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Departamento de Estado destina 800 000 dólares para “educar” a jóvenes líderes de la sociedad civil cubana

Por: Iroel Sánchez

25 marzo 2016

departamento-de-estadoEn su discurso en el Gran Teatro de La Habana, dirigido a la sociedad civil cubana, el Presidente Barack Obama expresó:
“Estados Unidos no tiene ni la capacidad ni la intención de imponer cambios en Cuba, los cambios dependen del pueblo cubano. No vamos a imponer nuestro sistema político y económico, porque conocemos que cada país, cada pueblo debe forjar su propio destino”
También dijo:
“Ya hay una evolución que se está llevando a cabo aquí en Cuba, un cambio generacional. Muchos sugirieron que yo venía aquí y le tenía que pedir al pueblo que destruyese algo, pero no, estoy apelando a los jóvenes de Cuba que tienen que construir algo nuevo, elevarse. ¡El futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano!”
Parece que la “evolución” y la “apelación” no son suficientes y la “elevación” obamista necesita el dinero y las instrucciones de allí donde la policía mata como promedio tres personas al día, la mayoría jóvenes. El periodista estadounidense Tracey Eaton, acaba de publicar esta información en su blog Along the Malecón:
Sólo tres días después de que Barack Obama se fue de Cuba, el Departamento de Estado anunció hoy un programa de orientación de prácticas comunitarias por $753.989 para “jóvenes líderes emergentes de la sociedad civil cubana.”
Según lo anunciado organizaciones sin ánimo de lucro e instituciones educativas están invitadas a presentar propuestas. La fecha límite es el 20 de mayo y se espera que los primeros premios deben darse a finales de julio o principios de agosto.
La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado tiene previsto para gestionar el programa, destinado a la financiación de dos a cuatro meses de los programas de desarrollo profesional “que impulsarán el desarrollo de planes de acción para las actividades comunitarias no gubernamentales en Cuba de los participantes.”
El anuncio dice:
“La sociedad civil cubana no está formada por organizaciones bien establecidas que normalmente se encontrarían en una sociedad con una fuerte tradición democrática. A través de la participación en el programa, los participantes desarrollarán un conjunto de herramientas de liderazgo y habilidades para administrar y hacer crecer las organizaciones de la sociedad civil que apoyarán activamente los principios democráticos en Cuba.”

El futuro de Cuba ya está en manos de los cubanos

El futuro de Cuba ya está en manos de los cubanos

Cuando el presidente Barack Obama pidió este martes a los cubanos “olvidarnos del pasado” y “mirar hacia el futuro”, es­ta­ba parado en el mismo escenario desde el que habló en 1928 el último presidente norteamericano en visitar la Isla
Autor: Sergio Alejandro Gómez | internet@granma.cu
23 de marzo de 2016 00:03:11
Más de mil personas, de la más amplia representación de la sociedad cubana actual, estuvieron presentes en el discurso de Obama. Foto: Jorge Legañoa Alonso
Cuando el presidente Barack Obama pidió este martes a los cubanos “olvidarnos del pasado” y “mirar hacia el futuro”, es­ta­ba parado en el mismo escenario desde el que habló en 1928 el último presidente norteamericano en visitar la Isla.
“Hoy Cuba es soberana, su pueblo es independiente, libre, próspero, pacífico y está gozando de un gobierno propio”, dijo Calvin Coolidge en el entonces Teatro Nacional, hoy Gran Tea­tro de La Habana Alicia Alonso.
Era el espaldarazo que estaba esperando el presidente Ge­rardo Machado para terminar de instaurar una de las dictaduras más sangrientas de la región.
El Presidente Callado, como lo apodaban, quería mostrar a la Isla como ejemplo de éxito económico y social para quienes seguían las indicaciones de Washington. Los marines norteamericanos convencían por otros medios a los soldados de Sandino en Nicaragua y a los patriotas dominicanos.
“Yo sé la historia, pero no voy a estar atrapado por la mis­ma”, dijo Obama ayer.
Pero en ese lapso de tiempo, el antimperialismo de Julio An­tonio Mella, Rubén Martínez Villena y Antonio Guiteras, heredero de líderes de la independencia nacional como José Martí, dio paso en 1959 a la Revolución más radical de nuestro continente en reacción a u7xsf5r0f0056635la dominación norteamericana. Tuvo que transcurrir más de medio siglo de resistencia para que otro presidente estadounidense se decidiera a pisar Cuba, esta vez para intentar “dejar atrás los últimos vestigios de la Guerra Fría”.
Más de mil personas, de la más amplia representación de la sociedad cubana actual, escucharon atentamente cada palabra del discurso del mandatario.
“Hemos oído el discurso con respeto, pero no coincidimos en algunos de sus aspectos. Nosotros no podemos olvidar la historia, nuestros muertos, el impacto del bloqueo durante tantos años”, aseguró a este diario Ernesto Freyre Casañas, representante de la Central de Trabajadores de Cuba, fundada después del derrocamiento de la dictadura de Machado.
“Me gustaría haber escuchado un poco más de disculpas por la intervención, la agresión, los ataques hacia la soberanía de Cuba y el pueblo desde los años 1960”, afirmó por su parte Peter Kornbluh, coautor del libro Diplomacia encubierta con Cuba. “Pero es difícil políticamente para un presidente decir lo siento”.
“En el discurso hay muchas esperanzas y buenas intenciones, pero que tienen poco asidero en la realidad histórica de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos”, opinó Jesús Arbo­leya, estudioso de las relaciones entre ambos países.
lA NUEVA ESTRATEGIA
Desde el 17 de diciembre del 2014, Cuba y Estados Unidos buscan abrir un nuevo capítulo en sus nexos bilaterales con la voluntad de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro.
El miembro de la Plataforma Interreligiosa Cubana, Enrique Alemán, tiene duda respecto a la interpretación que hace Washington de su “nueva política” hacia la Isla. “¿Es una estrategia limpia, es un acercamiento limpio hacia nuestro pueblo?”, se preguntó.
Obama dijo ayer que Estados Unidos no quería ser enemigo de Cuba ni intentar cambiar su sistema económico y político.
“Cultivo una rosa blanca”, citó el Presidente de un conocido poema de Martí y dijo que ofrecía al pueblo cubano un “sa­ludo de paz”.
Leyde Rodríguez Hernández, profesor de Relaciones Inter­nacionales, aseguró que Obama tuvo un descuido o un desconocimiento sobre el pensamiento del Apóstol. “Él vivió en Estados Unidos y exaltó sus valores, pero hizo grandes críticas a esa democracia naciente que desde aquella época se vislumbraba como una plutocracia, como un gobierno de los ricos, por los ricos y para los ricos. Y esa tendencia no ha hecho más que exacerbarse hasta el siglo XXI”.
UNA CARGA OBSOLETA
Desde La Habana, el presidente de los Estados Unidos volvió a solicitar al Congreso de su país que levante el bloqueo contra Cuba y lo calificó como una “carga obsoleta sobre el pueblo cubano”.
La audiencia respondió con aplausos y poniéndose de pie, in­cluidos legisladores tanto demócratas como republicanos que acompañaron al mandatario en este viaje.
El representante demócrata por Massachusetts, James Mc­Go­vern, quien viene defendiendo esta causa hace muchos años, dijo a Granma que le daba créditos a ambos presidentes por lo que han logrado, pero “ahora es el turno de que el Con­greso haga su parte y levante el embargo (bloqueo)”.
El senador republicano Jeff Flake, quien junto al demócrata Patrick Leahy, llevan adelante un proyecto de ley sobre la libertad de viajar a Cuba, dijo a nuestro diario que más allá de los cambios regulatorios que ha anunciado la administración, el legislativo tiene que deshacerse por completo de la prohibición.
Tom Emmer, representante republicano de Minnesota opina que la visita y el discurso del presidente ayudan a colocar el tema frente al gran público estadounidense, y ayuda a avanzar el proyecto que lleva adelante junto a la congresista demócrata por la Florida, Kathy Castor, para levantar algunos elementos del bloqueo.
OPORTUNIDADES EN EL CAMINO
Las posibilidades de colaboración fueron un tema abordado por el presidente de Estados Unidos, quien destacó “el servicio que miles de doctores cubanos han llevado a los pobres, a los que sufren”.
Pedro Luis Véliz Martínez, director del Consejo Nacional de Sociedades Científicas de la Salud, dijo que los intercambios en este sector no se pueden resumir a situaciones de desastres o epidemias, como el caso del enfrentamiento conjunto al Ébola en África occidental. “Colaboración también es que respeten al internacionalista cubano y no provoquen la deserción del personal médico de salud en terceros países, lo que lacera la formación de recursos humanos de nuestro pueblo”.
Resaltó asimismo la posibilidad de que se abra la venta de productos cubanos en el mercado de Estados Unidos. “Hemos logrado muchas cosas con nuestro esfuerzo y sacrificio. No aceptamos esa mirada de superioridad porque nosotros en este campo hemos demostrado nuestra valía”.
Nicolay Casano, por su parte, es una evidencia palpable de lo que se podría lograr. Sentado junto a decenas de otros compañeros, este estudiante neoyorquino de segundo año de Me­dicina refiere que los cubanos tienen “un corazón muy grande”. Incluso con la presencia del bloqueo tuvo la oportunidad de comenzar a estudiar su carrera en la Isla y asegura que luego planea regresar a su comunidad para hacer la diferencia en un concepto de atención a los pacientes que no está basado en el dinero.
NUESTRO PROPIO MODELO
“¡El futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano!”, con esa y otras palabras Obama se expresó en futuro sobre una realidad que muchos aprecian en presente.
El cantautor Raúl Torres dice que Obama destacó varios elementos positivos de la realidad cubana, pero desconoció que son fruto de la propia Revolución.
“Nosotros somos jóvenes empoderados que tenemos la oportunidad de hacer lo que queramos en este país. Además de tener algo tan importante como la seguridad de la educación y la salud”, dijo el autor de Candil de Nieve y el Regreso del Amigo.
“En Estados Unidos nosotros tenemos un ejemplo claro de lo que puede hacer el pueblo cubano y se llama Miami”, dijo Obama en otro momento de su intervención.
El profesor Leyde Rodríguez señaló a este diario que las transformaciones que se llevan a cabo en el país no son para “copiar el modelo político de nadie”.
Luis René Fernández, profesor e investigador del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Uni­ver­sidad de La Habana, asegura que los cambios que vive el país están guiados por el objetivo de construir un socialismo próspero y sostenible, inspirado en el proyecto de nación de los grandes políticos y pensadores patriotas de nuestro país.
Aseguró que el perfeccionamiento ha comenzado por la parte socioeconómica, pero eso no implica que no haya otros sectores como el sistema socio-político que también deban ser perfeccionados. Citó al respecto la explicación que ofreció re­cientemente en rueda de prensa el Presidente Raúl Castro sobre los derechos hu­manos y la democracia. “Nadie sabe exactamente cómo sería ese socialismo, pero tiene que ser a la medida nuestra, a lo cubano”.
El libro de Peter Kornbluh, publicado en el 2014, culmina con una serie de recomendaciones para mejorar las relaciones entre Washington y La Habana.
A petición de este diario, aceptó resumir en una sola idea lo que debe suceder para continuar avanzando en este camino: “Estados Unidos tiene que tratar a Cuba con respeto, como un país independiente con respecto a su soberanía, no puedes dictar el futuro o las acciones del gobierno o el pueblo”.

Lo que dice y no dice Obama

 

El Presidente Obama es un buen comunicador. Significa que sabe colocar las palabras, los gestos, la mirada. Parece como si improvisara, pero tiene frente a sí un “teleprompter” que el público no percibe
Autor: Enrique Ubieta Gómez | internet@granma.cu
23 de marzo de 2016 00:03:32
El Presidente Obama es un buen comunicador. Significa que sabe colocar las palabras, los gestos, la mirada. Parece como si improvisara, pero tiene frente a sí un “teleprompter” que el público no percibe. Su lógica discursiva va de­jando espacios de aire que eluden, minimizan o manipulan los hechos. El pueblo cubano no alberga sentimientos de odio hacia el pueblo estadounidense, y escucha al Presidente que propició el reinicio de relaciones diplomáticas con disposición amistosa. Ello no significa que no perciba los saltos. Quizá, en una de esas frases dichas sin demasiado énfasis, radica la primera confusión: si bien es cierto que el go­bierno estadounidense y el cubano fueron ad­versarios y no sus pueblos, este último y su pue­blo compartieron durante estas décadas de confrontación similares ideales y propósitos. No podría entenderse la sostenibilidad de esa Revolución y la ineficacia de un bloqueo que ocasiona enormes dificultades en la vida cotidiana de sus ciudadanos, si no se parte de esa premisa. No podría entenderse la legitimidad de cada conquista revolucionaria, si no se co­no­ce además la historia de las relaciones entre los dos países.
El Presidente Obama introduce esa historia con una alusión simbólica a las aguas del Estre­cho de la Florida, a los que van y vienen de un lado al otro. Habla de los sufrimientos del “exiliado” cubano —término que obvia el hecho de que este suele pasar sus vacaciones, sin peligro alguno, en Cuba, o incluso, como se ha puesto de moda, sus años finales de vida al am­paro del sistema estatal cubano de salud—, que se­gún el discurso oficial de su gobierno, va en busca de “libertad y oportunidades”, pe­ro no aclara si se refiere a los torturadores, asesinos y ladrones del ejército batistiano que hu­yeron a los Estados Unidos en los primeros me­ses de la Revolución, a los niños que fueron separados de sus padres en virtud de una propaganda mentirosa y un criminal Programa de­nominado Peter Pan, a los médicos o deportistas incitados a desertar de sus misiones de solidaridad o de eventos internacionales, con la promesa de una vida material más holgada o jugosos contratos, o a los que, cansados del blo­queo, o de vivir en un país digno pero pobre, saltan en balsas hacia el llamado Primer Mundo, al amparo de la política de pies secos-pies mojados y de la Ley de Ajuste Cubano, que politiza la decisión de todo inmigrante.
Cuando expresaba sus sentidas condolencias y su solidaridad hacia el pueblo belga por los atentados terroristas que acaban de producirse en Bruselas, con el lamentable saldo de más de 30 muertos, los cubanos sentimos esa he­rida como propia: en estas décadas de aco­so, el terrorismo con base en territorio norteamericano ocasionó 3 478 muertos y 2 099 in­capacitados. Algunos de esos “exiliados”, cu­yos sufrimientos dice comprender, han ejercido o ejercen el terrorismo, en Cuba y en los Es­tados Unidos. Posada Carriles, coautor intelectual de la voladura de un avión civil cubano en pleno vuelo y responsable de la muerte de to­dos sus pasajeros y tripulantes, vive tranquilamente en Miami. Por eso nos pareció un acto de justicia imprescindible que liberara a los tres cubanos que aún permanecían presos en aquel país por combatir el terrorismo, el mis­mo día que ambos presidentes anunciaban la intención de reanudar relaciones.
Sin embargo, reconozco que avanza un po­co más cuando reconoce que “antes de 1959 al­gunos estadounidenses consideraban que Cu­ba era algo a ser explotado, no prestaban atención a la pobreza, permitían la corrupción”, y agrega, “yo sé la historia, pero no voy a estar atrapado por la misma”. Entonces, recita el ver­so de José Martí, “cultivo una rosa blanca” y declara: “como Presidente de los Estados Uni­dos de América, yo le ofrezco al pueblo cu­bano el saludo de paz”.
Eso, lo apreciamos. No citaré a José Martí, aunque podría traer a colación sus muchas observaciones críticas y ad­verten­cias sobre la “democracia” estadounidense. Solo diré que el camino que quería para Cuba no era ese.
¿Por qué ahora?”, pregunta Obama, y se res­ponde con naturalidad: “Lo que estaba ha­ciendo Estados Unidos no funcionaba”. Pero, ¿no funcionaba?, ¿no sería mejor decir que era inmoral?, ¿que causaba sufrimientos, e incluso muertes? “El embargo hería a los cubanos en vez de ayudarlos”. Nos hería en nuestros sentimientos de pueblo digno, sí, pero también afectaba nuestras vidas. El bloqueo es criminal. ¿No debía acaso pedir perdón, en nombre del Estado que representa, a todos los cubanos? La expresión “no funcionaba”, alu­de, aunque no lo exprese de manera directa, a la heroica resistencia del pueblo cubano, a su decisión de preservar su independencia y su soberanía, y también a la perversa razón del cambio: si no funcionaba, hay que hacer algo que funcione (algo que los obligue o los conduzca a hacer lo que queremos que hagan). Me parece que el sentido del cambio se esconde en esa expresión.
Hay un problema adicional con ese efectista ofrecimiento del saludo de paz: la Ley de Ajuste Cubano, la política de pies secos-pies mojados, la política de estímulo a la deserción de médicos y deportistas, y el bloqueo económico, comercial y financiero, siguen vigentes. Del territorio ocupado en Guantánamo durante una centuria contra nuestra voluntad, ni una sola palabra. Entonces, ¿cuál es la rama de oli­vo?, ¿dónde está la rosa blanca? Obama ha abierto un camino que se inicia con el restablecimiento de relaciones, y que pasa por muchas disposiciones ejecutivas antes de que el Con­greso se disponga a cancelar las leyes del bloqueo. En ese camino, todavía puede hacer mucho más.
“Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas”, declara de manera solemne.
Entonces, ¿acepta la con­vivencia civilizada que Cuba propone, con un Estado socialista a 90 millas de sus costas?, ¿dejará que Venezuela, Ecuador, Bolivia, Bra­sil, y todos los pueblos latinoamericanos decidan sin injerencia alguna sus destinos? “He­mos desempeñado diferentes papeles en el mundo”, dice con honestidad, aunque no creo que comprenda o acepte el papel asumido por el imperialismo, que pese a todo representa. “Hemos estado en diferentes lados en diferentes conflictos en el hemisferio”, agrega. Es un tema delicado, porque los sucesivos gobiernos estadounidenses apoyaron a Batista, a los So­moza, a Trujillo, a Pérez Jiménez, a Stroessner, a Hugo Bánzer, a Pinochet, a Videla, etc. Y com­batieron a Cárdenas, a Arbenz, a Torrijos, a Velazco Alvarado, a Salvador Allende, a Chá­vez, a Evo… “Tomamos diferentes caminos para apoyar al pueblo de Sudáfrica para que erradicara el apartheid, pero el presidente Cas­tro y yo, ambos, estuvimos en Johannesburgo pagándole un tributo al legado de Nelson Man­dela”, afirma y no sé a qué apoyo se refiere, porque el gobierno que encarceló a Man­dela fue un aliado estratégico de Washington, aunque él era apenas un niño en aquellos años. Cuba pagó su tributo a Mandela con la sangre derramada por sus hombres y mujeres en la selva africana, mientras rechazaba junto a los combatientes angolanos la invasión de la Sudáfrica racista.
El Presidente Obama sabe que el pueblo cubano aprecia y defiende la independencia conquistada, por eso reitera que “Estados Uni­dos no tiene ni la capacidad ni la intención de imponer cambios en Cuba, los cambios de­penden del pueblo cubano (…) conocemos que cada país, cada pueblo debe forjar su propio destino, su propio modelo”. Sin embargo, la “nueva era” presupone “sus” cambios… en Cuba. Primero enumera los “valores” que todo país debe compartir, y algunas medidas que Cuba en particular debe aplicar. Luego, no tan veladamente, establece condiciones: “aunque levantemos el embargo mañana —dice— los cubanos no van a alcanzar su potencial sin ha­cer cambios aquí en Cuba”. Cree que puede ga­narse la voluntad de los jóvenes: “estoy apelando a los jóvenes de Cuba que tienen que construir algo nuevo, elevarse.
¡El futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano!”, como si no lo estuviera desde 1959. Y afirma: “yo sé que el pueblo cubano va a tomar las decisiones correctas”. También yo lo sé. La diferencia estará sin dudas en el criterio de corrección o de conveniencia que establezcamos. El modelo de sociedad al que aspiramos, no es la corrupta Miami, como propone Obama con insólita candidez.
“El pueblo no tiene que ser definido como opositor a los Estados Unidos, o viceversa”, di­ce, y utiliza un vocabulario ajeno a nuestra edu­cación política. No somos opositores a los Estados Unidos, somos hermanos de su gente de bien, sencilla y creadora, y le tendemos la mano a su gobierno, siempre que esté dispuesto a respetar el camino elegido por Cuba, que tanta sangre y sacrificios costara. “Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting”, sentenciaba José Martí. Ese es el enigma: ¿quién de los dos nos tiende la mano?