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A 59 años de la fundación del II Frente Oriental Frank País

El entonces recién nombrado comandante del Ejército Rebelde, Raúl Castro Ruz salió de Pata de la Mesa, Sierra Maestra, el primero de marzo de 1958 hacia la Sierra Cristal, al frente de la Columna 8.
Era portador de la misión de abrir allí un nuevo frente de combate para ocupar cada vez más territorio y dividir la atención de las fuerzas de la tiranía.
Avanzando a pie por rutas plagadas de enemigos, marcharon las armas rebeldes hasta llegar el 11 de marzo a su destino final. Así se cumplía la orden del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Al territorio ocupado se le nombró II Frente Oriental Frank País en honor al inolvidable joven santiaguero caído en combate contra las fuerzas de la tiranía y ocupó cerca de 12 mil kilómetros cuadrados.
La organización, disciplina y contacto con la población montuna llevó al II Frente a ser un ejemplo. Por eso se le calificó como “un Estado dentro de otro Estado”.
Y no digo más, le dejo con la entrevista publicada en la revista Bohemia por la amiga Magali García Moré, el 11 de marzo de 1988, al hoy General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba

Dentro de la estrategia general trazada por el Comandante en Jefe del Ejército Rebelde para la extensión de la guerra más allá de la Sierra Maestra, ¿qué misiones fundamentales, en general, se les asignaron a cada frente y columnas invasoras, no solo en el plano militar, sino político, y en especial cuáles les correspondieron a la Columna 6 “Frank País” y al Segundo Frente?
En otras ocasiones he dicho que una de las cosas que más he admirado de Fidel es esa capacidad de prever el futuro, y vuelvo a referirme a ello porque es realmente impresionante cómo ya desde fines de 1957 él tenía muy claramente definida la forma en que llevaría a cabo la extensión de la guerra revolucionaria fuera del territorio de la Sierra Maestra, aspecto que constituía uno de los pilares esenciales de su concepción estratégica, desde el punto de vista militar, para derrotar a la tiranía de Batista y alcanzar el triunfo de la Revolución.
Recuerdo que en aquel año 1957 en un lugar que se conoce como el balcón de La Habanita, tuvimos una larga conversación donde me explicó que tan pronto como el Frente de la Sierra Maestra estuviera consolidado crearía nuevas columnas y las enviaría a distintos lugares del país.
Mencionó en aquellos momentos la zona de la Sierra Cristal y el este de la Sierra Maestra en las cercanías de la Ciudad de Santiago de Cuba, pero lo que más me sorprendió fue cuando se refirió a que además, enviaría columnas a la región central del país e incluso a Pinar del Río. No me podía imaginar en ese instante cómo podría esto último hacerse realidad.
Fidel estaba convencido –como así fue—de que el Primer Frente sería la fragua en la que se forjarían los cuadros y los combatientes que progresivamente se irían desprendiendo de la columna madre, como la calificara el Che, para llevar la guerra a otros territorios, multiplicar el Ejército Rebelde para obligar al enemigo a dividirse y hacerlo así más débil y vulnerable.
Además de este objetivo esencial se perseguía unificar a los combatientes del Movimiento 26 de julio que se encontraban alzados, coordinar acciones con aquellos que pertenecieran a otras organizaciones, es decir, desde el punto de vista político, servir de factor aglutinador y unificador de las fuerzas que enfrentaban al régimen y aplicar en los nuevos territorios las leyes que se habían puesto en vigor en el Primer Frente.
De la Sierra Maestra salieron columnas para otras zonas de las provincias de Oriente, así como para Camagüey, Las Villas y Pinar del Río. Cada una de ellas tuvo, además de las generales, misiones específicas que cumplir según el lugar donde se le destinaba a operar. En el caso de la del Che, por citar un ejemplo, la Columna Invasora No.8 “Ciro Redondo” tenía como objetivo militar estratégico batir al enemigo en el territorio central del país e interceptar y paralizar los movimientos de las tropas del ejército por tierra de Occidente a Oriente.
La Columna 4, creada a mediados de 1957, bajo el mando del Che fue el primer desprendimiento. Después al querido compañero Almeida y a mi nos correspondió el honor de ser seleccionados por Fidel para mandar dos nuevas columnas: la 3 “Santiago de Cuba” y la 8 “Frank País”, respectivamente.
Una vez más nos tocaba cumplir simultáneamente misiones similares, pues cuando se organizó militarmente el destacamento expedicionario, poco antes del desembarco del Granma, fuimos designados jefes de pelotones, Almeida en el del centro y yo en el de la retaguardia. El de la vanguardia era comandado por el compañero José Smith Comas, asesinado después en Alegría de Pío.
El 27 de febrero, el Comandante en Jefe firmó las órdenes en que se nos ascendía al grado de Comandante y, además, juntos salimos con nuestras respectivas columnas de Pata de la Mesa, lugar en que radicaba la Comandancia del Che y a donde Fidel fue a despedirnos.
En nuestro caso, la misión consistía, según consta en la orden que emitió el Comandante en Jefe, en abrir un nuevo frente de guerra al noreste de la provincia de Oriente específicamente, en el territorio montañoso comprendido desde el Término Municipal de Mayarí al de Baracoa. Una vez allí nos encargó resistir y derrotar la ofensiva de verano del ejército de la tiranía y en el momento de la batalla final nos encomendó hacer rendir los enclaves enemigos ubicados en la zona comprendida entre Cueto, Mayarí, San Luis y Guantánamo.
A treinta años de aquellos hechos, podemos decir que las misiones que el Comandante en Jefe asignó al Segundo Frente Oriental “Frank País” fueron cumplidas. Ello requirió abnegación, valor e incluso el sacrificio de la vida de muchos de nuestros compañeros que generosamente la ofrendaron para hacer posible la victoria.
Se dice que la “ofensiva de verano de la tiranía” resultó uno de los momentos más dramáticos de toda la campaña en el Segundo Frente. ¿Puede usted referirse a ello, y que representó para los éxitos posteriores de las fuerzas rebeldes?
El momento en que tuvimos que enfrentar la ofensiva de verano resultó, sin dudas, uno de los más comprometidos, no solo para el Segundo Frente, sino en general para el Ejército Rebelde. Fidel, en cierta ocasión, dijo que de no haberse derrotado entonces aquella ofensiva, el curso de la guerra podía haberse dilatado.
Pero hay que señalar que fue ese también uno de los momentos en que el pensamiento militar de Fidel se manifestó con mayor brillantez. El intuyó con gran precisión, que la tiranía trataría de aprovecharse del revés que sufrió el movimiento revolucionario cuando la Huelga de Abril y de inmediato comenzó a tomar medidas para enfrentar aquel zarpazo. Cuando la dictadura nos suponía divididos en varios territorios, él ordenó la reagrupación estratégica e incluso mandó a buscar a Almeida y a Camilo, el primero ya en el territorio del III Frente “Mario Muñoz” y el segundo desarrollando su campaña en los llanos de Oriente.
Por otra parte, cuando el enemigo venía adiestrado y organizado en batallones de lucha antiguerrillera, sorpresivamente lo obligó a enfrentar, en lo fundamental, una guerra de posiciones que no esperaban. Así fracasó aquel plan que pretensiosamente la tiranía denominó FF –Fase Final o Fin de Fidel–, que fue en realidad una fase final, pero para la dictadura, pues como dijo el Che, el ejército de la tiranía salió de estos enfrentamientos con su espina dorsal rota.
En el caso del Segundo Frente, Fidel, como apunté antes, me ordenó defender el territorio donde nos habíamos establecido pues aun cuando el enemigo daría el golpe principal en la dirección del Primer Frente, también se preparaba una ofensiva, aun de menor envergadura, por nuestra zona.
Fue en realidad difícil pues estábamos casi recién llegados, con un nivel incipiente de organización y con una terrible escasez de parque que se había agravado aún más en aquellos días con motivo de los combates que libramos en apoyo a la huelga del 9 de abril.
Tuvimos que ser muy flexibles en el mando de las acciones que se desarrollaron entre mayo y junio de 1958 para poder enfrentar con éxito ese embate. En esos días tuvimos combates muy fuertes como fue, por ejemplo, la batalla de La Lima, que se libró en medio de torrenciales aguaceros y duró 3 días. La resistencia que allí presentamos en guerra de posiciones tuvo una importancia vital en el rechazo de la ofensiva enemiga en el Segundo Frente y aunque al principio no lo entendimos así, junto con las demás acciones libradas en los días próximos constituyó una gran victoria.
La combinación de la guerra de guerrillas con la de posiciones, los repliegues tácticos y un hostigamiento constante en la retaguardia nos permitió impedir que el enemigo lograra penetrar nuestro territorio en los intentos que realizó por diversos lugares y, en especial, preservar la zona donde teníamos la Comandancia y algunas instalaciones rudimentarias pero muy importantes para nosotros.
Ya en la segunda quincena de junio, el ejército se vio obligado a retirarse, derrotado al no poder lograr sus objetivos, y nosotros iniciamos, a partir de este momento, una nueva etapa de desarrollo. Consolidamos y ampliamos nuestro territorio y tuvimos en este periodo un incremento de hombres y de algunas armas, que nos permitió convertir las 5 compañías rebeldes con que iniciamos el enfrentamiento a la ofensiva, en 5 columnas. Desde entonces y hasta el final de la guerra, la iniciativa pasó a nuestras manos.
Ya en los meses finales de la guerra creamos una nueva columna, de modo que en diciembre de 1958 nuestro frente contaba con 6. La No.6 “Juan M. Ameijeiras”, al mando de Efigenio Ameijeiras que fue a su vez el Segundo Jefe del Frente; la “José Tey”, al mando de Belarmino Castilla; la 17 “Abel Santamaría”, cuyo jefe fue Antonio E. Luzón; la 18 “Ñico López”, mandada por Félix Pena; la 20 “Gustavo Fraga”, encabezada por Demetrio Montseny y la 16 “Enrique Hart”, que dirigía Carlos Iglesias.
El Segundo Frente se llegó a extender por unos 12 mil kilómetros cuadrados en las zonas rurales de los municipios de Mayarí, Sagua de Tánamo, Baracoa, Yateras, Guantánamo, Alto Songo y San Luis y al final también incorporamos Banes y Antilla. En todos esos lugares durante los 9 meses que duró la campaña hicimos ondear y mantuvimos en alto la bandera de Territorio Libre de Cuba.
¿Qué condiciones específicas contribuyeron al acelerado desarrollo del Segundo Frente Oriental y posibilitaron que en sus límites, toda representatividad y funciones del gobierno batistiano fueran sustituidas en breve plazo por las fuerzas del Ejército Rebelde bajo su mando?
La región que abarcó el Segundo Frente reunía una serie de características que coadyuvaron al mejor desenvolvimiento de la actividad revolucionaria del Ejército Rebelde. Es indudable que allí existían mejores condiciones en muchos aspectos que en la Sierra Maestra.
En los territorios bajo nuestro control o gran influencia había unos 18 centrales azucareros y feraces tierras en las que abundaban las plantaciones de caña, café, cacao y otros cultivos, así como un subsuelo rico en reservas minerales. Eran estas, en lo fundamental, sus principales riquezas económicas, por cierto, la mayoría de ellas en manos de los yanquis. La United Fruit –por citar un caso- poseía las mayores extensiones de tierras dedicadas a la caña.
Otro aspecto de vital importancia a considerar es que la población de ee territorio poseía fuertes tradiciones de lucha. Allí, por ejemplo, estaba enclavado el Realengo 18 donde, como es conocido, se dio aquella memorable batalla contra el desalojo que devino un valioso símbolo de la rebeldía del campesinado cubano, Además, desde Hatuey hasta Fidel, o sea a todo lo largo de nuestra historia, pocos territorios del país pueden contar tantos acontecimientos de rebeldía y lucha de todo tipo.
Todos esos factores, por supuesto, actuaron a favor de nuestro quehacer revolucionario más allá incluso de la actividad propiamente militar.
Desde nuestra llegada comenzamos a ocuparnos de numerosos problemas políticos y sociales y procedimos a organizar un aparato auxiliar de la Comandancia que se encargara de los asuntos relacionados con la administración civil.
Un paso importante en el proceso de organización del frente, especialmente en lo que se refiere a la administración civil tuvo lugar en el mes de octubre cuando dictamos la Orden Militar No. 49, que ponía en vigor la orgánica mediante la cuales establecía la denominación oficial del frente y su estructura militar y administrativa.
Esta Orden definía la existencia y funciones de siete departamentos: el de Guerra, que yo atendía directamente y estaba integrado por las 6 columnas y la Fuerza Aérea Rebelde y además, los departamentos de Justicia, Sanidad, Propaganda, Educación, Finanzas y Construcciones y Comunicaciones. Posteriormente se fundó el departamento Industrial.
También se habían creado dos direcciones intermedias: la de Personal e inspección y la interdepartamental, así como el Buró Agrario y el Buró Obrero.
En nuestro territorio se cobraron impuestos a los terratenientes, fueron dirimidos conflictos entre dueños y trabajadores, construidos caminos, se impartió justicia y hasta efectuamos matrimonios.
Creo que hay dos hechos que resultan muy ilustrativos del trabajo que pudimos desarrollar con la población que tuvieron una repercusión política importante. Uno es el Congreso Campesino en Armas, que se celebró el 21 de septiembre de 1958, y el otro el Congreso Obrero en Armas, que comenzó sus sesiones la tarde del 8 de diciembre de ese mismo año, momento en que nos encontrábamos además en medio de la Ofensiva Final del Ejército Rebelde que
culminó con el desplome total de la tiranía.
Hay que resaltar que logramos efectuar una labor muy útil y necesaria sobre todo porque al suplantar muy justamente a la autoridad del régimen en todo aquel territorio hicimos prevalecer una nueva autoridad, la que emanaba del poder revolucionario representado por el Ejército Rebelde que lo ejercía sobre la base de los más puros principios de la Revolución.
Cierto es que toda esta incipiente y rústica organización administrativa creada sobre la marcha, adolecía de muchas deficiencias a la que había que sumarle nuestra inexperiencia y juventud, pero visto a la distancia de casi treinta años, tal vez pudiera concretar que uno de los mayores obstáculos era que la dinámica de los acontecimientos se desarrollaba con tanta rapidez y el mismo proceso de la lucha hacía surgir nuevos problemas, que apenas empezábamos a desplegar cualquier esquema organizativo, a las pocas semanas ya quedaba obsoleto. No obstante, pienso que cada momento hicimos lo que correspondía de acuerdo a nuestras posibilidades, concentrándonos siempre en la cuestiones más importantes que muchas veces surgía simultáneamente y con las más disímiles características.
El hombre de la montaña tiene su idiosincrasia. Haberla conocido por parte de los jefes que usted comandó fue un elemento decisivo en la consecución de los objetivos que se propusieron. ¿Qué cambios sociales representó para la población de las montañas del norte y este de Oriente, la apertura y consolidación del Segundo Frente?
Considero que durante los 9 meses de estancia en el Segundo Frente, dentro de nuestras posibilidades, logramos mejorar las condiciones de la población que con nosotros compartía la vida difícil de la guerra en aquellas tierras, pero, a mi juicio, uno de los mayores beneficios que recibió la masa campesina en el aspecto social se debió a la meritoria labor que allí se desarrolló en lo referente a la salud y a la educación.
En el transcurso de unos meses se realizó un ingente esfuerzo que se tradujo en la reapertura de un cierto número de escuelas que ya existían pero que la tiranía había cerrado y en la creación, al mismo tiempo, de otras muchas, al punto que al finalizar la guerra contábamos ya con unos 400 maestros y una 450 escuelas.
La primera campaña de alfabetización que se llevó a cabo en esas zonas se realizó bajo la orientación y dirección de nuestro Departamento de Educación y tuvo un carácter masivo, de modo que abarcó tanto al Ejército Rebelde como a muchos hombres y mujeres que hasta entonces vivían dentro de la más profunda ignorancia. Este Departamento fue dirigido por la compañera Asela de los Santos, actual viceministra de Educación.
Los profesores rebeldes desempeñaron un papel de vital importancia no solo en lo que a la superación cultural de los combatientes y del campesinado se refiere sino, además, en ayudarlos a comprender con claridad el porqué de aquella lucha y de la necesidad urgente de un profundo cambio político, económico y social.
En no pocas ocasiones esos educadores, al igual que nuestros médicos, después de cumplir con sus obligaciones en la enseñanza o en la salud, marchaban a misiones de carácter militar. Fue un aleccionador ejemplo para
Los campesinos aquella imagen de futuro que representaba el maestro o médico combatiente, con el fusil en una mano y el libro o el botiquín en la otra.
Por otra parte, desde los mismos inicios del frente, el personal médico que atendía a la tropa extendió fundamentalmente sus servicios a la población campesina carente tradicionalmente de toda atención y que vivía en zonas donde proliferaban la desnutrición y las enfermedades endémicas. El índice de mortalidad era muy alto y tanto era así que , poco antes de nuestra llegada, en la zona de Mayarí Arriba habían muerto entre el 70 y el 80 % de los niños menores de un año, víctimas de una epidemia de gastroenteritis.
El Departamento de Sanidad no escatimó recursos materiales y humanos para atender la salud de la población civil que con plena confianza acudía a los hospitales rebeldes en busca de la asistencia médica ausente hasta ese momento en aquellos parajes.
Este Departamento estuvo integrado por unos 160 compañeros, entre ellos 19 médicos y 5 estomatólogos; también había farmacéuticos, técnicos de Rayos X y de laboratorio, estudiantes de medicina, enfermeros y auxiliares y llegamos a tener salas de operaciones, servicios de radiología, laboratorios, autoclaves, salas de transfusiones y clasificación de donantes, salas de ingreso y otros servicios e instalaciones. Al frente de este Departamento estuvo desde sus inicios el compañero José Ramón Machado Ventura, actual miembro del Buró Político y del Secretariado del Comité Central del Partido.
El prestigio que alcanzó la labor sanitaria y de educación que se desarrolló con la población civil fue un incentivo que acrecentó su decidida colaboración con el Ejército Rebelde y contribuyó de modo muy especial a enraizar el respeto que sentía por él. He considerado siempre que el conjunto de ese esfuerzo .constituyó, de hecho, un trabajo político y social masivo de inestimable valor que hizo sentir de un modo muy directo a los habitantes de aquellos territorios lo que representaría el triunfo de la Revolución.
Usted tenía una veintena de años cuando el Comandante en Jefe le confió la enorme responsabilidad de constituir el Segundo Frente Oriental, ¿confían hoy las fuerzas armadas misiones y tareas de tal envergadura a jóvenes oficiales?
En primer lugar para comprender las circunstancias en que se nos confió la alta responsabilidad de constituir un frente hay que ubicarse en la situación concreta en que se encontraba el proceso de la lucha revolucionaria y muy especialmente el Ejército Rebelde que solo contaba con unos pocos cientos de combatientes.
Cierto es que aunque jóvenes, algunos de nosotros ya teníamos determinadas experiencias y algún fogueo adquirido desde los primeros pasos en la clandestinidad, el Moncada, la prisión, el exilio, el Granma, y los quince meses de campaña en la Sierra Maestra. Cuando en la medianoche del 10 de marzo de 1958 realizábamos el cruce por los llanos orientales rumbo a las montañas de lo que sería el Segundo Frente, habían transcurrido exactamente seis años del golpe de estado de Batista. En el transcurso de ese tiempo algo habíamos aprendido, por ejemplo, durante el presidio estudiamos y leímos intensamente, en México seguimos preparándonos; pero en honor a la verdad, cuando al cabo de tanto tiempo miro hacia atrás, llego a la conclusión que ante la gigantesca tarea que teníamos por delante, sencillamente éramos unos “pichones” de dirigentes político-militares.
Pero el hecho es que éramos los únicos de que disponía Fidel en aquellas circunstancias concretas. Al Che y a Camilo los tenía previstos para otras misiones más difíciles e importantes todavía en la ocasión en que Almeida y yo fuimos seleccionados para ser jefes del Tercer y Segundo Frentes, respectivamente. Para ello pudo haber escogido a otros entre los que teníamos más o menos la misma edad y similares ex experiencias, pero lo que no podía hacer era ponerse a esperar pacientemente a que tuviéramos más madurez y más edad.
Estoy seguro que una gran cantidad de nuestros actuales jóvenes oficiales de las FAR, con la misma edad que teníamos entonces, de haberse encontrado en la Sierra Maestra en aquella situación concreta de principios de 1958, hubieran sido capaces de cumplir la misión que me asignaron incluso mucho mejor.
Desde hace ya algunos años, en las Fuerzas Armadas venimos realizando un sostenido esfuerzo a fin de llevar a cabo una política consecuente de promoción de compañeros jóvenes, capaces, de prestigio y autoridad. Hemos persistido y persistiremos en este empeño que es además de necesario, realizable, toda vez que las Fuerzas Armadas Revolucionarias cuentan hoy con una masa de jóvenes oficiales aguerridos, fogueados no solo en los polígonos de maniobra, y bien preparados.
Muchos dieron sus primeros pasos en las Escuelas Militares “Camilo Cienfuegos” y continuaron sus estudios en centros de enseñanza militar en nuestro país y en el extranjero, en general todos tienen buen nivel cultural y una sólida formación profesional, que los pone en condiciones de enfrentar con acierto las complejas misiones que plantea la vida militar.
Eso no significa en modo alguno, que desechemos el valor de la experiencia de quienes, no tan jóvenes, cuentan en su haber numerosos años dedicados al quehacer militar. Lo que perseguimos precisamente es fundir en nuestro cuerpo de oficiales la experiencia de los que se forjaron en el duro bregar que ha representado la lucha cotidiana en la construcción de las FAR con el ímpetu y la preparación de los que recién arriban a nuestras filas.
Creo que en este camino hemos avanzado, tal vez no todo lo que quisiéramos, pero lo hacemos con paso seguro y sin excesiva prisa para evitar bandazos generacionales.
Hoy día la juventud que se forja dentro de las Fuerzas Armadas, y me refiero tanto a los oficiales como a la gran fuerza que representan la masa de sargentos y soldados, cumplen importantes misiones no solo en el país, en aras de garantizar la defensa de la Patria y la Revolución, sino, también, en el cumplimiento, bajo el principio de absoluta voluntariedad, de importantes misiones internacionalistas. Hay que decir que tanto en un caso como en otro nos sentimos orgullosos de los ejemplos de voluntad, valor y espíritu de sacrificio que ha brindado nuestra heroica e indoblegable juventud.
Con anterioridad he expresado y reitero una vez más, que en ninguna otra actividad un joven asume tanta responsabilidad como la que adquiere en las FAR, cuando depositamos en sus manos la jefatura de un pelotón, de una compañía o de un batallón. Ello requiere de carácter, temple, espíritu de sacrificio y de superación constante, firmeza ideológica, disciplina, valor e intrepidez. Por eso también hemos dicho, que ser oficial de las FAR no es un modo de vida, sino un sentido de la vida…
Personalmente estoy convencido de la justeza de la política de abrir paso a los a los “pinos nuevos” en todas las esferas de la sociedad y tengo la absoluta certeza de que nuestros jóvenes oficiales, sargentos y soldados están y estarán a la altura del compromiso que entraña pertenecer a las Fuerzas Armadas Revolucionarias en este momento histórico y difícil de la construcción de una nueva sociedad.
A treinta años vista, ¿hubiera usted dirigido el Segundo Frente como entonces lo hizo? Con la experiencia actual, ¿qué otra cosa haría?
Hablando en broma podría decir que con la experiencia de “medio tiempo” que tengo ahora, no se sabe lo que hubiera hecho hace treinta años, aunque sin la fogosidad de los años mozos tal vez no lo hubiera hecho mejor. Pero dejemos las especulaciones y volvamos a la realidad.
Los revolucionarios nunca debemos sentirnos completamente satisfechos con lo realizado y nuestra permanente aspiración ha de ser avanzar hacia lo mejor. No obstante creo que si a grandes rasgos analizamos el contexto y las circunstancias históricas que se dieron en aquel momento y el resultado que se obtuvo en el cumplimiento de las misiones que se le asignaron al Segundo Frente Oriental “Frank País”, podríamos decir que, en lo esencial, se logró lo que todos soñábamos, lo que anhelaban los combatientes, lo que esperaban de nosotros el pueblo y Fidel.
Es decir, que a treinta años vistas, no dudo en afirmar que, en lo fundamental, volvería sobre los mismos pasos de entonces, como es natural, con algunas pequeñas correcciones.
¿Qué haría con la experiencia actual? Bueno, precisamente ella con elocuencia indica que es muy difícil, por no decir prácticamente imposible, que vuelvan a repetirse el conjunto de circunstancias en que se dio aquella lucha.
Creo que lo más útil no es tanto detenerse a pensar cómo mejorar el ayer sino qué debemos hacer hoy y emplear todo el caudal de conocimientos y experiencias que nos dejó aquella contienda con un renovado espíritu creador para que ese acervo pueda ser verdaderamente provechoso. La nueva doctrina militar, la concepción de la Guerra de Todo el Pueblo y el propio plan Turquino para el desarrollo integral de las montañas, son buenos ejemplos
Eso sí, mañana y siempre lo haría todo de nuevo con la misma pasión revolucionaria, con la misma fe en la victoria y en el pueblo. Con inclaudicable fidelidad a los principios y con eterna confianza a la guía de Fidel.
Finalmente pienso con satisfacción que en los escasos 9 meses que duró ese intenso proceso de nacimiento, desarrollo y victorias del Segundo Frente Oriental “Frank País”, nunca nos asustó ningún problema, nunca ningún obstáculo nos pudo detener.
Y aunque también hubo vacilantes, desertores y traidores, todo fue posible por el pueblo que tenemos y por todos los luchadores clandestinos y guerrilleros que apretaron filas en el glorioso Ejército Rebelde.
En el centro del territorio, en la base de la montaña Micara que les sirve de monumento, yacen los restos de los héroes caídos, y allí está ardiendo, en la llama eterna que los acompaña, toda la gloria de esta historia.

50 verdades sobre la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba

Por: Salim Lamrani
La dictadura de Fulgencio Batista de 1952 a 1958 precipitó el advenimiento de la Revolución Cubana. Algunos mitos, cuidadosamente alimentados por los partidarios del antiguo régimen exilados en Miami y por los detractores de Fidel Castro, persisten aún.
1. El golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 que organizó Fulgencio Batista, expresidente de la República de 1940 a 1944, puso fin al orden constitucional y derrocó al gobierno democráticamente elegido de Carlos Prío Socarrás, unos meses antes de las elecciones presidenciales de junio de 1952.
2. Antiguo sargento estenógrafo, Batista emergió a la vida política cubana durante la Revolución del 4 de septiembre de 1933 que lideraron los estudiantes y que derrocó la dictadura odiada de Gerardo Machado. Encabezó una rebelión de suboficiales y se apoderó del ejército, convirtiéndose en el nuevo jefe del Estado Mayor. Al día siguiente, el 5 de septiembre de 1933, Batista visitó al embajador estadounidense Sumner Welles, lo que auguraba su futura traición. Welles estaba preocupado por los “elementos sumamente radicales” que acababan de tomar el poder. El gobierno revolucionario de Ramón Grau San Martín, conocido por el nombre de Pentarquía, tenía el apoyo de “la inmensa mayoría del pueblo cubano”, según la embajada estadounidense.
3. Estados Unidos se negó a reconocer al nuevo gobierno revolucionario y alentó a Batista a ejecutar un golpe de fuerza para derrocar a Grau San Martí. Éste preconizaba, mediante la voz de Antonio Guiteras, verdadera alma de la Revolución de 1933, la soberanía nacional y la justicia social. Welles informó a Batista de que disponía del “apoyo de la inmensa mayoría de los intereses económicos y financieros en Cuba”.
4. En enero de 1934, con el apoyo de Washington, Batista derrocó al gobierno de Grau San Martín, conocido como el gobierno de los “cien días” (127 días), impuso la figura de Carlos Mendieta y conservó el poder real. El sargento ascendido a general acababa de doblar las campanas de la Revolución de 1933. Washington se alegró de la situación: “El 4 de septiembre de 1933 fue liquidado”.
5. A pesar de las incesantes conspiraciones, la inestabilidad política crónica y la hostilidad de Estados Unidos, la Revolución de 1933 organizó elecciones para el 22 de abril de 1934, convocó una Asamblea Constituyente para el 20 de mayo de 1934, otorgó la autonomía a las universidades, redujo el precio de los artículos de primera necesidad, dio el derecho de voto a las mujeres, limitó la jornada laboral a ocho horas, creó un Ministerio del Trabajo, redujo las tarifas de electricidad y de gas, acabó con el monopolio de las empresas estadounidenses, impuso una moratoria temporal sobre la deuda y, sobre todo, nacionalizó la Cuban Electric Company, filial de la American Bond and Foreign Power Company.
6. De 1934 a 1940, Batista reinó entre bambalinas hasta su elección a la presidencia de la República en 1940, gracias a una coalición heteróclita que agrupaba a las fuerzas conservadoras y a los comunistas del Partido Socialista Popular. Según Washington, “el volumen y el tamaño de la corrupción”, su alineamiento con la política exterior estadounidense y su dependencia del mercado estadounidense marcaron su gobierno. Batista permitió también que Washington utilizara el espacio aéreo, marítimo y terrestre, dispusiera de varias bases aéreas y navales con uso exclusivo durante la Segunda Guerra Mundial, sin reciprocidad, poniendo así la soberanía nacional entre paréntesis.
7. En 1944, Ramón Grau San Martín fue elegido a la Presidencia de la República y tomó el poder en octubre de 1944. Batista dejó una situación financiera desastrosa a su sucesor. El embajador estadounidense Spruille Braden se dio cuenta de la situación tan pronto como julio de 1944 e informó a sus superiores: “Es cada vez más evidente que el Presidente Batista desea hacerle la vida difícil a la próxima administración por todos los medios posibles, y particularmente desde un punto de vista financiero”. Braden denunció “un robo sistemático de los fondos del Tesoro” y señaló que “el Doctor Grau encontrará cajas vacías cuanto tome el poder”.
8. Grau San Martín dirigió el país hasta 1948 y su administración estuvo gangrenada por la corrupción y la dependencia de Estados Unidos. El Departamento de Estado enfatizó el punto débil de la nación cubana en un memorándum del 29 de julio de 1948: “La economía mono-productora depende casi exclusivamente de Estados Unidos. Si manipulamos las tarifas o la cuota azucarera podemos hundir a toda la isla en la pobreza”.
9. Carlos Prío Socarrás, Primer Ministro de Grau en 1945 y Ministro del Trabajo después, ganó la elección presidencial de 1948. El nepotismo y la corrupción marcaron su administración.
10. El 10 de marzo de 1952, a tres meses de las elecciones presidenciales del 1 de junio de 1952, Batista rompió el orden constitucional e instauró una dictadura militar. Aumentó el salario de las fuerzas armadas y de la policía (de 67 pesos a 100 pesos y de 91 pesos a 150 pesos respectivamente), se otorgó un salario anual superior al del presidente de Estados Unidos (pasó de 26.400 dólares a 144.000 dólares frente a los 100.000 dólares de Truman), suspendió el Congreso y entregó el poder legislativo al Consejo de Ministros, suprimió el derecho de huelga, restableció la pena de muerte (prohibida por la Constitución de 1940) y suspendió las garantías constitucionales
11. El 27 de marzo de 1952, Estados Unidos reconoció oficialmente al régimen de Batista. Como subrayó el embajador estadounidense en La Habana, “las declaraciones del general Batista respecto al capital privado fueron excelentes. Fueron muy bien recibidas y yo sabía sin duda posible que el mundo de los negocios formaba parte de los más entusiastas partidarios del nuevo régimen”.
12. En julio de 1952, Washington firmó acuerdos militares con La Habana, aunque era consciente del carácter brutal y arbitrario del nuevo poder. Cuba está “bajo el yugo de un dictador sin piedad”, subrayó la embajada estadounidense en un informe confidencial de enero de 1953 con destino al Departamento de Estado. En efecto, el general reprimía con mano de hierro a la oposición, particularmente a la juventud estudiantil simbolizada por el asesinato del joven Rubén Batista en enero de 1953.
13. El 26 de julio de 1953, un joven abogado llamado Fidel Castro encabezó una expedición armada contra el cuartel Moncada, segunda fortaleza militar del país. Fue un fracaso sangriento. El consulado estadounidense de Santiago de Cuba señaló que “el Ejército no hizo distinciones entre los insurrectos capturados o simples sospechosos”, reconociendo las masacres que cometieron los soldados tras recibir órdenes del coronel Alberto del Río Chaviano. Enfatizó también “el número muy bajo de heridos entre los insurrectos con respecto al número de soldados heridos. […]. Los asaltantes capturados fueron ejecutados a sangre fría y los asaltantes heridos también fueron liquidados”.
14. En noviembre de 1954, Batista organizó una parodia electoral que ganó sin dificultad. Estados Unidos reconoció que “las elecciones que previó Batista eran un simulacro destinado a aferrarse al poder”.
15. En mayo de 1955, tras una orden de Washington, el régimen militar creó el Buró de Represión de las Actividades Comunistas (BRAC), que se encargaba de “reprimir todas las actividades subversivas que pudieran afectar a Estados Unidos”.
16. Si los discursos de Batista eran ferozmente anticomunistas, conviene recordar que fue él quien estableció por primera vez relaciones diplomáticas entre Cuba y la Unión Soviética en 1942.
17. Durante toda la dictadura militar, Batista mantuvo relaciones comerciales con Moscú, vendiendo azúcar. En 1957, el Diario de la Marina, periódico conservador cubano, se alegró de aquellas ventas señalando que “el precio del azúcar había mejorado después de que la Unión Soviética adquiriera 200.000 toneladas”. En ningún momento, Washington se preocupó de las relaciones comerciales entre la Unión Soviética y Cuba bajo la dictadura de Batista. La historia sería otra cuando tomara el poder Fidel Castro.
18. En mayo de 1955, Batista, quien deseaba mejorar su imagen y responder a una petición popular, procedió a una amnistía general y liberó a Fidel Castro así como a los otros presos del Moncada.
19. El 2 de diciembre de 1956, tras organizar una expedición desde México donde conoció a Che Guevara, Fidel Castro desembarcó en Cuba con 81 hombres para lanzar una guerra insurreccional contra la dictadura militar de Batista. Sorprendidos por el ejército, la operación fue un fracaso y los revolucionarios tuvieron que dispersarse. Fidel Castro se encontró con otros 11 insurgentes, con un total de 7 fusiles solamente.
20. El embajador estadounidense Arthur Gardner expresó su punto de vista sobre Fidel Castro en un informe enviado al Departamento de Estado. El líder del Movimiento 26 de Julio era un “gánster” que “iba a apoderarse de las industrias americanas” y “nacionalizarlo todo”. En cuanto al dictador Batista, “dudo de que hayamos tenido mejor amigo que él”. Hacía falta entonces “apoyar al actual gobierno y promover la expansión de los intereses económicos estadounidenses”.
21. Batista ejercía una violencia feroz hacia la oposición. Pero Estados Unidos se mostró discreto con respecto a los crímenes que cometía su aliado cubano. No obstante, la embajada estadounidense en La Habana multiplicaba los informes sobre este tema: “Estamos convencidos ahora de que los recurrentes asesinatos de personas a quienes el gobierno califica de opositores y terroristas son en realidad el trabajo de la policía y del ejército. La explicación oficial es que los hombres fueron asesinados por otros opositores. Sin embargo, el agregado jurídico recibió confesiones indirectas de culpabilidad en los círculos policiales, además de pruebas de la responsabilidad de la policía”.
22. Wayne S. Smith, joven funcionario de la embajada estadounidense, estuvo conmocionado por las masacres que cometían las fuerzas del orden. Describió escenas de horror: “La policía reaccionaba de modo excesivo a la presión de los insurgentes, torturando y matando a centenas de personas, tanto a inocentes como a culpables. Se abandonaban los cuerpos, ahorcados en los árboles, en las carreteras. Tales tácticas condujeron inexorablemente a la opinión pública a rechazar a Batista y a apoyar a la oposición”.
23. En febrero de 1957, la entrevista a Fidel Castro que realizó Herbert Matthews del New York Times permitió que la opinión pública estadounidense y mundial descubriera la existencia de una guerrilla en Cuba. Batista confesaría más tarde en sus memorias que gracias a ese palo periodístico “Castro empezaba a ser un personaje de leyenda”. Matthews matizó sin embargo la importancia de su entrevista: “Ninguna publicidad, por más sensacional que fuese, habría podido tener efecto si Fidel Castro no fuera precisamente el hombre que yo describí”.
24. El 13 de marzo de 1957, un comando del Directorio Revolucionario del líder estudiantil José Antonio Echeverría, que se componía de 64 jóvenes, asaltó el Palacio Presidencial con el objetivo de ejecutar a Batista. La operación fue un fracaso y costó la vida a 40 de los 64 estudiantes. Los supervivientes fueron perseguidos a través de la ciudad y asesinados. Echeverría perdió la vida durante un enfrentamiento con la policía cerca de la Universidad de La Habana.
25. La embajada francesa en La Habana brindó un análisis sobre el ataque del 13 de marzo: “Las reacciones americanas a los acontecimientos en Cuba eran de horror, de simpatía por los insurrectos, de reprobación contra Batista. Al leer los editoriales que los principales periódicos dedicaron al evento, resulta claro que el heroísmo de los patriotas cubanos marcó mucho a Estados Unidos […]. Si algunos reconocen sin embargo que los insurrectos del 13 de marzo estuvieron equivocados en sus métodos, es verdad, mucho más que en sus objetivos, todos estiman en cambio que dieron a su causa la palma del martirio y que este ejemplo galvanizaría a la oposición cubana”.
26. Fidel Castro, quien firmó una alianza con el Directorio Revolucionario en la lucha contra Batista, estaba en desacuerdo con el asesinato político: “Estábamos contra Batista pero nunca intentamos organizar un atentado contra él y habríamos podido hacerlo. Era vulnerable. Era mucho más difícil luchar contra su ejército en las montañas o intentar tomar una fortaleza que estaba defendida por un regimiento. ¿Cuántos había en la guarnición del Moncada, aquel 26 de julio de 1953? Cerca de mil hombres, quizás más. Preparar un ataque contra Batista y eliminarlo era diez o veinte veces más fácil, pero nunca lo hicimos. ¿Acaso el tiranicidio sirvió una vez en la historia para hacer la revolución? Nada cambia en las condiciones objetivas que engendran una tiranía […] Nunca hemos creído en el asesinato de líderes […], no creíamos que se abolía o se liquidaba un sistema, cuando se eliminaba a sus líderes. Combatíamos las ideas reaccionarias, no a los hombres”.
27. En las montañas de la Sierra Maestra donde se desarrollaban los combates entre el ejército y los insurrectos, Batista evacuó por la fuerza a las familias campesinas para eliminar la base de apoyo de los rebeldes y los concentró en almacenes de la ciudad de Santiago. Aplicaba así los métodos del general español Valeriano Weyler durante la guerra de 1895-1898. En un editorial, la revista Bohemia denunció una “situación de tragedia” que recordaba “las épocas más oscuras de Cuba”. El semanal relató la suerte de unas 6.000 víctimas: “Es una historia dolorosa, de sufrimientos, de penas intensas. Es la historia de 6.000 cubanos obligados a dejar sus hogares, allí, en los rincones inextricables de la Sierra Maestra, para concentrarlos en lugares donde carecían de todo, donde era difícil ayudarlos, darles una cama o un plato de comida”.
28. El 29 de julio de 1957, el asesinato de Frank País, líder del Movimiento 26 de Julio en la provincia de Oriente, desató una inmensa manifestación que fue reprimida por las fuerzas batistianas, hasta el punto de que el embajador estadounidense Earl E. T. Smith se sintió obligado a denunciar “la acción excesiva de la policía”.
29. El 5 de septiembre de 1957, la sublevación de una fracción del ejército contra Batista en Cienfuegos fue anegada en sangre. Según el embajador Smith, “el factor clave para quebrar la revuelta de Cienfuegos” fue el uso de aviones “F-47 y B-26” suministrados por Estados Unidos.
30. El 29 de septiembre de 1957, el Colegio Médico de Cuba publicó un informe sobre la situación política cubana durante la XI Asamblea General de la Asociación Médica Mundial. Según éste, “los combatientes de la lucha armada que se rinden son liquidados. No hay prisioneros, sólo hay muertos. Muchos opositores no son sometidos al Tribunal de Justicia sino ejecutados con un tiro en la nuca o ahorcados. Intimidan a los magistrados y a los jueces sin que las voces de protesta sean escuchadas. La desesperanza se difunde entre los jóvenes que se inmolan en una lucha desigual. El que es perseguido no encuentra refugio. En la embajada de Haití, diez solicitantes de asilo fueron asesinados por la fuerza pública […]. La prensa está totalmente censurada. No se permite la información periodística, ni siquiera por parte de agencias internacionales […]. En los locales de los cuerpos represivos de la policía y del ejército, torturan a detenidos para arrancarles por la fuerza la confesión de presuntos delitos. Varios heridos presentes en las clínicas y hospitales fueron llevados por la fuerza y aparecían varias horas después asesinados en las ciudades y en el campo”. El Washington Post y Times Herald señalaron que “los médicos cubanos son víctimas de atrocidades, incluso de asesinato por curar a rebeldes cubanos”.
31. En 1958, además de apoyar al régimen de Batista, Estados Unidos enjuició y encarceló a Carlos Prío Socarrás, presidente legítimo de Cuba, refugiado en Miami, bajo pretexto de violar las leyes de neutralidad del país. Éste intentaba organizar una resistencia interna contra la dictadura.
32. En cuanto a la libertad de prensa, Estados Unidos presenta a la Cuba prerrevolucionaria con una mirada positiva. Así, afirma, “antes de 1959, el debate público era vigoroso: había 58 periódicos y 28 canales de televisión que proporcionaban una pluralidad de puntos de vista políticos”. Los documentos de la época y los hechos contradicen esta afirmación. En efecto, un informe de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) publicado en 1957 calificó de “antidemocrático al gobierno del Presidente Fulgencio Batista de Cuba, pues este gobierno no respeta la libertad de prensa”. De hecho, la censura en la prensa se aplicó durante 630 días de los 759 que duró la guerra insurreccional entre el 2 de diciembre de 1956 y el 1 de enero de 1959.
33. Bajo Batista, la corrupción era endémica. “Los diplomáticos informan incluso de que si siempre hubo corrupción gubernamental en Cuba, nunca fue tan eficaz y generalizada como bajo el régimen del Presidente Fulgencio Batista”, precisaba el New York Times.
34. Batista estaba íntimamente vinculado a los elementos de gansterismo tales como Meyer Lansky o Luigi Trafficante Jr. Sus primeros contactos con la mafia se remontaban a 1933 cuando se autoproclamó coronel y se le acercaron Charles “Lucky” Luciano y Santo Trafficante senior. El mundo del juego, sumamente lucrativo, estaba controlado por Lansky, número dos de la mafia estadounidense, ‘uno de los principales gánsteres de Estados Unidos”, quien “había creado para el dictador Batista la organización actual de los juegos de La Habana”, según el diario francés Le Monde.
35. Estados Unidos y los partidarios del antiguo régimen presentan todavía la Cuba batistiana como “la vitrina de América Latina” de la época. La realidad es sensiblemente diferente. Las estadísticas del Banco Nacional de Cuba están disponibles para este periodo y es posible comparar la situación económica bajo el gobierno democrático del presidente Carlos Prío Socarrás y bajo el régimen militar de Batista. Así, entre 1951 y 1952, el PIB cubano aumentó un 2,52%. De 1952 a 1953, bajo Batista, el PIB cayó un 11,41%, con un alza de sólo un 0,9 de 1953 a 1954, y de un 3,5 de 1954 a 1955. Sólo en 1956, el PIB volvió a alcanzar su nivel de 1952 con 2.460,2 millones de pesos. Así, resulta imposible hablar de crecimiento económico entre 1952 y 1956. Durante dos tercios del reinado de Batista no hubo crecimiento. La mejoría sólo ocurrió a partir de 1957 cuando el PIB alcanzó la cifra de 2.803,3 millones de pesos y en 1958 volvió a bajar a 2.678,9 millones de pesos.
36. Además, las reservas monetarias cayeron de 448 millones de pesos en 1952 a 373 millones en 1958, los cuales fueron robados durante la huida de Batista y sus cómplices 1 de enero de 1959. La deuda de la nación pasó de 300 millones de dólares en marzo de 1952 a 1.300 millones en enero de 1959 y el déficit presupuestario alcanzó 800 millones de dólares.
37. La política azucarera de Batista fue un fracaso. Mientras que este sector generaba ingresos a la altura de 623 millones de pesos en 1952, bajó a 383,5 millones en 1953, 412,8 millones en 1954, 402,1 millones en 1955, 426,1 millones en 1956 y 520,7 millones en 1958. Sólo el año 1957 generó más ingresos que 1952 con 630,8 millones de pesos.
38. Los obreros y empleados agrícolas pagaron el precio. Mientras que su remuneración se elevaba a 224,9 millones de pesos en 1952, cayó a 127,7 millones en 1953, 128,2 millones en 1954, 118,9 millones en 1955, 127 millones en 1956, 175,3 millones en 1957 y 156,9 millones en 1958. Durante el régimen de Batista nunca tuvieron el ingreso de 1952. Lo mismo ocurrió con los obreros y empleados no agrícolas. Mientras que su ingreso global era de 186,6 millones de pesos en 1952, bajó a 126,2 millones en 1953, 123,5 millones en 1954, 112,7 millones en 1955, 114,6 millones en 1956, 145,7 millones en 1957 y 141,8 millones en 1958. Bajo Batista los obreros y empleados no agrícolas nunca alcanzaron su nivel de ingreso de 1952.
39. No obstante, el régimen de Batista se benefició de la ayuda económica estadounidense como nunca antes. Las inversiones estadounidenses en Cuba pasaron de 657 millones de dólares en 1950 bajo Carlos Prío Socarrás a más de 1.000 millones de dólares en 1958.
40. El profesor estadounidense Louis A. Pérez Jr. señala que “en realidad, el ingreso per cápita en Cuba en 1958 era más o menos similar al de 1947”.
41. Según un estudio que realizó el Consejo Nacional de Economía de Estados Unidos entre mayo de 1956 y junio de 1957 publicado en un informe titulado Investment in Cuba. Basic Information for the United States Busing Department of Commerce, el número de desempleados era de 650.000 la mitad del año, es decir cerca del 35% de la población activa. Entre esas 650.000 personas, 450.000 eran desempleados permanentes. Entre los 1,4 millones de trabajadores, cerca del 62% recibía un salario inferior a 75 pesos mensuales. Según el Departamento de Comercio de Estados Unidos, “en el campo, el número de desocupados aumentaba tras la zafra azucarera y podía superar el 20% de la mano de obra, es decir entre 400.000 y 500.000 personas”. Los ingresos anuales del jornalero no superaban los 300 dólares.
42. Cerca del 60% de los campesinos vivía en barracones con techo de guano y piso de tierra desprovistos de sanitarios o de agua corriente. Cerca del 90% no tenían electricidad. Cerca del 85% de esos barracones tenían una o dos piezas para toda la familia. Sólo el 11% de los campesinos consumía leche, el 4% carne y el 2% huevos. El 43% eran analfabetos y el 44% nunca había ido a la escuela. El New York Times señala que “la gran mayoría de ellos en las zonas rulares –guajiros o campesinos– vivían en la miseria, a nivel de la subsistencia”.
43. Según el economista inglés Dudley Seers, la situación en 1958 era “intolerable. “Lo que era intolerable, era una tasa de desempleo tres veces más elevada que en Estados Unidos. Por otra parte, en el campo, las condiciones sociales eran malísimas. Cerca de un tercio de la nación vivía en la suciedad, comiendo arroz, frijoles, plátanos y verdura (casi nunca carne, pescado, huevos o leche), viviendo en barracones, normalmente sin electricidad ni letrinas, víctima de enfermedades parasitarias y no se beneficiaba de un servicio de salud. Se le negaba la instrucción (sus hijos iban a la escuela un año como máximo). La situación de los precarios, instalados en barracas provisionales en las tierras colectivas, era particularmente difícil […]. Una importante proporción de la población urbana también era muy miserable”.
44. El Presidente John F. Kennedy se expresó también al respecto: “Pienso que no hay un país en el mundo, incluso los países bajo dominio colonial, donde la colonización económica, la humillación y la explotación fueron peores que las que hubo en Cuba, debido a la política de mi país, durante el régimen de Batista. Nos negamos a ayudar a Cuba en su necesidad desesperada de progreso económico. En 1953, la familia cubana mediana tenía un ingreso de 6 dólares semanales […]. Este nivel abismal empeoró a medida que la población crecía. Pero en vez de extenderle una mano amistosa al pueblo desesperado de Cuba, casi toda nuestra ayuda tomaba la forma de asistencia militar –asistencia que sencillamente reforzó la dictadura de Batista [generando] el sentimiento creciente de que Estados Unidos era indiferente a las aspiraciones cubanas a una vida decente”.
45. Arthur M. Schlesinger, Jr., asesor personal del Presidente Kennedey, recordó una estancia en la capital cubana y testimonió: “Me encantaba La Habana y me horrorizó la manera en que esta adorable ciudad se había transformado desgraciadamente en un gran casino y prostíbulo para los hombres de negocios norteamericanos […]. Mis compatriotas caminaban por las calles, se iban con muchachas cubanas de catorce años y tiraban monedas sólo por el placer de ver a los hombres revolcarse en el alcantarillado y recogerlas. Uno se preguntaba cómo los cubanos – viendo esta realidad – podían considerar a Estados Unidos de otro modo que con odio”.
46. Contrariamente a las prácticas el ejército gubernamental, los revolucionarios otorgaban una gran importancia al respeto de la vida de los prisioneros. Al respecto, Fidel Castro cuenta: “En nuestra guerra de liberación nacional, no hubo un solo caso de prisionero torturado, ni siquiera cuando hubiéramos podido encontrar como pretexto la necesidad de conseguir una información militar para salvar a nuestra propia tropa o para ganar una batalla. No hubo un solo caso. Hubo centenares de prisioneros, luego miles, antes del fin de la guerra; se podrían buscar los nombres de todos y no hubo un solo caso entre estos cientos, estos miles de prisioneros que sufriera una humillación, o siquiera un insulto. Casi siempre poníamos en libertad a estos prisioneros. Eso nos ayudó a ganar la guerra, porque nos dio un gran prestigio, una gran autoridad frente a los soldados del enemigo. Confiaban en nosotros. Al inicio, nadie se rendía; al final se rendían en masa”. El New York Times también aludió al buen tratamiento reservado a los soldados presos: “Es el tipo de conducta que ha ayudado al Señor Castro a tener una importancia tan extraordinaria en el corazón y el espíritu de los cubanos”.
47. El embajador Smith resumió las razones del apoyo de Estados Unidos a Batista: “El gobierno de Batista es dictatorial y pensamos que no tiene el apoyo de la mayoría del pueblo de Cuba. Pero el gobierno de Cuba ha sido un gobierno amistoso hacia Estados Unidos y ha seguido una política económica generalmente sana que ha beneficiado a los inversionistas estadounidenses. Ha sido un partidario leal de las políticas de Estados Unidos en los foros internacionales”.
48. El periodista estadounidense Jules Dubois, uno de los mejores especialistas de la realidad cubana de la época con Herbert L. Matthews, describió al régimen de Batista: “Batista regresó al poder el 10 de marzo de 1952 y empezó entonces la etapa más sangrienta de la historia cubana desde la guerra de independencia, casi un siglo antes. Las represalias de las fuerzas represivas de Batista costaron la vida a numerosos presos políticos. Por cada bomba que estallaba, sacaban a dos presos de la cárcel y los ejecutaban de modo sumario. Una noche en Marianao, un barrio de La Habana, se repartieron los cuerpos de 98 presos políticos por las calles, acribillados de balas”.
49. El Presidente Kennedy también denunció la brutalidad del régimen: “Hace dos años, en septiembre de 1958, un grupo de rebeldes barbudos bajó de las montañas de la Sierra Maestra de Cuba y empezó su larga marcha hacia La Habana, una marcha que derrocó finalmente a la dictadura brutal, sangrienta y despótica de Fulgencio Batista […]. Nuestro fracaso más desastroso fue la decisión de darle estatura y apoyo a una de las más sangrientas y represivas dictaduras en la larga historia de la represión latinoamericana. Fulgencio Batista asesinó a 20.000 cubanos en 7 años –una proporción más grande de la población cubana que la proporción de norteamericanos que murieron en las dos guerras mundiales– y transformó la democrática Cuba en un Estado policiaco total, destruyendo cada libertad individual”.
50. A pesar de las declaraciones oficiales de neutralidad en el conflicto cubano, Estados Unidos brindó su apoyo político, económico y militar a Batista y se opuso a Fidel Castro. A pesar de ello, sus 20.000 soldados y una superioridad material, Batista no pudo vencer a una guerrilla que se componía de 300 hombres armados durante la ofensiva final del verano de 1958. La contraofensiva estratégica que lanzó Fidel Castro ocasionó la huida de Batista a República Dominica y el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959.

Los cubanos no olvidamos el golpe de estado perpetrado en 1952 por Fulgencio Batista

Los cubanos no olvidamos un hecho horrendo: El golpe de estado ocurrido el 10 de marzo de 1952, perpetrado por el sanguinario Fulgencio Batista.
El dictador instauró una cruenta represión y un sistema inconstitucional en un país caracterizado por la corrupción político administrativa, la pobreza, el hambre, el desempleo y el entreguismo al imperialismo norteamericano, violentando así el orden constitucional en Cuba y la democracia representativa en el país.
Desarrollo de los hechos
En horas de la madrugada, los golpistas fueron ocupando sin resistencia las principales guarniciones de la capital valiéndose de la promesa de recompensar a sus jefes. Mientras tanto, Batista se dirigía hacia la Fortaleza Militar de Columbia, principal del país entonces, en una caravana escoltada por esbirros de la policía motorizada al mando del connotado asesino, teniente Rafael Salas Cañizares.
Así fueron tomados aeropuertos, instituciones ministeriales, y medios informativos. Algunos oficiales en Matanzas, Villa Clara y Santiago de Cuba se negaron a acatar el Golpe de Estado, pero fueron tranquilizados con promesas de ascensos y riquezas, lo que propició el apoyo total a Batista. A partir de esa nefasta madrugada, las guarniciones de La Habana tuvieron nuevos jefes.
El depuesto presidente de la República, Carlos Prío Socarrás, quien se encontraba disfrutando de los privilegios de su cargo en su finca “La Chata”, al conocer que había perdido todo apoyo por parte del ejército, decidió huir con su mal habida fortuna, asilándose en la embajada de México, sin atender al pedido de armas por parte de los estudiantes universitarios para resistir a los golpistas. Así transitó el país de un gobierno corrupto a otro más corrupto aún y eminentemente sanguinario.
El 10 de marzo de 1952 el pueblo de Cuba comenzó a vivir una de las etapas más difíciles de la República Neocolonial, extendida a casi siete años de lucha y enfrentamiento a la más sanguinaria y cruel tiranía sufrida por el país, una de las más repulsiva y bárbara de la historia americana.
Para aplicar esta política creó, perfeccionó y reorganizó un aparato represivo en función de aplastar toda oposición posible, una de las fuerzas más corruptas y criminales que haya conocido la República.
Se articularon dentro del Ejército, la Policía y la Marina: el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), el Buró de Investigaciones (BI), el Buró para la Represión de las Actividades Comunistas (BRAC), el Comité Investigador de Actividades Comunistas, la Policía Secreta, la Policía Judicial, el Servicio de Inteligencia Naval, el Departamento de Investigaciones de la Policía Nacional, entre otros. Así como, grupos paramilitares, como los Tigres de Masferrer.
Derrocamiento
El golpe de estado y la tiranía de Batista fueron el ejemplo más claro de que la ilegalidad y la falta de ética en Cuba provocaban, necesariamente, una revolución social.
Esta dictadura fue derrocada el 1ero de enero de 1959 con el Triunfo Revolucionario del pueblo cubano.
En la lucha contra la tiranía influyó, de manera decisiva, la defensa de la Constitución de la República, bandera de la “Generación del Centenario”. Ello tenía su fundamento en una tradición jurídica que se gestó en 1868 con la República en Armas y que se ejemplificó, de manera muy evidente, en dos momentos del período neocolonial (1902-1959).

El pueblo cubano no olvida la historia

Durante su visita a Cuba el entonces presidente de los Estados Unidos Barak Obama, al pronunciar un discurso ante la sociedad civil cubana en el Gran Teatro de la Habana Alicia Alonso, llamo a olvidar la historia.
Para los hombres y mujeres de la isla el triunfo de la Revolución Cubana, el 1ero de enero de 1959, significo conquistar, por primera vez en su larga historia de luchas, la independencia y soberanía verdaderas, tras un saldo de alrededor de 20 mil muertos en combate heroico y frontal contra las fuerzas de la dictadura militar de Fulgencio Batista, entrenada, armada y asesorada por el Gobierno de los Estados unidos.
La victoria revolucionaria en Cuba constituyo para Estados Unidos una de las más humillantes derrotas políticas en su existencia como gran potencia imperialista, lo cual determino que el diferendo histórico entre ambas naciones entrara en una nueva y más aguda etapa de confrontación, que se caracterizaría desde entonces por la aplicación por Estados Unidos de una brutal política de hostilidad y agresiones de todo género destinada destruir a la Revolución Cubana , reconquistar el país y reimplantar el sistema de dominación neocolonial que durante más de medio siglo impuso a Cuba.
La guerra desatada por Estados Unidos contra la Revolución Cubana, concebida como política de Estado ,ha quedado históricamente demostrada y es plenamente constatable a través de las múltiples informaciones que han sido reconocidas en aquel país en los últimos tiempos en las que se puede apreciar la existencia de una variedad de acciones políticas,militares,económicas,biológicas,diplomáticas,psicológicas,propagandísticas,de espionaje, la ejecución de actos terroristas y de sabotaje, la organización y apoyo logístico a bandas armadas y grupos mercenarios clandestinos, el aliento a la deserción y emigración y los más de 600 planes de intentos de liquidar físicamente al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, todo lo cual se demuestra mediante importantísimas declaraciones públicas de autoridades del Gobierno de los Estados Unidos, así como de las incontables e irrebatibles pruebas acumuladas por las autoridades cubanas y, de modo particularmente elocuente por los numerosos documentos secretos descalcificados.
Uno de los documentos que corroboran los hechos expuestos es el conocido como Programa de Acción Encubierta contra el Régimen de Castro, ya desclasificado, aprobado el 17 de marzo de 1960 por el Presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower. El segundo conocido como Proyecto Cuba, presentado el 18 de enero de 1962 por el general de brigada Edward Lansdale a las más altas autoridades del Gobierno de los Estados unidos y al Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad Nacional del país, contiene la relación de 32 tareas de guerra encubierta que debían ser ejecutadas por los departamentos y agencias participantes en la llamada Operación Mangosta Mongoose.
Todas las acciones hostiles y agresivas ejecutadas por el Gobierno de los estados Unidos contra Cuba, desde el mismo triunfo de la Revolución hasta el presente han causado enorme perdidas materiales. La muerte de 3 mil 478 personas y la integridad físicamente ilícitamente quebrantada de 2 mil 99 personas, así como incalculables sufrimiento a los ciudadanos de este país, penurias ante la carencia de medicamentos, alimentos y otros medios indispensables para la vida, por el Bloqueo económico, comercial y financiero impuesto desde hace más de 50 años.
Han implicado igualmente peligros constantes la Guerra Cultural que se nos hace, resultado de la subversión política e ideológica desatada, lo que ha significado el sufrimiento sostenido, general e injustificado de todo un pueblo, daño que se caracteriza por su perennidad y casi inestimable magnitud.
Por eso es que los cubanos no podemos, no debemos olvidar la historia. Continuara

Aniversario 59 del secuestro del campeon mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio por un comando del Movimiento 26 de Julio.

El domingo 23 de febrero de 1958 se produjo en La Habana, capital de la República de Cuba, el secuestro del célebre campeón mundial de automovilismo, el argentino Juan Manuel Fangio, por un comando del Movimiento 26 de Julio.
El célebre piloto era el invitado especial a una competencia de autos que formaba parte de un programa deportivo, con el cual se pretendía mejorar la imagen del dictador Fulgencio Batista, que por entonces enfrentaba una severa crisis política.
Precisamente Batista había sido el principal promotor del Segundo Gran Premio de Cuba, con lo que pretendía demostrar que la paz y la tranquilidad reinaban en el país, a pesar de la guerra que contra su régimen libraban los rebeldes comandados por Fidel Castro Ruz en la Sierra Maestra.
El multicampeón era huésped del hotel Lincoln, hasta donde llegó el comando de revolucionarios encargado de cumplir tan delicada misión y, a punta de pistola, obligó al célebre corredor a acompañarlos. Era la noche antes del día señalado para la carrera.
La noticia del secuestro de Fangio se regó como pólvora, lo que se convirtió en un rudo golpe para el régimen de turno, sumado a una audaz acción que días antes protagonizaron miembros del Movimiento 26 de Julio contra el Banco Nacional de Cuba, sin robar un centavo, pues solo prendieron fuego a una cifra millonaria de cheques.
Como era de suponer, las agencias internacionales de prensa se hicieron eco del acontecimiento mediático, que ocupó titulares en los principales periódicos y revistas de América y Europa. En París, Londres, Ciudad de México, Roma, Nueva York y Argentina, el suceso acaparó espacios en primeras planas, lo que contribuyó a incrementar la popularidad del afamado campeón de automovilismo.
Después de la carrera, empañada por un accidente que provocó seis muertos y una treintena de heridos al colisionar con el público el auto de uno de los competidores, Fangio fue liberado, sano y salvo, y en declaraciones a la prensa habló elogiosamente del trato recibido en todo momento por sus captores.

Este es un espacio de intercambio y reflexión, para demostrar la valía de un pueblo que se enfrenta al Imperio más poderoso del planeta con la seguridad absoluta en la Victoria porque le asiste la razón. Esas son las Razones de Cuba