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Aura Pareja Benítez: Mezcla de cumbia y son

1-Aura Pareja Benítez y este redactor en el Estadio Metropolitano antes de la Ceremonia Inaugural. (cortesía de la entrevistada)

1- Aura Pareja Benítez y este redactor en el Estadio Metropolitano antes de la Ceremonia Inaugural. (cortesía de la entrevistada)

Por Dayán García la O, enviado Especial de BOHEMIA

Me la presentó un amigo vía Facebook. Dijo que era del grupo de solidaridad   y una excelente persona. Desde el primer mensaje por Messenger supe que conocerla sería de esas oportunidades especiales, en las que gente de “afuera” te hace sentir orgulloso de lo que a veces no valoramos.

Aura Pareja Benítez tiene 53 años y lleva la mayoría de ellos vinculada a la isla grande del Caribe. Licenciada en Ciencias Sociales por la Universidad del Atlántico, dijo que desde su época secundaria aprendió a querer a la Isla gracias a sus profesores de Historia.

Desde el seno de la Casa Caribe, como se denomina el grupo de solidaridad con Cuba en esta ciudad, se ha mantenido activa en defensa de los nacidos en el archipiélago, ese lugar que tuvo la posibilidad de conocer en 2005, cuando participó como delegada en el congreso Pedagogía. “La experiencia más espectacular de mi vida”, dijo emocionada.

Sucede que Aura, después de hablar por teléfono en varias oportunidades, tenía una entrada para la ceremonia inaugural que la ubicaba cerca del grupo de periodistas. De pronto, entre la gente que se desparramaba por la majestuosidad del Estadio Metropolitano se acercó a nosotros, llevaba una bandera cubana en sus manos, me llamó por mi nombre y me abrazó como si me conociera de toda la vida.

“Aquí estoy con la bandera, no traje de Colombia, ustedes son mis hermanos. En mi casa tengo más banderas cubanas que colombianas”, fueron sus primeras palabras. Se sentó junto a nosotros y nadie vino a reclamar su puesto. Hablamos de Cuba, de las delegaciones que ha recibido en Barranquilla, de su relación con el embajador José Luis Ponce, de la música, la alegría y las tantas cosas que unen a cubanos y colombianos, pero especialmente los costeños, como me rectificó.

2-Grupo de solidaridad Casa Caribe en un almuerzo con el embajador cubano en Colombia, José Luis Ponce. (cortesía de la entrevistada)

2- Grupo de solidaridad Casa Caribe en un almuerzo con el embajador cubano en Colombia, José Luis Ponce. (cortesía de la entrevistada)

“Disfrutar de los Juegos en la ciudad donde vivo, apoyar a los cubanos en cada competencia es de lo mejor que puede sucederme, los llevo en el corazón, y tengo muchas ganas de regresar a la Isla”, dijo mientras bailaba con excelentes maneras al ritmo de la fiesta que prepararon como antesala de la gala inaugural.

Aura Pareja Benítez es una cubana de corazón, a pesar de vivir en esta ciudad bañada por las mismas aguas del Mar Caribe. La imagino con su bandera de la estrella solitaria en las gradas de cualquier instalación Barranquillera, con más de 100 alegrías doradas y no puedo sentir otra cosa que un orgullo tremendísimo. Cuba es más que lo que delimitan sus fronteras.

Con niños namibios de Cassinga

Miriam Nghitotovall, en la Isla de la Juventud. Foto: Jorge Oller
En una de nuestras visitas a la escuela de los namibios en la Isla de la Juventud, en los años 80 del siglo pasado, presenciamos la filmación de la masacre de Cassinga, escenificada para un documental del ICAIC por estudiantes de ese país.
La función de Asistente de Dirección y Asesoría para el nuevo filme de testimonio –con la reproducción actuada de la masacre por los propios alumnos–, la asumía espontáneamente la estudiante becada de la entonces Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana, Miriam Nghitotovali, una antigua alumna del improvisado centro escolar de Chibía.
Lo primero que nos dijo Miriam Nghitotovali es que no olvidará jamás los nombres de sus maestros cubanos en Angola, mencionándolos: Raúl, Fortún, Mario, Lidia y Orestes «El Primo».
Ellos, junto a la Swapo, adoptaron a todos los niños namibios tan pronto llegamos a los campamentos de refugiados al sur de Angola, con los pies sangrando después de haber caminado muchos días por la mata (la selva), huyendo del régimen del Apartheid y sus masacres.
TESTIMONIO DE LA MASACRE
El día de la masacre de Cassinga está en el recuerdo de aquellos que visitamos. Cada uno tenía una historia, pero había un común denominador en todas.
En resumen, en voz de uno u otro estudiante namibio es esta que les compartimos o parecida, y en casi todas aparece «El Primo».
Cuando visitamos la Escuela Henridrick Witbooi, en la Isla de Juventud, las narraciones se multiplicaron, convirtiéndose en un dramático guion, un guion real. Los niños se adentraron por la selva huyendo de la masacre… los testimonios duelen:
–Nos arrastramos por el suelo pedregoso y mi ropa, poca ropa, se enganchaba en los arbustos más pequeños y de otras plantas y bejucos del montecillo  cuentan unos y otros.
Ya el fuego había incendiado la cabaña donde se albergaban y veían sobrevolar el campamento a cuatro aviones de guerra sudafricanos. Los niños, porque eran niños, corrían hacia una zanja más al fondo con mucho miedo.
Este es solo un fragmento de la odisea.
Así o muy parecidos son los relatos de los que lograron salvarse y llegaron a Cuba después del infierno de Cassinga, al sur de Angola, distante 250 kilómetros de la frontera con Namibia.
El ataque de las tropas sudafricanas a aquel campamento causó más de 600 muertos y centenares de heridos por efecto del bombardeo de la aviación, el ametrallamiento desde helicópteros, los gases, la artillería, los blindados y la acción directa de los paracaidistas sobre la población inerme.
No pocos de los namibios de la Isla de le Juventud quedaron adormecidos por el efecto de los gases. Al atardecer unos soldados retiraron  cadáveres que estaban alrededor de algunos de ellos. La primera reacción fue huir hacia lo más profundo del bosque, pues entre esos hombres armados había blancos y creían que eran sudafricanos que corrían tras ellos para rematarlos. Más no fue así.
LOS CUBANOS
Reproducción de una escena de la masacre de Cassinga. Foto: Jorge Oller
En ese grupo que los «perseguía» había soldados de las Fapla y estos les informaron en su lengua que se trataba de cubanos que habían llegado a socorrerlos. Inmediatamente fueron trasladados hacia lugares seguros, de ahí a una escuela y de la escuela aquella, por mar, a las de la Isla de la Juventud, aunque pasaría  un tiempo que no sabían medir exactamente antes de subir al barco.
Cuando se produjo la masacre de Cassinga, tan insuficientemente divulgada en el mundo por la prensa occidental, ya funcionaba una escuelita cubana en Chibía para niños namibios refugiados en Angola, y fue allí donde permanecieron antes de navegar hacia lo que Miriam califica de «Paraíso».
El primer maestro cubano que tuvieron los namibios en Chibía, que describen como «un pueblito de pocas cuadras con una estación de trenes desactivada, en la cual estaba la escuela», fue Raúl Mestre Pedroso.
El maestro llegó a Chibía en los primeros meses de 1978. Le impactó ver en el piso de granito de la vieja estación ferroviaria la silueta indeleble de una figura humana, era la huella a tamaño natural del cuerpo de un revolucionario angolano que había sido quemado por los colonialistas portugueses en ese mismo lugar.
Precedieron a Mestre en ese sitio, otros colaboradores cubanos, entre ellos un combatiente llegado a Angola en febrero de 1976, era Orestes Valdivia «El Primo», quien de soldado se convirtió muy pronto en un padre para los niños namibios refugiados en Angola, y su esposa, la maestra Lidia Lastra –que lo acompañó en esa misión internacionalista desde agosto de 1978–, era una madre  para todos los niños de Cassinga.
Orestes Valdivia no sabe exactamente cómo ni por qué, ni cuándo los muchachos comenzaron a llamarlo «El Primo», como lo conocen todos los estudiantes namibios que vinieron a Cuba entre 1978 y 1980, año en que Orestes Valdivia, un antiguo carrero de cerveza y refrescos en Santa Clara, concluyó su misión internacionalista.
Fueron él, junto a un grupo de albañiles angolanos y cubanos, médicos, enfermeras y funcionarios de la Embajada, quienes acondicionaron, en jornadas de trabajo voluntario, aquella primera escuela de Chibía, y construyeron albergues, refugios, cocina y todos los servicios y locales necesarios para que vivieran y estudiaran más de 200 niños y adolescentes que sobrevivieron a la masacre.
EN LA ISLA
Tanto en Chibía como en Ndalatando, igual que lo era en ese momento en la Isla de la Juventud, los estudiantes namibios y los demás becados extranjeros mantenían la autoridad política de sus países y partidos. Martín era el maestro instructor de lo namibios en aquella oportunidad y profesor de historia, en la Isla.
Además de su presencia permanente en la escuela del sur de Angola, los niños recibían frecuentemente la visita de destacados dirigentes de la Swapo (por las siglas en inglés de Organización, de los Pueblos de África Sudoccidental), entre ellas la de San Nujoma, presidente de la organización, y la de Peter Manyemba, secretario de Defensa.
Esta costumbre no se perdería nunca. De una larga conversación con Miriam interpreto una dramática realidad: ellos eran tan hijos de la Swapo como de los padres, aunque no sabían en aquel momento si estos estaban vivos o confinados por el régimen del Apartheid en algún bantustán (lugares donde los racistas reunían a la población no blanca de Sudáfrica).
Sobre la adopción temporal de Cuba, Ángel Dalmau, directamente vinculado a los jóvenes por su trabajo en la Misión Civil Cubana de Angola desde aquel comienzo de acogida de los niños en la escuela de Chibía, piensa que en esta experiencia se ha fundido la más bella y concreta relación de solidaridad humana entre el pueblo cubano y el namibio, a partir de un tercer país: Angola y con la vigilancia directa, aunque a distancia, de Fidel.
Los maestros cubanos que contribuyeron a fundir esta nueva familia en las escuelas de allá y en las de la Isla, serán siempre el principio de esta interminable historia de amor al prójimo.

“Con Cuba NO te metas”, responden peruanos a provocación mercenaria en Lima

Amigos de Cuba en Perú ratificaron en Lima que no hay provocación de la contrarrevolución mercenaria que quede sin respuesta y reiteraron la frase que se viralizó en Internet: con Cuba NO te metas.
Una valla publicitaria, pagada por elementos de la contrarrevolución cerca del aeropuerto internacional Jorge Chávez de Lima, aludía a un mensaje irrespetuoso y ofensivo contra el pueblo y el Gobierno cubanos.
Ante esta nueva provocación de mercenarios al servicio del imperialismo, amigos de la Isla, con la doctrina del Apóstol José Martí en el corazón, dieron un vuelco al mensaje y dejaron claro con graffitis: con Cuba NO te metas. Vítores a Cuba y a Fidel redondearon el nuevo mensaje, donde resalta la bandera tricolor, esa que ha acompañado la lucha del pueblo cubano por su independencia.

Fidel y el Perú, instantánea del altruismo

Por: Dianet Doimeadios Guerrero

Fidel dona sangre tras el terremoto de Ancash, Perú, en 1970. Foto: Cubaminrex
Cuenta en sus memorias un sobreviviente de la catástrofe que “el terremoto de Áncash costó un Perú para su pueblo”. A voz de comarca, por aquellas tierras, todo lo que valga un Perú tiene un precio muy alto. Y así fue. Setenta mil víctimas, un sinfín de heridos y desaparecidos, decenas de comunidades arrasadas dejó el sismo que, a las 15 horas del 31 de mayo de 1970, trastocó a los peruanos.
“Sentimos un tremendo ruido (…) Se asemejaba al de muchos aviones. No sabíamos por dónde venía ni qué pasaba. Finalmente vimos el aluvión de lodo completamente negro con más de 40 metros de altura que avanzaba botando chispas de distintos colores”, relata quien vivió para contar las consecuencias de un seísmo de 7,9 grados en la escala de Richter.
Durante 45 minutos tembló con tanta fuerza la tierra que el Huascarán se zarandeó. Cuarenta millones de metros cúbicos de hielo, lodo y piedras se esparcieron en avalancha sobre ciudades enteras del Norte peruano. Tras la sacudida y el alud, un manto negro de polvo y dolor permaneció durante días en la zona.
En La Habana, pendiente siempre de los cables, Fidel supo de los hechos y las necesidades del pueblo peruano. La nación inca y Cuba no tenían relaciones diplomáticas. El expresidente Manuel Carlos Prado las había quebrado, no vio a bien que la Isla tomara “el camino socialista”. Sin embargo, para el líder de los cubanos esta no sólo era “la tragedia del Perú sino de toda la Humanidad”.
Así consta en el diario Granma de la época y en una fotografía que aparece multiplicada en el ciberespacio. La imagen guarda el instante en que Fidel, con el brazo extendido, donó sangre para los damnificados del terremoto del ‘70. Tras él, más de 150 mil cubanos también lo hicieron.
Decenas de médicos partieron con el equipamiento necesario para instalar cinco hospitales. Llegaron hasta Áncash, Recuay, Huaraz, Carhuaz y otros poblados afectados. Cuba fue el primer país en enviar ayuda para los peruanos. Dos años después, el 8 de julio de 1972, el gobierno de Juan Velasco Alvarado restableció las relaciones diplomáticas con la Isla.
Los doctores cubanos han regresado una y otra vez a Perú, por el terremoto en Pisco (2007) o por las intensas lluvias de Piura (2017). En Áncash hay un parque que se llama Cuba y muchos hombres dispuestos a confesar que tienen sangre cubana en su cuerpo, y los genes de Fidel en el alma.
En 2007, el Gobierno del Perú declaró el 31 de mayo como “Día Nacional de la Solidaridad y de Reflexión en la Prevención de Desastres”.

El cariño y la ternura de los médicos cubanos, conmovieron a los pacientes peruanos en 2017. Foto: Enmanuel Vigil Fonseca.

Largas distancias a pie, con el suelo aun inundado, debieron recorrer nuestros médicos. Foto: DR. Enmanuel Vigil Fonseca.

Médicos cubanos mostraron su solidaridad con el pueblo peruano en 2017. Foto: Archivo

Médicos cubanos atendieron a damnificados peruanos en 2017. Foto tomada del perfil en Facebook de Enmanuel Vigil.

La fila era larga, pero cada paciente fue atendido adecuadamente. Perú, 2017 Foto: Dr. Enmanuel Vigil Fonseca
Fuente Cubadebate
Médicos cubanos en Perú enfrentaron una compleja situación tras lluvias en 2017.Foto: Archivo

Venezuela sigue en firme

Detalle del Mural por la paz de la Brigada Martha Machado. 

Las ansias por desestabilizar Venezuela y acabar con el mandato constitucional del presidente Nicolás Maduro suben de tono continuamente, y con ello las agresiones que enfrenta el país bolivariano.

No se trata solamente de una oposición interna, que cuenta con varios intentos fallidos de golpe de Estado llamando a guarimbas y boicots económicos, sino que más allá de sus fronteras, diariamente se gestan las provocaciones.

En sus ansias de acabar con el Gobierno de Maduro, EE.UU. ha aplicado sanciones financieras contra la nación bolivariana y ha tratado de buscar aliados en América Latina, donde se ha producido en los últimos dos años un debilitamiento de la izquierda y el regreso al poder de administraciones neoliberales.

El asesor de Seguridad Nacional americano, H. R. McMaster, se refirió a ello hace algunos meses cuando afirmó que las futuras decisiones que tomen desde la Casa Blanca serán «en consenso con la región».

En ese sentido, hace apenas unos días, el secretario de Estado Rex Tillerson realizó una gira por la región y en una de sus paradas sugirió un golpe militar contra el Gobierno constitucional de Maduro.

Tras su gira, Tillerson ­agradeció la posición contra Venezuela del llamado Grupo de Lima, conformado por países de la región que realizan abiertamente continuas críticas contra la gestión de Maduro y su Gobierno.

Precisamente el Grupo de Lima fue un factor clave en la decisión de Perú de reconsiderar la participación de Venezuela en la Cumbre de las Américas que sesionará en ese país en el mes de abril. Sin embargo, Maduro dijo este jueves que asistirá de cualquier manera a la cita para llevar y defender la verdad de su nación.

Por otra parte, el mandatario venezolano también se pronunció respecto a la existencia de un plan dirigido a incitar a una confrontación y atentar contra la paz entre este país y la vecina Colombia.

El Jefe de Estado informó de la existencia de pruebas físicas de una maquinación para crear un falso positivo en la frontera, desencadenar un conflicto y así hallar la justificación perfecta para la tan anhelada (por Estados Unidos) intervención extranjera.

Durante las últimas semanas, efectivos colombianos y también de las fuerzas armadas brasileñas se han apostado en las fronteras con Colombia como parte de un supuesto operativo para garantizar la seguridad en la zona.