Estudiantes de la escuela Camilo Cienfuegos y cadetes de la Universidad de Ciencias Médicas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), rinden homenaje al Héroe Nacional de Cuba José Martí, en el aniversario 121 de su muerte, en ceremonia efectuada en el Mausoleo del cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, el 19 de mayo de 2016. (ACN) Foto: Miguel Rubiera Jústiz.
Ofrendas florales del líder de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz y del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, fueron depositadas en el Mausoleo a José Martí en el cementerio Santa Ifigenia, a 121 años de la caída en combate del Héroe Nacional.
Precisa la Agencia Cubana de Noticias que en ese sagrado lugar de la Patria, también fueron colocadas ofrendas en nombre de los Consejos de Estado y de Ministros y el pueblo de Cuba.
Con motivo de la fecha se realizó un acto político-cultural y ceremonia de Guardia de Honor especial, esta vez con la participación de alumnos de la Universidad de Ciencias Médicas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), de La Habana, y la Escuela Militar Camilo Cienfuegos de la provincia de Artemisa.
El cadete Rafael Llerena expresó a la ACN el reconocimiento que para él significó haber sido escogido por cuarta ocasión, como estímulo a sus resultados docentes y preparación, en tanto Yeleny Ledo, quien asiste por primera vez, manifestó el orgullo de poder representar a los “camilitos” del país.
Como regalo cultural al Maestro hubo canciones, poemas y danzas, a cargo de la Orquesta de Guitarras, alumnos de la
Beatriz Jhonso .
Beatriz Jhonson, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y vicepresidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular, en las palabras centrales destacó de Martí su pensamiento universal, en su afán por la independencia de Cuba y otras naciones de América.
Al referirse a los momentos actuales, señaló que el pueblo debe marchar unido como arma indestructible para defender las conquistas de la Revolución y recordó dos importantes fechas a celebrar en el 2016: el cumpleaños 90 de Fidel y el aniversario 60 del levantamiento armado del 30 de Noviembre.
Flores blancas fueron colocadas ante el nicho con los restos del patriota cubano, por pioneros, cadetes, camilitos y las máximas autoridades de la provincia.
A la ceremonia asistieron los miembros del Comité Central del PCC Lázaro Expósito Canto, primer secretario en la provincia, y Reinaldo García Zapata, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, además de otros dirigentes de las FAR, el MININT y organizaciones del territorio.
Los miembros del Comité Central del Partido (CC.PCC) Reinaldo García Zapata (I), presidente del Poder Popular del territorio y Lázaro Expósito (C), secretario del Partido en la provincia de Santiago de Cuba, junto a Martha Mesa Valenciano (D), rectora de la Universidad de Oriente y miembro del Consejo de Estado, rinden tributo a José Martí, durante el homenaje de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), al Héroe Nacional, en el aniversario 121 de su muerte, en ceremonia efectuada en el Mausoleo del cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, el 19 de mayo de 2016. ACN FOTO/Miguel RUBIERA JÚSTIZ/ogm
El Partido creado por José Martí tenía la misión de organizar la guerra que hiciera posibles la independencia y el establecimiento de una república soberana
Autor: María Caridad Pacheco González* | internet@granma.cu
8 de abril de 2016 20:04:28
Martí, al centro, junto a otros miembros del Partido Revolucionario Cubano. Foto: Archivo
Cuando se constituyó el Comité Central del Partido Comunista de Cuba en 1965, yo apenas comenzaba la adolescencia y no comprendía lo que podía significar este hecho para el futuro del país, pero sí recuerdo especialmente el impacto recibido con la lectura que hizo Fidel de la carta de despedida del Che antes de partir a una misión en África. La adopción de la denominación para la organización de vanguardia de la Revolución y la presentación del primer Comité Central, marcaron un hito de madurez de una sociedad que por primera vez en el hemisferio occidental daba sus primeros pasos en la construcción del socialismo.
Es indiscutible que, al ponerse al frente del proceso revolucionario, el Partido Comunista de Cuba desempeñó un papel esencial en el logro de la unidad, sin la cual no había garantía de continuidad y permanencia de la Revolución. De este modo, el Partido surgió de la unión voluntaria de mujeres y hombres procedentes del Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular, organizaciones que sostuvieron una postura firme de lucha frente a la dictadura de Batista y que se nutrieron del ideario y quehacer político-revolucionario de José Martí.
En un país donde históricamente la desunión fue la causa del fracaso de más de un proceso emancipatorio, quizá uno de los mayores aportes que nos legó el Partido Revolucionario Cubano (PRC), fruto de la tenaz lucha martiana frente a las tendencias contrarias a la independencia, tales como el anexionismo y el autonomismo, las contradicciones dentro de las filas revolucionarias, y la peligrosa expansión del imperialismo estadounidense; fue la unidad de los actores fundamentales en la lucha por la independencia y la construcción de una república en revolución.
Después de la proclamación del PRC el 10 de abril de 1892, José Martí escribía en el periódico Patria: “[…] el Partido Revolucionario Cubano, nacido con responsabilidades sumas en los instantes de descomposición del país, no surgió de la vehemencia pasajera, ni del deseo vociferador e incapaz, ni de la ambición temible, sino del empuje de un pueblo aleccionado, que por el mismo Partido proclama, antes de la república, su redención de los vicios que afean al nacer la vida republicana. Nació uno, de todas partes a la vez. Y erraría, de afuera o de adentro, quien lo creyese extinguible o deleznable. Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere. El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano”. [1]
En la segunda mitad del siglo XIX ya era práctica habitual la creación de partidos políticos con el fin de participar en las contiendas electorales, pero el Partido Revolucionario Cubano de Martí no pretendía imitar a los que se disputaban el poder para continuar imponiendo un régimen de explotación, sino que en una sociedad como la cubana, tenía la misión de organizar la guerra que hiciera posibles la independencia y el establecimiento de una república soberana, “con todos y para el bien de todos”. Si observamos con detenimiento su obra, podemos hallar que fue Martí uno de los primeros críticos de los falsos manejos de la democracia electoral y un promotor creativo de nuevas y superiores formas de concebir el ejercicio de la política, en las que, según sus concepciones, debía imperar una amplia democracia y un reconocimiento sincero de la soberanía de la instancia popular.
La creación de un partido político moderno y revolucionario solo podía brotar de un conocimiento real, con fundamento científico, del proceso social. En Martí hallamos a un dirigente dispuesto a conocer esa realidad en contacto permanente con las masas, porque su perspicacia política le hizo darse cuenta de que la efectividad de la acción revolucionaria exigía en todo momento la participación activa, creadora, del pueblo. De este convencimiento brota la urgencia de educar a los trabajadores y formar en estos los mejores valores. El dirigente que había expuesto: “sin razonable prosperidad, la vida, para el común de las gentes, es amarga; pero es un cáncer sin los goces del espíritu”[2], es el mismo que refiriéndose al papel del PRC dijo: “[…] el Partido no prepara por cierto una república donde la riqueza de los hombres sea la base de su derecho, y tenga más derecho el que tenga más riqueza, sino una república en que la base del derecho sea el cumplimiento del deber”. [3]
Ningún cubano de la época vio con tanta lucidez como él la dirección que estaban tomando los asuntos políticos a nivel global, y a ello contribuyó su interés por la historia, que en su caso tiene una vinculación operativa con la práctica política. De esa premisa emana su comprensión de que el PRC debía trabajar “por levantar una nación buena y sincera en un pueblo que habría de parar, si se le acaba el honor, en provincia ruinosa de una nación estéril o factoría y pontón de un desdeñoso vecino”[4], y en consecuencia, la independencia de Cuba y Puerto Rico, no era solo el medio “de asegurar el bienestar decoroso del hombre libre en el trabajo justo a los habitantes de ambas islas, sino el suceso histórico indispensable para salvar la existencia amenazada de las Antillas libres, la independencia amenazada de la América libre, y la dignidad de la república norteamericana”. [5]
Por estas razones, el pensamiento martiano ofreció a la generación de Mella y a la del Centenario de Martí, que encabezó el joven Fidel Castro, los fundamentos del antimperialismo, la confianza en el poder de las ideas justas, la defensa de la patria y su soberanía, la tesis de las masas humildes como verdaderos jefes de las revoluciones, así como la unidad y solidaridad con los pueblos de nuestra América. Ello suponía la necesidad de conocer con profundidad las especificidades de nuestro devenir histórico para no asumir dogmáticamente la continuidad del legado martiano, sin someterlo a las nuevas interpretaciones que imponía cada época y coyuntura internacional.
Una somera mirada retrospectiva a la década de los 90 del siglo XX, nos obliga a recordar que aquella se inició con la caída sucesiva de los Estados socialistas de Europa del Este y las tensiones económicas, políticas, sociales, y sobre todo, ideológicas, que se fueron acrecentando progresivamente en Cuba a partir de estos acontecimientos. Sin embargo, fue también un momento de inflexión que derivó en un fortalecimiento político-ideológico de la Revolución, debido fundamentalmente a su coherencia ideológica, y a que por ser consecuencia del devenir histórico nacional, había seguido su propio camino y no tenía que renunciar a los objetivos primordiales en su proyección socialista, como única vía de preservar la existencia de la patria y la nación cubanas.
En circunstancias tan vertiginosas y dramáticas como las de aquellos años, se hacía necesario volver al fundamento mismo de la unidad de la nación cubana, que se resume brillantemente en Martí, lo que explica la resistencia del pueblo cubano; así como su empeño en sustentar la viabilidad de un proyecto alternativo en el continente y el resto del mundo subdesarrollado, frente a la creciente globalización neoliberal.
La reflexión en torno a la obra de José Martí y sus aportes desde y para el presente, están vigentes como elemento sustancial para comprender y analizar los problemas a los que nos enfrentamos hoy. Tiene sentido exacto, por tanto, que nos asomemos a hechos y procesos del pasado como un gran mirador, desde cuya realización pretérita se proyecta el porvenir. Es un hecho cierto que la asunción del marxismo y el leninismo en Cuba estuvo signada por la regularidad histórica de que todos los que asumieron esta orientación ideológica tuvieron en el pensamiento martiano la fuente inicial de su formación, lo cual les motivó a buscar en las nuevas corrientes avanzadas de pensamiento una teoría y un método capaces de fomentar el análisis y la transformación de la sociedad cubana.
El Partido Comunista de Cuba es, en el momento actual, depositario del poder político y garantía presente y futura de la pureza, continuidad y avance de la Revolución. Si en la etapa de lucha contra la dictadura de Batista y en los primeros años después del triunfo de la Revolución, hombres y mujeres que conformaban la dirección revolucionaria desempeñaron individualmente un rol decisivo, ese papel lo desempeña hoy el Partido, que ha mantenido vivo el legado patriótico y antimperialista del Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí, de nuestras tradiciones revolucionarias en la república neocolonial, y por ello ha sido y es el Partido de nuestras victorias, de la Patria, de nuestro futuro.
*Investigadora del Centro de Estudios Martianos
[1] José Martí. “El Partido Revolucionario Cubano”, Patria, Nueva York, 3 de abril de 1892. En: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, Tomo 1, p. 366
[2] Ob Cit, tomo 10, p. 63
[3] José Martí. “Comunicación a los presidentes de los clubs en el Cuerpo de Consejo de Key West”, Nueva York, 27 de de mayo de 1892. En: José Martí. Epistolario, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1993, Tomo 3 pp. 114-115.
[4] José Martí. “El Partido revolucionario Cubano”, Patria, Nueva York, 27 de mayo de 1893. En: Obras Completas, Ob Cit, Tomo 2, p.348-349.
[5] José Martí “El tercer año del Partido Revolucionario Cubano”. Patria, Nueva York, 17 de abril de 1894. En: Obras Completas Ob Cit, tomo 3, p. 143.
En el Partido Revolucionario Cubano, calificado por Juan Marinello como “creación ejemplar de José Martí”, reconoció Fidel Castro, guía de la Revolución Cubana, “el precedente más honroso y más legítimo del Partido” que la dirige. Tal fue la altura de la organización fundada en 1892 por Martí, entre compatriotas y puertorriqueños emigrados, para librar a Cuba de España y del “sistema de colonización” que se gestaba en los Estados Unidos, y contribuir a la independencia de Puerto Rico.
Con su radicalidad en pensamiento y en actos Martí fraguó lo que Julio Antonio Mella, en sus Glosas acerca del Maestro, caracterizó como “el misterio del programa ultrademocráticodel Partido Revolucionario”. Es relevante que ese criterio venga de un luchador comunista, central en la continuidad por la que el estudioso mexicano Pablo González Casanova apreció que el marxismo entró en Cuba por la senda heredada de Martí.
La feliz revelación nada tiene que ver con tendencias a fabricar similitudes entre el legado martiano, forjado esencialmente para nuestra América y, en gran parte, desde los Estados Unidos —donde Martí vio surgir el voraz imperialismo—, y la teoría marxista, nacida en Europa. Tampoco debe atribuirse al sociólogo mexicano la creencia de que esas contribuciones se agotan en sus respectivos ámbitos y períodos de origen.
Medular en las preocupaciones de Martí, la cuestión colonial no se redujo al siglo XIX y a un continente, ni la lucha de clases para la emancipación de los trabajadores es exclusivamente europea, anulable por el auge de la socialdemocracia a expensas del ideario socialista. La interrelación de tales vertientes de la realidad y las ideas revolucionarias vinculadas con ellas es un hecho, aunque aldeanismos varios lo hayan mistificado en un sentido o en otro.
Durante años, entre esos aldeanismos —torpes en cualquier caso— tuvieron empaque prestigioso los supuestamente marxistas, que hacían considerar acertado lo que para Martí habría sido un crimen: que todo habría de esperarse y vendría de Europa. Pensando en nuestra América, y con utilidad aún más abarcadora, trazó él una norma para frenar estrecheces como las aludidas: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”.
Contextos, propósitos
En rigor, aún más que de injertos y trasplantes, su pensamiento encarnó creatividad fundadora. En Nuestra América, el mismo ensayo al que pertenece lo antes citado, pensando en las hornadas latinoamericanas de su tiempo, no en una generación entendida estrechamente, afirmó: “Crear es la palabra de pase de esta generación”.
En los años aludidos, lejos de escrutar en lo hondo del pensamiento de Martí y su valor para enfrentar las realidades de su entorno y aportar luces hacia el futuro, hubo quienes le aplicaran cartabones opuestos a su condición de ser humano primario, no secundario, lo que se dice glosando palabras suyas. Encarnó la actitud que él alababa en los talentos fundadores: pensar y buscar por sí mismos las respuestas requeridas para enfrentar los problemas y solucionarlos. Por ser destacadamente uno de ellos, estructuró el proyecto revolucionario más avanzado en su entorno histórico y político.
Ese proyecto creció centrado en el conflicto colonia-metrópoli y para un continente donde emergía la que no tardó en ser la mayor potencia imperialista. La claridad con que Martí asumió su responsabilidad al frente del movimiento necesario en ese entorno, no siempre se ha valorado con acierto, debido a escollos como cierto entusiasmo de vocación marxista pero —buenas voluntades aparte— de sesgo eurocéntrico.
Apuntarlo no implica ignorar las grandezas del marxismo verdadero, pero sí tener en cuenta las que el propio Martí, refiriéndose a “la idea socialista”, calificó de “lecturas extranjerizas, confusas e incompletas”. Si hoy se detectan menos, no será porque hayan cesado, sino más bien porque en una parte de la izquierda, verdadera o tenida por tal, repliegues y traiciones han menguado, en lo visible, el interés por el marxismo.
Dichas lecturas explicarían que en ocasiones se inventaran similitudes de Martí con el legado marxista —o, acaso más exactamente, con el dogmatismo marxista-leninista promovido por lo que, de modo simple en exceso, se ha llamado estalinismo—, y se le aplicaran al Partido Revolucionario Cubano rótulos como “partido de nuevo tipo”. Esa confusión desborda el plano lexical: atañe al sentido sociopolítico, e histórico, de los conceptos. Razones abundan para decir que Martí creó un nuevo tipo de partido, pero partido de nuevo tipo es una categoría asociada a la organización que, en otro contexto, Vladimir Ilich Lenin llevó a su máxima potencialidad revolucionaria.
Cometido y unidad
Tanto Martí como luego Lenin crearon un solo partido, lo cual es elementalmente lógico: un político, cualquiera que sea su ideología, salvo que se trate de un entusiasta irresponsable, no crea más de un partido, al menos a la vez. Pero entre el bolchevique ruso y el independentista cubano, ambos radicales en sus circunstancias, mediaron también diferencias básicas.
El partido de Lenin fue esencialmente uniclasista, de carácter proletario. Cabe afirmarlo sin menospreciar su heterogeneidad interna ni las deformaciones que, sobre todo tras la muerte de su guía fundador, le torcieron el camino hasta desmovilizarlo, pero no niegan el valor con que se fraguó, ni sus logros.
Martí fundó un partido para un proyecto de liberación nacional que tuvo en los humildes su mayor sostén —no por casualidad quiso el líder que su gestación se decidiera en comunidades básicamente obreras— y sus más enconados adversarios entre los más opulentos. Pero fue un frente de unidad nacional, pluriclasista. Su fuerza radicó, mientras vivió Martí, en merecer los términos con que él lo definió en vísperas de su proclamación: “El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano”.
Hoy esa aspiración sigue convocando también al que en 1965 se constituyó como Partido Comunista, nombre que a su propia dignidad une el valor de la permanencia. La ha mantenido en contraste con procesos que, al abandonar los ideales con que estaban comprometidos, empezaron por renunciar a él.
El partido que dirige la Revolución tiene también una responsabilidad que tuvo el creado por Martí, quien fue consciente de un hecho: la aspiración de crear una república con todos y para el bien de todos no autorizaba a desconocer la existencia de fuerzas, sectores sociales e individuos que se autoexcluían de la totalidad representada en el programa revolucionario.
Uno de los textos de Martí que explicitan claramente la necesidad de ese deslinde es su discurso del 26 de noviembre de 1891, ya en pasos previos y decisivos hacia la proclamación del Partido, y que suele titularse por el final, que llama a construir una república “con todos, y para el bien de todos”. En él, mentís tras mentís denunció a los que, egoístamente anclados en sus propios intereses, no abrazaban el plan patriótico.
Teoría, acción, ejemplo
En el partido martiano y en el leninista la necesidad de respetar principios, programas, y mantener la disciplina en el funcionamiento, se calzó con una estructura que no consistía en una mera suma de individuos, sino en todo un sistema de organizaciones de base. Por esa razón en años de dogmatismo (anti)marxista se aplicó también al de Martí una categoría acuñada en la conceptualización leninista: centralismo democrático.
Matizaciones y salvedades, historia sobre los caminos respectivos, cabría hacer. Ni en el plano organizativo es necesario cargar la mano en la comparación. Pero —para ceñirnos al ejemplo de Martí— lo más importante estriba en no perder de vista elementos esenciales más allá de lo factual visible.
No era el menor de esos valores el ejemplo requerido a los dirigentes, quienes, electos anualmente, eran revocables en cualquier momento, y debían rendir cuenta de su labor; otro consistía en la importancia de que entre centralización y democracia se mantuviera el equilibrio indispensable para que no prosperasen ni el desorden ni el autoritarismo.
Junto con el señalamiento de la similitud, suscitada por los elementos de centralismo y de democracia, se incurrió también en igualar la unidad revolucionaria buscada y lograda por Martí y el concepto de partido único o unipartidismo que ni siquiera viene estrictamente de Lenin. El ímpetu de polemista característico de este último permite incluso conjeturar que disfrutaba tener a su alrededor fuerzas partidistas con las cuales contender —el debate fue una de sus más poderosas armas—, y tampoco habría podido eliminarlas aunque hubiera querido.
En Martí se debe apreciar la voluntad de que los patriotas revolucionarios —que en su programa eran los defensores de la independencia y de la fundación de una república moral que abriera caminos para la justicia y el saneamiento sociales— se unieran resueltamente en una sola organización política. Solo así su fuerza y sus sacrificios podrían dar los frutos esperados.
Sería erróneo aplicar a Martí los cánones de un modelo de gobierno ajeno a sus propuestas, y cuyos orígenes habría que buscar más bien en lo que se ha llamado estalinización de la sociedad soviética. Martí vivió en una Cuba donde había otros partidos: el Liberal Autonomista, el Unión Constitucional, antinacionales ambos por plegarse a intereses foráneos. Previó incluso el posible surgimiento de un partido anexionista, contra el cual tempranamente pensó que urgía organizar en un partido a las fuerzas revolucionarias, y que de hecho existía como tendencia, machihembrada, en la práctica, con el autonomismo y el integrismo colonialista. Herencia, secuelas, dejaría.
Fines y ética
Martí preparó una guerra en la que sería necesario defender tenazmente el programa libertador. Su prédica no cuajó en líneas aplicadas desde el poder, sino en principios e ideales válidos para la lucha revolucionaria. Consecuente con la idea de que “un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea”, sostuvo a propósito de la entrada del Partido Revolucionario Cubano en su tercer año de vida: “A su pueblo se ha de ajustar todo partido público, y no es la política más, o no ha de ser, que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos de un país”.
El “sacrificio propio” apunta claramente al que él mismo hacía para mantener, sin faltar a la ética, la armonía necesaria entre el deber de guiar a sus seguidores potenciales hacia logros lo más altos posible, y el también deber de cultivar la mayor unidad alcanzable entre ellos. Acertadamente Roberto Fernández Retamar señaló que, al poner el periódico Patria en circulación antes de proclamarse el Partido, y sostener que no era órgano de este, Martí tenía un propósito: que el rotativo diera cabida a una radicalidad ideológica mayor que la media esperable en una organización política de base social hetorogénea.
Sabía que la unidad era indispensable para alcanzar una victoria que valiese de veras la pena, y, si en España y en repúblicas de nuestra América denunció manquedades del liberalismo al uso, en los Estados Unidos lo hizo de modo macizo y especialmente abarcador: repudió la inutilidad, para los intereses populares —para una democracia sincera como la que él quería ver en Cuba—, de la alternancia de partidos que en esencia representaban a corporaciones rivales, pero afines. Lo demostraban las vertientes partidistas dominantes, con nombres emparentados hasta en significación teórica: republicanos y demócratas.
El valor de su pensamiento y de sus actos lo confirma su presencia guiadora —ni dogmatismo ni sectarismo alguno han podido eclipsarla— en la Revolución Cubana. Esa presencia da continuidad a lo dicho por González Casanova en cuanto al valor del legado martiano como vía para la entrada del marxismo en Cuba. Ello habla de lo acertada que estuvo la vanguardia de este país en la más temprana asimilación de las ideas socialistas y marxistas, y anarquistas incluso. Estas últimas, en el caso cubano, se incorporaron a la lucha independentista y alcanzaron apreciable potencialidad revolucionaria.
La prueba de los hechos
El marxista Carlos Baliño, el socialista Diego Vicente Tejera y el activista obrero José Dolores Poyo —como otros unidos a Martí en la acción patriótica y por vínculos de mutua admiración— tuvieron la inteligencia y el sentido político necesarios para comprender que debían sumarse al proyecto martiano. Mella testimonió haberle oído decir a Baliño que Martí le había confesado que la revolución no se haría en la guerra por la independencia, sino en la república. El testimonio es verosímil por la honradez de sus trasmisores y por coincidir en su esencia con declaraciones de Martí.
El alcance práctico de esa idea se expresa en hechos como el siguiente: el Baliño que siguió a Martí en la fundación del Partido Revolucionario Cubano, en 1925 acompañó a Mella y otros luchadores en la creación del primer partido cubano en proclamarse comunista y basar su programa en el marxismo.
En esa tradición vive, y ha de seguir cumpliendo el magno deber que le viene de ella, el partido que hoy dirige el proceso revolucionario cubano, y tiene, como la tuvo el partido creado por Martí, la misión de merecer que se le considere, y serlo, el pueblo cubano. En el mismo texto Martí afirmó: “Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere”.
(Tomado de Bohemia. La parcial modificación del título para Cubadebate fue aprobada por el autor.)
Daniel Chavarría* – Cubadebate.- Sí, señor Obama, yo también cultivo una rosa blanca. Por eso me permito recordarle una frase pronunciada por nuestro José Martí dentro de los EE. UU.: Para Cuba que sufre, la primera palabra. Para Cuba que sufre un genocida bloqueo global, en violación de sus más elementales derechos humanos.
Para Cuba que sufre la usurpación, ilegal, inmoral, injusta, y que su gobierno pretende infinita, de una parte de su territorio en la bahía de Guantánamo, donde ustedes mantienen una base naval que han reconocido inoperante en términos militares estratégicos y que seguramente por eso utilizan como centro de torturas.
Para Cuba que sufre el dolor de haber visto muertos o mutilados a miles de sus hijos en virtud de los actos terroristas que se han cometido contra nosotros, al amparo de su país.
Para Cuba que sufre la carencia de medicinas y equipos especializados para los más débiles de sus hijos: niños con cáncer, por ejemplo.
Para Cuba que sufre la permanente agresión mediática de una emisora radiotelevisiva, financiada por el Estado Norteamericano, es decir, por su población contributente; y para colmo, a ese engendro perverso, han tenido el ignominioso desparpajo de darle el nombre de nuestro Apóstol.
Sí, señor Obama; para Cuba que sufre, la primera palabra.
* Escritor uruguayo residente en Cuba desde hace décadas. A la derecha de la foto.
El presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, recibe de manera oficial en el Palacio de la Revolución a Barack Obama, presidente de los Estados Unidos. Ambos mandatarios sostienen un encuentro sobre las relaciones bilaterales. Minutos antes, Obama colocó una ofrenda floral en el Monumento José Martí para rendir tributo al Héreo Nacional.
Al finalizar las conversaciones, los dignatarios ofrecerán declaraciones a la prensa que serán transmitidas en vivo por la televisión cubana. En la tarde, el jefe de estado norteamericano acudirá al Foro de Negocios Cuba-USA que se celebrará en el recinto ferial de ExpoCuba, ubicado al suroeste de La Habana.
Para la noche de este lunes está previsto que regrese al Palacio de la Revolución, donde participará en una cena de estado.
Mañana martes 22 de marzo, sobre las 10am, Obama dará un discurso público en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Después, se dirigirá al Estadio Latinoamericano para presenciar el juego de béisbol entre la selección cubana y el equipo de Grandes Ligas, Tampa Bay Rays. El choque debe comenzar a la 1:30pm. Un poco más tarde, será la despedida en el areopuerto José Martí. Tomará el avión presidencial, el Boeing 747-200, rumbo a Buenos Aires, capital de Argentina.
El presidente de EE.UU. llegó a Cuba de visita oficial junto a una delegación de 800 personas, entre las que se encuentran importantes políticos y funcionarios de su país, como el Secretario de Estado, John Kerry, la Secretaria de Comercio, Penny Pritzker y unos 37 miembros del Congreso, perteneciente a los partidos Republicano y Demócrata.
Todo el planeta sigue con atención la presencia de Obama en La Habana. Los grandes medios hacen eco de este suceso y en las redes sociales no cesa la circulación de información al respecto. La etiqueta #Cuba fue trending topic durante la pasada jornada en los Estados Unidos y varias partes del mundo.
HAVANA, CUBA – MARCH 21: U.S. President Barack Obama (R) and Cuban President Raul Castro greet one another before bilateral meetings at the Palace of the Revolution March 21, 2016 in Havana, Cuba. These are the first direct talks between Castro and Obama, the first sitting U.S. president to visit Cuba in 88 years. (Photo by Chip Somodevilla/Getty Images)
Este es un espacio de intercambio y reflexión, para demostrar la valía de un pueblo que se enfrenta al Imperio más poderoso del planeta con la seguridad absoluta en la Victoria porque le asiste la razón. Esas son las Razones de Cuba