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Un Partido original y sin copias

Los congresos del Partido han constituido expresión del sentido unitario de la nación cubana. Foto: Escambray

Podía ser el periodista y presentador de la CNN, Bernard Shaw, el clásico perro sabueso en las lides informativas; podía ser el académico y político español Federico Mayor Zaragoza, por más de una década director general de la Unesco; podía ser el empresario y dirigente panamericano y olímpico mexicano Mario Vázquez Raña. No importan sus filiaciones ideológicas —si más a la derecha, si más a la izquierda—, todos ellos y otros colegas extranjeros solían derivar sus entrevistas con el líder histórico de la Revolución Fidel Castro hacia un punto: la no existencia de pluripartidismo político en Cuba.

Si alguien soñó o simplemente especuló acerca de una posible apertura en tal sentido en el país en cierto momento —esperanza quizás alimentada por la desaparición física de Fidel—, ahora se daría de bruces contra el artículo 5 del proyecto de Constitución, el cual sostiene que el Partido Comunista de Cuba (PCC), fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado, es único, calificativo añadido al texto de la Carta Magna vigente.

“(…) no es el multipartidismo lo que a nuestro país conviene, porque nosotros no podemos fragmentar a nuestro pueblo, tenemos que mantenerlo unido, y no podemos dividirlo en mil pedazos. (…) Si nosotros nos hubiésemos fragmentado, si nuestro pueblo se hubiese fragmentado, no habría podido resistir el golpe terrible que significó el bloqueo de Estados Unidos durante 35 años, ni habría podido soportar la desaparición del campo socialista y de la URSS. (…) Y ha estado de acuerdo con nuestra tradición, porque cuando se organizó la lucha por la independencia, José Martí organizó un partido”, le argumentó Fidel a Bernard Shaw, en una entrevista en 1995 en Nueva York, Estados Unidos.

Hacía 107 años que en esa misma ciudad, específicamente en Masonic Temple, el Maestro había reflexionado: “Nosotros unimos lo que otros dividen”. “Siente fuerzas de Júpiter el puño al recordar tantas hazañas”, también razonó el propio día cuando blandía su palabra al conmemorarse dos décadas del arrebato independentista del 10 de Octubre de 1868.

En esa época newyorkina del organizador de la Guerra Necesaria, “los factores disgregadores eran más poderosos que los aglutinadores. De una forma u otra, hacían su labor corrosiva el enfrentamiento entre veteranos de la guerra y de la emigración, el racismo, el autoritarismo, la pasividad de los derrotistas y la labor desmovilizadora de anexionistas y autonomistas”, describió Ibrahim Hidalgo Paz, conocedor a fondo del ideario martiano, incluido el proceso fundacional del Partido Revolucionario Cubano (PRC), la “creación ejemplar” del Maestro, en palabras de Juan Marinello.

“Nació uno, de todas partes a la vez. (…) Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere. El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano”, acentuaría su fundador en el periódico Patria.

El partido de Martí —el primero creado en el mundo para dirigir una revolución— brotó de la unidad de espíritu; que rebasa la idea preconizada por El Libertador Simón Bolívar, quien aspiraba a formar la mayor nación del mundo en América, indica Eduardo González Rodríguez, profesor de la Escuela Provincial del Partido Felipe Torres Trujillo, de Sancti Spíritus. “La unidad se construye, y para nosotros, el PCC es el encargado de hacerlo”, añade.

Como el PRC, nuestro Partido se vertebra a partir de la “unidad de pensamiento”, en línea con la concepción del Apóstol. Unidad de pensamiento no traducida en “servidumbre de la opinión”. Unidad, no simulada unanimidad. “Lo que se ha de preguntar no es si piensan como nosotros (…) sino si sirven a la patria”, aclararía Martí.

Precisamente, el General de Ejército Raúl Castro, en su condición de primer secretario del Comité Central del PCC, leal al ideario de Fidel, siempre ha defendido el criterio de no ver la discrepancia como un problema; sino como “fuente de las mejores soluciones”. “La unanimidad absoluta generalmente es ficticia y por tanto dañina”, subrayó en el 2010.

Casi dos años más tarde, en la Primera Conferencia Nacional del PCC, el dirigente político enfatizó: “Sin el menor menosprecio a ningún otro país por tener sistemas pluripartidistas, y en estricto apego al principio del respeto a la libre determinación y la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados, (…) defendemos el sistema del partido único frente al juego de la demagogia y la mercantilización de la política”.

¿Por qué la disolución del PRC constituyó una de las primeras medidas en vigor durante la intervención militar de Estados Unidos en 1898; intromisión que secuestró la victoria del Ejército Libertador ante la metrópoli española? ¿Qué sucedió desde que Cuba se abrió de par en par al pluripartidismo, inicialmente en la ocupación militar norteamericana y, luego, durante la pseudorrepública?

Para las elecciones municipales, celebradas en 1900, las autoridades de ocupación dictaron las reglas de juego, incluidos los requisitos para el derecho al sufragio. El entonces gobernador militar Leonard Wood puso las cartas sobre la mesa: “Todo aquel que al llegar a los 21 años no ha tenido la laboriosidad suficiente para reunir 250 pesos (en USD), o no ha ido a defender su patria estando en guerra, es un elemento social que no se merece se cuente con él para los fines colectivos; ¡que no vote!”.

La historiografía de las elecciones señala, también, que Miguel Mariano Gómez llegó a la presidencia en 1936 solo con el 20 por ciento del voto de los electores inscriptos, muchos de los cuales se abstenían a sabiendas de los fraudes en boga. Entre los casos antológicos reseñados por el periódico El Mundo está el de aquella aspirante a la Cámara de Representantes por la zona oriental en los comicios de 1954, quien ejerció el sufragio en Niquero, junto a toda su familia. Y el colegio electoral no le reportó ni un solo voto.

“Ha sido igual que en 1954. En aquella ocasión me retiré de la lucha por estimar que no había garantías suficientes, pero ahora no lo hice porque había otros candidatos y la retirada habría sido inútil. Todo ha sido una farsa”, declararía, por su parte, al Diario de la Marina, Ramón Grau San Martín, peje de largo kilometraje en las lides electoreras y aspirante a la silla presidencial por uno de los siete partidos en pugna en los comicios de noviembre de 1958.

Con ese teatro eleccionario, Fulgencio Batista pretendía maquillar su dictadura, cuando se tornaba inminente la victoria del Ejército Rebelde, liderado por Fidel, quien dictó una orden militar desde la Sierra Maestra para boicotear la jugada electoral, fraguada “totalmente de espaldas al interés del pueblo”, denunció el líder.

Paralelo de por medio con esa realidad, Fidel significó el protagonismo del pueblo cubano hoy en el proceso electoral, en una entrevista concedida a Mario Vázquez Raña en 1995. “En nuestro país, tal es el multipartidismo, pudiéramos decir, que cualquier ciudadano puede proponer cualquier candidato en una asamblea de vecinos que es la que decide; eso no existe en ningún otro lugar. Es decir, que nuestro Partido no postula a los candidatos, vela por que el proceso electoral se cumpla”.

Esa misma organización política es la que conduce la presente consulta popular del proyecto constitucional, posibilidad de valor excepcional, a juicio de Leonel Martín Linares, profesor de la Escuela Provincial del PCC, quien niega que el artículo 5 de la futura Carta Magna refrenda la omnipotencia del Partido —criterio en boca de los detractores de la Revolución—, al considerarlo como la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado.

Al decir de Martín Linares, el PCC representa y garantiza la unidad de pueblo.“Para Fidel, el pueblo adquirió relevancia en su estrategia de lucha, y después del triunfo, en la consolidación de la Revolución. Él insistía en que la fuerza del Partido radicaba en su estrecho vínculo con las masas, con el pueblo. Porque nuestro Partido no defiende los intereses de una clase determinada, sino de la mayoría de los cubanos”, agregó.

Y con acierto, el profesor habla de mayoría. Quizás, por ello, Federico Mayor le preguntó a Fidel en el 2000: “Desde hace algunos años, estamos en presencia en la isla del nacimiento de un embrión de oposición: grupos de disidentes que empiezan a organizarse. En esas condiciones, ¿acaso no sería hora de que el régimen se abra al pluralismo político?”.

Y el sobreviviente a más de 600 planes de atentados le respondió, no sin antes acariciarse la barba de la Sierra: “La verdadera oposición surgió cuando se produjo la más profunda Revolución social de este continente en medio de la guerra fría y a 90 millas de Estados Unidos, quien la ha organizado y dirigido durante más de 40 años.

“Sufrimos guerras sucias, invasiones mercenarias (…). El jefe de esa colosal actividad contrarrevolucionaria y de lo que vino después, la guerra económica, política e ideológica, fue y sigue siendo hasta hoy el gobierno de Estados Unidos. Lo demás es pura ficción artificialmente creada y siempre bien financiada por la superpotencia, sus aliados y lacayos. No habrá apertura alguna en ese sentido. No vemos por qué cooperar con la estrategia de Estados Unidos”.

Y el líder cubano no vio el motivo, debido a la obsesión de las administraciones norteamericanas, discípulas aventajadas del Senado de la antigua Roma, en cuyas sesiones, en los tiempos de las guerras púnicas, el político y escritor Catón el Viejo solía asegurar al término de sus discursos: “Cartago será destruida”.

(Tomado de Periódico Escambray)

En el corazón de Fidel y los Moncadistas, las doctrinas de Martí

 
 

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Santiago de Cuba,  8 jul (ACN) Para evocar a José Martí, a Fidel Castro y a los participantes en la gesta heroica del Moncada, el 26 de Julio, la frase “Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro” es la que mejor sintetiza el sentir patriótico y el afán de defender las causas más sublimes.

Pronunciada por el joven y valiente abogado, en el juicio por los sucesos  de 1953, que  clasifica entre los acontecimientos más relevantes en la historia del continente, en la segunda mitad del siglo XX, ese mensaje es fiel reflejo de la estirpe de esos dignos hombres y mujeres y de la devoción martiana.

La frase es muy conocida, pertenece al patrimonio latinoamericano, está incluida en La Historia me absolverá,  uno de los documentos más leídos por el pueblo de la Isla por el valor humano, testimonial y de denuncia, impactante por sus argumentos y las acusaciones que entrañaba.

Fidel hizo enmudecer a los adversarios en el juicio, ocurrido el 16 de octubre de 1953, al expresar: “De igual modo se prohibió que llegaran a mis manos los libros de Martí; parece que la censura de la prisión los consideró demasiado subversivos. O será porque yo dije que Martí era el autor intelectual del 26 de Julio?.

Y ampliaba: ¡“No importa en absoluto! Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos”.

El audaz joven respaldaba su autodefensa en la acción y en el pensamiento de otro cubano de singular postura y sueños libertarios, nacido un siglo antes,  y a cuyos ideales eran fieles continuadores los de la Generación del Centenario, quienes estuvieron dispuestos a morir para que él siguiera viviendo en el alma de la Patria.

Una respuesta enérgica y valiente al testamento político de José Martí  resultó el asalto al cuartel Moncada, que no se circunscribía a un cambio de un tirano por un presidente al frente de la República, con un consejo de ministros, un congreso y un ejército a la usanza de la democracia representativa de la época.

Encarnó el ideario martiano el aliento político e ideológico que impulsó la lucha de liberación nacional, con un basamento auténtico y propuestas concretas para propiciar transformaciones radicales en la nación.

Otro supremo interés respondía a que el pueblo pudiera acceder a las diversas esferas del saber, la cultura, la salud; tener un trabajo decoroso y elevar su nivel y calidad de vida.

Combatientes de esa gesta como los hermanos Haydée y Abel Santamaría habían expresado abiertamente su profunda vocación martiana, una convicción que los hizo asaltar la fortaleza militar para que Martí no muriera en el año de su centenario, para tratar de emprender después el cumplimiento del programa del Moncada.

La significación histórica de la  epopeya  se expresa en La Historia me absolverá, que define las características y magnitud del Programa de la Revolución desde que Fidel le adjudicara al Apóstol la autoría intelectual del asalto hasta la reflexión sobre la situación de la Isla en la seudorrepública.

Su trascendencia también está en que fue el motor pequeño que impulsó y dio alas al motor grande de la Revolución para despertar el archipiélago dormido desde hacía tiempo; y hacer saber la existencia de una vanguardia y un líder, que esgrimían la táctica de la lucha armada para combatir los males de Cuba.

Fidel y sus compañeros de armas en la denuncia de la paupérrima situación económica, de pobreza extrema, insalubridad, de injusticia social y analfabetismo que resumían el panorama nacional, fueron fieles discípulos de las enseñanzas martianas de que: “Un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”.

Miguel Díaz-Canel recibe a Nicolás Maduro en el Palacio de la Revolución de la Habana ( Fotos)

El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, recibió  en el Palacio de la Revolución a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro Moros, en el primer acto oficial del jefe de Estado cubano tras su toma de posesión el 19 de abril.

En la ceremonia, los mandatarios entonaron los himnos de Cuba y Venezuela, pasaron revista a la Guardia de Honor e intercambiaron saludos con los miembros de ambas delegaciones. Seguidamente, sostuvieron conversaciones oficiales.

“Venimos a renovar la esperanza, a renovar los sueños y apuntar hacia el futuro, sobre todo, a visualizar 10 años adelante”, dijo el presidente de la República Bolivariana de Venezuela a la prensa, minutos antes del encuentro, tras rendir honores al Héroe Nacional José Martí, como primera actividad de su visita oficial.

Maduro aseguró que está en Cuba para concertar entre naciones hermanas “qué más se puede hacer, qué más es necesario hacer por nuestros pueblos, por América Latina y el Caribe, para echar bases profundas e indestructibles de la unión política, espiritual, moral y sobre todo económica, que es la que va a cimentar la unión verdadera”.

“La independencia y la liberación del siglo XXI va a descansar sobre la posibilidad que nosotros construyamos una unión poderosa en lo económico. Y a eso vamos a apuntar con el compañero presidente Miguel Díaz-Canel y con el compañero Raúl, que sigue al frente en la vanguardia, dirigiendo la batalla, y con Cuba”, recalcó Nicolás Maduro, quien vestía un elegante liquiliqui azul oscuro, traje tradicional venezolano.

Este sábado, Nicolás Maduro depositó una ofrenda floral ante el monumento al Apóstol, ubicado en la histórica Plaza de la Revolución, junto a Cilia Flores, primera combatiente de la nación bolivariana. Y ascendió al mirador del Memorial, el punto más alto de La Habana, desde donde pudo divisar la “inmensidad” de la ciudad que hoy lo acoge.

En el recibimiento oficial, al presidente venezolano lo acompañaron además  Elías Jaua, ministro de Educación, y el canciller Jorge Arreaza. Por la parte cubana estuvieron presentes Bruno Rodríguez Parilla y Rogelio Sierra Díaz, ministro y viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, respectivamente. Así como Rogelio Polanco Fuentes y Alí Rodríguez Araque, embajadores en ambas naciones.

Maduro, quien llegó a La Habana en la noche del viernes, ha viajado a la Isla en visita oficial para felicitar a Díaz-Canel por su elección —primer saludo personal de un mandatario que recibe el Presidente cubano—, “darle un gran abrazo al hermano mayor” Raúl Castro y ratificar la alianza entre Cuba y Venezuela.

Cuba y Vietnam: una hermandad que se afianza (+ Fotos)

Nguyen Phu Trong depositó una hermosa ofrenda floral dedicada al líder la Revolución Cubana. Foto:
Nguyen Phu Trong depositó una hermosa ofrenda floral dedicada al líder la Revolución Cubana. Foto: Estudios Revolución

Santiago de Cuba.–Caía la tarde en esta ciudad cuando el Secretario General del Partido Comunista de Vietnam, Nguyen Phu Trong, llegó al cementerio de Santa Ifigenia, acompañado por el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, para rendir tributo a Martí, Fidel, Céspedes y Mariana, justo en la última jornada de su visita de Estado a la Isla.

Como sucede siempre en ese sagrado altar de la Patria, las emociones afloraron cuando, luego de los himnos de ambas naciones y el estremecedor toque de silencio, se efectuó el cambio de la guardia de honor que, como exacto mecanismo de reloj, ocurre cada media hora del día en este histórico sitio.

Luego los dos dirigentes partidistas y las respectivas delegaciones comenzaron su homenaje personal con flores blancas para el Apóstol cubano en el mausoleo que resguarda los restos de quien describiera a la tierra de los anamitas, en su libro La Edad de Oro, como un pueblo pequeño y lejano, pero valiente, guerrero, laborioso y generoso.

El tributo siguió después ante la piedra que atesora las cenizas del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Allí Nguyen Phu Trong depositó una hermosa ofrenda floral dedicada al líder la Revolución Cubana y único jefe de Estado que visitara en medio de la guerra las zonas recién liberadas del sur de Vietnam, en el ya lejano septiembre de 1973.

Unos segundos en silencio dedicó el líder vietnamita a quien fuera el impulsor de la excelente amistad que ha unido siempre a las dos naciones, las cuales aun separadas por miles de kilómetros comparten una historia común desde que Fidel sellara el compromiso con aquellas sentidas palabras de que por Vietnam estaríamos dispuestos a dar nuestra propia sangre.

Desde allí caminaron luego hasta los monumentos erigidos a la memoria del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, y de la Madre de la Patria, Mariana Grajales.

El tributo del dirigente partidista a la gloriosa historia de Cuba había empezado en esta ciudad por el Museo 26 de Julio, ubicado en el otrora cuartel Moncada. Junto a Raúl, uno de los principales artífices de la historia que allí se conserva, Nguyen Phu Trong conoció sobre la hazaña de aquellos muchachos que 65 años atrás asaltaron la fortaleza militar para construir luego una Revolución.

De primera mano y entre anécdotas narradas por el General de Ejército, supo de las atrocidades cometidas por la tiranía batistiana contra los asaltantes, de la prisión en Isla de Pinos, del exilio en México, de la tormentosa travesía en el yate Granma, de la lucha clandestina, de la Sierra Maestra y del triunfo definitivo.

Al finalizar la jornada y ya cerca de las diez de la noche, el Presidente cubano acudió al aeropuerto internacional Antonio Maceo para despedir desde la escalerilla del avión al compañero Nguyen Phu Trong.

Con un estrechón de manos y un fuerte abrazo concluyó el histórico intercambio que marca un nuevo hito en las relaciones entre Cuba y Vietnam, establecidas en 1960 y afianzadas con esta entrañable visita.

También llegaron hasta el monumento erigido a la memoria del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes. Foto: Estudios Revolución
El homenaje en Santa Ifigenia comenzó con flores blancas para el Apóstol cubano en el mausoleo que resguarda sus restos. Foto: Estudios Revolución
El distinguido visitante colocó flores ante la tumba de la Madre de la Patria, Mariana Grajales. Foto: Estudios Revolución
De primera mano y entre anécdotas narradas por el General de Ejército, el dirigente vietnamita supo de las atrocidades cometidas por la tiranía batistiana contra los asaltantes. Foto: Estudios Revolución
Raúl y Nguyen Phu Trong compartieron con estudiantes vietnamitas y santiagueros al llegar al aeropuerto internacional Antonio Maceo. Foto: Estudios Revolución

Las pretensiones de Estados Unidos hacia Cuba

Por: Abel González Santamaría

Cubadebate

Este año conmemoraremos el 150 aniversario del inicio de las guerras por la independencia de Cuba, en un contexto en que Estados Unidos aumenta la hostilidad hacia la Revolución Cubana y retoma la Doctrina Monroe para justificar su proyección injerencista de “América para los americanos”. La estrategia de “espera paciente”, la concepción geopolítica del “destino manifiesto” y la “política de la fruta madura” se fue transmitiendo de generación en generación entre los grupos de poder que dominaron los diferentes Gobiernos estadounidenses desde los primeros años del siglo XIX.

Durante las tres guerras independentistas ningún presidente norteamericano reconoció la beligerancia e independencia de los patriotas cubanos. Para descifrar las pretensiones geopolíticas de Estados Unidos hacia Cuba desde entonces, resulta imprescindible analizar los testimonios de los Mayores Generales del Ejército Libertador Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez.

El primer Presidente de la República de Cuba en Armas y Padre de la Patria, en una carta dirigida en 1870 a José Manuel Mestre, representante en Washington del Gobierno en Armas, escribió:

“Por lo que respecta a Estados Unidos tal vez estaré equivocado; pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España. Siquiera sea para constituirse en poder independiente; este es el secreto de su política (…)”.

Desde 1880 vivió desterrado Martí en Estados Unidos, y durante casi 15 años pudo constatar directamente las transformaciones del país y su tránsito de la etapa capitalista a la imperialista. Con la asunción de Benjamín Harrison (1889-1893) a la Casa Blanca y el nombramiento como secretario de Estado al anexionista James G. Blaine, el gobierno estadounidense retomó la idea de comprar a Cuba.

En ese contexto y con motivo de la celebración de la Primera Conferencia Internacional de Estados Americanos, Martí lo alertó, el 29 de octubre de 1889, en carta a Gonzalo de Quesada: “(…) Y una vez en Cuba los Estados Unidos ¿quién los saca de ella? ¿Ni por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría, a manera, –no del pueblo que es, propio y capaz–, sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas? Bases más seguras quiero, para mi pueblo. Ese plan en sus resultados, sería un modo directo de anexión”.

Martí era consciente de la necesidad de lograr la unidad para enfrentar a dos enemigos sumamente poderosos: España y Estados Unidos. Con ese objetivo proclamó en Cayo Hueso, el 10 de abril de 1892, el nacimiento del Partido Revolucionario Cubano, del que fue electo Delegado. Agrupó en una misma organización política a los emigrados, a la vieja generación que inició la lucha por la independencia y a las nuevas generaciones.

A finales de 1894 había conseguido el armamento necesario para reiniciar la contienda. El 11 de abril de 1895 desembarcó junto a Máximo Gómez por Playitas de Cajobabo; diez días antes lo había hecho Antonio Maceo por Duaba; ambos puntos situados en el oriente cubano. El 5 de mayo se reunieron los tres principales jefes de la guerra en la finca La Mejorana para organizar el curso de la Revolución.

Dos semanas más tarde, el 19 de mayo, en Dos Ríos, Martí desoyó el consejo de Gómez, quien le indicó permanecer en la retaguardia y cargó contra una tropa española bien posicionada. Murió en el combate. La víspera escribió a Manuel Mercado:

“La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas, a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos”.

La pérdida del más universal de los cubanos fue irreparable. No obstante, la lucha continuó. Gómez y Maceo habían vivido la experiencia de la posición asumida por los Gobiernos estadounidenses de turno durante la Guerra de los Diez Años. Ambos, al igual que Martí, insistieron en que la independencia se alcanzaba por los propios esfuerzos de los cubanos.

En ese periodo gobernaba la Casa Blanca Grover Cleveland (1893-1897), quien indicó a su secretario de Estado, Richard Olney, retomar la idea de apropiarse de Cuba, manteniendo la compra como primera opción. España se negó. El 14 de julio de 1896, Maceo le escribió al coronel Federico Pérez Carbó, de misión en Nueva York:

“De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los [norte] americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.

El Héroe de Baraguá mantuvo siempre una postura firme de rechazo a las tendencias anexionistas. Tuvo la capacidad de descifrar desde el campo de batalla las intenciones del naciente imperio. Su caída en combate, el 7 de diciembre de 1896, representó un duro golpe para la Revolución, que perdió en poco tiempo a dos de sus jefes más valiosos y con posiciones antimperialistas.

El Generalísimo, con el dolor de haber perdido también en combate junto a Maceo, a su hijo Panchito Gómez Toro, continuó la batalla. Convencido de que en el campo militar la guerra contra España estaba en su etapa final y observando las pretensiones estadounidenses de intervenir en el conflicto, gestionó infructuosamente, con el capitán general Arsenio Martínez Campos, el reconocimiento de la definitiva independencia.

Los peligros advertidos en reiteradas ocasiones por estos cuatro grandes revolucionarios durante casi 30 años de combate, se concretaron con la intervención militar estadounidense en el conflicto hispano-cubano y la firma de la paz entre las dos potencias, sin tener en cuenta a los patriotas cubanos. Con el alma destrozada, el 8 de enero de 1899, el Generalísimo cerró su Diario de Campaña:

“(…) los Americanos han amargado con su tutela impuesta por la fuerza, la alegría de los cubanos vencedores; y no supieron endulzar la pena de los vencidos.

“La situación pues, que se le ha creado a este Pueblo; de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía”.

Estados Unidos ocupó militarmente el territorio cubano. El Tratado de París les permitió izar la bandera de las barras y las estrellas en la Plaza de Armas; a continuación, licenciaron al Ejército Libertador. Querían anexarse el país y no lo consiguieron; una isla anegada con la sangre de sus mejores hijos se los impidió. Entonces establecieron la Enmienda Platt como apéndice a la Constitución cubana, para garantizar que la nueva nación quedara atada en lo político, lo económico y lo mercantil.

Gómez lo denunció en Porvenir de Cuba: “Ellos se fueron, al parecer es verdad. El día 20 de mayo, yo mismo ayudé a enarbolar la bandera cubana en la azotea del Palacio de la Plaza de Armas. ¡Y cuantas cosas pensé yo ese día! Todos vimos que el general Wood, gobernador que fue se hizo a la mar en seguida, llevándose su bandera, pero moralmente tenemos a los americanos aquí”.

La retirada de Estados Unidos fue formal y aplicó además otras fórmulas intervencionistas en el campo ideológico y cultural. Esa fue la realidad de nuestro país durante 60 años, hasta que llegó la definitiva independencia el 1ro. de Enero de 1959, con el triunfo de la Revolución Cubana. Ahí está la esencia del conflicto bilateral entre ambos países que perdura en el tiempo: recuperar la dominación sobre Cuba y transformar su sistema político, económico y social, contra la voluntad soberana del pueblo cubano de defender su independencia y mantener el socialismo.

(Tomado de Granma)