cubanos, incluido el asesinato del excanciller chileno Orlando Letelier y su secretaria Ronni Moffit, en Washington, tres meses antes de la explosión en pleno vuelo del avión en Barbados.
Me lo dijeron todo. Lugo me contó paso a paso, cómo pusieron la bomba en el baño ubicado en la parte trasera del avión. Bosch en un arrebato de cólera dijo en mi presencia que había volado un avión cargado de comunistas. Posada, según documentos desclasificados del FBI anunció que «volaremos un avión cubano» y Ricardo con desfachatez gritó para que todos oyeran, en el patio de ejercicios del Cuartel San Carlos: «Pusi­mos la bomba, y qué?».

EL GRITO EN EL TÍTULO DEL LIBRO
De manera muy general he recordado episodios de aquel momento que cambió mi vida para siempre. Ya impuesta de que estos hombres eran los asesinos de 73 personas inocentes que viajaban en el vuelo CU-455 de Cubana, se planteó para mí una decisión determinante; o los denunciaba o me quedaba callada y me convertía automáticamente en su cómplice. Opté por la denuncia y tuve que hacerla fuera de mi país para proteger mi vida de los sicarios del gobierno socialcristiano de Luis Herrera Campins.
En septiembre de 1980, al conocer que un tribunal militar había absuelto a los cuatro terroristas por considerar que «fueron destruidas las pruebas» que servían de base a la acusación; convoqué a una conferencia de prensa, con medios nacionales y extranjeros en Ciudad de México y denuncié a los responsables del siniestro del avión: conté todo cuanto me dijeron acerca de su planificación y ejecución y la complicidad de los gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins.
Igualmente me referí a una serie de actos terroristas ejecutados en otros países por Bosch y Posada Carriles con saldo de muerte y destrucción y especialmente alerté a la comunidad internacional sobre la intención de estos criminales de continuar con estas acciones vandálicas contra Cuba y su pueblo.
Posteriormente, esta denuncia fue ampliada en el libro de mi autoría Pusimos la bomba… ¿y qué?, título tomado del grito de Her­nán Ricardo, autor material, junto con Freddy Lugo, de este abominable crimen.
Veinticinco años después de la publicación de mi investigación periodística, se lanzó una nueva edición ampliada del libro que incluía documentos desclasificados de la CIA y el FBI, sobre el sabotaje del avión cubano, que corroboraron que los hechos ocurrieron tal y como los denuncié, desmontando de esta ma­nera, la campaña mediática de la derecha que propagaba en sus medios que se trataba de una historia inventada para favorecer a la Revolución Cubana.

* Periodista venezolana y luchadora antiterrorista.Avion

#TodosMarchamos Una operación terrorista contra #Cuba

f0067767f0067765
ATENTADO CONTRA LA EMBAJADA DE CUBA EN LISBOA
Con este trabajo Granma inicia una serie de publicaciones relacionadas con los más violentos actos perpetrados contra Cuba, en ocasión de conmemorarse el próximo 6 de octubre el aniversario 40 del horrendo Crimen en Barbados y el Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado
Autor: José Luis Méndez Méndez* | jose@internet.cu
Autor: Pedro Etcheverry Vázquez* | internet@granma.cu
12 de septiembre de 2016 20:09:03
Atentado a la embajada de Cuba en Lisboa, Portugal. Foto: Archivo
El 22 de abril de 1976, alrededor de las cuatro y cuarenta de la tarde, cuando los niños de los funcionarios cubanos estaban a punto de regresar de la escuela, se produjo la explosión de una bomba de alto poder en el sexto piso de un edificio de apartamentos donde se encontraba la Embajada de Cuba en Lisboa, hecho en el que murieron los diplomáticos Adria­­na Corcho Calleja y Efrén Monteagudo Rodrí­guez, de 35 y 33 años de edad, respectivamente. El poderoso artefacto explosivo se encontraba dentro de un maletín, que había sido colocado en la escalera, junto a la puerta de uno de los apartamentos que ocupaba la sede, por un individuo que tocó y se retiró apresuradamente.
Adriana detectó la presencia de la carga ex­plosiva y, comprendiendo el peligro que se cernía sobre sus compañeros, los alertó. Acto seguido se lanzó a tomar las medidas de seguridad pertinentes, pero la sorprendió una te­rrible explosión que la mató en el acto y también ocasionó la muerte de Monteagudo Ro­dríguez. El funcionario Alberto Álvarez Al­fonso resultó herido. Los dos pisos donde se encontraba la representación cubana sufrieron grandes destrozos, y varios apartamentos de otros niveles también recibieron daños.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS
En octubre de 1975 Angola había sido invadida por el ejército racista sudafricano, fuerzas armadas zairotas y organizaciones contrarrevolucionarias de origen angolano, apoyadas por el Gobierno de los Estados Unidos, con el objetivo de impedir que el Movimiento Po­pu­lar para la Liberación de Angola y su principal líder Agostinho Neto, proclamaran la independencia de la nación.
Ante la compleja situación creada el MPLA solicitó la ayuda solidaria de Cuba, que no tar­dó en acudir en defensa del hermano pueblo angolano. A principios de noviembre, cuando los sudafricanos se encontraban a pocos kilómetros de Luanda por el sur y los zairotas junto con bandas terroristas del Frente Nacional pa­ra la Liberación de Angola se acercaban amenazadoramente a la capital por el norte, tropas especiales del Ministerio del In­terior y unidades regulares de las Fuerzas Ar­madas Revo­lucionarias entraron en combate junto a las Fuerzas Populares para la Libe­ra­ción de An­gola, obligando a los invasores a re­troceder en ambas direcciones. El 11 de no­viembre de 1975, en Luanda, durante un multitudinario acto en el que participaron miles de angolanos Agostinho Neto proclamó la independencia de la nación.

A los terroristas tampoco les importó poner en peligro la vida de los otros residentes en el inmueble saboteado. Foto: Archivo
SE ORGANIZA LA REPRESALIA
El 20 de enero de 1976 asumió funciones co­mo director de la Agencia Central de Inteli­gencia (CIA) George Herbert Walker Bush. Los grupos terroristas de origen cubano asentados en territorio estadounidense incrementaron su violento accionar con el visto bueno de la Casa Blanca, desatando una ola de actos terroristas contra oficinas comerciales y representaciones diplomáticas cubanas en América La­tina y Europa, que ocasionaron nuevas víctimas y cuantiosos daños materiales. Al mis­mo tiempo, otros grupos terroristas que actuaban al servicio de la dictadura militar del general Augusto Pinochet, fueron enviados por la Di­rección de Inteligencia Nacional de Chile a operar contra refugiados chilenos en el territorio europeo.
Posteriormente el connotado terrorista de origen cubano Luis Posada Carriles fue enviado a Chile para contactar con el neofascista italiano Stefano Delle Chiaie, de cuyo en­cue­n­­tro surgió la coordinación de atentados violentos contra miembros de la izquierda chi­le­na y otros objetivos potenciales en Eu­ro­­­pa. En ese momento, en Lisboa, Portugal, Frank Car­lucci[1] era el embajador de los Esta­dos Unidos.

LAS DENUNCIAS DE FIDEL
El 6 de junio de 1976 al referirse a estos grupos terroristas, el Comandante en Jefe Fidel Castro expresó: «Incluso la propia CIA, que los amaestró y los instruyó, es muchas veces incapaz de controlarlos. Esto no quiere decir que la CIA no tenga responsabilidad con estos he­chos. La CIA es la CIA, y a veces simula no te­ner responsabilidades; y a veces, efectivamente, esos elementos actúan por su cuenta, pero nadie sabe cuándo la CIA los está utilizando. La CIA les enseñó a manejar los explosivos, la CIA les enseñó a manejar instrumentos de muerte, y hoy hasta la propia CIA y los organismos policiales de Estados Unidos son a veces incapaces de controlarlos».[2]
El 15 de octubre de 1976, en el discurso pronunciado en la Plaza de la Revolución, durante el acto de despedida de duelo de las víctimas del avión civil cubano, saboteado unos días antes en pleno vuelo frente a las costas de Bar­bados, donde murieron las 73 personas que viajaban a bordo, Fidel denunció: «En los últimos meses el Gobierno de Estados Unidos, resentido por la contribución de Cuba a la de­rrota sufrida por los imperialistas y los racistas en África, junto a brutales amenazas de agresión, desató una serie de actividades terroristas contra Cuba. Esa campaña se ha venido intensificando por día y se ha dirigido, fundamentalmente, contra nuestras sedes diplomáticas y nuestras líneas aéreas».[3]

EL JUICIO CONTRA EL AUTOR MATERIAL
Algún tiempo después se conoció que los autores intelectuales del atentado contra la Em­bajada de Cuba en Lisboa eran antiguos colonos portugueses que habían sentido afectados sus intereses debido a la colaboración internacionalista prestada por los combatientes cubanos en defensa de la independencia de Angola, y que actuando en represalia, habían contratado a miembros de una red terrorista de extrema derecha que funcionaba clandestinamente en Portugal, con el objetivo de que hicieran estallar una bomba en la sede diplomática cubana.
El 15 de diciembre de 1977, Ramiro Mo­reira, autor material del atentado terrorista contra la Embajada cubana en Lisboa, que pertenecía al cuerpo de seguridad de un partido de derecha, compareció ante el Tribunal Mili­tar Territorial de Lisboa para responder por la realización de más de 60 operaciones te­rroris­tas en las que había participado.
La confirmación de la identidad de Moreira se produjo por las declaraciones formuladas ante ese tribunal por el diputado socialdemócrata a la Asamblea de la República Eduardo José Viera, quien admitió la verdadera identidad del acusado. Moreira, al igual que otro de los reos, se escudó en un precepto legal que le permitía no declarar en ningún proceso jurídico, y remitir a los jueces a su abogado defensor para que este realizara las aclaraciones correspondientes y respondiera cualquier pregunta.
En 1978, al final del juicio que duró ocho meses, una docena de acusados vinculados a estos hechos terroristas fueron absueltos, lo que tuvo cierta repercusión en los medios de difusión portugueses. En este proceso el exjefe de la Policía de Seguridad Pública, capitán Mota Pinto, fue acusado en la misma causa, señalándose como la persona que le indicaba a Moreira los lugares en que se debían colocar los artefactos explosivos. Moreira fue sancionado a 21 años de privación de libertad.

UNA ACUSACIÓN QUE CONTINÚA VIGENTE
El 23 de agosto de 1981, el abogado portugués Levi Baptista, representante legal de los fa­miliares de los dos funcionarios cubanos asesinados, acusó a la CIA de estar involucrada en el atentado dinamitero contra la Embajada de Cuba en Portugal. El conocido jurista declaró que sobre Ramiro Moreira recaían las mayores acusaciones, pero advirtió que aún permane­cían en libertad quienes lo habían mandado a cometer esos crímenes. Aquellas palabras continúan vigentes, y nadie sabe si algún día en­contrarán eco en la justicia. Tras un breve tiempo en prisión, Moreira logró evadirse y eludió la sanción huyendo hacia España. En 1991 fue indultado por el Gobierno de Mario Soares.
Los principales responsables de la detonación de la bomba que estalló en la Embajada de Cuba en Lisboa no tuvieron en cuenta que también habían puesto en peligro la vida de sus compatriotas, incluyendo ancianos, mujeres y niños residentes en el inmueble saboteado.
Ante tales crímenes el pueblo cubano siempre ha respondido con nuevas fuerzas para de­fender sus conquistas. Hoy, al cabo de cuatro décadas de aquel hecho, las nuevas generaciones recuerdan con profunda admiración a Adriana y Efrén, y esa manifestación de respeto hacia los caídos es, precisamente, uno de los factores que hacen invencible a un pueblo que se mantiene fiel a su historia.

* Investigadores del Centro de Investigaciones Histó­ricas de la Seguridad del Estado
[1] En 1978 Frank Carlucci fue designado subdirector de la CIA y en 1987 fue asesor de Seguridad del presidente Ronald Reagan.
[2] Acto central conmemorativo del XV Aniversario del Ministerio del Interior; teatro Karl Marx, La Ha­ba­na, Ediciones OR, Ene-Mar/76: p. 36.
[3] Discurso pronunciado por el Comandante en Je­fe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Cen­tral del Partido Comunista de Cuba y Primer Mi­nistro del Gobierno Revolucionario, en el acto de despedida de duelo de las víctimas del avión de Cubana destruido en pleno vuelo el 6 de octubre, efectuado en la Plaza de la Revolución el 15 de octubre de 1976, “Año del XX aniversario del Granma”, periódico Gran­ma, 16 de octubre de 1976.

#TodosMarchamos El pueblo, la mayor protección de Fidel Castro

CUBA-LA HABANA- EL GENERAL, FABIAN ESCALANTE FON, HABLA SOBRE LO
CUBA-LA HABANA- EL GENERAL, FABIAN ESCALANTE FON, HABLA SOBRE  LOS   PLANES DE  ATENTADOS  FRAGUADOS CONTRA  EL  COMANDANTE EN  JEFE  FIDEL  CASTRO  RUZ

 

El gran chaleco antibalas del líder histórico de la Revolución, frente a los más de 600 atentados contra él, ha sido la moral, se expresó este jueves en un habitual espacio de la Sociedad Cultural José Martí dedicado esta vez al Comandante en Jefe por su cumpleaños 90
Aileen Infante Vigil-Escalera
digital@juventudrebelde.cu
1 de Septiembre del 2016 23:10:53 CDT

Fidel y los intentos de asesinato organizados contra su figura, fue el tema principal del espacio Cultura y Nación: el misterio de Cuba, organizado este jueves por la Sociedad Cultural José Martí en su sede capitalina de 17 y D, para rendir homenaje al líder histórico de la Revolución en su cumpleaños 90.
El general de división (r) Fabián Escalante Font, exjefe de los Servicios de Inteligencia en Cuba, fue el invitado de la tarde, quien compartió con los presentes la historia de algunos de los 634 atentados y 167 grandes complots perpetrados contra el Comandante en Jefe desde 1958 hasta el 2000.
«Existen cuatro períodos principales en los que intentaron acabar con su vida: antes del triunfo de la Revolución, protagonizados por intentos de infiltraciones en las tropas rebeldes; del 1ro. de enero de 1959 hasta la victoria de Playa Girón; de abril de 1961 hasta la década de los 70, etapa caracterizada por una fuerte guerra sicológica; y desde entonces hasta la actualidad, cuando trataron de asesinarlo durante sus viajes al exterior», explicó.
Entre las principales acciones organizadas y financiadas por la Agencia Central de Inteligencia norteamericana contra su vida, trascendieron las operaciones Generosa, Cuba en llamas, Mangosta y Peter Pan, en cuya neutralización desempeñó un papel decisivo la unidad del pueblo cubano. «La gran coraza que ha defendido a Fidel durante todos estos años es su pueblo», resaltó.
No obstante, ante las interrogantes de los presentes sobre el lugar que podría haber ocupado la casualidad en el éxito de estas misiones, el general de división agregó que nadie duda de la «suerte o aché» tantas veces atribuida a Fidel, porque «definitivamente su gran percepción del peligro también contribuyó a burlar los peores peligros, pero, como él mismo dijo durante uno de sus viajes, su gran chaleco antibalas es la moral», concluyó.

#Miami: ¿Hasta dónde ha caído Gloria Estefan? #Cuba

Publicado el junio 5, 2016 por micubaporsiempre
Gloria Estefan Gloria EstefanPor Nicanor León Cotayo
Bajo su techo de fino cristal rechaza viajar a La Habana invocando corroídos pretextos que hace decenios infló la ultraderecha de origen cubano.
Durante una entrevista concedida en Miami a la radio por satélite Sirius XM, ella expresó este viernes parte de su odio hacia la Revolución de la isla.
“Creo que la gente de Cuba necesita libertad y comida mucho más que a mí cantando”, dijo con tono ansioso.
La empresaria reconoció que su advertencia constituye un tema personal.
¿Debido? Su padre en 1961 fue uno de los invasores que Washington lanzó contra Cuba a través de Playa Girón (Bahía de Cochinos.
Ella agregó que, también, porque la vida de los cubanos “no ha mejorado” bajo el gobierno de los hermanos Castro.
Un cable de la agencia estatal EFE se hizo eco de sus palabras cuando dijo que han creado ciudadanos de segunda clase en su propio país.
La señora Estefan además puntualizó que no estaría en un escenario donde no pueda expresar libremente sus ideas.
“Ni tampoco “causar cualquier tipo de violencia por algo que se diga”.
Por último informó que junto a su esposo, el también empresario Emilio Estefan, van a lanzar nuevos restaurantes en el sur de la Florida.
Observadores apuntaron que, al parecer, la empresaria-cantante no sabe que hasta el presidente Barack Obama se expresó con absoluta libertad cuando estuvo en La Habana.
Pero ella, situada a la derecha de este último manifiesta temores sobre lo inexistente.
Sin embargo trata de silenciar los momentos en que sostuvo cálidos diálogos con la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Lo reveló la prensa a fines de agosto del año 2009 con el siguiente titulo:
“Gloria Estefan confiesa que la CIA le propuso ser espía”.
Uno de sus textos de entonces indica que la Estefan admitió haber estado en contacto con la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
¿En qué momento? Cuando años antes trabajó como funcionaria de aduanas en el aeropuerto de Miami.
Según aquella versión, la Agencia supuestamente le seleccionó “por dominar idiomas”.
Ahora en una entrevista con el programa “Al rojo vivo”, de la cadena Telemundo, Estefan narró con mayor amplitud y franqueza sus experiencias.
Como se dijo antes, reveló que la CIA se acercó a ella: “Yo trabajaba como traductora en la aduana del Aeropuerto Internacional de Miami”, dijo.
Le resbaló un detalle muy curioso, su padre, José Fajardo, actuó como guardaespaldas del tirano cubano Fulgencio Batista.
A ese hecho unió su participación en el histórico desastre estadounidense en Bahía de Cochinos, del que John F. Kennedy atribuyó a Washington su paternidad.
Cuando Estefan contó a su madre que la CIA quería reclutarla, ella le sugirió no aceptarlo, pues ya su padre “había sufrido” en la Agencia.
Así reconoció implícitamente que le había prestado servicios a ese gigantesco aparato de espionaje mundial.
Lo de la CIA “no es broma, es verídico”, contestó Estefan cuando la entrevistaron sobre el tema.
En la primera semana de marzo de 2009, un diario de Gran Bretaña, The Telegraph, reseñó la entrevista con la empresaria- cantante donde reconoció sus diálogos con la CIA.
He ahí la persona que, incluso antes de ser invitada, se niega a visitar Cuba.