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Declaran Monumento Nacional a Quinta Santa Bárbara

La Quinta Santa Bárbara, sede de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano ubicada en el municipio capitalino La Lisa, fue declarada Monumento Nacional en acto solemne efectuado en el lugar, al que asistió Alpidio Alonso Grau, ministro de Cultura.

Gladis Collazo, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural y de la Comisión Nacional de Monumentos dio lectura a la Resolución que acredita la proclamación de Monumento Nacional del inmueble.

 

La Quinta Santa Bárbara fue construida en 1929, de estilo neocolonial con rasgos eclécticos, es una sólida edificación de dos niveles ubicada en una amplia parcela, colmada de árboles, jardines y esculturas que remarcan el carácter exclusivo de este tipo de Quinta que proliferaron en La Habana.

El Ministro de Cultura Alpidio Alonso Grau, y Gladis Collazo, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural y de la Comisión Nacional de Monumentos develaron la placa acreditativa.

La sede de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano atesora bienes, muebles de alto valor patrimonial inscriptos en el   Registro Nacional de Bienes Culturales, destacándose la colección personal y documental del Premio Nobel de la Paz Gabriel García Márquez, y la colección fotográfica que muestra la historia grafica de la entidad

 

Falleció el destacado actor cubano Salvador Wood

El destacado actor cubano del cine, la radio, la televisión y el teatro, Salvador Wood, Premio Nacional de Televisión Por la Obra de Toda la Vida, ha fallecido este sábado a la edad de 90 años.

Wood, uno de los más respetados y queridos actores cubanos, es admirado por generaciones de cubanos y recordado por sus inolvidables roles en los filmes cubanos La muerte de un burócrata El Brigadista, entre otros.

El también Premio ACTUAR por la Obra de la Vida, otorgado por la Agencia Artística de Artes Escénicas ACTUAR 2016, será recordado como uno de los actores más populares, prestigiosos y versátiles de nuestras artes escénicas.

Nació el 24 de noviembre de 1928, en Santiago de Cuba, donde mismo nació su compañera de la vida, Yolanda. Sus padres eran santiagueros y por la estirpe paterna de los Wood, fue el único que tuvo el coraje de ser actor de teatro, de radio, de televisión y de cine.

Salvador Wood se lamenta de no haber aprendido música y de no tocar ningún instrumento musical, porque ese arte, llamado por Martí, la más bella forma de lo bello, ayuda mucho a los actores de cualquier género.
Nace un autor

Sus primeros retos como actor fueron en la radio, en 1943, en un programa especial sobre el fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina, el 27 de noviembre. Hizo el papel de uno de los estudiantes fusilados.

Después llegó al teatro y su primer reto fue con solo 17 años, en el año 1945, organizado por el Cuadro de Comedia y Arte Dramático creado en Santiago de Cuba por el actor matancero José María Béjar, en la obra Don Juan Tenorio, de Zorrilla. Béjar hacía el Tenorio y él su contrafigura, Don Luis Mejías; obra en verso, un clásico del teatro romántico español. Lo más simpático es que aún hoy sé sabe de memoria la larga relación que le hace Don Luis Mejías a Don Juan Tenorio en la Hostería El Laurel.

Le siguió, en 1952, el primer reto en la televisión, en un programa de Paco Alfonso, en el Canal 2, dirigido por Jesús Cabrera, donde hizo por primera vez un personaje campesino. Después de eso a hecho 18 campesinos distintos.

Más tarde, en 1960, debutó en el cine, en un documental bajo el título de Chinchín, donde hizo el papel de otro campesino. El director fue Humberto Arenal y el fotógrafo, el canadiense Harry Tanner; se filmó en Jovellanos, Matanzas. Donde salvador fue más feliz como actor, y sintió un mayor impacto emocional, fue en la película El Brigadista, en 1976, porque allí debutó su hijo Patricio Wood, juntos los dos en el mejor ejemplo de fraternidad que existe, padre e hijo.

Salvador Wood y su familia en 1978. Foto: Osvaldo Salas

Como actor también lo marcó sobremanera el haber hecho el papel de José Martí en un programa que dirigía Pedro Álvarez, en 1968, a propósito del centenario del estallido de la Guerra de 1868, en el que mi esposa novia encarnó la figura de Carmen Zayas Bazán.

El formidable actor, es un profesional empírico, sin escuela, y que aprendió observando y preguntando a los actores académicos como Juan Carlos Romero, uno de los directores más queridos; de Alejandro Lugo y de otros que harían penosa la lista por un olvido involuntario. Y como no tenía academia, se veía ante una enorme desventaja. Por eso tuvo que estudiar solo, leer mucho, y beber de las técnicas de Stanislavski después de 1959. Siempre se ha mantenido actuando constantemente, y en el año 2006 participó en otra película, Listos para la Isla.

A sus 80 años, se declaraba esperanzado en seguir actuando, enamorado de una actriz que tuvo el valor de casarse con él hace 59 años declarando públicamente que tiene un apellido de madera (Wood, en inglés significa madera), pero una voluntad de hierro.
Actor y poeta

Entre todas las condecoraciones, diplomas, distinciones y medallas que posee se queda con la admiración de su pueblo y el cariño de su esposa, el de sus dos hijos y de sus cuatro nietos.

(Con información de Juventud Rebelde y Portal de la Televisión Cubana)

Café amargo en los cines de #Cuba

 

Dirigida por Rigoberto Jiménez, el largometraje cubano llegará al circuito de estreno a partir del 17 de febrero
Fotograma de la película que se estrena en el circuito de cines del país. Foto: Desconocido
El largometraje cubano de ficción Café amar­go se estrenará a partir del 17 de febrero en todo el país. El director del filme, Rigoberto Jiménez, basó el argumento en su documental Las cuatro hermanas, de 1997, que tuvo su origen en la Televisión Serrana. La producción se concretó en el 2012.
“De abril a mayo, durante seis semanas, el equipo, formado mayormente por amigos, estuvo en la Sierra. Luego duró tres años terminar el trabajo, pero se logró gracias al esfuerzo, al amor por la historia, el lugar y al apoyo de instituciones como la Escuela Internacional de Cine y Te­le­visión de San Antonio de los Baños, Televisión Serrana y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos,” afirmó el director.
—¿Cómo surgió la idea para la película?
—Me había graduado de Letras en la Uni­versidad de Oriente; ante una convocatoria de Televisión Serrana me presenté y ya como parte del proyecto comencé a conocer muchas personas y cuentos. Fue así como me topé con las cuatro hermanas y su mito dentro de la comunidad de San Pablo del Yao. Vivían solas, no dejaban entrar a nadie en su finca, mucho menos hombres, trabajaban sus tierras, desde la muerte de sus padres habían decidido resguardar el patrimonio familiar. Todo esto se llevó a la ficción mediante una historia, que muestra las consecuencias del paso del tiempo, su envejecimiento y el deterioro del cafetal.
—Todo artista pretende transmitir un mensaje, aunque luego espectadores y críticos tengan su opinión. ¿Cuál era su objetivo?
—Primeramente quería dar a conocer la historia de vida, la importancia de la toma de decisiones, cómo el ser humano es capaz de escoger la soledad por convicción. Y a partir del contexto, que muestra el duro trabajo del campo, el aislamiento, la falta de luz eléctrica, y los pensamientos atrasados de machismo, tanto en hombres como mujeres, dar a conocer que más allá de La Ha­bana existe otra Cuba.
“El filme fue presentado durante el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Fue llevado además a Bayamo y  San Pablo del Yao, donde la acogida fue especial, porque los habitantes conocían la historia y habían colaborado con la producción”.
Actualmente Rigoberto está inmerso en otro proyecto que también abordará la vida lejos de los movimientos citadinos y el tema familiar. “No podría decir que es para este año. Es otro proyecto de ficción que está en sus fases iniciales. Ne­cesitará un proceso largo de búsqueda de fondos”, afirmó.
—¿Por qué le atraen las historias del campo?
—Yo soy de la Sierra. Por eso y porque ahora casi todos los filmes tienen su locación en la ciudad, me dedico al campo. De las actrices con las que trabajé, cinco son de Bayamo, nominadas al Premio Caricato de Cine por la película, y ese era otro de mis deseos: que trabajaran artistas noveles de otras provincias.
—¿Es Café amargo un homenaje a la Te­le­visión Serrana?
—No es un homenaje, porque nunca me he separado por completo de Televisión Serrana. Aunque ahora soy parte de la Escuela In­ter­na­cional de Cine, me mantengo en contacto con ese lugar al que me debo. El homenaje es más bien a las personas a quienes te les presentas con una cá­mara y les dices: ‘Mire, yo quiero hacer una película con su historia’, y aceptan. Abren las puertas de su casa y de su vida para que las filmes y las des a conocer. Te permiten convertirlos en personajes.
—La producción cinematográfica cubana versa frecuentemente sobre temas sociales. ¿Cree que se deberían diversificar temas y géneros?
—Todos los temas y géneros son posibles para el cine cubano, pero la iniciativa depende de los creadores y es también responsabilidad de las instituciones culturales el fomentar la existencia de esa variedad.
“No hay que temerle a que el cine refleje la sociedad, eso también es una de las funciones del arte. El cine latinoamericano siempre ha estado permeado de la realidad que está atravesando el continente. El arte nos permite ver las cosas desde un punto de vista que antes no habíamos visto y esto provoca una reflexión que resulta beneficiosa a la sociedad, de aquí parten los cambios.
“Existe un grupo grande de jóvenes que estudian en la Escuela Internacional de Cine y de Televisión o en la Facultad de Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual que tienen mu­cho interés y se están dedicando a hacer todo tipo de género, aunque todavía muchos cortometrajes, que no dejan de ser cine y tienen mucha importancia en el desarrollo de una cinematografía nacional”.
—Ante la influencia del cine foráneo el cubano mantiene la preferencia de los espectadores.
—El cine cubano gusta mucho en el país. Esto se hace notorio durante el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en diciembre, cada vez que ponen una película cubana las salas quedan sin capacidad. Las personas se sienten reflejadas, reflexionan, se ríen de los problemas, y a veces lloran, porque la gente va al cine a tener cualquier tipo de emociones.