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Las hermanas Giral y la barbarie batistiana

 

El asesinato de Cristina y Lourdes no fue un caso fortuito. El batistato cobró otras vidas de mujeres. El 11 de febrero de 1958, la estudiante Aleida Fernández Chardiet fue asesinada delante de sus progenitores mientras viajaba en el asiento trasero de un auto…

Autor: Pedro Antonio García | internet@granma.cu

14 de junio de 2017 23:06:18

Venían de Cienfuegos, de festejar con la familia, pues el 15 de junio de 1958 era el tercer domingo del mes, Día de los Padres según la tradición cubana. Su hermano Arnaldo las condujo en auto desde la sureña ciudad. Tras una parada en casa de él, en el reparto Sevillano, Cristina y Lourdes Giral Andreu regresaron de noche a su hogar, el apartamento 42 del edificio situado en 19 y 24 en el Vedado.

Arnaldo las despidió a la entrada del inmueble y no subió con ellas, como usualmente hacía. De esa forma salvó la vida.

Desde la noche anterior el lugar estaba tomado por unos 100 uniformados cuya avanzada había irrumpido en el apartamento 41, refugio de un comando del Directorio Revolucionario. Como lo encontraron deshabitado, información que ya sabían por la delación que los llevó hasta allí, se dedicaron a registrar todas las viviendas.

En el 42, contiguo al de los muchachos del Directorio, obviamente nadie les respondió y violentaron su puerta. Tras afanar prendas y objetos de valor, el entonces comandante Esteban Ventura Novo dejó de posta a dos policías en el apartamento. Subametralladoras en ristre.

Cuando Cristina y Lourdes se hallaron ante la entrada de su vivienda, se creyeron tal vez víctimas de un delito común.

Una de ellas intentó indagar en el apartamento contiguo. Los policías de posta, ocultos detrás de la puerta, no esperaron más y comenzaron a disparar. En la autopsia los forenses consignaron 13 perforaciones de bala en el cuerpo de Lourdes.

En el de Cristina, nueve. Lourdes iba a cumplir 22 años el venidero mes. Cristina había festejado recientemente los 28.

El sociópata Ventura Novo, para justificar el crimen, presentó a la prensa supuestas pruebas de la complicidad de las muchachas en acciones armadas, pero eran tan burdas sus argumentaciones que todos las identificaron como evidencias plantadas. Aunque en realidad las hermanas Giral pertenecían a la Resistencia Cívica, organización colateral al Movimiento 26 de Julio, ni la policía batistiana ni la mayoría de sus allegados y familiares sospechaban de sus actividades revolucionarias. Era tal su disciplina en el clandestinaje. Solo al triunfo de la Revolución es que pudo conocerse, en toda su magnitud, su labor en la lucha contra la tiranía.

El asesinato de Cristina y Lourdes no fue un caso fortuito. El batistato cobró otras vidas de mujeres. El 11 de febrero de 1958, la estudiante Aleida Fernández Chardiet fue asesinada delante de sus progenitores mientras viajaba en el asiento trasero de un auto. Según el régimen, al sicario, un experto fusilero, dueño de récords en el ejército con el Springfield calibre 30.06, «se le había escapado el tiro». En su condición de operadora de la Compañía de teléfonos, ella logró grabar una conversación comprometedora al sátrapa, la cual luego se divulgó en un espacio radial.

Lidia Doce y Clodomira Acosta fueron detenidas el 12 de septiembre de 1958. Conducidas a una estación de policía, después de ser violadas en el carro patrullero, allí el traidor y delator Ariel Lima asesinó a Lidia arrojándola escaleras abajo. Días después, a Clodomira la sumergieron viva en el mar, con lingotes como lastre.

Al triunfo de la Revolución, se juzgaron a los asesinos de estas cinco mujeres y salvo los de las hermanas Giral, condenados a cadena perpetua, el resto recibió pena de fusilamiento.

RESALTADA ESTRATEGIA DE FIDEL CASTRO EN EL COMBATE DE EL UVERO.

Texto y foto: Carlos Sanabia Marrero.

Chivirico; Sierra Maestra.- Los Comandantes de la Revolución, Ramiro Valdés Menéndez y Guillermo García Frías, Héroes de la República de Cuba, acompañaron a cientos de habitantes del montañoso municipio de Guamá, en la celebración de los 60 años del Combate de El Uvero dirigido por Fidel el 28 de mayo de 1957.

Estuvieron también presentes el miembro el vicepresidente de Consejo de Estado, Salvador Valdés Mesa, Omar Luís Martín, integrante del Secretariado del Comité Central, el Primer Secretario del Partido en Santiago de Cuba, Lázaro Fernando Expósito y la General de Brigada, Delsa Esther Pueblas, vicepresidenta de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, entre otros dirigentes y altos Jefes y Oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior.

El Uvero es un pequeño poblado situado a unos 100 kilómetros de la ciudad de Santiago de Cuba entre el Mar Caribe y la Sierra Maestra, donde existía un cuartel de la tiranía batistiana que fue rendido por el grupo guerrillero tras casi tres horas de combate, acción que al decir del Comandante Ernesto Ché Guevara, marcó la mayoría de edad del naciente Ejercito Rebelde.

En la épica batalla perdieron la vida siete combatientes rebeldes a quienes se rindió tributo con la rememoración de la valerosa acción por pioneros de la escuela Combate del Uvero y el depósito de una ofrenda floral en nombre del Pueblo de Cuba, ante el monumento que perpetua su memoria.

Las palabras centrales del masivo Acto Político y Cultural, estuvieron a cargo de la integrante del Comité Central del Partido y Presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular en Santiago de Cuba, Beatriz Jonson Urrutia, quien destacó la trascendencia militar y política de la violenta batalla, con la que se demostró al mundo la existencia de una fuerza revolucionaria capaz de derrotar a la tiranía batistiana, y confirmó la validez de la estrategia de Fidel, de que se podía vencer desde el punto de vista militar a un ejército infinitamente superior.

 

La última vez que se asesinó un periodista en Cuba hace 59 años

Periodista ecuatoriano Carlos Bastida Arguello, asesinado en La Habana en 1958
Cuando las balas asesinas que salían de la pistola del cabo de la policía batistiana Orlando Marrero Suárez, más conocido por Gallo Ronco, cegaron la vida del periodista ecuatoriano Carlos Bastida Argüello en el bar habanero Cachet, enclavado en la calle Prado entre Neptuno y Virtudes, se estaba asesinando al último periodista en Cuba. Era el 13 de mayo de 1958.

Bastidas había llegado a Cuba ese mismo año, interesado en conocer detalles de la lucha insurreccional que dirigía el comandante Fidel Castro, al frente del Ejército Rebelde, quien al frente de un puñado de rebeldes mal armados, tenía en jaque a las fuerzas armadas que apoyaban al sátrapa dictador, con el amparo de Washington.
Con apenas 23 años, el joven reportero ecuatoriano llegó a Cuba con un sólido aval periodístico, después hacer varios trabajos para la agencia norteamericana Asociated Press, para quien reporta los sucesos políticos acaecidos en Hungría en 1956 y las caídas de las dictaduras de Rojas Pinilla, en Colombia, y Pérez Jiménez, en Venezuela.
A su paso por Caracas, conoce al periodista argentino Jorge Ricardo Massetti, quien años más tarde fundaría en la Habana, a propuesta de los comandantes Fidel Castro y Ernesto “Ché” Guevara, la Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina.
Según relata el periodista e investigador cubano Juan Marrero González, en su libro Andanzas de Atahualpa Recio, -seudónimo empleado en Cuba por el periodista ecuatoriano-, Bastidas llegó a la isla con el afán de subir a la Sierra Maestra, para conocer y difundir la verdad acerca de la lucha insurreccional.
“Vivió allí como un revolucionario más”, afirma en su libro Juan Marrero. Fue de los primeros que habló a través de la emisora radial clandestina Radio Rebelde antes que se fundara oficialmente, y luego se trasladó a la comandancia en La Plata, donde establece una relación con Fidel, Celia Sánchez y otros compañeros de la dirección del Ejército Rebelde.

Bastidas se reencuentra con Masetti en los territorios liberados de la Sierra Maestra
donde permaneció varias semanas con las tropas revolucionarias y logró entrevistarse con su líder Fidel Castro.
Después de compartir con las tropas rebeldes cubanas, Bastidas regresó a La Habana el domingo 11 de mayo, y según narra en un artículo recientemente publicado por el periodista Jean Guy Allard, visitó el Colegio Provincial de Periodistas, acudió a la Embajada de Ecuador y se alojó en el Hotel Pasaje, en Centro Habana, con el propósito de seguir luego hacia Estados Unidos, después de un último contacto con miembros del Movimiento 26 de Julio.
El cabo Marrero, quien cumplía órdenes expresas del coronel Pilar García, uno de los más sanguinarios jefes militares de la tiranía y Jefe de la Policía Nacional, y el también coronel Orlando Piedra, jefe del tristemente célebre Buró de Investigaciones, seguía la pista del joven periodista ecuatoriano.
Según testigos presenciales, el cabo Marrero entró al bar Cachet, se acercó a Bastidas y empezó a ofenderlo. Sorprendido por esta agresión verbal, el periodista ecuatoriano iba a replicar cuando el matón le entró a golpes, y al caer al suelo, le propinó tres disparos mortales en la cabeza.
Recuerda el colega Allard que en una interesante nota publicada con motivo del 50 aniversario del crimen contra el periodista y mártir ecuatoriano, el periodista y escritor chileno Ernesto Carmona, después de recordar los hechos, concluyó: “Carlos Bastidas Arguello fue el último periodista asesinado en Cuba, pero su muerte nunca fue condenada por Reporteros Sin Fronteras y la Sociedad Interamericana de Prensa, como tampoco ocurre con la desaparición, torturas y asesinatos de casi un millar de periodistas latinoamericanos durante las últimas cuatro décadas”.
También la colega Aleida Godínez, en un artículo publicado hace algunos años sobre este hecho, recordó que “a pesar de las campañas enemigas contra la Revolución Cubana, ningún periodista ni cubano ni extranjero encontró la muerte violenta por ejercer su profesión ni emitir sus opiniones”
Carlos Bastidas Argüello fue el último periodista asesinado en Cuba, porque en estos 55 años de Revolución en la que él creyó y confió, la vida de los periodistas ha sido siempre respetada.
Publicado por Miguel Fernández Martínez

Enterese aqui sobre el Jefe de los tristemente conocidos por los Tigres de Masferrer de triste recordacion para los cubanos

Rolando Masferrer Rojas. Fue un político y paramilitar cubano, conocido por las brutales represiones que cometió contra los revolucionarios opositores al régimen de Fulgencio Batista, mientras lideraba el jefe del grupo de sicarios conocidos como los Tigres de Masferrer.

Posteriormente al triunfo de la Revolución estuvo vinculado a diversos actos terroristas, entre los que se citan, el atentado al presidente John F. Kennedy, al barco francés La Coubre.
Contenido

Nace el 18 de julio de 1918 en Holguín, ubicada en la región oriental de Cuba. Entre los lejanos antepasados se encontraban los generales Julio y Belisario Grave de Peralta. El origen de esta familia holguinera proviene del matrimonio de un emigrado español de apellido Masferrer, con una hermana del futuro general Julio Grave de Peralta.

También fueron miembros de su familia: Luis Felipe y Rafael Masferrer, dos viejos luchadores contra el dictador Gerardo Machado.

Luego de una militancia en las fuerzas de izquierda, que lo llevó hasta participar en la Guerra Civil Española en el bando republicano, y a militar en el Partido Socialista Popular, fue derivando hacia la derecha más reaccionaria, convirtiéndose en una figura política en los gobiernos auténticos.

En los inicios fue uno de los líderes de los grupos de acción que medraban en La Habana durante las décadas de 1930 y 1940. Trabajó en un periódico de la capital cubana. Escribía bastante bien, pero pronto comenzó a tener problemas. Se metía en temas que se alejaban de la línea editorial del periódico y fomentaba discusiones estériles, chismes y divisiones. Frecuentemente le llamaban la atención por las indisciplinas y los deseos de sobresalir.

Fue expulsado del Partido Socialista Popular por sus posiciones sectarias y entonces fundó una organización propia, el Movimiento Socialista Revolucionario. Al igual que otras agrupaciones de la época, pronto se convirtió en una pandilla y Rolando Masferrer en un gángster que utilizaba la extorsión como medio de vida, bajo el pretexto de recaudar dinero para la causa de la revolución.

Se vio implicado en más de un caso de chantaje político, batiéndose a tiros en ocasiones en plena calle con los rivales. No obstante, hombre astuto, pactó con el gobierno, aliándose primero a Ramón Grau San Martín, – presidente de Cuba entre 1944 y 1948 y después a Carlos Prío Socarrás – presidente de 1948 al 10 de marzo de 1952.

En 1947, cuando cubanos y dominicanos preparaban una invasión a República Dominicana para derrocar a Rafael Trujillo desde Cayo Confite, tenía el papel de jefe militar del grupo expedicionario.

A punta de pistola se metió en la Universidad de La Habana, de donde reclutó a varios miembros de su banda. Incluso se enfrentó a antiguos compañeros, los comunistas, pero también a los ortodoxos, entre ellos Eduardo Chibás, el líder del Partido, y al propio Fidel Castro, del cual declaraba ser un enemigo jurado.

Durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás adquirió un puesto en la Cámara de Representantes por la entonces provincia de Oriente. Además, financiaba un periódico propio, Tiempo en Cuba, dirigido por su hermano Rodolfo y que tenía las oficinas en San José No. 868, en La Habana.

Al producirse el golpe de Estado del 10 de marzo en Cuba se opuso al mismo. Se atrincheró con sus hombres en la escalinata de la Universidad de La Habana para resistir el golpe e incluso desplegó ametralladoras para la defensa del recinto universitario, pero al ver que el golpe triunfaba terminó por sumarse a él y muy pronto terminó en ser partidario del régimen batistiano.

Se sumó a las fuerzas que combatían a los revolucionarios, creando un cuerpo paramilitar, que fue conocido como los Tigres de Masferrer o simplemente los Masferreristas. Este grupo estaba formado por delincuentes, gente de baja catadura moral y oportunistas de todo tipo.

A la Masferrer comenzaba a editar el periódico Libertad, en Santiago de Cuba, un periódico progubernamental que se hizo célebre por insertar grandes fotos pornográficas en las portadas y por el hecho de que quien aparecía en esas páginas acusado de contrario al régimen, poco después era encontrado muerto.

En 1954 fue electo senador por Oriente, después de unas elecciones tan fraudulentas que votaron más personas que electores inscritos. Esa ocasión también la aprovechó para acomodar a los parientes, su hermano Rodolfo como representante a la Cámara por la misma provincia. Mientras, la familia adquiría fuertes intereses en Holguín, Manzanillo y Santiago de Cuba.

Al triunfo de la Revolución Cubana el grupo paramilitar de los Tigres de Masferrer fue disuelto y los miembros que cometieron crímenes y abusos fueron juzgados y condenados. Masferrer jefe escapó hacia Estados Unidos.

Masferrer huyó de Cuba junto a su familia y 24 de sus hombres el 1 de enero de 1959 en el Ola Kun II, un viejo guardacostas estadounidense que había adquirido en la Base Naval de Guantánamo y convertido en su yate personal. Dentro del equipaje llevaba 17 000 000 de dólares que fueron ocupados por el servicio de inmigración de Estados Unidos.

Fue juzgado en ausencia en la Causa 42 de 1959, del Tribunal Revolucionario de Santiago de Cuba por los delitos de asesinato, traición, lesión, robo y maltratos y sancionado a la pena de muerte por fusilamiento.

El gobierno cubano solicitó la extradición del gánster el 7 de enero de 1959 en carta enviada por el Ministro de Estado, Roberto Agramonte, pero el Servicio de Inmigración de Estados Unidos le concedió asilo político en ese país. Después de la llegada a Estados Unidos, se vinculó a la primera organización contrarrevolucionaria cubana creada en territorio norteño, La Rosa Blanca, grupo liderado por el exrepresentante a la Cámara, Rafael Díaz Balart, antiguo colaborador de Masferrer en Oriente.

El 26 de marzo de 1959 se descubrió en La Habana una conspiración de antiguos masferreristas, complotados para asesinar al Primer Ministro cubano, Fidel Castro[1]. En las confesiones, los implicados vincularon al antiguo jefe con un hombre del FBI, Frank Sturgis y con oficiales de la CIA. Similar participación tuvo en el intento de invasión a Cuba en junio de 1959 auspiciado por el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo, que fue desarticulado por los órganos de inteligencia del Ejército Rebelde.

En diciembre de 1960, el ya notorio terrorista estaba entrenando militarmente a 23 norteamericanos y unos 200 emigrados cubanos en un campo paramilitar ubicado en No Name Key, propiedad del multimillonario Howard Hughes.

El 4 de febrero de 1961, se entrevistó con el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, le expuso los planes de una invasión mercenaria. Le aderezó la exposición con ideas sobre atentados en lugares públicos o asesinatos de las principales figuras de la Revolución, utilizando explosivos para causar muertes masivas.

En enero de 1967, el gobierno de Estados Unidos arrestó a unas 70 personas involucradas en una expedición para invadir Haití. Se trataba de haitianos, cubanos exiliados y soldados de fortuna, que buscaban apoderarse de la nación caribeña y utilizarla como base de operaciones contra Cuba. Dentro de los arrestados se encontraba Rolando Masferrer.

Como forma de financiar su organización creó una una red para el tráfico de haitianos que deseaban abandonar Haití y emigrar a Estados Unidos, a los que le cobraban grandes sumas de dinero y los abandonaban en la cayería del Caribe.
Muerte

Dentro de la mafia anticubana de Miami, Masferrer se había buscado la enemistad de varios cabecillas contrarrevolucionarios como Ignacio y Guillermo Novo Sampoll, Jorge Mas Canosa y Luis Posada Carriles, quines lo veían como un estorbo para lograr una contrarrevolución unida. Por ese motivo sus enemigos políticos decidieron eliminarlo.

Falleció el 31 de octubre de 1975, víctima de un espectacular atentado realizado por grupos mafiosos que le colocaron una bomba de C-4 en su auto que estalló al arrancarlo.
Referencias

Cantón Navarro, José y Duarte Hurtado, Martín. Cuba 42 años de Revolución. Cronología histórica 1959 – 1982 Tomo I. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 2006. ISBN 959-06-0906-6

Fuentes

Terrorismo Made in USA en Las Áméricas
Radio Angulo
Artículo de la Web Latinamericanstudies Por Amaury E. del Valle Rolando Masferrer Rojas: ¡Voló en pedazos el “Tigre”!
Artículo de la Web Radio Angulo Por José Abreu Cardet

Rolando Masferrer y los Tigres

Conozca aqui la historia del coronel Orlando Piedra Negueruela , Jefe del tristemente celebre Buro de Investigaciones de la Policia Nacional de la dictadura de Fulgencio Batista

Orlando Eleno Piedra Negueruela. Fue un militar cubano de la época republicana, jefe del tristemente conocido Buró de Investigaciones, responsable de incontables crímenes cometidos durante la dictadura batistiana, este asesino era conocido como el Hombre de oro de Batista.

Nace el 18 de diciembre de 1917 en San Antonio de los Baños, La Habana, ubicado en la región occidental de Cuba.

En los primeros años de la juventud labora en la empresa de los tranvías, sigue los pasos del padre y en 1941 ingresa en la Policía Nacional, institución en la que rápidamente va ganando ascensos.

Al dejar Batista la presidencia en 1944, sale de Cuba hacía Estados Unidos, donde más tarde contacta con el dictador y se le ofrece para lo que necesite, luego regresa a La Habana.

Es a partir de ese momento la sombra del general, quien lo reinstala nuevamente en la policía, siendo en lo adelante Inspector del Buró de Investigaciones, supervisor de la policía secreta, llegando a ser hasta jefe del Servicio Secreto del Palacio Presidencial.

En la huida del tirano es el principal ejecutor de la fuga de este y los allegados, al que acompaña durante los primeros momentos de la estancia en República Dominicana más tarde viaja a los Estados Unidos.

Se radica en Miami donde se une a otro connotado asesino, Rolando Masferrer Rojas con el objetivo de recaudar fondos para la subversión en Cuba, tiene participación en la llamada Operación 40.
Trayectoria militar

En la etapa de la juventud labora en una empresa de tranvías, lugar donde gana el mote de La pomposa por el gusto por los perfumes, los talcos y lo cuidadoso del atuendo.

En 1941 durante el primer gobierno de Fulgencio Batista, siguiendo los pasos del padre, ingresa el 4 de febrero en la Policía Nacional con la chapa número 1722

En esa época se relaciona con el coronel Antonio Brito, último jefe de ese instituto armado durante ese gobierno y en los primeros días del gobierno del presidente Ramón Grau San Martín.

El 14 de julio de 1944 es ascendido a cabo y promovido a sargento el 10 de octubre del propio año, el mismo día en que Batista abandonaba el poder.

Al producirse el cambio de poderes, los nuevos jefes policiales no lo aceptan y es pasado a retiro, por conveniencias del servicio, el 21 de noviembre de 1944.

Al año siguiente sale de Cuba vía México con destino a Estados Unidos, al no tener garantías para la vida, ya que los grupos de revolucionarios existentes ajustaban cuentas a figuras comprometidas con Machado y Batista, citándose entre estos el propio coronel Brito, el capitán Antonio Hernández, ex jefe del SIM, el comandante Pedro Tandrón, ex inspector general de la policía y el ex capitán Rafael Díaz Juglar, uno de los responsables de la muerte de Antonio Guiteras.

En los Estados Unidos se encuentra con Batista, quien había sido electo senador estando ausente y preparaba el regreso a la isla, en ese encuentro le dice;
“General, si me necesita, ya yo tengo las maletas hechas.”.

Días más tarde Batista lo contacta a través del general Tabernilla y le ordena que lo esperara en La Habana, a partir de ese momento Piedra es la sombra del tirano.

El 10 de marzo de 1952 entra con él en el campamento de Columbia dándole escolta, tras ese fatídico momento para el pueblo cubano, es recompensado y de un plumazo lo reinstala en la policía con grados de capitán.

En lo adelante siguen los ascensos, a comandante, a teniente coronel en tres decretos sucesivos que firma uno detrás del otro, el 9 de mayo lo designa inspector del Buró de Investigaciones y supervisor de la policía secreta y la policía judicial.

El 1 de julio, ya es coronel y en abril de 1954 es designado jefe del Buró de Investigaciones en sustitución del teniente coronel Armando Suárez Suquet, llegando a ser jefe del Servicio Secreto del Palacio Presidencial.

Es condecorado en distintos momentos, pero el 27 de abril de 1956, Batista le otorga la más alta distinción que confería entonces el Estado cubano, la Orden Nacional de Mérito Carlos Manuel de Céspedes en grado de Comendador.

Piedra es considerado el hombre de oro de Batista, el que el general prefiere entre todos los jerarcas policiales, el hombre a quien confía la seguridad personal, lo acompaña en los actos públicos y en los desplazamientos por la isla; en los viajes al exterior y cuando el presidente se traslada a Varadero, donde tiene una casa de descanso.

Mantiene estrechos vínculos el FBI, y la CIA, monitorea los movimientos de Fidel Castro en México, para los cuales se vale de John Mac Maples Spiritto, agente de la CIA destacado en tierras mexicanas.

Todos estos contactos son utilizados para espiar las actividades de los grupos revolucionarios que operan dentro y fuera de Cuba, así informa oportunamente al coronel Pilar García del Asalto al Cuartel Goicuría, en la ciudad de Matanzas, lo que permitió al jefe militar masacrar a los atacantes.

Logra penetrar la Organización Auténtica del ex presidente Carlos Prío Socarrás y consigue a tiempo la información que anuncia el arribo inminente a Cuba de la expedición del Corynthia conformada por un grupo de militantes auténticos que desembarcan en la zona de Holguín, donde el coronel Fermín Cowley Gallegos los aniquila.
Asesinato de Oscar Lucero Moya
Oscar Lucero Moya

Fue el responsable del asesinato de Oscar Lucero Moya, combatiente del Movimiento 26 de Julio, quien participó en Holguín en la preparación del atentado en que fue ajusticiado el coronel Fermín Cowley Gallegos, jefe de la plaza militar de esa ciudad, y luego, en La Habana, planificó y ejecutó el secuestro del as del volante argentino Juan Manuel Fangio, invitado a participar en la carrera automovilística de los Fórmulas Uno conocida como Gran Premio de Cuba.

Lucero era amigo de Frank País y alternaba con él – en la antigua capital de Oriente – la presidencia del Movimiento Juvenil de la Iglesia Bautista. Militó en la Juventud Ortodoxa y fue fundador, luego del golpe de Estado de 1952, de la Acción Libertadora, cuyos mejores elementos pasaron a formar parte, con Frank, de la Acción Revolucionaria Oriental.

Cuando Frank ingresa en el Movimiento 26 de Julio y se le designa jefe nacional de Acción de esa organización, Lucero está a su lado. Después del plan frustrado de atacar el cuartel del poblado de Miranda, se traslada a Holguín donde acomete el trabajo en la organización del Movimiento.

Cuando las fuerzas represivas, tras el atentado a Cowley, le tocaban casi los pasos, se dispuso el traslado a la Sierra Maestra, pero Lucero prefirió meterse en la garganta del diablo que era para los revolucionarios La Habana de aquellos días, llegando convertirse en jefe de Acción del Movimiento 26 de Julio en la capital.

El 1 de mayo de 1958 lo detuvieron, en compañía de Emma Montenegro, en un apartamento del Vedado. Emma recordaría que mientras los conducían al Buró de Investigaciones, Lucero le daba palmaditas para animarla, tan cálido y tan dulce con sus hermosos ojos llenos de esa tristeza de quien conoce su destino y lo acepta con orgullo.

Ya en el Buró los captores entregaron a Lucero a Orlando Piedra, y este junto con el teniente coronel Irenaldo García Báez, ya segundo jefe del Servicio de Inteligencia Militar, y el coronel Leopoldo Pérez Coujil, que había pasado por el BRAC y por el SIM antes de sustituir a Cowley en la jefatura de Holguín, lo torturó con saña durante 20 días.

El hombre que tenía en las manos todos los hilos del clandestinaje habanero no dijo una sola palabra pese a lo bárbaro de los tormentos, llamado por eso El Mártir del Silencio, se afirma que tuvo fuerzas para escribir en la pared de la celda del Buró de Investigaciones: “Aún vivo, mayo 18”. Nunca se encontró su cadáver.
La muerte de Pelayo Cuervo

A raíz del ataque al palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957, soplaba en La Habana un huracán de sangre, en un salón de la mansión del ejecutivo, con las paredes acribilladas por las balas y muebles todavía en desorden, el general Fulgencio Batista, lleno de pánico y odio por la audacia de la acción del Directorio Revolucionario al intentar ajusticiarlo en la propia madriguera, daba luz verde a las bandas de asesinos y les ratificaba la licencia para matar.

Se imponía un escarmiento a los opositores y el nombre de Pelayo Cuervo Navarro se mencionó entonces con insistencia entre burdas exclamaciones. En la propia noche del 13 de marzo con las calles desiertas y los vehículos de la Radiomotorizada, del Servicio de Inteligencia Militar y del Buró de Investigaciones recorriéndolas a la caza de sospechosos.

Se allanaban casas conocidas y se reactivaban viejas pistas, los refugios más seguros estaban perfectamente identificados, no resulta difícil ubicar el paradero del doctor Pelayo Cuervo quien, al saber de los hechos del Palacio Presidencial, había buscado amparo junto a una familia amiga.

El coronel Piedra decide no perder tiempo y dio las órdenes, a las 10 de la noche parte un Cadillac negro guiado por Alfredo García y llevaba como tripulantes al sargento Rafael Gutiérrez y a otros alistados, a la escolta le seguía el auto chapa 31986 del Negociado de Drogas de la misma dependencia, con un sargento y varios agentes. Tenían un objetivo: ¡Pelayo Cuervo!, y las indicaciones eran las de eliminarlo.

No demoraron en llegar a la casa donde se escondía el presidente del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo). Los dos sargentos, ametralladora en mano, tocaron rudamente a la puerta mientras que sus hombres se diseminaban por los alrededores en previsión de un intento de fuga. Alguien atendió el llamado.
“.¿Dónde está Pelayo Cuervo? “.

Antes de que el interpelado respondiera salió de una habitación interior el ex Senador que tranquilo y sereno encaró a los que lo buscaban.
“Yo soy Pelayo Cuervo. Está detenido. Venga con nosotros. “.

Lo instalaron en la parte trasera del Cadillac negro y a su derecha tomó asiento el sargento Gutiérrez, pero no lo condujeron al Buró de Investigaciones ni a dependencia policial alguna, sino que ambos vehículos enfilaron en dirección a zonas apartadas y oscuras que eran las de los barrios más exclusivos de La Habana.
“Dígame, doctor, ¿dónde esconden las armas? —inquirió Gutiérrez.

No sé de qué me habla.

Vamos, doctor, ahórrese este mal rato… —la voz del sargento sonó entre burlona y condescendiente.

No tengo nada que decir.

Hable o lo matamos.
Ustedes podrán matarme, pero no obligarme a decir lo que desconozco”.

Expresó Cuervo y ahí mismo el puño de Gutiérrez se estrelló en su rostro con un golpe seco. Comenzaba la sesión de maltratos físicos y vejámenes, de golpes e insultos contra un abogado de 56 años de edad, sin más armas que la inteligencia y que se había convertido en un fiscal implacable de todos los desafueros y tropelías de la dictadura y las bandas uniformadas.

El automóvil negro y el escolta avanzaban ya por las calles del Country Club para detenerse en las inmediaciones del lago que se localiza en esa zona; un paraje alegre y bucólico durante el día y aterrador en la noche.

Alrededor del vehículo se agruparon los tripulantes del otro automóvil. Pelayo Cuervo estaba encorvado en el asiento y tenía la cabeza hundida en el pecho, se le habían caído los espejuelos.
“Habla, ¿sí o no? “.

Preguntó Gutiérrez.
“Nada puedo decirle. “.

Sonó un disparo, el sargento le había dado el tiro a quemarropa, con la ayuda de los hombres que estaban fuera lo sacó del automóvil y lo arrojó sobre la hierba húmeda, luego otros seis balazos se cebaron en el cuerpo de la figura más distinguida de la oposición política tradicional cubana.

De inmediato los dos vehículos pusieron rumbo hacia el río Almendares y 15 minutos después arribaban al Buró de Investigaciones para reportar el servicio, los teléfonos sonaron en el estado mayor del ejército y en la jefatura de la Policía Nacional, en el Buró Represión de Actividades Comunistas y en el Servicio de Inteligencia Militar. También en el Palacio Presidencial. Una sonrisa de chacal satisfecho asomó entonces a los labios del general Fulgencio Batista.
Tony Varona

Años después en una entrevista realizada a Piedra, este ofrece una clave para conocer cómo en tiempos de Batista se ejecutaba a figuras de la oposición y de cómo a veces se frustraban esos asesinatos.

Habla de Tony Varona,
“El doctor Varona fue varias veces detenido y llevado al Buró, porque era díscolo. Una madrugada cuando estaba allí, el presidente Batista me llamó y me preguntó: Piedra, ¿tú tienes al doctor Varona detenido? Y le respondí: Efectivamente, señor Presidente, aquí está el doctor Varona. Esos eran los momentos en que comenzábamos a capturar a los complotados en los sucesos del levantamiento de Cienfuegos… A las cinco de la mañana Batista me dijo: Piedra quiero descansar y sé que tú no eres ningún loco. Le respondí: No, señor, no soy ningún loco”.
Operación fuga
Al producirse la estampida del tirano y los principales esbirros el 1 de enero de 1959, Piedra es el principal ejecutor de la fuga haciéndose acompañar a la llegada al aeropuerto militar de Columbia entre otros por Medina, Sarmiento, Calzadilla, Rodríguez, Margoza, Macagüero, Antolín Falcón y Mariano Faget, ante los que los;
“Señores, ¡esto se acabó! “.

A la hora de abordar las aeronaves, Piedra, lo hace en la primera junto a Batista y la esposa, la Operación Fuga terminaba para él mientras que en las inmediaciones de la pista decenas de hombres se enfrentaban al incierto destino.
En República Dominicana

A la llegada a República Dominicana, se instala junto a Batista en el Palacete Nacional, residencia oficial de los huéspedes del gobierno, lo acompaña luego en el hotel Jaragua, aunque se mantiene al margen, callado y meditabundo.

No participa en la conspiración trujillista para derrocar a la Revolución cubana y marcha rápidamente a Estados Unidos, país al que entra bajo palabra mediante la gestión que hacen dos funcionarios de la embajada estadounidense en La Habana y un oficial de la Marina de Guerra de esa nación.
En los Estados Unidos

La primera tarea en tierras estadounidense sigue siendo fiel a la de años anteriores, servil al amo. Allí debe recoger en Nueva York tres millones de dólares que le entregaría Marta Fernández, la esposa de Batista y debe ponerlos en manos de un funcionario dominicano, en Miami.

Piedra entregó un millón de dólares y depositó el resto en la caja de seguridad de un banco, el gángster cubano Policarpio Soler, entonces a sueldo de Trujillo, se apoderó de la suma entregada y esto le costó la vida a manos de sicarios trujillistas, que lo fusilaron en la cárcel de Las 40.

Se radica en Miami, donde el FBI lo identifica como uno de los principales organizadores de la propaganda política a favor de Batista y como alguien cercano al ex presidente.

Más tarde trabaja para el ex senador Rolando Masferrer, auspiciador en Cuba de las bandas paramilitares conocidas como los tigres y que intenta reconstruir allá estas bandas de matones, desligándose de este al Masferrer hablar mal del dictador y a tacharlo de cobarde.
Operación 40

Luego contacta con la CIA, mediante esta organización se suma a la Operación 40, que surge al calor de la Operación Pluto, en 1961, y que debía ser parte fundamental de la invasión mercenaria de Playa Girón, sería el cuerpo represivo de la Brigada de asalto 2506.

De haber triunfado la invasión mercenaria, los hombres de la Operación 40 se apoderarían de los archivos de la seguridad y la policía cubanas, ocuparían los edificios de los principales organismos de la administración central del Estado, en especial los institutos armados, los centros claves de la economía y detendrían a los dirigentes más destacados como paso previo a la depuración masiva de la población.

Para ello se valdrían de planillas de color rojo, verde o blanco que se rellenarían con los nombres de militantes revolucionarios, sindicalistas, líderes obreros, campesinos y religiosos, intelectuales y otros, quienes serían eliminados de inmediato si le adjudicaban una planilla roja; internados en prisiones, si el color era verde o dejados pendientes de nuevos interrogatorios si su planilla era blanca.

Los miembros de la Operación 40 en la mayoría procedían de los cuerpos represivos de la dictadura o colaboraron en Cuba con el FBI o la CIA, Manuel Artime Buesa y Orlando Piedra Negueruela fueron designados por el gobierno estadounidense para diseñar las tareas de la operación.

Los hombres que formaban parte de ese plan macabro no llegaron a pisar tierra cubana: al ver cómo era abatida la brigada invasora en las arenas de Playa Girón modificaron el propósito de desembarcar por una retirada precipitada a La Florida

A partir de ahí la Operación 40 sufrió cambios y varió incluso de nombre, pero, afirman los analistas, que las funciones y principios básicos perduran hasta hoy, asesinos, terroristas y especialistas en subversión y también la mafia se fusionan a partir de 1962 y crean una nueva Operación 40, brazo invisible de la CIA y desprendida de ella solo en apariencia y que desde entonces dirige el terrorismo.

Contándose entre otros actos el asesinato de John F. Kennedy y los planes de atentado contra Fidel Castro, siendo interrogado Piedras por el FBI en aquel momento con relación al magnicidio de Dallas y en papeles que se le ocuparon a Lee Harvey Oswald aparecieron el nombre y la dirección del ex coronel cubano.
Solicitud de extradición

El 22 de enero de 1959, mediante el telefonema oficial No. 327, la Dirección de la Policía Nacional Revolucionaria da de baja al coronel Orlando Eleno Piedra Negueruela a partir del 31 de diciembre del año anterior, por abandono de cargo y destino.

Meses después, en junio, se le forma causa por el delito de deserción y más tarde por los de robo y maltrato a detenidos, ese mismo año asentanda la solicitud en el asesinato de Pelayo Cuervo Navarro, el gobierno cubano pide a Washington la extradición, sin éxito.
Fuente

Artículo Orlando Piedra: El hombre de oro de Batista. Disponible en “www.lajiribilla.cu”. Consultado: 25 de julio de 2011.