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¿Por qué los yanquis no quieren elecciones en Cuba y Venezuela?

Por Arthur González.

Estados Unidos, antes exigía elecciones en Cuba y Venezuela, pero ahora se oponen a ellas bajo el argumento de que “no son democráticas”.

El motivo es que cuando soñaban con que los “opositores”, pagados con su dinero, iban a ganar, gritaban a los cuatro vientos que ambos países tenían que celebrar procesos electorales.

Ahora, conscientes de que ganarán dirigentes de izquierda, dicen que desconocerán los resultados porque no se ajustan a los parámetros que ellos establecen.

Sin embargo, hacen total silencio ante el fraude en las elecciones de México, donde escamotearon el triunfo al candidato del pueblo Manuel López Obrador; en Honduras violaron todos los preceptos democráticos; en Perú la corrupción llegó al punto extremo de reimponer al presidente acusado de actos de corruptela, quien firmó el indulto de Fujimori, a pesar de los crímenes cometidos.

De Brasil nada dicen, allí la libertad, la democracia y la opinión del pueblo se pisotearon abiertamente, para mantener a un presidente corrupto hasta la medula.

Esa es la democracia representativa que los yanquis pretenden imponerle nuevamente a Cuba y Venezuela, por eso se oponen a los sistemas populares que defienden los verdaderos intereses de sus pueblos.

La actual cruzada mediática desplegada por la prensa oficialista yanqui, unida a las presiones sobre la Unión Europea para que sancione a funcionarios venezolanos, las posiciones asumidas por la desprestigiada OEA, junto al fabricado Grupo de Lima que pretenden oponerlo a la CELAC, intentan deformar la realidad, e imponer una matriz de opinión contraria a los procesos electorales de los dos países, que poseen regímenes sociales mucho más democráticos que el estadounidense.

Venezuela ha impuesto record de elecciones democráticas con 22 en los últimos años, pero no son reconocidas por Washington debido a que la oposición no ha podido derrocar a la Revolución Bolivariana.

Contra Cuba se repite la vieja fórmula de ataques contra la forma en que se postula y eligen los delegados del Poder Popular, y a pesar de eso, soñaron con obtener algunos escaños con el engendro denominado Cuba Decide, que no tiene respaldo ni de los propios grupúsculos contrarrevolucionarios, a pesar del dinero invertido en la “refugiada política” Rosa María Paya Acevedo, residente en Miami.

Esa inventada “perseguida política”, deliró con postular algunos de sus patrocinados, sin lograr un solo candidato.

Otro que engañó y estafó a los que le dieron miles de dólares, es Manuel Cuesta Morua, con su proyecto “Mesa Unida de Acción Democrática”, quien aseguraba disponer de imaginarios 175 candidatos opositores, finalmente no pudo postular a ninguno y con los dólares obtenidos se fue a viajar por el extranjero.

Para tener una idea cierta del desprestigio de esa llamada “oposición” cubana, basta citar el caso de Eliécer Ávila, quien, al regresar de su gira europea en el 2014, donde culminó un curso de adiestramiento impartido por el polaco Lech Walesa, conformó el grupo “Somos +”, no pudiendo agrupar la membresía que le exigían desde Miami y además rechazado por otros “disidentes” que no le permitieron alcanzar representatividad entre la contrarrevolución tradicional.

El resultado fue similar al de otros “opositores”, se aprovechó del apoyo de Estados Unidos para recibir una visa y se acogerá a la Ley de Ajuste. Actualmente reside en Miami con su esposa, la que dio a luz un niño que es ciudadano norteamericano.

Probablemente en lo adelante se dedique a ejercer la ingeniería informática que gratuitamente obtuvo en Cuba, gracias al sistema socialista, que con seguridad le rendirá mejores frutos económicos para sostener cómodamente a su mujer e hijo.

El resto es más de lo mismo, aunque lo nuevo es la adición de Luis Almagro, titular de la OEA, organización que ni pinta ni da color, ni es respetada por nadie por responder a los dictados del Departamento de Estado y la CIA, como demuestran varios documentos desclasificados.

Cacareando lo que le indican los oficiales de la CIA, Almagro hace llamados a desconocer la sucesión de Raúl Castro, después que Estados Unidos se cansó de exigir la salida del gobierno de Fidel y de Raúl, plasmado en la “Ley para la libertad y la solidaridad democrática cubanas”, de 1996.

Como prueba de su servilismo, le orientaron viajar a Miami para participar en un acto organizado por Rosa María Payá, para continuar la guerra mediática contra Cuba, en una supuesta promoción de un “plebiscito vinculante para que el pueblo cubano decida qué sistema político quiere”.

A dicho bochinche asistió el ex congresista Lincoln Díaz-Balart, miembro de la mafia terrorista, e hijo de uno de los principales testaferros del tirano Fulgencio Batista. Allí Almagro expresó su apoyo al proyecto fabricado para Rosa María Payá, y volvió a recitar el guion escrito por la CIA contra Venezuela, al señalar: “La dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela, es un burdo intento de replicar la experiencia cubana, incluso en la generación de una diáspora para liberar la presión interna”.

Triste papel de vender su alma al que más dinero le aporte.

En un gesto similar al ofrecido a José María Aznar, ex presidente español que logró imponer en 1997 la llamada Posición Común contra Cuba, la zona de Coral Gables, integrada dentro del condado de Miami-Dade, proclamó el 10 de febrero “Día de Luis Almagro”.

Esos son los que quieren retrotraer a Cuba al pasado, aquel en el que politiqueros corruptos se postulaban para alcaldes, concejales y gobernadores, prometían en sus campañas electorales, agua, camino y escuelas, se robaban el escaso presupuesto destinado a un desayuno escolar y nunca dieron empleo a cientos de miles de desocupados que llenaban las calles de la isla.

Aquella situación cambió para siempre con la triunfante Revolución, a la que el imperio no le perdona los niveles de educación, cultura, seguridad social y salud alcanzados por su pueblo.

A darle lecciones de democracia a otros, a los cubanos les basta recordar lo que dijo José Martí:

“Es recia y nauseabunda, una campaña presidencial en los Estados Unidos”.

Espías o disidentes

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Por Arthur González.
Documentos oficiales confirman que Lech Walesa, fue confidente de la Seguridad polaca durante el gobierno socialista, según divulgó hace pocos días la agencia de prensa española EFE.
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Ante tales revelaciones, el ex presidente y líder del Sindicato de Solidaridad, creado y financiado por la CIA, con total colaboración y apoyo del Vaticano bajo la tutela de San Juan Pablo II (según documentos publicados en la prensa estadounidense), ha negado rotundamente que fuera un espía de los órganos de la seguridad polaca.
Realmente el tema no es una sorpresa, porque de haberlo sido sería uno más de los cientos de “disidentes” que trabajaron para la Seguridad, como también lo fue el ex presidente de Checoeslovaquia Vacla Havel.
Es sabido que los llamados “disidentes” buscan dinero a toda costa, tener libertad de actuación bajo la protección de los oficiales de la Seguridad que los dirigen y a la vez recibir financiamiento del exterior, pero sobre todo mucha divulgación, para ser fabricados de la noche a la mañana en figuras internacionales, premiadas constantemente.
Cuba es un vivo ejemplo de casos similares.

No pasan muchos años en que la TV cubana revela a destacados y activos “disidentes”, que son también agentes de la Seguridad, como sucedió en los años 80 del siglo XX con Ricardo Bofill Pagés, Presidente del llamado Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, quien, en conversación con un Coronel de la Seguridad, le decía que “ser contrarrevolucionario era una forma de vida”.
Algo similar confesó la miembro de ese mismo partido, Tania Díaz Castro, y unos años después el presidente de la Comisión Pro Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, Elizardo Sánchez Santa Cruz y Pacheco, apodado como El Camaján por los propios “disidentes”, era condecorado con una medalla Por el Servicio Distinguido en el Ministerio del Interior.
Para tener una idea más exacta de lo que afirmó Bofill, basta con recordar que Sánchez Santa Cruz, ha formado parte de 8 grupos diferentes, entre ellos el extinguido Foro Feminista Aliadas Democráticas, lo que evidencia las instrucciones de la seguridad de infiltrarse en cuanta formación pudiera, a fin de conocer los pormenores de cada una de esas organizaciones.
Hasta la vetusta Martha Beatriz Roque Cabello, ha sido informante de la Seguridad cubana, según sus propias confesiones ante un grupo de “disidentes”, donde aseguró que su sobrenombre era Rosaura.
Esta situación es dominada por diplomáticos y oficiales de la CIA, quienes poseen amargas experiencias de la astucia de sus supuestos colaboradores, como sucedió durante el verano de 1987, cuando el Ministerio del Interior, ante las constantes acciones de los oficiales norteamericanos, decidió desclasificar a 27 de sus agentes, que durante años engañaron a la CIA, lo que constituyó un gran escándalo en la Agencia, al poder constatar por la TV cubana, la poca profesionalidad de sus oficiales durante las operaciones secretas ejecutadas en la Isla.
Un informe confidencial conocido por WikiLeaks, fechado el 15 de abril del 2009, enviado por Jonathan Ferrar, ex jefe de la Sección Intereses de Estados Unidos en La Habana, expresa textualmente:
“No albergamos duda alguna de que, como ya se ha dicho, el movimiento disidente está seriamente penetrado por la Seguridad del Estado. Esta penetración permite al gobierno cubano jugar con el ego y las disputas personales que ocurren en cualquier sociedad y exacerbar las divisiones que existirían naturalmente entre los disidentes.
“…la Seguridad del Estado cubana trabaja para captar a ciertos miembros e infiltrar la organización con sus propios agentes, con la misión de acentuar cualquier discordia existente”.
El ameno libro titulado “Los Disidentes”, escrito en el 2003 por los periodistas cubanos Rosa Miriam Elizarde y Luis Báez, narra la verdadera vida de otros 12 “opositores”, quienes en realidad eran miembros de la amplia red de agentes que tiene la Seguridad dentro de los grupos “disidentes”.
Aún está fresca en la memoria los reporte enviados a Radio Martí, por el avispado periodista “disidente”, Carlos Serpa Maceira, cuando divulgaba las acciones provocativas de las llamadas Damas de Blanco. Años más tarde en un programa televisivo, denominado Las Razones de Cuba, se daba a conocer que en realidad era agente de la Seguridad del Estado.
Con él se revelaron otros más con historias impactantes, debido al sólido engaño que lograron entre diplomáticos estadounidenses y oficiales de la Agencia Central de Inteligencia.
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El premio Nobel de la Paz y expresidente polaco, Lech Walesa, podrá negarlo, pero con estos antecedentes no hay porque dudar de la veracidad de las afirmaciones hechas por el director del Instituto de la Memoria Nacional (IPN), Lukasz Kaminski, de que documentos incautados a la familia de Czeslaw Kiszczak, último Ministro del Interior del gobierno socialista, demuestran que Walesa, bajo el sobrenombre de “Bolek” y a cambio de dinero, era informante de los Servicios Secretos (SB) polacos.
Sobre este aspecto afirmó José Martí:
“…no hay espía tan útil como el que descorazona al enemigo”.