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Incansables vigilantes de la mar

MilitaresEscrito por Marian Cabrera Ruiz
Periódico 5 de Septiembre

La vigilancia del litoral costero es la principal razón de ser de las Tropas Guardafronteras.
La vigilancia del litoral costero es la principal razón de ser de las Tropas Guardafronteras.Foto: De la autora
Enfrentar las acciones depredadoras de quienes agreden y se apoderan ilegalmente de especies de la flora y la fauna marina, constituye hoy una tarea priorizada para los integrantes del Destacamento de Tropas Guardafronteras (TGF), una especialidad del Ministerio del Interior que este 5 de marzo arriba a sus 53 años de creada.
Desde inicios de 2014, estas fuerzas han enfrentado una significativa cantidad de ilegalidades y ocupado 22 toneladas de especies marinas y 843 medios rústicos empleados en la pesca no autorizada, así como en otras actividades negligentes que han puesto en peligro la vida de sus ejecutores.
En dichos acontecimientos encuentran hoy su batalla más intensa quienes desde Punta Gorda, en la Península de Zapata, Matanzas, hasta los límites entre Sancti Spíritus y Ciego de Ávila integran el Destacamento Centro Sur, una organización cuya estructura rebasa los marcos provinciales, aunque su dirección se enclava en territorio cienfueguero.
Sin embargo, la misión de estos hombres, cuyas almas estriban siempre entre la tierra y el mar, va mucho más allá. Poseen el encargo estatal de ejercer —de modo integral— la vigilancia, protección y defensa de la frontera marítima y de la faja costera, tareas que hacen de ellos seres estoicos y sacrificados, que asumen sin vanagloria los retos de la cotidianidad.
Ellos ocupan la posición más avanzada, y miran al horizonte por motivos menos románticos que disfrutar de la salida o puesta del Sol. Cada jornada, de día y de noche, se afanan en detectar e impedir a tiempo la violación de la frontera estatal de la República de Cuba, y en sus manos recae la responsabilidad de evitar que se convierta el territorio nacional en un escenario propicio para acciones de narcotráfico internacional. Ejercen con honradez el control jurídico y administrativo en el ámbito marítimo portuario —donde constituyen la máxima autoridad— y participan en acciones de rescate de seres humanos en peligro.
No importa demasiado si el trabajo se cumple en la Capitanía del Puerto, durante un patrullaje por el litoral o a bordo de una unidad de superficie, tampoco si hay que soportar el ruido y el olor a combustible en el interior de un cuarto de máquinas. Lo trascendente es el profundo sentido de pertenencia cultivado durante años.
Al pueblo se deben y en él, además de la máxima inspiración, encuentran la colaboración necesaria, especialmente entre los hombres y mujeres que hacen sus vidas en las costas y en el mar, personas también muy comprometidas con el acontecer de esos lugares.
Como es presumible ante tareas tan delicadas, las TGF también poseen huellas de dolor. Dos cienfuegueros, el capitán Victoriano Brito Prieto y el suboficial Orosmán Dueñas Valero, regaron con su sangre la historia de estas fuerzas, pues perdieron la vida en el enfrentamiento a enemigos de la Revolución y el pueblo cubanos.
El primero cayó en combate en 1980, en el cerco a infiltrados del grupo terrorista Alpha 66. El segundo, que apenas contaba con 21 años, fue asesinado en Tarará, mientras cumplía el Servicio Militar, cuando varios elementos contrarrevolucionarios pretendían robar una embarcación para emigrar ilegalmente a los Estados Unidos.
Así, de la amalgama del ejemplo de estos mártires, de la ruda y a la vez sensible labor que realizan, del saberse absolutamente necesarios en el combate diario en defensa de la Patria, están hechos nuestros guardafronteras, incansables vigilantes de la mar.