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La Odisea de los bultos cubanos varados en Venezuela

Elsa Ramos.
Viernes, 6 mayo, 2016
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espiral se encuentra inactiva en eminente declaración de quiebra.
Colaboradores cubanos que han prestado servicios en ese país se preguntan cuándo llegarán a Cuba los paquetes que despacharon por la agencia Espiral Infinito C.A.

“Solo te dicen: se perdió; y yo respondo: Bueno, el Titanic hace una pila de años se hundió y se descubrió dónde estaba. ¿Cómo mi equipaje va a desaparecer con todo el avance tecnológico que existe hoy?”.
Con la esperanza casi extraviada, Fernando Gelabert Cañizares recuenta los bultos armados hace casi tres años tras su misión Barrio Adentro Deportivo en el municipio Rafael Urdaneta, estado venezolano de Miranda: televisores, instrumentos musicales, ropa y la muñeca por la que su nieta de ocho años le pregunta a diario.
Es la odisea de muchos colaboradores cubanos que envían paquetes por distintas vías y viven los traumas de la espera, la desinformación, ¿el atraco?… Escambray hace sus maletas y emprende la travesía al revés.
MAR ADENTRO
“En el 2014 utilicé la agencia Espiral Infinito. Pagué casi 15 000 bolívares —relata Ernesto Mayea Madrigal, colaborador deportivo en el estado de Falcón—. Fue toda la misión ahorrando mi dinerito para traerle a la familia cositas que nunca había logrado, allá se paga y aquí de nuevo”.
En tierra firme ancla el dilema. Por el teléfono 7202 2073 Aleida Jorge Alvarado, especialista de trámite en Cubadeportes, aclara que su entidad “no tiene cómo reclamar, el envío es personal, hasta donde llegan mis facultades es hacerle la carta para la Aduana. Si está firmada por Juan Luis Castro Labrada que ya no labora aquí, hay que cambiarla, y si llegan los envíos en ese tiempo no pueden sacarlos, existe un fichero de control. Eso se ha informado a las provincias”.
Según José Alfredo Sánchez Aquino, metodólogo provincial de colaboración del Inder, “no ha recibido nada nuevo, solicitaron hace casi un año una lista de los colaboradores y la envié a Aleida, son como 20, y de eso no se habló nunca más”.
Una carta colectiva firmada además por Carlos Alberto Cortés Figueredo, Belkis González López, Israel Eradio García Herranz, Yosbel Cárdenas Lorenzo… rebotó en la Dirección Provincial de Deportes, la Fiscalía General de la República, la CTC Nacional, el Sindicato Provincial de Educación, la Oficina Provincial de Atención a la Población y hasta la Embajada de Venezuela en Cuba.
Algunos responden. Sin pertenencia corporativa, los reclamantes recibieron un papel firmado por Saura (Evelio Saura Pedrol, director de Asistencia Técnica de Cubadeportes) donde se remarca la responsabilidad individual de cada cual por sus paquetes.
“Nos dan cierta vaselina, nos atendieron porque escribimos al Consejo de Estado”, arguye Mayea.
La Oficina Provincial de Atención a la Población es categórica: “No es competencia del Gobierno realizar gestión alguna, son ustedes los que deben demandar mediante un proceso judicial al organismo responsable, en este caso, la Aduana”.
Las puertas telefónicas de la Aduana se abren fácilmente. Yasmil Prado Fons, asesor jurídico, sostiene: “Hasta donde tengo entendido la empresa quebró, creo que ciertas mercancías han llegado por coordinaciones de ciertos organismos. Ahora, ¿por qué unos sí y otros no?, no sabría explicarle, no existe contrato, solo supervisamos”.
El excolaborador y coordinador de los estados de Carabobo y Miranda, el director provincial de Deportes en Sancti Spíritus, Carlos Bermúdez, sitúa los bultos en contexto. “Sucedieron incumplimientos de Venezuela con Cuba y de esta con los colaboradores, algunos bultos demoraban mucho y se reponía lo que se rompía. En el 2012 el país decidió limpiar todo. Se facilitó tarjeta magnética para comprar acá con rebaja del 30 por ciento. Quienes querían mandar algo era bajo su responsabilidad, por tanto, indicamos que reclamaran a esas empresas”.
¿Por qué no usar la tarjeta? Mayea tiene un argumento de peso: “Con lo que allá podías comprar un par de zapatos, aquí solo adquirías un par de medias”.
Sería menos complejo si solo fueran espirituanos los varados en la travesía. El sitio Cubadebate publicaba hace un tiempo una verdadera protesta digital en la que Rafael Brunet Valle se preguntaba: “¿Qué pasa con los envíos de Espiral Infinito?, hace más de dos años envié mis paquetes y no llegan”; en Acuse de Recibo y con el título “Cargo ante Transcargo”, Juventud Rebelde relataba entuertos similares de Rosario Quintero.
La enfermera espirituana Julia Idalmis Junquera sintetiza la vivencia de cientos de colaboradores: “Antes de salir dicen que sí los podíamos enviar, pero no nos garantizan que lleguen, entonces te enteras de que el barco es la vía más económica, aunque demore, y muchos mandaron y a los tres meses llegó toda la carga”.
“Es un conflicto —expresa el doctor Aris Fortain Espinosa, jefe de Colaboración Médica de la Dirección Provincial de Salud—, muchos reclaman, pero antes de irse se explica que usen una empresa segura y confiable, algunos han sido engañados buscando la vía más barata, pero sale caro. Ellos se rigen por las mismas regulaciones y derechos aduanales de todo el mundo y aún muchos no las conocen. Hay límites de peso, se ha dado el caso de que una caja del tamaño de un televisor cinco personas no pueden cargarla. Nosotros los cubanos… somos cubanos”.
ESPIRAL INFINITO: ¿SER O NO SER?
“Recogían por estados y recibían en el centro de dirección médica, no en una oficina clandestina —asegura Mayea— porque todo el mundo envía por ahí. Si te indican traer dos fosforeras, no puedes traer tres. Nunca sentí ningún tipo de escalofrío de que lo que estaba luchando en mi vida se lo iba a regalar a nadie”.
“Ahí trabajan cubanos —añade Gelabert—, les lloré para que me dejaran traer una cosa y me dijeron que no. El cubano es una cosa aquí y otra allá”. Julia apenas suspira: “Tengo la esperanza seca, sientes que se ríen de uno, te esfuerzas para apartarte de tu familia; independientemente de que es una misión con compromiso político, también lo haces para resolver tus problemas económicos”.
Espiral Infinito no es solo un rótulo. En abril del 2014 la Aduana la informó en la lista de autorizados a enviar paquetes a Cuba. Desde Transcargo, a través del 76993374, Leidis (aparentemente sin apellidos), representante comercial y atención al cliente, aclara: “Sí tenemos contrato con Espiral… Recibimos la última carga en febrero del 2015, nosotros solo despachamos, si van a enviar alguna carga, ellos avisan”.
Por gestión digital, Espiral… respondió de un día para otro y confirmó la información. Habla de contactos con organismos cubanos y venezolanos, retruécanos financiero-cambiarios y presenta credenciales: “Quien suscribe es ciudadana venezolana (María Jackeline Arroyo Rodríguez), esposa de Alexander González, de nacionalidad cubana, padre de dos niños venezolanos y presidenta de una empresa familiar llamada Espiral Infinito C.A., corresponsalía, desde junio del 2012, de la empresa cubana Transcargo para enviar las cargas de los colaboradores que cumplen misión en Venezuela, la cual se encuentra en estos momentos inactiva en eminente declaración de quiebra a consecuencia de ser víctima de la guerra económica desatada contra la Revolución Bolivariana y el país”.
Según consta en informe a instituciones cubanas y venezolanas, desde el 2012 un total de 9 553 colaboradores de casi una veintena de organismos (Agricultura, Construcción, Educación, Minrex, trabajadores sociales, Prensa Latina…) han usado sus servicios. Han llegado las cargas a Cuba de 5 578 y quedan en Venezuela 14 808 bultos.
Yamil Herrera Duarte, entrenador espirituano de voleibol, envió sus paquetes hace más de un año y algo más de dos meses atrás los recuperó en persona. “Estaban donde mismo los dejé, los recogí y hasta me dieron dos cajas de un amigo con un hago constar, sin firma. Los contacté allá, pues si ven que la llamada es desde Cuba no la cogen. Dicen que Alexander buscaba un barco en Panamá a ver si los mandaba, que subió el dólar, los bultos se cobraron a un precio y ahora están acelerados”.
Por e-mail otros peligros zarpan. “Enfrentamos amenazas —relata Espiral…—. Llevamos más de nueve meses sin operaciones. Se encuentran (los bultos) entre un galpón en alquiler en Valencia y en el Patio del almacén en Puerto Cabello, donde reposan 12 contenedores. El gasto es de 300 000 bolívares mensuales. Mi esposo se vio en la necesidad de laborar 16 horas diarias en el exterior para cubrir los gastos”.
No todos pueden ir a Venezuela a buscar sus pertenencias, como hizo Yamil. ¿Cómo remar a contracorriente? ¿Cómo tantas personas pudieron estar “equivocadas”?
En 15 años de ejercicio, la abogada Danaya León Claro y su Bufete Colectivo espirituano proponen un bote de salvación: “Es un caso atípico, complejo. Son personas naturales que en otro país hacen un contrato a título personal con una agencia de viaje, sus derechos son los que les instituyen los de ese país, o sea, desde Cuba no se puede hacer ningún proceso para reclamar el incumplimiento de un contrato”.
“No está bien fundado con todas las oportunidades legales de las partes, es escueto y ambiguo, no tiene término para reclamar. Los bufetes tienen un grupo de abogados que radican en La Habana y pueden representar a personas en otros países, tienen regulaciones, cobran un por ciento del ingreso al tener que establecer un proceso allá. Institucionalmente los afectados pueden solicitar respaldo o ayuda, no hablamos de obligación, pueden unirse, quizás algo se pudiera lograr por el abogado de la entidad, hacer alguna forma de representación legal y viabilizar la entrega pero, reitero, no es obligación”.
La carga supera las 194 toneladas. Serían necesarios 23 contenedores de 40 XHC para ser enviados a puerto cubano. Sin duda, un alto precio a pagar para poner fin a una situación que, a todas luces, ha navegado en las aguas de la irresponsabilidad.
Nota: Al cierre de esta edición, Escambray esperaba todavía alguna respuesta por las direcciones saura@cubadeportes.cu y apoblacion@infomed.sld.cu