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La máxima de #Cuba siempre será proteger la vida (+ Fotos)

 

La inundación costera es un evento extremo, pero la gente se sintió segura, al amparo del contundente y profesional dispositivo desplegado para proteger la vida y los bienes de las personas y de las instituciones. Foto: Roberto Ruiz

René Tamayo
internac@juventudrebelde.cu
24 de Enero del 2016 0:18:36 CDT
Avanzada las cinco de la tarde, las aceras de la calle 5ta. del Vedado, entre Paseo y A, ya no podían desandarse por algunos tramos, como minutos antes lo habíamos hecho los reporteros de JR. Empezó a ser cubierta por el agua del mar, lentamente, pero con la misma tenacidad con la que ya había tapado las avenidas, paseos y parterres más cercanos a la costa.
Según los pronósticos meteorológicos divulgados en el Noticiero de Televisión, la inundación costera en las zonas bajas del litoral habanero se arreciaría sobre las 8:30 de la noche, cuando debería darse el pico de la situación, debido a la marea alta. No obstante, informó el Doctor José Rubiera en el estelar informativo, que el episodio climático debería comenzar a ceder después de las diez de la noche, con la marea baja, para continuar disminuyendo hasta desaparecer. Hoy todo debe ir regresando a la normalidad.
Ayer en la tarde, sin embargo, en las escaleras de algunos edificios varios vecinos que habitan en los antiguos sótanos, ahora habilitados como viviendas —muchas muy confortables—, contemplaban apacibles la levedad del «río». De vez en vez miraban taciturnos sus bienes, todos colocados en los pasillos de entrada de las edificaciones, a un metro y más de altura sobre la calle, donde estaban seguros y bajo techo.
El sosiego y control de la situación solo fue roto por la indisciplina de algunos, como por quienes se aventuraron a caminar por la zona inundada para ir hacia algún sitio o hasta para hacerse un selfies, o por quienes quisieron convertir el hecho en una aventura y sacaron una balsa para «navegar» las calles, y hasta por algunos que se excedieron en el consumo de alcohol y debieron ser evacuados por los socorristas. Todos pusieron irresponsablemente su vida en peligro.

Información y acción oportuna

Tania Alarcón, residente de uno de los edificios de calle A, entre 5ta. y 7ma., recuerda que la última penetración de agua de mar por aquí fue hace diez años. Su casa no corre peligro por el momento, pero la familia ya tiene andamios listos para subir los bienes en ellos si hace falta, además de otras precauciones para impedir o paliar la inundación.
«Hemos tomado todas las acciones para evitar los daños materiales. Los vecinos limpiamos la cisterna y hemos ido drenando el agua para los tanques, por si se contamina. También hemos hecho reservas de agua y de otros recursos imprescindibles, y todos estamos pendientes de las necesidades de los demás.
«Se ha informado de la situación, se han dado indicaciones de cómo prepararnos —señala la lugareña. Las autoridades —el Gobierno, el Partido, la Defensa Civil, los bomberos, Salud Pública, la Cruz Roja, la Policía y los demás factores— también han estado brindando una atención eficiente y esmerada.
«Los compañeros han estado trabajando todo el día con mucha profesionalidad para mantener la calma, la disciplina y la protección. Creo que han hecho todo lo que se necesita en estos casos. Ahora esperamos que si se alarga la situación, se trabaje por mantener los servicios básicos, como el abastecimiento de alimentos si las bodegas de los alrededores son afectadas. También esperamos que cuando pase el fenómeno, se actúe con rapidez, sobre todo en la limpieza de las cisternas, que son fundamentales, por el tema del agua. Y que se limpien las alcantarillas y se enfrenten otras dificultades de ocurrir, como mismo han hecho en las últimas horas, ante la inminencia de estas inundaciones», agrega Tania.
A la par de ella, otros vecinos señalaron a JR el trabajo positivo de las empresas de Acueducto y alcantarillado y de la Electricidad, que están presentes allí.
No obstante, no todos piensan lo mismo. Es el caso del matrimonio integrado por Guillermo Solís y Alina Rivero, quienes viven en una casa adaptada en uno de los sótanos de los edificios de calle 5ta., entre Paseo y A.
«Tuve que subir solo todo los muebles para la entrada del edificio, porque mi mujer está embarazada —dice Guillermo. Y cuando pase esto, tendré que volverlos a bajar yo solo. Tampoco han venido a preguntarnos qué necesitamos. No es que necesitemos, porque uno más o menos tiene su economía, pero…
«Bueno, yo no sé por qué le digo esto porque usted no lo publicará», me dice Guillermo, y me reta a hablar con vecinas del edificio de al lado, entre ellas Justina Martín González, de 77 años y la joven Yunia Martínez Pavón, quienes dicen que no han tenido una atención personalizada.
Al consultar a personal de Salud y la Cruz Roja, los especialistas nos señalaron que ellos están allí para atender cualquier emergencia y caso que lo requiera, solo hay que solicitarla, me explican. Además de que existen recorridos perennes, donde se alerta a la población de la zona, se han realizado decenas de evacuaciones y atendido también a muchas personas que han requerido atención médica, agregan.
Oficiales del Cuerpo de Bomberos de la República de Cuba, informaron también a JR que se ha evacuado a todo el personal que lo ha solicitado. La población también tiene que saber comunicarse —señalaron— y se ha asistido y atendido a todos los que lo han solicitado.

Cuba protege

Ayer, al empezar a caer la noche, en las zonas bajas del Vedado habanero el agua se extendía por largos tramos entre el Malecón y las calles 5ta. y 7ma., y hasta Línea, dependiendo de la altura.
No obstante, en las zonas no inundadas, aunque el agua estuviera a unos pocos metros de distancia, la vida seguía en su cotidianidad. Los puestos de viandas abiertos, turistas comiendo apaciblemente en las paladares, y hasta vecinos y albañiles que seguían haciendo arreglos en las fachadas de la casas.
Aunque moderada hasta el cierre de esta edición, la inundación costera es un evento extremo, pero la gente se lo ha tomado con calma, al amparo del contundente y profesional dispositivo desplegado para proteger la vida y los bienes de las personas y de las instituciones.
Fue un trabajo preventivo y de socorro que también se desarrolló en otras zonas bajas, como en asentamientos costeros de los municipios Playa y Habana del Este.
Es una tradición que ha convertido a Cuba en paradigma mundial en el enfrentamiento a los efectos de eventos naturales y de otra índole, donde la máxima es proteger la vida. Las inundaciones costeras de la víspera, fueron otro ejemplo.

Pan garantizado

En las zonas afectadas por las inundaciones costeras en La Habana, se desarrolló un dispositivo para asegurar el abasto de alimentos a la población. Entre otras instituciones, intervino en esta parte del enfrentamiento, la Empresa Provincial de la Industria Alimentaria.
Su director, Luis Carlos Góngora, comentó a JR que la entidad montó un servicio en las zonas cercanas al evento para la venta de pan, dulces, galletas dulces, trigo inflado, raspadura, y refrescos instantáneos, entre otros surtidos, en el que han participado más de cien trabajadores de varios municipios.
Informó que se ha reforzado la producción de pan en toda la ciudad, no solo para atender las necesidades por este evento, sino también para toda la provincia, ante la caída de las temperaturas. Está comprobado que cuando hay frío, las  personas compran y consumen más pan, señaló.
Entre las medidas adoptadas para estos días invernales, explicó que donde haya las condiciones, se abrirán mostradores para el expendio de los surtidos de las panaderías durante las 24 horas del día. Al mismo tiempo, se garantiza el pan de la población, y si el consumidor lo desea, podrá adquirir la cuota del día siguiente.
Las fuerzas especializadas realizaron una evacuación sistemática de personas en las áreas afectadas. Foto: Roberto Ruiz
Foto: Roberto Ruiz
Foto: Roberto Ruiz
Foto: Roberto Ruiz
Foto: Roberto Ruiz

#Cuba Penetraciones del mar en La Habana, extremar medidas de seguridad

 

23 enero 2016
Desde horas tempranas de esta madrugada se han producido penetraciones del mar en las zonas bajas del litoral habanero. Puestos de mando habilitados por la Defensa Civil, han alertado a la ciudadanía de las medidas de seguridad que se deben seguir para evitar lamentables accidentes. No obstante, personas irresponsables han burlado estas medidas y se pasean en medio de las aguas.
Aún de madrugada, nos presentamos en algunas áreas afectadas, constatando la labor de los órganos de orden público en el cumplimiento de las medidas, que ayudaron a tomar estas instantáneas. A las diez de la mañana, las aguas ya estaban a la altura de calle 5ta, en el Vedado.

El Morro. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

El Morro desde el Douville. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

La Punta. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

El Morro. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

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Miembros de la Cruz Roja. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

A lo largo de Calle G. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

13 Melia Cohiba. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

Calle Paseo. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

Melia Cohiba. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

Fuerzas de apoyo. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

Unidades de evacuación y Orden Publico. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

Lateral del Hotel Melia Cohiba. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

Calle Paseo. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

Calle Paseo y 3ra. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

Calle Paseo y 3ra. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

Calle Paseo y 3ra. Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

Un irresponsable haciendo de las suyas.Foto. Roberto Garaicoa Martínez.cubadebate

Dispositivos de evaciación y los medios de la TV

Las olas baten fuerte con el aire. Foto. Roberto Garaicoa Martínez

Las aguas a 1 metro del suelo. Foto. Roberto Garaicoa Martínez

Boteros de La Habana, ¿un mal necesario? (+ Fotos e Infografía)

 

Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.

Todos los critican, pero sin ellos es casi imposible moverse rápido por la capital. El servicio que ofrecen es pésimo, sin embargo no tienen competencia. Son los reyes de la transportación ligera. Aumentan los precios sin justificaciones aparentes. Los boteros también tienen sus quejas, pero quien paga por ellas es el pueblo, siempre último eslabón de la cadena.
Todo extranjero que llega a Cuba se impresiona con el sistema de trabajo y el aspecto de los taxis en la Isla. No van donde les pides, al contrario, tienen rutas preestablecidas, como un ómnibus. Son un auténtico museo rodante. Llamativo para los turistas, en ocasiones molesto para los nativos.
Algunos se conservan impecables. Otros son incómodos, calurosos y apestan a combustible. De origen estadounidense la mayoría, mantienen la carrocería original por fuera, pero las más diversas nacionalidades por dentro. Los mecánicos cubanos han creado el Chevyshi o el Fordyota, funcionales Frankenstein de la automovilística que forman parte de la identidad de la ciudad.
Pero los boteros empiezan a competir con los agromercados en cuestión de subida de precios. Respaldados por la ley de oferta y demanda piden 20 pesos donde antes se pagaba 10 o sólo te montan si tu camino es corto.
“Antes iba desde 19 y 70 (municipio Playa) hasta el Coppelia por 10 pesos, pero desde hace un tiempo me dicen que no llegan hasta allí (no es cierto) o me piden 20 pesos”, dice Yaimara Castellanos, vecina del reparto Buena Vista. Testimonios como este los brindan personas de casi toda La Habana.
Sucede de manera similar en recorridos como San Miguel del Padrón – Parque del Curita; Boyeros – Habana Vieja; Víbora – Vedado; La Palma – Habana Vieja; La Lisa – Capitolio; Mariano – Parque de La Fraternidad, etc.
Los boteros son indispensables, he ahí una de las razones que les permite obrar de esta manera: “el transporte público es demasiado insuficiente como para lograr que disminuya la demanda de los almendrones. Para ellos existe un horario muerto – entre las diez de la mañana y las dos de la tarde – pero el resto del tiempo son muy solicitados”, explica Maribel Poulot, directora de la Unidad de Trámites de la Dirección General de Transporte.
Simplemente no tienen competencia. Los taxistas, almendroneros, transportistas no estatales, choferes cuentapropistas, boteros – llámele como desee – son los únicos con los que se puede contar para trasladarse medianamente rápido en La Habana. O casi los únicos…
También están los taxis de las agencias estatales, tan caros que sus precios son desconocidos, casi nadie se molesta en preguntarles. Igualmente son piezas de un museo, no por exóticos, sino porque “se miran, pero no se tocan”.
Además están las cooperativas de los ruteros, que en algunos recorridos son pequeñas y cómodas Yutong, en otros enormes y cálidas Transmetros. Cualesquiera, cobran cinco pesos sea un viaje largo o corto. No obstante, “los ruteros no dan abasto, no satisfacen la suficiente demanda como para garantizar que los boteros bajen sus precios”, comenta Poulot.
Entonces, con un transporte público ineficiente y sin más alternativas, quien no dispone de un automóvil y está apurado o enfermo o simplemente quiere ir un poco más cómodo que en los ómnibus, debe pararse en una arteria principal, hacer el gesto correspondiente a su recorrido y pagar lo que pida el chofer. No queda de otra.

¿Cuáles son las razones de los taxistas para subir sus precios?

Ni los taxis ruteros ni mucho menos los arrendados por agencias estatales hacen que la demanda de los boteros disminuya.  Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate

El tema es más complejo de lo que parece. Se les podría describir a todos según el estereotipo del hombre vulgar y codicioso. Aunque la realidad es más diversa. “Muchos de los choferes pertenecen a un sector social con poca educación y no están controlados por sus jefes, así que nadie les exige cómo tratar a los pasajeros, andan en su propio mundo”, dice Orestes González dueño de un Buick de 1951.
“Existen boteros irrespetuosos, pero también educados, hay de todo”, opina por su parte Benito Pérez, propietario de un Chevrolet de 1952, quien agrega: “Este negocio no alcanza para hacerse rico. Gana mucho dinero quien es dueño de varios carros y tiene muchos choferes trabajando para él. Pero el botero normal obtiene lo suficiente para gastar en los productos básicos”.
Según explicaron varios entrevistados, los altos precios de los mercados en divisa provocan que el taxista no pueda bajar los suyos, porque “lo que ganas se te acaba en los mercados estatales ¿por qué atacan a los boteros si en las tiendas todo es muy caro? Si los otros precios bajan, entonces el de los taxis bajará también”, reflexiona Alfredo, quien maneja un Moskvitch y no devela su nombre completo porque aún no tiene licencia.
Sin desviar el tema, en general la vida es cara. Los alimentos y los productos de primera necesidad para el hogar tienen precios demasiado elevados, lo que repercute en las cuentas del cuentapropista, quien para no perjudicarse – al estar regido por la ley de oferta-demanda – puede subir sus precios y quien termina afectado es el cliente.

Las piezas, el combustible. Gastos y dificultades de un botero

Ser botero es un trabajo duro, pero existen muchos otros más complicados y menos remunerados. Foto: Phil O'Brien/Empics Sport.

Abandoné el boteo porque era demasiado estresante, todo el tiempo pendiente de los arreglos del carro, tenía que lidiar con cualquier tipo de gente, porque se montan personas respetuosas, pero también borrachos y ladrones”, comenta Benito Pérez, quien prefería hacer la ruta Habana Vieja – Paradero de Playa.
Un taxi conlleva un gran número de gastos continuos, aunque al final es rentable. Es un trabajo difícil, no por complicado, sino por extenuante. Se debe lidiar con los clientes, los mecánicos, los buquenques (organizadores de piqueras), los compañeros de oficio y sobre todo con el propio carro. Aunque existen unas cuantas profesiones más espinosas y mucho menos remuneradas.
Por otra parte, todo lo necesario para mantener un taxi es caro. Las piezas y el combustible cuestan demasiado en los centros estatales. Entonces, todo se mueve por la izquierda“En las tiendas no hay piezas y cuando la sacan son demasiado caras. Casi siempre dependes de lo que encuentres en la calle, donde todo es un poco más barato, pero igual cuesta mucho”, añade González.
Una decena de pesos en moneda nacional se paga en el mercado negro por un litro de petróleo, el doble por uno de gasolina. En los servicentros cuesta un CUC (peso convertible equivalente al dólar) el diésel (15 pesos más caro) y la gasolina 1, 20 CUC (10 pesos más).
Mil CUC cuesta una reparación completa del motor. Los neumáticos se cambian cada seis meses y cuestan más de 100 CUC cada uno. La batería, la bomba, el disco de cloche, las bandas de freno, la correa, la mano de obra, el somatón… por todo se pagan considerables cantidades.
“No hay tiendas mayoristas para comprar piezas a menor precio y poder adquirir repuestos”, dice Carmen Sotolongo, quien rentaba su auto hasta que decidió cambiar de negocio, también por el desgaste diario que suponía. Explica también que los carros son demasiado viejos y cuando hacen muchos viajes diarios se rompen.
“En la declaración anual tributaria te permiten declarar las reparaciones y ese dinero quedaría libre de impuestos, pero como todo se hace por la izquierda, no puedes entregar las facturas. Por eso, aunque te exoneran el 20 por ciento de los ingresos anuales por gastos relativos a la actividad, normalmente se invierte más y no se puede probar”, agrega.
Los impuestos son otro tema preocupante para los boteros. Tienen una especie de convenio tácito con la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT), que les exige declarar los ingresos correspondientes a siete viajes diarios de 10 pesos por personas. Si declaran menos los investigan y como nadie quiere que le revisen sus cuentas, pagan. Entonces para ganar más hacen más de siete viajes diarios, porque tienen que cubrir los días en que se detienen para reparar o descansar.
La ONAT no tiene cómo saber cuánto gasta un chofer cuentapropista en arreglos porque la mayoría paga en efectivo. Se utilizan poco las facturas, las transacciones. Los mecanismos de control son fundamentalmente empíricos. Tampoco se puede saber si el declarante dice la verdad exacta o la matizada, si es que existen varios tipos de verdades. En fin, el asunto no está en aumentarles los pagos tributarios, porque entonces subirían aún más los precios.
La reacción de los boteros ante la Ley Tributaria está relacionada concierto misticismo, desconocimiento e inconformidad.

¿Cuánto se gana en un almendrón?

Foto: Fernando Medina/Cubahora.