Archivo de la etiqueta: Dictadura de Fulgencio Batista

José María Pérez: no lo dejamos morir

José María Pérez
José María Pérez

“Nunca más supimos de él. Fue como si se lo hubiera tragado la tierra. Recorrí todas las estaciones de policía, todas las dependencias represivas posibles, hice gestiones a todos los niveles. Nadie aportaba nada. Nadie sabía nada”. Así recordó Irene Rodríguez, militante comunista y sindicalista, el angustioso peregrinar para conocer el paradero de su esposo José María Pérez, quien asumió la dirección del movimiento sindical cubano después de que la dictadura de Fulgencio Batista le negó la entrada al país al secretario general de la CTC Lázaro Peña.

José María había sido secuestrado el 20 de noviembre de 1957, en la intersección de las céntricas avenidas capitalinas Belascoaín y Carlos III, por agentes del llamado Buró de Represión de Actividades Comunistas (Brac).

No era un hecho inusual, sino una de las tantas prácticas de las fuerzas represivas. Muchos revolucionarios fueron detenidos como él, en plena calle, con total impunidad, ante la mirada alarmada de los transeúntes que sabían lo que ello significaba: algunos de los capturados sobrevivían a la prisión y las torturas, otros morían como consecuencia de los maltratos, y sus cuerpos eran abandonados por sus verdugos en cualquier parte; José María engrosó una siniestra lista: la de los desaparecidos.

No fue hasta después del triunfo de enero de 1959 que se supo cómo habían sido los últimos días del recio luchador. Había caído en manos del sanguinario Julio Laurent, jefe del Servicio de Inteligencia Naval, organismo de vigilancia y represión de la Marina de Guerra. Este personaje trabajaba en estrecho contacto con el asesino Esteban Ventura Novo y operaba fundamentalmente en La Chorrera. Allí se utilizaba la lancha 4 de septiembre para lanzar a las aguas los cuerpos martirizados de los luchadores.

Un cabo de la dictadura, alias El Rana, al ser juzgado por su actuación criminal, se refirió a lo acontecido. Declaró que en una casa de botes ubicada en 21 esquina a 32, en la margen este del río Almendares, se resguardaban las embarcaciones de Batista y otros políticos del régimen, además de la comandada por el propio cabo.

Al ver una foto de José María que le mostró Irene, el acusado lo reconoció como el hombre que estuvo durante cuatro días ferozmente golpeado en la nave donde guardaba la lancha, y al manejarla hacia su fatídico destino comprobó por el espejo de esta cómo lo lanzaban a las profundidades.

Es una historia que a pesar de los 60 años transcurridos los cubanos no podemos olvidar, de igual modo tampoco se borrará de nuestras mentes la reacción de las autoridades de Estados Unidos ante la solicitud del Gobierno Revolucionario de la detención para su posterior extradición de Laurent, autor de este y muchos otros crímenes, quien se había refugiado en la nación del Norte. Entonces ese país sí fue sordo al justo reclamo de Cuba y continuó proporcionándoles refugio no solo a este, sino a otros asesinos al servicio del batistato.

Intentaron ahogar en el mar la rica ejecutoria de José María en favor de los trabajadores, pero quedó grabada para siempre en la historia del movimiento sindical cubano.

Desde muy joven había desafiado la dictadura de Gerardo Machado y sin pertenecer todavía al sector del transporte organizó como miembro de la Liga Juvenil Comunista un paro de choferes; estuvo en primera fila en la huelga general revolucionaria que despachó al tirano; ayudó a crear el Sindicato de Ómnibus Aliados y, durante su cargo de secretario general, demostró a sus compañeros de labor que con la unidad podrían luchar con éxito contra los patronos. Y su empeño unitario lo llevó a convertirse en fundador y dirigente de la Federación de Trabajadores de La Habana y de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), de cuyo primer ejecutivo formó parte. Como representante a la Cámara por el Partido Comunista defendió con igual vehemencia a los suyos.

Cuando Lázaro Peña tuvo que viajar al exterior por su condición de vicepresidente de la Federación Sindical Mundial, la dictadura de Batista le prohibió el regreso a Cuba. Entonces la dirección del movimiento sindical recayó sobre José María, que en circunstancias muy complejas y riesgosas mantuvo la acción de los trabajadores a través de los Comités de Defensa de las Demandas Obreras y la Democratización de la CTC, cuya dirección había caído en manos de una camarilla servil y corrupta.

En vano lo encarcelaron en más de una docena de ocasiones. José María siguió batallando. “El trabajo era intenso; José María apenas pasaba por la casa. A veces nos encontrábamos en la calle, en cualquier lugar. Nos tenían chequeados constantemente. La Policía y el Brac no nos perdían pie ni pisadas; pero había que seguir la lucha”, evocó la esposa sobre aquellos difíciles años.

Solo la muerte pudo detenerlo. Pero aquellos a los que había dedicado su existencia no lo dejaron morir y a 60 años de ese fatídico 20 de noviembre lo recuerdan.

Meruelo, un personaje deleznable

Ciro Bianchi Ross • digital@juventudrebelde.cu
12 de Agosto del 2017 20:51:12 CDT

Era el 31 de diciembre de 1958, y, como otros batistianos connotados, Otto Meruelo Baldarraín acudió a la residencia presidencial de la Ciudad Militar de Columbia a fin de celebrar el Año Nuevo. Quizá la suerte lo ayudara y pudiera hacer un aparte con el dictador, escucharlo de cerca, chocar su copa con la suya. Pero el tiempo pasaba y el mayor general Fulgencio Batista, inmerso en los trajines secretos de la fuga, no aparecía. De cualquier manera, el ambiente no estaba para fiestas y Meruelo decidió volver a su casa.

—Vengo con un dolor de cabeza terrible. Me voy a mi habitación. No me moleste ni aunque me llame el Presidente de la República —dijo a la sirvienta en cuanto llegó a su domicilio de 3ra. esquina a 18, en Miramar.

Fue un error enorme. Un error del que no se cansó de arrepentirse durante los 53 años que mediaron entre aquella noche y su muerte, en Nueva York, el 23 de abril de 2011, a los 91 años de edad.

Se dice que desde Columbia alguien llamó para imponerlo de la fuga e invitarlo a sumarse a la comitiva, y Otto Meruelo, el perro ladrador de la TV cubana que durante años, desde su programa Por Cuba que salía al aire por CMQ, todos los mediodías después del Noticiero, «agotó el improperio, saqueó el epíteto y manchó la palabra» poblando de insultos y diatribas la conciencia oposicionista del pueblo de Cuba, no se enteró. La criada cumplió servilmente la orden de no molestarlo y el despreciable vocero de Batista supo de los acontecimientos cuando ya no podía engancharse ni en el último avión.

Su caso no fue el de José Suárez Núñez, director de la revista Gente, propiedad de Batista y enlace del dictador con los directores de medios que conformaban el Bloque Cubano de Prensa. En Santa Clara había constatado la difícil situación militar de la dictadura y pensaba conversar sobre eso con Batista en la fiesta de Año Nuevo, pero la esposa le dijo que la celebración se había suspendido. Le costó trabajo creerlo, pero terminó aceptándolo y se acostó a dormir. Una llamada de Columbia lo sacó de la cama. Hablaba uno de los ayudantes del dictador. Dijo que Batista había renunciado y que en los aviones listos para partir se habían reservado, por orden expresa del mandatario, dos asientos, uno para él y otro para Luis Manuel Martínez, periodista y líder de la juventud batistiana.

A esa hora a Suárez Núñez le pareció más factible buscar amparo en una embajada, pero ni la dominicana ni la argentina le abrieron las puertas. Volvió entonces a su casa, hizo que su mujer se vistiera con una blusa roja y una falda negra —los colores del Movimiento 26 de Julio— y ya en la calle de nuevo el matrimonio se sumó a una manifestación que dando vivas a la Revolución triunfante subía por la avenida 23. Con ella llegó la pareja hasta el restaurante El Carmelo. Allí un amigo accedió a llevarlos al aeropuerto militar. Le negó la posta el acceso, pero entraron al fin y lograron abordar el último avión que salía rumbo a la República Dominicana. Eran ya las diez de la mañana.

¿Llamaron en verdad a Otto Meruelo desde Columbia aquella noche o el cuento de la criada no pasa de eso, un cuento? Eso es lo que cree el escribidor pues no puede perderse de vista que el sujeto en cuestión no aparece en la relación de figuras que acompañarían al dictador en su fuga y que el propio Batista dictó a su secretario, el general Silito Tabernilla, y este escribió, avión por avión, en pequeñas hojitas color violeta.

Tan despreciable era Meruelo que hasta Batista se la dejó en la uña en el momento final.
Tembloroso y vencido

Un mes pasa escondido Meruelo luego de la fuga de Batista. Al fin lo detienen en la iglesia del Corpus Christi, en el Gran Bulevar del Country Club (calle 146). Lo conducen a lo que fuera la sede del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) del ejército batistiano. El juicio por la causa 351 de 1959 tiene lugar en la fortaleza de la Cabaña. El fiscal es el capitán Juan Nuiry.

Decía en aquellos días la sección En Cuba de la revista Bohemia:

«Frente al tribunal, con el rumor indignado del público a la espalda, está de pie, ahora tembloroso y vencido, el sujeto que tantas veces, a lo largo del martirologio revolucionario, fue la estampa televisiva del vejamen batistiano.

«Durante los años agónicos de la dictadura, esa figura endeble, de facciones fofas y expresión resentida, ha vertido veneno con gesto y palabra sobre la Cuba combatiente, que se esforzaba por conquistar sus libertades. No existe evidencia mayor contra ningún acusado de la justicia revolucionaria. No hay repugnancia popular más viva que la que circunda y aplasta moralmente a Otto Meruelo.

«Cumplió el deleznable papel de vocero televisivo de la dictadura, y actuó como agente policiaco represivo. Tenía los grados de capitán honorario, un automóvil de chapa oficial, participaba en interrogatorios a revolucionarios detenidos en los cuarteles y llegó incluso a usar su programa para delatar el paradero de opositores al régimen».

Pregunta el fiscal si el acusado perteneció en alguna forma a los cuerpos represivos del batistato.

—En ninguna forma —balbucea Meruelo.

—¿Nunca usó uniforme?

El acusado responde que nunca.

Pero sucede que hay una foto que demuestra lo contrario, y el acusador se lo dice. Meruelo se defiende.

—No dije que nunca me lo había puesto, sino que nunca lo había usado —ensaya sofísticamente el reo. «Explica» el hecho: se trataba de obtener un nombramiento honorario para lograr acceso a oficinas públicas. Vistiendo uniforme, se facilitaban las gestiones.

Nuiry le muestra la foto. El acusado la reconoce y aclara que el uniforme se lo prestó un oficial de la ayudantía del doctor Santiago Rey, ministro de Gobernación (Interior).

Vuelve el fiscal a la carga. Le dice que cuando iba de civil usaba la insignia de capitán con tres galones en la solapa. Inquiere el fiscal si lo hacía también para identificarse.

—Se trataba de un adorno —comenta Meruelo. Nuiry pregunta entonces si usaba armas. Responde que arma corta. Solo arma corta.

—Usted dice que solamente usaba arma corta, pero aquí hay una fotografía donde aparece usted, en compañía del coronel Río Chaviano y el coronel Pedro Barreras, interrogando a un soldado rebelde. Y se le ve portando arma larga. Por lo visto, también interrogaba usted, señor Meruelo.

—Yo auxiliaba, no interrogaba.

—Cuando los sucesos de la prisión del Castillo del Príncipe, desde su automóvil, el auto con chapa oficial 219, se ofreció apoyo al carro 35 de la Policía —asegura el fiscal.

El acusado palidece, mira en derredor como suplicante, y al cabo dice, con voz débil:

—No recuerdo eso.

—Pues se le probará oportunamente, porque está grabado. De su automóvil se dijo, entre otras cosas, que se ofrecía con su personal «para lo que fuera necesario».
Es un delator

—Mis comparecencias en la televisión y mis escritos —se justifica Otto Meruelo—, tenían siempre marcada tendencia político-electoral, porque el Gobierno se oponía al hecho insurreccional y trataba de abrir caminos y soluciones de paz. De ahí que saliera yo electo en las últimas elecciones, pues fui devoto siempre de que la solución cubana se buscara por el camino de la paz.

Precisa que desconocía las torturas y los crímenes de Esteban Ventura y otros sicarios. Que si llamó «muerde y huye» a los rebeldes fue para definir el método de la guerrilla de atacar y desaparecer. Que los partes de guerra llegaban a veces de puño y letra de Batista, que el dictador también lo engañó a él. A una pregunta del fiscal, responde que tiene 39 años de edad. Asevera Nuiry: Pues ya está usted muy viejo para dejarse engañar.

Dispone el tribunal que se pase la grabación del último programa televisivo de Otto Meruelo, el 31 de diciembre de 1958. Empieza la transmisión y los sentimientos de los que colman el teatro de la Cabaña se dividen; unos, ríen; otros, se indignan. Meruelo glorifica a Batista, a José Eleuterio Pedraza y a Pilar García. Llama vendepatria a los rebeldes que asestan en Las Villas los últimos golpes al batistato, y anuncia la muerte de Che Guevara. Recalca: «Hay muertos que están bien muertos».

—Nunca utilicé la televisión para atizar odios entre hermanos ni incitar al crimen, dice el acusado al tribunal, pero enseguida se desploma, sudoroso y agotado. Sabe que está perdido.

Sigue la prueba testifical. Aida Pelayo, en nombre de las Mujeres Martianas, lo acusa de ser el responsable directo de las muertes de Gerardo Abreu (Fontán) y Oscar Alvarado, entre otros revolucionarios.

Comparece Arnaldo Escalona. Lo buscaba Ventura, encontró refugio en la Asociación de Reportes, de la calle Zulueta, y «Otto Meruelo me dedicó una transmisión completa. Fue un acto de delación, pues él sabía dónde me ocultaba. Ventura no tuvo tiempo de cogerme, pues pude salir de Cuba, escondido en la bodega de un barco».

Llaman a declarar al exiliado español José Luis Galbe, profesor de la Universidad de Oriente. Tiempo atrás, Meruelo denunció a los 40 catedráticos de dicha casa de estudios, adujo que era una «cueva» de comunistas, y en particular acusó de «rojos» al declarante y al profesor Juan Chabás, lo que ocasionó su muerte en virtud de padecer del corazón. Meruelo, añadió Galbe, quiere hacer pasar el incidente como una polémica. Yo no tuve polémica alguna con ese señor. Lo que hizo fue delatarme. Es un delator, no un polemista. Incitaba al crimen y ha hecho más daño que muchos asesinos de los que tenía Batista a su lado… En aquella ocasión me presenté yo mismo al BRAC —Buró Represivo de Actividades Comunistas— y el teniente Castaño, su segundo jefe, me estuvo interrogando durante cuatro horas. Al final me dijo: «Yo no lo hubiera citado, pero no me quedaba más remedio, después de la denuncia formulada contra usted por Otto Meruelo…».

El Tribunal Revolucionario condenó a Otto Meruelo Baldarraín a 30 años de privación de libertad. Su esposa y sus hijas recibieron una pensión de la Seguridad Social, y él, en la cárcel, se dice, trabajó como maestro. Cumplió 20 años. Nada sabe el escribidor de su vida a partir de entonces fuera de Cuba.

(En respuesta a la solicitud del lector Nyls Gustavo Ponce).

Un legado de virtud que se multiplica

La peregrinación de homenaje a Frank País recorrió las calles de la ciudad al igual que 60 años atrás. Foto: Miguel Rubiera Justiz

SANTIAGO DE CUBA.–El segundo secretario del Comité Central del Partido, José Ramón Machado Ventura, encabezó en esta ciudad la peregrinación que en homenaje a Frank País y su fiel compañero Raúl Pujol, escenificaron miles de santiagueros, desde el Parque Céspedes hasta el cementerio Santa Ifigenia, en el aniversario 60 de sus asesinatos.

Junto al también vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, marcharon los miembros del Comité Central, Lázaro Expósito Canto, primer secretario en la provincia; Susely Morfa González, primera secretaria de la UJC en el país, y Beatriz Johnson Urrutia, presidenta del órgano de gobierno en el territorio.

Varias cuadras abarcó la reedición de la combativa manifestación que acompañó los restos de los luchadores clandestinos, y como es tradicional cada 30 de julio, su paso por la calle San Pedro, el Paseo Martí, y la ahora Avenida de la Patria (cubiertas de banderas cubanas y roji-negras del Movimiento 26 de Julio) fue seguido por consignas revolucionarias y flores lanzadas desde balcones y ventanas.

A la llegada a la necrópolis, una ofrenda especial a nombre del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, portada por un destacamento de ceremonias de las FAR, fue acompañada por la presidencia hasta la tumba que guarda los restos del inolvidable Frank País.

Su corta pero intensa y heroica vida, dedicada siempre a la patria, fue evocada por Susely Morfa, en las palabras centrales del acto nacional, que con una representación del pueblo santiaguero tuvo lugar muy cerca del mausoleo del Apóstol, José Martí, y la piedra monumento que atesora las cenizas del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

«La lucha de Frank –dijo la dirigente juvenil–, no ha terminado y no terminará mientras exista la posibilidad de que alguien pueda hacerle daño a la Revolución (…) No tenemos derecho a fallar ni a descansar un minuto en esta lucha por mantener lo alcanzado hasta aquí. Nos corresponde por nuestro esfuerzo, conciencia y preparación, aportar al proyecto social aprobado en el 7mo. Congreso del Partido Comunista de Cuba, donde el propio Fidel ratificara al mundo ¡que Cuba vencerá!

«En esta tierra triunfó la Revolución –enfatizó–, de estas montañas bajaron los hombres que nos entregaron una patria libre, independiente y soberana, y desde esta tierra proclamamos nuestra decisión de serles fieles a las ideas de Martí, a las ideas de los miles de jóvenes que como Frank País y Raúl Pujol, entregaron sus vidas por la Revolución».

Muestra de ese eterno compromiso fue seguidamente el tributo rendido al líder eterno de la Revolución Cubana ante su modesto monumento, donde Machado Ventura encabezó la colocación de flores, así como las que le dedicaran cientos de jóvenes a José Martí y Frank País.

El homenaje por la efemérides, que desde 1959 devino en Día de los Mártires de la Revolución, se inició temprano en la mañana en el Callejón del Muro y la calle San Germán, donde fueron escenificadas las circunstancias en las que ocurrieron los asesinatos de Frank y Pujol a manos de esbirros de la tiranía batistiana.

Ante la tarja que en esas arterias marca el sitio exacto en que su sangre generosa cubriera la tierra amada, combatientes de la lucha clandestina y pioneros escoltaron la colocación por combatientes de las FAR de sendas ofrendas florales a nombre del pueblo de Cuba.

Posteriormente, las ofrendas florales dedicadas en la fecha a los Mártires de la Revolución por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, los Consejos de Estado y de Ministros y el pueblo de Cuba, quedaron depositadas ante el Panteón de los Mártires del 26 de Julio de 1953, ubicado en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia.

En la propia necrópolis se dedicaron también ofrendas a nombre del pueblo de Cuba, a Raúl Pujol, René Ramos Latour, quien sustituyera a Frank como Jefe Nacional de Acción del M-26-7, y cayera en combate en la Sierra Maestra exactamente un año después (30 de julio de 1958), así como a los Hermanos Díaz.

En tan significativo día, 60 nuevos militantes del Partido e igual cifra de la UJC, recibieron sus respectivos carnés acreditativos en presencia de la presidencia de estas actividades centrales.

Peregrinacion y Gala Cultural en la Habana Por el Dia de los Martires de la Revolucion .

Con una peregrinacion y gala politico cultural se rendio tributo en la Habana a los Martires de la Revolucion en ocasion del aniversario 60 del asesinato de los luchadores revolucionarios Frank Pais y Raul Pujol por esbirros de la tirania batistiana.

Desde el otrora Puesto Naval de la Marina de Guerra , en el Castillo de la Chorrera , lugar donde la tirania de Fulgencio Batista desaparecio a los revolucionarios Lidia Doce , Clodomira Ferrats , Fulgencio Oroz , y Jose Maria Perez Capote partio la peregrinacion portando las fotografias de 200 combatientes de la lucha clandestina asesinados en 1958.

A los jovenes de las organizaciones estudiantiles y movimientos estudiantiles les acompañaron familiares de los Martires de la Patria.

La peregrinacion en su transito por las calles 19 entre 22 y 24 en la bariada del Vedado ,hizo un alto para rendir homenaje a las hermanas Cristina y Lurdes Giralt,combatientes del Directorio Revolucionario asesinadas el 15 de junio de 1958 por la tirania batistiana.

En el parque de las calles 28 y 30 , donde radicara el Buro de Investigaciones de la Policia Nacional batistiana , y donde cientos de de luchadores clandestinos fueron victimas de torturas y fuern asesinados culmino la peregrinacion para dar paso a la Gala poltico cultural en tributo al Dia de los Martires .ocasion que 11 jovenes de la Divicion Territorial Norte de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba ETECSA recibieron el carnet de la Union de Jovenes Comunistas UJC de manos de combatientes de la Revolucion Cubana .

Yaquelin Gonzalez Lopez , integante del Buro Provincial del Partido Comunista de Cuba PCC en la capital , el Heroe de la Republica de Cuba Rene Gonzalez , vice presidente de la Sociedad Cultural Jose marti y Mayra Arevich Marin , Presidenta Ejecutiva de ETECSA presidieron el tributo en la Habana pòr el Dia de los Martires de la Revolucion .

Un testimonio excepcional: El día que mataron a Frank País

 

En exclusiva para Cubadebate, el Contralmirante (R) José Luis Cuza Téllez de Girón, compañero de Frank País, comparte este testimonio excepcional sobre los acontecimientos que conducirían al asesinato del líder del Movimiento 26 de Julio, en Santiago de Cuba, el 30 de julio de 1957. El contralmirante Cuza fue Capitán del Ejercito Rebelde, Jefe de la Compañía B “Pedro Sotto Alba”, de la Columna 19 “José Tey”, en el Segundo Frente Oriental “Frank País”.

“[…] a remover, derribar, destruir el sistema colonialista que aún impera, barrer con la burocracia, eliminar los mecanismos superfluos, extraer los verdaderos valores e implantar, de acuerdo con las particularidades de nuestra idiosincrasia, las modernas corrientes filosóficas que imperan actualmente en el mundo; aspiramos no a poner parches para salir del paso, sino a planear concienzuda y responsablemente la Patria Nueva […]” Frank País García

Sería algo más de las 4 de la tarde cuando sonó el teléfono en la sala de la casa de “los tíos”, María Fernández y Manolo Céspedes, en el Reparto Sueño en Santiago de Cuba aquel 30 de Julio de 1957. Estaba cerca y lo descolgué. Oí la voz apresurada de nuestro jefe del “26 de Julio” Agustín Navarrete, Jorge:

– ¿Quién habla?

– Es Pepito Cuza.- Le contesté.

– Rápido, ¿quiénes están ahí?

Comencé a decirle: Yito, Fernando, Oscar, Ñico… ¡Súbitamente me cortó la relación!

– Prepárense que los voy a mandar a buscar. ¡Frank está cercado y lo vamos a rescatar a tiro limpio!

Inmediatamente les grité a los mencionados, quienes estaban en la cocina después del largo pasillo que conformaba el patio de la casa y, apresuradamente, comenzamos a sacar las armas de sus escondites y alistarlas para la necesaria acción.

Frank y Léster Rodríguez se escondían juntos, pero al marchar este para los Estados Unidos en misión de obtener armas para abastecer a Fidel y a su Ejército Revolucionario en la Sierra Maestra, era Agustín Navarrete quien estaba con él. Ambos portaban pistolas y además una baby Thompson con la que se turnaban de guardia, día y noche.

Unos días atrás estando escondidos en la casa de Clara Elena Ramírez, en la calle 8 del Reparto Vista Alegre, habían tenido que salir pues Clara Elena en avanzado estado de gestación se había puesto muy nerviosa. Frank salió delante y Navarrete detrás. Cuando montaron en el carro, Navarrete le dijo que se le notaba la pistola que portaba en la cintura por detrás de la cadera a pesar de tener la camisa por fuera del pantalón. Frank estaba usando una pistola STAR calibre 38, que unos días antes un comando revolucionario al mando de Belarmino Castilla había ocupado en casa del ya fallecido médico militar Capitán Doctor Edmundo Tamayo.

Esa noche se separaron para evitar que ambos jefes principales de la Organización Revolucionaria pasaran los mismos peligros y pudiera ser descabezada la Dirección insurreccional. Navarrete fue para San Basilio No. 410 y Frank dijo no tener definido para dónde iba y que ya lo llamaría.

Ocultó a los otros dirigentes revolucionarios dónde se escondería, pues se había analizado que la casa de la familia Pujol San Miguel en San Germán No. 204 esquina al Callejón Capdevila, no tenía condiciones ya que formaba la esquina y no tenía posibilidad de escape por la parte trasera, ni siguiera por los techos de las casas colindantes, y para subir a la planta alta había que treparse por un tubo de desagüe. La familia era de una fidelidad a toda prueba, pero la casa a decir de Navarrete, era una ratonera.

Frank había estado ahí junto con Navarrete una noche a principio del mes de julio, y se había sentido muy cariñosamente atendido, en familia, y quizás eso primó en su estado de ánimo en esos días, en que había fracasado el tan meticulosamente preparado Segundo Frente en la Sierra Cristal, la bomba debajo de la tribuna del mitin de los esbirros batistianos Alliegro y Masferrer el 30 de junio y la caída en combate en las calles santiagueras de tres magníficos combatientes: Salvador Pascual, Floro Vistel y su hermano más pequeño, Josué, “su niño” de tan solo 19 años.

A todos ocultó dónde estaba. Hasta a Vilma, Coordinadora Provincial en la antigua provincia de Oriente, la llamó pero no le dijo donde estaba.

A pesar de que se sabía muy perseguido y que como todo combatiente clandestino de cualquier Revolución, con sus días contados, no paraba de trabajar en aras de fortalecer a los combatientes en la Sierra Maestra y de extender la lucha revolucionaria por todo el país. A Haydeé Santamaría le había escrito que solo le pedía a la vida que le diera un mes para poder dejar bien organizado el abastecimiento de hombres, armas y medios materiales a Fidel y su Ejército Revolucionario y la articulación de planes nacionales de acción y sabotajes que crearan un clima insurreccional insostenible para la dictadura.

Además de las grandes responsabilidades que se había echado sobre sus hombros desde el mismo momento en que vio a su patria humillada por el Golpe Militar del 10 de marzo de 1952, Frank era un joven que deseaba crear una familia y aunque estuviera todos los días en inminente peligro de quedar en la historia patria eternamente joven, deseaba contraer matrimonio con su querido amor, América Domitro Terlebauca, y en esos días de julio se estaba preparando la boda en la clandestinidad, con la ayuda de otras valerosas combatientes como Graciela Aguiar, quien aquel 30 de julio acompañaba a América en la compra de algunas prendas azules, blancas y nuevas para el mínimo ajuar, cuando en todo Santiago de Cuba se sintieron aquellos disparos malditos.

Esa tarde Frank estaba despachando con el jefe de Acción de Guantánamo Demetrio Montseny, Canseco, y con el dirigente obrero José de la Nuez, Basilio. Estando con ellos le llegó la información de que estaban registrando la zona. Era el método de lucha que estaba empleando el conocido asesino Teniente Coronel José María Salas Cañizares desde su llegada a Santiago de Cuba en mayo de ese año, cuando se había ganado el mote de “Masacre” por el asesinato de los revolucionarios Roberto Lámelas, Joel Jordan, Salvador González y Orlando Badell. Esa tarde había cercado la zona por una confidencia dada por Esperanza Paz, amante del batistiano administrador de la Zona Fiscal Laureano Ibarra, a quien le había informado de movimientos sospechosos por San Germán desde Gallo a Rastro.

Cuando Raúl Pujol fue informado por una vecina, Bessie Planas, de que había un gran despliegue de fuerzas en la zona de su casa, pidió permiso en la ferretería Boix donde trabajaba y partió de inmediato a su hogar. Al llegar alertó a Frank y a sus acompañantes y solicitó permiso a los esbirros para que Montseny y De la Nuez salieran en contra del tránsito en el carro en que andaban. Montseny trató de que Frank se fuera con ellos, pero este muy tranquilamente le dijo: “No te preocupes, Canseco, yo soy Francisquito Buena Suerte, no me va a pasar nada. Váyanse tranquilos. Recoge el dinero para que se puedan comprar las armas y el parque que Fidel necesita y tú, Basilio, sigue reforzando el movimiento obrero”.

Frank le entregó a Eugenia San Miguel la sub-ametralladora y unos importantes documentos, que fueron escondidos detrás del aparador del comedor, y ambos hombres salieron para la calle San Germán. La cantidad de policías, soldados y marineros portando todos ametralladoras y carabinas M-1 era tremenda. Un soldado con arma larga desde un balcón les dio el Alto y los mandó a registrar con un marinero y un policía, quienes le encontraron a Frank la pistola calibre 38 que portaba. Rápidamente se personaron muchos más esbirros, todos apuntándolos con sus armas largas deseosos de asesinar. Los condujeron al Callejón del Muro y los sentaron en un jeep. Llamaron por la planta de radio a Salas Cañizares y este acudió de inmediato con su escolta preferida, los asesinos cabo Basol, Mano negra, Garay, los hermanos Gallo.

Allí estaba lo peor de la dictadura en Santiago de Cuba: el Capitán Bonifacio Haza, los Tenientes Ortiz y Garay, y con ellos Luis Mariano Randich, quien había sido estudiante de la Escuela Normal para Maestros, por lo que conocía muy bien a los estudiantes devenidos revolucionarios al recrudecerse la lucha contra la dictadura. Randich, a quien sus compañeros de estudio más de una vez le habían hecho colectas de dinero para que pudiera continuar sus estudios, olvidando su condición de negro y pobre, ahora era un vulgar traidor deseoso de obtener prebendas delatando a sus antiguos condiscípulos y en especial a los hermanos Frank y Agustín País García.

Montseny había alertado a Navarrete y a Vilma de la situación de Frank y Pujol y estos se movilizaban para socorrer a nuestro jefe en peligro. Así la llamada a nuestro grupo en la casa de los Céspedes, como a Luis Clerge, quien rápidamente movilizó a algunos de sus más cercanos compañeros, Romanidy, Carbonell y Ceferino y armados de una sub ametralladora, una escopeta recortada y una pistola Star de ráfagas partieron en un carro tomado a la fuerza para la casa de Raúl Pujol. Estando ya cerca del lugar sintieron los múltiples disparos con que Salas Cañizares y sus asesinos daban muerte brutalmente a Frank y a su fiel compañero de luchas Raúl Pujol.

Mi amiga y compañera de la Lucha Clandestina en Santiago de Cuba, Madeline Santa Cruz Pacheco, quien vivía en San Germán esquina a Callejón del Muro, vio todo lo que sucedió desde detrás de uno de los ventanales del costado de su casa que daba para el Callejón. Me contó al otro día todo lo sucedido:

“Estaban Frank y Pujol sentados en el jeep parqueado en San Germán y el Callejón del Muro cuando llegó Salas Cañizares vociferando y amenazando con su carabina M-2 con la culata recortada. Randich se acercó al jeep y miró a Frank, le quitó los espejuelos oscuros y al reconocerlo le dijo a Salas: ‘¡Coronel, este es Frank País!… ¡Este es Frank País, Coronel!’

“Al oír esto Salas fue al jeep y agarró a Frank por la camisa vociferando palabras obscenas y con la culata del M-2 lo golpeó en el pecho. Frank fue a dar contra la pared de enfrente, desfallecido por los salvajes golpes.

“Raúl se había bajado del jeep y le gritó a Salas que no lo golpeara y además le llamó cobarde. Los matones escoltas de Salas golpearon brutalmente a Pujol, que cayó inconsciente en la acera de la Calle San Germán adonde fue Salas y le ametralló toda la espalda con una ráfaga larga. Se viró para donde estaba Frank y le tiró los últimos proyectiles que le quedaban y mientras colocaba otro cargador le ordenó a Mano Negra, a Basol y a los demás asesinos que le tiraran a Frank, quien cayó boca abajo al recibir los múltiples impactos. Volvió Salas sobre sus pasos hacia el Callejón del Muro y ametralló en el suelo y por la espalda el cuerpo inerte de Frank País.”

Frank recibió 22 balazos a sangre fría. Los esbirros colocaron la pistola junto a su cuerpo para que pareciera que se había resistido.

Al sentir los disparos realizados contra los dos revolucionarios y al aire para darse valor y meterle miedo a la población, todo el pueblo salió a la calle presintiendo que algo muy grande había ocurrido.

Sin demora a los hechos se escuchó por la radio CMKC santiaguera:

“El Teniente Coronel Salas Cañizares, supervisor de la Policía Nacional en esta ciudad, declaró a los periodistas que Frank País hizo resistencia al momento de ser detenido y disparó contra él con una pistola 38 que portaba, por lo que tuvo que repeler la agresión. El cadáver de Frank País y de su compañero Raúl Pujol permanecen en el lugar de los hechos a la espera de la correspondiente diligencia judicial.”

America y Graciela fueron para la casa de Frank. A los oídos de Doña Rosario la voz del pueblo había llevado la verdad de la triste noticia. La había escuchado por la radio estando en la oficina de Carmona en Heredia y San Félix y juntas las tres se encaminaron presurosas a San German y el Callejón del Muro. En el camino Clerge les confirma la dolorosa realidad.

A la prensa se le permitió tomar fotos de los nuevos mártires de la Patria…

¡Quizás la Dictadura pensó que nos iba a amedrentar con la muerte de nuestro querido jefe!

Sus cuerpos sin vida fueron llevados al necrocomio del Cementerio de Santa Ifigenia, donde la Dirección del Movimiento revolucionario comisionó al joven abogado Dr. Jorge Serguera Riverí para que, en compañía de los Reverendos Agustín y Celestino González, reclamara a Salas Cañizares la entrega de los cadáveres a sus familiares… El médico forense, Dr. Prieto, le dijo a Salas Cañizares: “¡Ya lo mataste, a lo menos entrégale el cuerpo a su madre!”

Doña Rosario, América, Graciela, Marinita Malleuve y Carmona limpian, taponan y visten con su traje blanco el cadáver de Frank. ¡22 balazos recibió en su cuerpo Frank País! ¡36 perforaciones le taponeó su madre adorada!

Vilma comisionó a Clerge a que hablara con Doña Rosario para que les permitiera velar a Frank en casa de América, en Heredia y Clarín:

“Hagan lo que crean mejor. Frank es de ustedes”. Le contestó la valerosa Doña Rosario.

Navarrete ordenó el acuartelamiento de los Grupos de Acción, aunque en Santiago de Cuba apenas hay armas para poder realizar alguna acción de envergadura. En mi casa fuimos siete con un revolver 38.

La idea de Vilma, Taras Domitro, Daniel y Navarrete, era movilizar al pueblo y convertir el sepelio en una vigorosa demostración de repudio a la Tiranía. Desde la casa de América al cementerio de Santa Ifigenia el sepelio atravesaría la parte más céntrica de Santiago de Cuba. El pueblo podría demostrarle su respeto y amor a su hijo más querido. A quien tanto había luchado contra la dictadura desde el mismo 10 de marzo de 1952.

En su pecho se colocó un brazalete del 26 de Julio. Y en la madrugada los cuatro hermanos Marañón lo vistieron con el uniforme verde olivo, con una escarapela roja y negra con las Tres Estrellas de Comandante en Jefe del Ejército Revolucionario del 26 de Julio. El mismo grado militar que el de Fidel.

La Resistencia Cívica y el Frente Cívico de Mujeres Martianas habían convocado una manifestación para el 31 de julio con motivo de la anunciada visita del nuevo Embajador de los Estados Unidos a Santiago de Cuba. Ahora con los asesinatos de Frank y Pujol, la manifestación se convertirá en una combativa demostración de condena a la dictadura de Batista, fiel aliado del gobierno yankee que Earl Smith representa. Con las valerosas Gloria Cuadra y Pura Amador al frente, las mujeres santiagueras originarían una verdadera batalla campal contra Salas Cañizares y sus esbirros. Una veintena de ellas vilmente golpeadas serían conducidas a los calabozos del cuartel de la Policía Nacional. Ni Gloria Cuadra, ni Nuria García, ni Amalia Ross, ni Deborah Algeciras, ni Diana Santamaría, ni Marcia Céspedes, ni Ania Martínez, ni Maira y Manolita Lavigne, ni otras valerosas más podrían asistir al combativo sepelio por estar recluidas en los sótanos del edificio del Gobierno Provincial en la calle Carnicería entre Aguilera y Enramadas.

Serían como las dos de la tarde cuando salieron los cortejos. El de Frank por la calle Heredia rumbo al Parque Céspedes a unirse con el de Pujol en San Pedro y Heredia y así por toda la calle San Pedro ir hasta el Paseo Martí y de ahí para San Pedrito donde en Santa Ifigenia Carlos Manuel de Céspedes, Perucho Figueredo, José Martí, Guillermón Moncada, José Maceo, Renato Guitart, Abel Santamaría, Pepito Tey y otros héroes aguardaban la llegada de los dos últimos caídos por una patria libre.

Fue una inmensa muchedumbre la que los acompañó. Más de veinte cuadras de compacta población de todas las capas sociales, credos religiosos, militancia revolucionaria y política, sexos, color y edades. Banderas cubanas y del 26 de Julio, flores que caían de todos los balcones, abajos a Batista, Vivas a la Revolución, Libertad o Muerte, el Himno Nacional en la garganta de todo un pueblo que gritaba: ¡Revolución!, ¡Revolución!, ¡Revolución!. ¡Era el reclamo del pueblo santiaguero que aquel 31 de Julio tomó las calles del heroico Santiago de Cuba!

Los esbirros temerosos se refugiaron en sus cuarteles. El Jefe Militar de la ciudad, Coronel Cruz Vidal, comenzó a recibir Partes informándole de que en otros pueblos y ciudades de la Provincia de Oriente se comenzaban a realizar movimientos populares de solidaridad con la actuación revolucionaria de Santiago de Cuba por la muerte de Frank País y Raúl Pujol.

Cerca ya de la entrada al cementerio un grupo de jóvenes se adelantó a colocar todas las banderas a media asta y otros brazos extrajeron los féretros y en hombros fueron conducidos hasta sus últimas moradas.

Varios compañeros improvisaron combativos discursos, todos con llamamientos a continuar la lucha hasta la derrota de la oprobiosa tiranía.

Los comercios, las fábricas, las empresas, todos los centros de trabajo de Santiago de Cuba cerraron aquel 31 de julio en huelga espontánea en protesta por el vil asesinato de esos hijos tan queridos. La huelga se fue extendiendo a otros pueblos y ciudades de la provincia oriental y como una ola se fue propagando a las demás provincias hasta llegar a las puertas de la capital de la República. Durante casi una semana el pueblo cubano mantuvo la huelga espontáneamente a pesar de la represión desatada por las Fuerzas Armadas de la dictadura… ¡Fue algo verdaderamente extraordinario!

El Comandante en Jefe del Ejército Revolucionario 26 de Julio, el Dr. Fidel Castro Ruz, al conocer la noticia de la muerte de Frank País escribiría desde la Sierra Maestra, el 31 de julio de 1957:

“[…] ¡Que bárbaros! Lo cazaron en la calle cobardemente, valiéndose de todas las ventajas que disfrutan para perseguir a un luchador clandestino. ¡Qué monstruos! No saben la inteligencia, el carácter, la integridad que han asesinado. […]”

Años después, al reparar el lavadero de la casa de Eugenia San Miguel y Raúl Pujol, se encontró que un túnel construido en época de la Colonia atravesaba por debajo de las calles e iba de la Iglesia San Francisco a la casa de la familia Pujol San Miguel.

¡Hubiera sido la casa más segura de la lucha clandestina en Santiago de Cuba!

La Habana, 30 de julio de 2014.