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Contra el viento y la marea imperialista

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La gesta del Cerro Pelado, barco que llevó, contra el viento y la marea imperialista, a los atletas cubanos a los X Juegos Centroame­ri­ca­nos y del Caribe en 1966, en San Juan, Puerto Rico, es expresión máxima de la dignidad del movimiento deportivo

Autor: Oscar Sánchez Serra | oscar@granma.cu
17 de marzo de 2016 22:03:07

El barco Cerro Pelado se convirtió en símbolo de una delegación heroica. fotos: archivos de granma
Innumerables son las páginas que ha es­crito el deporte cubano, pero hay una muy singular que mostró desde la convocatoria del músculo a lo que se está dispuesto en de­fensa de la soberanía de un país. La gesta del Cerro Pelado, nombre del barco que llevó, contra el viento y la marea imperialista, a los atletas cubanos a los X Juegos Centroame­ri­ca­nos y del Caribe en 1966, en San Juan, Puerto Rico, es expresión máxima de la dignidad del movimiento deportivo.

Allí se quiso impedir la presencia de Cuba en las competencias del área. Cincuenta años más tarde, el periodista boricua Alex Figueroa nos regala en su libro El camino al Cerro Pelado, un riguroso trabajo de investigación sobre el fallido intento.

—¿Cuándo y dónde se planeó la no participación de Cuba?

—La primera mención sobre la oposición oficial del gobierno de Puerto Rico a la participación de Cuba surgió en 1964. Cartas de ese año entre funcionarios en Puerto Rico indican que el Gobierno puertorriqueño se oponía tanto a la invitación de Cuba, como a la solicitud de visas para su delegación ante los Estados Unidos, y es el entonces secretario de Estado, Roberto Sán­chez Vilella, quien informó a la Odecabe y el Comité Olímpico de Puerto Rico sobre la oposición del Gobierno de Puerto Rico a la invitación de Cuba.

“Cabe recordar que los gobiernos se comprometen a seguir las reglas del Comité Olímpico Internacional (COI) cuando respaldan la solicitud de una sede, pero el de Puerto Rico en un principio advirtió que si fuera necesario combatiría ‘activamente’ ante Es­tados Unidos para que no se aprobaran las visas de la delegación cubana”.

La aviación norteamericana no cesó de hostigar a nuestros atletas durante el viaje.
—¿Existen evidencias de que el gobierno estadounidense, entonces la administración de Lyndon B. Johnson, participara en el intento de impedir que Cuba asistiera?

—En las fuentes consultadas no hay evidencia directa de que la oposición del Gobierno de Puerto Rico a la participación de Cuba en los X Juegos haya sido organizada por Estados Unidos. Sin embargo, el libro sí establece otros puntos importantes.

“Por un lado, se plantean las diversas posiciones ideológicas que prevalecían —y chocaban — en aquel entonces. En este contexto, la historiografía nos recuerda que la política exterior de los Estados Unidos usó a Puerto Rico como contrapeso de Cuba en el Caribe. De manera que el Gobierno de Puerto Rico operaba bajo esa política implementada por Estados Unidos, que encabezaba los esfuerzos de aislamiento de Cuba. Uno de los argumentos levantados en aquella controversia fue que la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó una resolución para que sus miembros rompieran relaciones diplomáticas con Cuba.

“Cuando la polémica de los X Juegos llega hasta el Departamento de Estado de los Estados Unidos, por las visas para la delegación cubana, varias cartas y reseñas periodísticas de la época nos presentan diversas objeciones que levantaron las autoridades estadounidenses para aprobar las visas y luego el permiso para viajar por avión. Posteriormente, un portavoz del Departamento de Estado estadounidense admitió que su posición respondía a decisiones tomadas en el pasado por el gobierno de Cuba”.

—¿Y qué papel jugaron las autoridades deportivas boricuas?

—Ellas y la Organización Deportiva Cen­troa­mericana y del Caribe (Odecabe) aprobaron resoluciones acogiendo los planteamientos de “seguridad” que expresaban públicamente los representantes del gobierno puertorriqueño como argumento para oponerse a la presencia de Cuba. Advertían sobre el desarrollo de disturbios durante los X Juegos entre miembros de la delegación cubana y de la comunidad de cubanos viviendo en Puerto Rico.

—¿Cuál fue la posición de la Odecabe y del COl?

—En aquel entonces, el presidente de la Odecabe, del Comité Olímpico de Puerto Rico (Copur) y Administrador de Parques y Recreo (equivalente a un Ministro de Deportes) era una misma persona: Julio Enrique Monagas.

“Aunque Monagas adelantó que se tenía que invitar a Cuba, en la información hallada no encontré mucha resistencia de parte de las autoridades deportivas en Puerto Rico y de los otros países de la región, con la excepción del general mexicano José de Jesús Clark Flores, miembro de México en el Comité Olímpico Internacional (COI). Los miembros de la Odecabe aprobaron la llamada Resolución de Caracas, de llevar a cabo los X Juegos ‘con o sin Cuba’. En cambio, la intervención del COI fue fundamental en todo el proceso, por las serias advertencias que envió a Puerto Rico sobre su patronato a los X Juegos. Allí se validó el reclamo de Cuba y lo estipulado en la Carta Olímpica en contra del discrimen por razones políticas. El COI fue clave para que se generara un cambio en la posición oficial no solo en el liderato deportivo boricua, sino en el Gobierno de Puerto Rico”.

El entonces presidente del Inder, José Llanusa, se dirige a los integrantes de la comitiva.
—¿Cómo valora la actitud de Cuba de llegar a toda costa a la sede?

—No cabe duda que aquella delegación cubana realizó una gesta sin precedentes. Tomó un riesgo que quizá no se haya vuelto a ver desde entonces. Es cierto que antes de que los viajes en avión fueran la norma, las delegaciones deportivas viajaban por barco. Pero lo que caracteriza la travesía de la delegación en el Cerro Pelado es que fue de manera repentina para poder llegar a tiempo a la inauguración, ante las trabas que enfrentaba para poder viajar, y hacer valer su derecho protegido por la Carta Olímpica.

Riesgosa fue la operación de desembarque de los deportistas cubanos.
—¿Qué lección deja aquel pasaje?

—Fue una de esas instancias históricas en las que se impuso el espíritu olímpico que fomenta la convivencia pacífica entre seres humanos y la tolerancia. En Puerto Rico, el Gobierno y las autoridades deportivas, así como otros sectores, se vieron inmersos en el debate de escoger entre cumplir con las posiciones políticas que prevalecían en aquella época o proteger el preciado reconocimiento del Comité Olímpico Interna­cional de que Puerto Rico sí es una nación, igual que las demás del mundo. El resultado evidenció el poder que tiene la identidad puertorriqueña para provocar un cambio en lo más alto de su gobierno y hacerle frente al papel asignado al país dentro del tablero geopolítico de aquella época en la región caribeña.