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Cómo supo Fidel de la fuga de Batista

 

Ciro Bianchi Ross

 

Corría el mes de mayo de 1958. El Gobierno del dictador Fulgencio Batista movía grandes contingentes de tropas hacia la Sierra Maestra con el objetivo de ejecutar la Ofensiva de Primavera. Se trataba de un plan cuidadosamente estudiado: 10 000 soldados atenazarían la zona del I Frente comandado por Fidel.

Sucedió lo increíble. Con solo 300 hombres, cien de  ellos desarmados, el jefe rebelde opuso una resistencia frontal al enemigo y en 30 combates y seis batallas de envergadura lo aniquiló o puso en fuga. El régimen batistiano quedó con la columna vertebral rota, pero no vencido, y Fidel ordenó entonces la contraofensiva rebelde en la que tendrían un papel decisivo los comandantes Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, a quienes confió la misión de sacar la guerra de los límites de la provincia de Oriente, mientras que el propio Fidel y el resto de los comandantes estrecharían de manera paulatina un cerco elástico en torno a la ciudad de Santiago de Cuba.

úLTIMO MES

Ya para esa fecha, Oriente está casi totalmente controlado por el Ejército Rebelde. En Las Villas 2 000 efectivos militares no pueden contener el empuje de las columnas invasoras de Che y Camilo y se combate también en las provincias de Camagüey y Pinar del Río. Crece  la impopularidad de Batista y el desencanto permea a sectores que hasta poco antes le dieron su apoyo. En La Habana, donde la represión se hace sentir con saña, la ciudadanía acata la orientación del Movimiento 26 de Julio que, bajo el lema de «0 3 C» —cero compras, cero cine, cero cabaré—, llama al retraimiento durante las celebraciones pascuales y de fin de año.

La batalla de Guisa, bajo la conducción del Comandante en Jefe, entre el 20 y el 30 de noviembre de 1958, tiene  lugar prácticamente a la vista de la ciudad de Bayamo, sede del puesto de mando de operaciones antiguerrilleras en la región oriental. El 10 de diciembre los pueblos de Baire y Jiguaní pasan a ser territorio libre y el 11 comienza la batalla de Mafo, que se extiende hasta el 30. La ciudad de Palma Soriano se rinde a las tropas rebeldes. En Las Villas, Che y Camilo mantienen la iniciativa.

En la región central las columnas invasoras logran  interrumpir el tránsito hacia la ciudad de Santa Clara desde el occidente de la Isla, tanto por carretera como por ferrocarril. Che pone sitio a Fomento, lo toma y ataca después Guayos y Cabaiguán con igual éxito. Posteriormente Placetas, Remedios, Caibarién y Camajuaní se rinden ante sus tropas, en tanto que Camilo ataca las guarniciones de los pueblos del norte de la provincia y pone sitio a Yaguajay, donde el ejército batistiano resiste el asedio durante 11 días. Tropas del Directorio Revolucionario, del Partido Socialista Popular y del II Frente Nacional del Escambray combaten asimismo en la zona.

La estrategia del Che es la de reducir las guarniciones de las ciudades y los pueblos situados alrededor de Santa Clara, fuerte plaza militar, a fin de privarla de refuerzos. El legendario Comandante descarrila y captura el tren blindado, cuyos hombres debían reparar caminos y vías férreas destruidas por la guerrilla. Al mediodía del 1ro. de enero, la guarnición de Santa Clara se rinde de manera incondicional a las fuerzas del Che.

¡ESTO ES UNA TRAICIÓN!

En Oriente, Fidel cerraba con sus fuerzas a Santiago de Cuba.

El 24, el Comandante visita a su madre en la casa natal de Birán. «Resultó imposible para mí resistir la tentación de ir a visitarla», diría muchos años después. Lo muerde la nostalgia. La casa grande ya no existe y el padre ha muerto. Brinda naranjas a los que lo acompañan y la madre les llama la atención por la manera descuidada en que las arrancan. «Porque seguía respetando la forma en que mi padre exigía que se recogieran las naranjas. Lo hacía como velando porque él de alguna forma siguiera vivo allí en Birán».

Desde la noche del 30, los combatientes se adueñan de puntos estratégicos. En ese momento los rebeldes suman unos 800 efectivos. La noche del 30 al 31 de diciembre Fidel duerme en la hospedería del Santuario de la Virgen del Cobre, y allí, con Raúl y Ramón, el hermano mayor, se encuentran con el padre Vicente García Martínez, prefecto del Colegio de Dolores, donde los tres cursaron la enseñanza primera. En la foto que deja constancia del encuentro, sonríen Fidel y el sacerdote. El 31 de diciembre el Comandante en Jefe cena en el restaurante King-Kong, en las afuera de Palma Soriano, y esa noche la Comandancia General del Ejército Rebelde se instala en la casona del batey de un central azucarero, en las afueras de la mencionada ciudad.

Son aproximadamente las 12:30 de la noche cuando las integrantes del pelotón de Las Marianas improvisan una serenata de año nuevo. Entonan la Marcha del 26 de Julio y prosiguen su concierto con Noche de paz. A las seis de la mañana el campamento está en pie. Fidel no oculta su disgusto por la balacera con que un grupo de rebeldes saludó el arribo de 1959. Una celebración más y me quedo sin parque, dice. Un oficial del ejército de Batista sumado a sus fuerzas le desea felicidades por el año.

—¿Cree usted que será un año feliz, capitán?, le pregunta Fidel.

—Este será el año de la victoria —comenta el oficial y el Comandante sonríe.

Un oficial rebelde que llega al campamento le dice que La Habana está llena de rumores, que si el dictador sacó ya a su familia del país, que si se realizan reuniones decisivas en la Ciudad Militar de Columbia… Quizá la cosa no pase de ahí, simples bolas. En eso, anuncian  a Fidel que el desayuno está listo y alguien que sigue las noticias en un pequeño receptor escucha que el locutor de Radio Progreso alude a los importantes acontecimientos que ocurren en la capital del país y a la reunión que en esos momentos tiene lugar en Columbia y a la que la prensa ha sido invitada. Todavía se sigue llamando a Batista «Honorable Señor Presidente de la República» y su salida del país, más que una fuga, parece un viaje de vacaciones al exterior, hasta que Carlos Lechuga, en Telemundo, y Lisandro Otero, en el canal 12 de la TV, le llaman ladrón y asesino.

Fidel es informado de inmediato. Trata de precisar  la confiabilidad de la fuente. No hay duda. Una emisora norteamericana confirma que Batista, su familia y varios de sus colaboradores salieron del país, que el mayor general Eulogio Cantillo Porras asumía la jefatura del Ejército y que hay un nuevo Presidente. Pocos días antes, el 28 de diciembre, a pedido del militar, Cantillo y Fidel habían  conversado en secreto en los predios de un central azucarero demolido, y en el encuentro el Jefe de Operaciones antiguerrilleras del ejército batistiano —el gran derrotado de la Ofensiva de Primavera— reconocía ante el alto mando rebelde que había perdido la guerra y solicitaba una fórmula para poner fin a los combates. La fórmula, elaborada por Fidel, fue aceptada por Cantillo. Se comprometió —y juró por su honor de militar que lo haría— a protagonizar en el cuartel Moncada, de Santiago, ese 31 de diciembre un pronunciamiento contra la dictadura, sumar las fuerzas a su mando a las del Ejército Rebelde, para avanzar juntas hacia La Habana e impedir la fuga de Batista. Fidel le recalcó que no debía dar cuenta a la Embajada norteamericana de esos propósitos y que la Revolución no toleraría un golpe de Estado encaminado a perpetuar el batistato sin Batista. Cantillo no cumplió nada de lo pactado.

El Comandante, mesándose las barbas en gesto característico, andaba y desandaba  a grandes trancos el salón donde se encontraba.

—¡Esto es una cobarde traición! ¡Pretenden escamotearle el triunfo a la Revolución!  —exclamó—. Ahora mismo me voy para Santiago. Hay que tomar Santiago —añadió—. Y convocó a varios comandantes y capitanes de su tropa. Si son tan ingenuos que creen que con un golpe de Estado van a paralizar la Revolución, vamos a demostrarles que están equivocados.

Entonces Fidel saca del bolsillo una pequeña libreta —de esas que vendían a cinco centavos en los ten cents, diría un testigo— y de pie redacta la alocución que poco después, desde Palma Soriano, saldría al aire, en su voz, a través de las ondas de Radio Rebelde. En ella llama a sus comandantes a continuar el avance sin aceptar ningún alto al fuego. Al mismo tiempo insta a los trabajadores a la huelga general revolucionaria. Dice que la dictadura se había derrumbado por las derrotas sufridas en las semanas precedentes, pero eso no significaba que la Revolución hubiese triunfado. Llama por último a decir «no» al golpe de Estado.

RAÚL

El Comandante Raúl Castro organizaba en el central Ermita el ataque a Guantánamo cuando se entera de la huida de Batista. Parte enseguida a reunirse con Fidel. Juntos van a los Altos de Villalón, punto cercano a los Altos de El Escandel. El coronel Rego Rubido, jefe de la plaza militar de Santiago, con 5 000 hombres a su mando, se entrevista con Fidel. Quiere rendirse, pero no sabe, afirma, la posición que asumirían sus oficiales. Raúl se ofrece para acompañarlo al Moncada y convencer al regimiento de lo absurdo que resultaría resistir. Vilma quiere acompañarlo, pero Raúl se niega y se presenta en el cuartel solo con una escolta. Entra por la posta 1 y encuentra al regimiento formado en el polígono. Conversa con los oficiales. Luego, a pedido de estos, habla a la tropa. Dice que la guerra entre hermanos ha terminado. Invita a los jefes principales a que lo acompañen a El Escandel para que conversen con Fidel.

La Revolución ha logrado su objetivo. La guarnición de Santiago y el regimiento destacado en el Moncada acataban a las nuevas autoridades. En El Escandel, Fidel pide a los oficiales que apoyen la Revolución y acogen sus palabras con aplausos. Todos los cuarteles de Oriente quedan bajo control del Ejército Rebelde. El país está paralizado de un extremo a otro por la huelga general y las estaciones radiales en cadena con Radio Rebelde transmiten las instrucciones del mando revolucionario. En menos de 72 horas el Ejército Rebelde toma todas las ciudades, ocupa unas 100 000 armas y todos los equipos militares de aire, mar y tierra.

Fidel designa jefe de la fortaleza de la Cabaña al Comandante Ernesto Guevara, y de Columbia al Comandante Camilo Cienfuegos. El Comandante Raúl Castro, investido jefe de Santiago y de toda la provincia oriental. Allí estará hasta el 9 de febrero, cuando Fidel lo nombra segundo jefe militar de la nación.

La Revolución había triunfado. Una estrategia clara y una voluntad de hierro multiplicadas por el entusiasmo y el apoyo incondicional de la población fueron factores decisivos de la victoria.

Rememora La Habana entrada de la Caravana de la Libertad ( Fotos)

 

2018-01-08 18:40:55 / web@radiorebelde.icrt.cu / Carlos Serpa Maceira

Rememora La Habana entrada de la Caravana de la Libertad
Fotos: Sergei Montalvo Aróstegui

La población capitalina vitoreó este lunes a los jóvenes que rememoraron la Caravana de la Libertad que arribó a La Habana en recordación de la travesía llevada a cabo en enero de 1959 por el Ejército Rebelde encabezado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Luego de su periplo por varias provincias del país, proveniente de Mayabeque, los caravanistas fueron recibidos en la Carretera Central en los límites del municipio Cotorro con Mayabeque.

Rememora La Habana entrada de la Caravana de la Libertad

Una representación de combatientes de la columna No. 1 José Martí del Ejército Rebelde que comandara Fidel durante la guerra de Liberación Nacional contra la dictadura pro imperialista de Fulgencio Batista, acompañaron a la caravana en el recorrido de 38 km hacia la ciudad de La Habana.

La Caravana de la Libertad fue recibida con un acto político cultural en la cervecería Guido Pérez, del municipio Cotorro, sitio donde el Líder Histórico de la Revolución hizo una parada y compartió con el pueblo aquel 8 de enero de 1959 en su recorrido hacia la capital.

Rememora La Habana entrada de la Caravana de la Libertad

En señal de respeto y admiración por el Ejército Rebelde que hace 59 años entró invicto a La Habana con Fidel al frente, el pueblo en las calles de San Miguel del Padrón, La Virgen del Camino, La Avenida del Puerto, la céntrica calle 23 de la barriada del Vedado y Marianao reafirmaron el compromiso de no dejar caer la bandera enarbolada por la Dirección Histórica de la Revolución.

Rememora La Habana entrada de la Caravana de la Libertad
Foto: Carlos Serpa Maceira

La Caravana culminó su recorrido en Ciudad Libertad, otrora Campamento Militar de Columbia donde se efectuó un acto político cultural con la presencia de Mercedes López Acea, integrante del Buró Político Vicepresidenta del Consejo de Estado y primera secretaria del Partido en la capital.

Rememora La Habana entrada de la Caravana de la Libertad
Foto: Carlos Serpa Maceira

Jóvenes destacados por su trayectoria recibieron el carnet de militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas, UJC.

Rememora La Habana entrada de la Caravana de la Libertad
Foto: Carlos Serpa Maceira

8 de Enero de 1959: Lo primero que dijo Fidel al entrar en La Habana

En Columbia, hoy Ciudad Escolar Libertad, el 8 de enero de 1959. 

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En Columbia, hoy Ciudad Escolar Libertad, el 8 de enero de 1959. Foto: Archivo

Compatriotas:

Yo sé que al hablar esta noche aquí se me presenta una de las obligaciones más difíciles, quizás, en este largo proceso de lucha que se inició en Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956.

El pueblo escucha, escuchan los combatientes revolucionarios, y escuchan los soldados del Ejército, cuyo destino está en nuestras manos.

Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada.  La alegría es inmensa.  Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía.

No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil.

Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario.  Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias, y estimo que al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo.

¿Cómo ganó la guerra el Ejército Rebelde?  Diciendo la verdad.  ¿Cómo perdió la guerra la tiranía?  Engañando a los soldados.

Cuando nosotros teníamos un revés, lo declarábamos por “Radio Rebelde”, censurábamos los errores de cualquier oficial que lo hubiese cometido, y advertíamos a todos los compañeros para que no le fuese a ocurrir lo mismo a cualquier otra tropa.  No sucedía así con las compañías del Ejército.  Distintas tropas caían en los mismos errores, porque a los oficiales y a los soldados jamás se les decía la verdad.

Y por eso yo quiero empezar —o, mejor dicho, seguir— con el mismo sistema: el de decirle siempre al pueblo la verdad.

Se ha andado un trecho, quizás un paso de avance considerable.  Aquí estamos en la capital, aquí estamos en Columbia, parecen victoriosas las fuerzas revolucionarias; el gobierno está constituido, reconocido por numerosos países del mundo, al parecer se ha conquistado la paz; y, sin embargo, no debemos estar optimistas.  Mientras el pueblo reía hoy, mientras el pueblo se alegraba, nosotros nos preocupábamos; y mientras más extraordinaria era la multitud que acudía a recibirnos, y mientras más extraordinario era el júbilo del pueblo, más grande era nuestra preocupación, porque más grande era también nuestra responsabilidad ante la historia y ante el pueblo de Cuba.

La Revolución tiene ya enfrente un ejército de zafarrancho de combate.  ¿Quiénes pueden ser hoy o en lo adelante los enemigos de la Revolución?  ¿Quiénes pueden ser ante este pueblo victorioso, en lo adelante, los enemigos de la Revolución?  Los peores enemigos que en lo adelante pueda tener la Revolución Cubana somos los propios revolucionarios.

Es lo que siempre les decía yo a los combatientes rebeldes:  cuando no tengamos delante al enemigo, cuando la guerra haya concluido, los únicos enemigos de la Revolución podemos ser nosotros mismos, y por eso decía siempre, y digo, que con el soldado rebelde seremos más rigurosos que con nadie, que con el soldado rebelde seremos más exigentes que con nadie, porque de ellos dependerá que la Revolución triunfe o fracase.

Hay muchas clases de revolucionarios.  De revolución hemos estado oyendo hablar hace mucho tiempo; hasta el 10 de marzo se dijo que habían hecho una revolución, e invocaban la palabra revolución, y todo era revolucionario; a los soldados los reunían aquí y hablaban de “la Revolución del 10 de marzo”  (RISAS).

De revolucionarios hemos estado oyendo hablar mucho tiempo.  Yo recuerdo mis primeras impresiones del revolucionario, hasta que el estudio y alguna madurez me dieron nociones de lo que era realmente una revolución y de lo que era realmente un revolucionario.  Las primeras impresiones del revolucionario las escuchábamos nosotros de niño, y oíamos decir:  “Fulano fue revolucionario, estuvo en tal combate, o en tal operación, o puso bombas”, “Mengano era revolucionario…”, incluso se creó una casta de revolucionarios, y entonces había revolucionarios que querían vivir de la revolución, querían vivir a título de haber sido revolucionarios, de haber puesto una bomba o dos bombas; y es posible que los que más hablaban eran los que menos habían hecho.  Pero, es lo cierto que acudían a los ministerios a buscar puestos, a vivir de parásitos, a cobrar el precio de lo que habían hecho en aquel momento, por una revolución que desgraciadamente no llegó a realizarse, porque estimo que la primera que parece que tiene mayores posibilidades de realizarse es la Revolución actual, si nosotros no la echamos a perder… (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”  Y APLAUSOS).

El revolucionario aquel de mis primeras impresiones de niño andaba con una pistola 45 en la cintura, y quería vivir por sus respetos; había que temerle:  era capaz de matar a cualquiera; llegaba a los despachos de los altos funcionarios con aire de hombre al que había que oír; y en realidad se preguntaba uno:

¿Dónde está la revolución que esta gente hizo, estos revolucionarios?  Porque no hubo revolución, y hubo muy pocos revolucionarios.

Lo primero que tenemos que preguntarnos los que hemos hecho esta Revolución es con qué intenciones la hicimos; si en alguno de nosotros se ocultaba una ambición, un afán de mando, un propósito innoble; si en cada uno de los combatientes de esta Revolución había un idealista o con el pretexto del idealismo se perseguían otros fines; si hicimos esta Revolución pensando que apenas la tiranía fuese derrocada íbamos a disfrutar de los gajes del poder; si cada uno de nosotros se iba a montar en una “cola de pato”, si cada uno de nosotros iba a vivir como un rey, si cada uno de nosotros iba a tener un palacete, y en lo adelante para nosotros la vida sería un paseo, puesto que para eso habíamos sido revolucionarios y habíamos derrocado la tiranía; si lo que estábamos pensando era quitar a unos ministros para poner otros, si lo que estábamos pensando simplemente era quitar unos hombres para poner otros hombres; o si en cada uno de nosotros había verdadero desinterés, si en cada uno de nosotros había verdadero espíritu de sacrificio, si en cada uno de nosotros había el propósito de darlo todo a cambio de nada, y si de antemano estábamos dispuestos a renunciar a todo lo que no fuese seguir cumpliendo sacrificadamente con el deber de sinceros revolucionarios (APLAUSOS PROLONGADOS).  Esa pregunta hay que hacérsela, porque de nuestro examen de conciencia puede depender mucho el destino futuro de Cuba, de nosotros y del pueblo.

Cuando yo oigo hablar de columnas, cuando oigo hablar de frentes de combate, cuando oigo hablar de tropas más o menos numerosas, yo siempre pienso:  he aquí nuestra más firme columna, nuestra mejor tropa, la única tropa que es capaz de ganar sola la guerra:  ¡Esa tropa es el pueblo!  (APLAUSOS.)

Más que el pueblo no puede ningún general; más que el pueblo no puede ningún ejército.  Si a mí me preguntaran qué tropa prefiero mandar, yo diría:  prefiero mandar al pueblo (APLAUSOS), porque el pueblo es invencible.  Y el pueblo fue quien ganó esta guerra, porque nosotros no teníamos tanques, nosotros no teníamos aviones, nosotros no teníamos cañones, nosotros no teníamos academias militares, nosotros no teníamos campos de reclutamiento y de entrenamiento, nosotros no teníamos divisiones, ni regimientos, ni compañías, ni pelotones, ni escuadras siquiera

(APLAUSOS PROLONGADOS).

Luego, ¿quién ganó la guerra?  El pueblo, el pueblo ganó la guerra.  Esta guerra no la ganó nadie más que el pueblo —y lo digo por si alguien cree que la ganó él, o por si alguna tropa cree que la ganó ella (APLAUSOS).  Y por lo tanto, antes que nada está el pueblo.

Pero hay algo más:  la Revolución no me interesa a mí como persona, ni a otro comandante como persona, ni al otro capitán, ni a la otra columna, ni a la otra compañía; la Revolución al que le interesa es al pueblo (APLAUSOS).

Quien gana o pierde con ella es el pueblo.  Si el pueblo fue quien sufrió los horrores de estos siete años, el pueblo es quien tiene que preguntarse si dentro de 10 o dentro de 15, o de 20 años, él, y sus hijos, y sus nietos, van a seguir sufriendo los horrores que ha estado sufriendo desde su inicio la República de Cuba, coronada con dictaduras como las de Machado y las de Batista (APLAUSOS PROLONGADOS).

Al pueblo le interesa mucho si nosotros vamos a hacer bien hecha esta Revolución o si nosotros vamos a incurrir en los mismos errores en que incurrió la revolución anterior, o la anterior, o la anterior, y en consecuencia vamos a sufrir las consecuencias de nuestros errores, porque no hay error sin consecuencias para el pueblo; no hay error político que no se pague, más tarde o más temprano.

Circunstancias hay que no son las mismas.  Por ejemplo, estimo que en esta ocasión existe más oportunidad que nunca de que en realidad la Revolución cumpla su destino cabalmente.  Es quizás por eso que sea tan grande el júbilo del pueblo, olvidándose un poco de lo mucho que hay que bregar todavía.

Una de las ansias mayores de la nación, consecuencia de los horrores padecidos, por la represión y por la guerra, era el ansia de paz, de paz con libertad, de paz con justicia, y de paz con derechos.  Nadie quería la paz a otro precio, porque Batista hablaba de paz, hablaba de orden, y esa paz no la quería nadie, porque hubiese sido la paz a costa del sometimiento.

Tiene hoy el pueblo la paz como la quería:  una paz sin dictadura, una paz sin crimen, una paz sin censura, una paz sin persecución (APLAUSOS PROLONGADOS).

Es posible que la alegría mayor en este instante sea la alegría de las madres cubanas.  Madres de soldados o madres de revolucionarios, madres de cualquier ciudadano, hoy experimentan la sensación de que sus hijos, al fin, están fuera de peligro (APLAUSOS).

El crimen más grande que pueda cometerse hoy en Cuba, repito, el crimen más grande que pueda hoy cometerse en Cuba sería un crimen contra la paz.  Lo que no perdonaría hoy nadie en Cuba sería que alguien conspirase contra la paz (APLAUSOS).

Todo el que haga hoy algo contra la paz de Cuba, todo el que haga hoy algo que ponga en peligro la tranquilidad y la felicidad de millones de madres cubanas, es un criminal y es un traidor (APLAUSOS).  Quien no esté dispuesto a renunciar a algo por la paz, quien no esté dispuesto a renunciarlo todo por la paz en esta hora, es un criminal y es un traidor (APLAUSOS).

Como pienso así, yo digo y yo juro ante mis compatriotas que si cualquiera de mis compañeros, o nuestro movimiento, o yo, fuésemos el menor obstáculo a la paz de Cuba, desde ahora mismo el pueblo puede disponer de todos nosotros y decirnos lo que tenemos que hacer (APLAUSOS).  Porque soy un hombre que sabe renunciar, porque lo he demostrado más de una vez en mi vida, porque eso he enseñado a mis compañeros, tengo moral y me siento con fuerza y autoridad suficientes para hablar en un instante como este (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Viva Fidel Castro!”).

Y a los primeros que tengo que hablarles así es a los revolucionarios; y si fuere preciso, o mejor dicho, porque es preciso decirlo a tiempo.

No está tan lejana aquella década que siguió a la caída de Machado; quizás uno de los males más grandes de aquella lucha fue la proliferación de los grupos revolucionarios, que no tardaron en entrarse a tiros los unos a los otros (APLAUSOS).  Y en consecuencia lo que pasó fue que vino Batista y se quedó 11 años con el poder.

Cuando el Movimiento 26 de Julio se organizó, incluso cuando iniciamos esta guerra, yo consideré que si bien eran muy grandes los sacrificios que estábamos haciendo, que si bien la lucha iba a ser muy larga, y lo ha sido, porque ha durado más de dos años, dos años que no fueron para nosotros un paseo, dos años de duro batallar, desde que reiniciamos la campaña con un puñado de hombres, hasta que hemos llegado a la capital de la República a pesar de los sacrificios que teníamos por delante, nos tranquilizaba, sin embargo, una idea:  era evidente que el Movimiento 26 de Julio contaba con la inmensa mayoría del respaldo y de la simpatía popular (APLAUSOS); era evidente que el Movimiento 26 de Julio contaba con el respaldo casi unánime de la juventud cubana (APLAUSOS).  Parecía que esta vez una organización grande y fuerte iba a recoger las inquietudes de nuestro pueblo y las terribles consecuencias de la proliferación de organizaciones revolucionarias no se iba a presentar en este proceso.

Creo que todos debimos estar desde el primer momento en una sola organización revolucionaria:  la nuestra o la de otro, el 26, el 27 o el 50, en la que fuese, porque, si al fin y al cabo éramos los mismos los que luchábamos en la Sierra Maestra que los que luchábamos en el Escambray, o en Pinar del Río, y hombres jóvenes, y hombres con los mismos ideales, ¿por qué tenía que haber media docena de organizaciones revolucionarias?  (APLAUSOS.)

La nuestra, simplemente fue la primera; la nuestra, simplemente fue la que libró la primera batalla en el Moncada, la que desembarcó en el “Granma” el 2 de diciembre (APLAUSOS), y la que luchó sola durante más de un año contra toda la fuerza de la tiranía (APLAUSOS); la que cuando no tenía más que 12 hombres, mantuvo enhiesta la bandera de la rebeldía, la que enseñó al pueblo que se podía pelear y se podía vencer, la que destruyó todas las falsas hipótesis sobre revolución que habían en Cuba.  Porque aquí todo el mundo estaba conspirando con el cabo, con el sargento, o metiendo armas en La Habana, que se las cogía la policía (APLAUSOS), hasta que vinimos nosotros y demostramos que esa no era la lucha, que la lucha tenía que ser otra, que había que inventar una nueva táctica y una nueva estrategia, que fue la táctica y la estrategia que nosotros pusimos en práctica y que condujo al más extraordinario triunfo que ha tenido en su historia el pueblo de Cuba (APLAUSOS).

Y yo quiero que honradamente el pueblo me diga si esto es o no es verdad (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”)

Hay, además, otra cuestión de hecho:  el Movimiento 26 de Julio era la organización absolutamente mayoritaria, ¿es o no es verdad?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”)  Y, ¿cómo terminó la lucha?  Lo voy a decir:  el Ejército Rebelde, que es el nombre de nuestro ejército, del que se inició en la Sierra Maestra, al caerse la tiranía tenía tomado todo Oriente, todo Camagüey, parte de Las Villas, todo Matanzas, La Cabaña, Columbia, la Jefatura de la Policía y Pinar del Río (APLAUSOS).

Terminó la lucha de acuerdo con la correlación de fuerzas que había, porque por algo las columnas nuestras atravesaron las llanuras de Camagüey, perseguidas por miles de soldados y por la aviación, y llegaron a Las Villas; y porque el Ejército Rebelde tenía al comandante Camilo Cienfuegos (APLAUSOS PROLONGADOS), en Las Villas, y porque tenía al comandante Ernesto Guevara en Las Villas (APLAUSOS PROLONGADOS) el día 1º de Enero, a raíz de la traición de Cantillo (EXCLAMACIONES DE:  “¡Fuera!”)…

Porque los tenía allí, digo, el día Primero le pude dar la orden al comandante Camilo Cienfuegos de que avanzara con 500 hombres sobre la capital y atacara Columbia (APLAUSOS); porque tenía al comandante Ernesto Guevara en Las Villas, pude decirle que avanzara sobre la capital y se apoderara de La Cabaña (APLAUSOS).

Todos los regimientos, todas las fortalezas militares de importancia, quedaron en poder del Ejército Rebelde, y esas no nos las dio nadie, no es que nadie dijera:  “Vete para allí, vete para allí, vete para allí”; fue nuestro esfuerzo y nuestro sacrificio, nuestra experiencia y nuestra organización, lo que condujo a esos resultados

(APLAUSOS).

¿Quiere decir que los otros no hayan luchado?  No.  ¿Quiere decir que los otros no tengan méritos?  No.  Porque todos hemos luchado, porque ha luchado todo el pueblo.  En La Habana no había ninguna Sierra, pero hay cientos de muertos, de compañeros que cayeron asesinados por cumplir con sus deberes revolucionarios.  En La Habana no había ninguna Sierra y, sin embargo, la huelga general fue un factor decisivo para que el triunfo de la Revolución fuera completo (APLAUSOS).

Al decir esto, lo único que hago es poner las cosas en su sitio, el papel del Movimiento 26 de Julio en esta lucha, cómo guió al pueblo, en aquellos momentos en que aquí se hablaba de elecciones y de electoralismo.  Tuve que escribir un artículo una vez desde México, que se titulaba:  “Frente a todos”, porque realmente estábamos contra todas las opiniones, defendiendo nuestra tesis revolucionaria, la estrategia de esta Revolución, que la trazó el 26 de Julio, y la culminación de esta Revolución, que fue la derrota aplastante de la tiranía, en manos sus fortalezas más importantes de las fuerzas del Ejército Rebelde, organizado por el Movimiento 26 de Julio.

No solo trazó las pautas en la guerra el Movimiento 26 de Julio, sino que además enseñó cómo había que tratar al enemigo en la guerra.  Ha sido esta quizás en el mundo la primera revolución donde jamás se asesinó a un prisionero de guerra (APLAUSOS PROLONGADOS); donde jamás se abandonó a un herido, donde jamás se torturó a un hombre (APLAUSOS); porque esta pauta fue la que trazó el Ejército Rebelde.        Y algo más: esta es la única revolución en el mundo donde no ha salido un general (APLAUSOS), ni un coronel siquiera, porque el grado que me puse yo o me pusieron mis compañeros, fue el de comandante, y no me lo he cambiado, a pesar de que hemos ganado muchas batallas y hemos ganado una guerra; sigo siendo comandante, y no quiero otro grado (APLAUSOS).

Y el efecto moral, el hecho de que los que iniciamos esta guerra hubiésemos determinado una gradación determinada en la jerarquía militar, hizo que nadie se atreviera a ponerse aquí más grados que los de comandante —aunque haya más comandantes de la cuenta, a juzgar por lo que parece.

Creo que el pueblo esté de acuerdo en que hable claro, porque haber luchado como he luchado por los derechos de cada ciudadano, me otorga aunque sea el derecho a decir la verdad en voz alta (APLAUSOS).  Y, además, porque estando de por medio los intereses de la patria, no transijo absolutamente con la menor contemporización con los riesgos que puedan sobrevenir a la Revolución Cubana (APLAUSOS).

¿Tienen todos la misma autoridad moral para hablar?  Yo digo que el que tenga más méritos tiene más autoridad para hablar que el que tenga menos méritos.  Creo que para que los hombres se igualen en prerrogativas morales, tienen que igualarse primero en méritos.  Creo que la Revolución ha terminado como debía, cuando el comandante Camilo Cienfuegos —veterano de dos años y un mes de lucha—(APLAUSOS), es el jefe de Columbia; cuando el comandante EfigenioAmeijeiras, que ha perdido tres hermanos en esta guerra y es veterano del “Granma” y comandante por las batallas que ha librado (APLAUSOS), es jefe de la policía de la República, y cuando el comandante Ernesto Guevara —héroe verdadero, expedicionario del “Granma” y veterano de dos años y un mes de lucha en las montañas más altas y más ásperas de Cuba—, es el jefe de La Cabaña (APLAUSOS); y cuando al frente de cada regimiento en las distintas provincias hemos puesto a los hombres que más se han sacrificado y más han luchado en esta Revolución.  Y si eso es así, nadie tiene derecho a ponerse bravo.

Antes que nada ríndase culto al mérito, porque el que no le rinde culto al mérito no es más que un ambicioso (APLAUSOS); el que sin tener los méritos de otros quiere en cambio tener las prerrogativas de otros.

Ahora la República, o la Revolución, entra en una nueva fase.  ¿Sería justo que la ambición o los personalismos viniesen aquí a poner en peligro el destino de la Revolución?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  ¿Qué es lo que le interesa al pueblo, porque el pueblo es quien tiene que decir aquí la última palabra?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Libertad!”, “¡Libertad!”)  Le interesa, en primer lugar, las libertades, los derechos que le arrebataron, y la paz.  Y los tiene, porque en estos instantes tiene todas las libertades, todos los derechos, que le arrebató la tiranía, y tiene la paz (APLAUSOS).

¿Qué le interesa al pueblo?  Un gobierno honrado.  ¿No es un gobierno honrado lo que le interesa al pueblo?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”)  Ahí lo tiene:  a un magistrado honorable de Presidente de la República (APLAUSOS).  ¿Qué le interesa, que hombres jóvenes y limpios sean los ministros del Gobierno Revolucionario?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”)  Ahí los tienen:  analicen uno por uno los ministros del Gobierno Revolucionario, y díganme si hay ahí un ladrón, o un criminal, o un sinvergüenza  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).

Son muchos los hombres que pueden ser ministros en Cuba por su honradez y su capacidad, pero todos no pueden ser ministros, porque los ministros pueden ser 14, 15 ó 16.  Y aquí no le importa al pueblo que “Don Fulano” o “Don Mengano” sea, sino que el que sea, sea un hombre joven y un hombre honrado (APLAUSOS).  Y aquí lo que importa es que los que han sido designados reúnan esas cualidades, no que no esté Fulano o no esté Mengano, porque los menganos y los fulanos importan un bledo en este momento a la Revolución y a la República (APLAUSOS).

¿Puede alguien, por no ser ministro, intentar ensangrentar este país?

(EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  ¿Puede algún grupo, por el hecho de que no le hayan dado tres o cuatro ministerios, ensangrentar este país, y perturbar la paz?

(EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  Si el equipo gobernante que en este momento tiene el pueblo de Cuba no sirve, tiempo tendrá el pueblo de botarlo, pero no de votarlo en las urnas, sino de botarlo en unas elecciones (APLAUSOS).  Este no es el caso de que si no fuera idóneo el equipo gobernante, fuera nadie aquí a hacer una revolución o un golpe de Estado para quitarlo, cuando todo el mundo sabe que va a haber unas elecciones y si no sirve, el pueblo se encargará de decir la última palabra libremente; no hacer lo que hizo Batista, que a 80 días de unas elecciones, porque decía que estaba combatiendo a tal gobierno, y hacía una serie de imputaciones contra ese gobierno, decir que él lo tenía que quitar y que eso era lo patriota, porque aquí se acabaron para siempre los golpes de Estado y los atentados contra la Constitución y el Derecho (APLAUSOS).

Es necesario hablar así, para que no surja la demagogia y el confusionismo y el divisionismo y que el primero que asome las orejas de la ambición, el pueblo lo conozca (APLAUSOS).  Y por mi parte les digo que como al que quiero mandar es al pueblo, porque es la mejor tropa y que prefiero al pueblo que a todas las columnas armadas juntas, les digo que lo primero que haré siempre, cuando vea en peligro la Revolución, es llamar al pueblo (APLAUSOS).  Porque hablándole al pueblo nos podemos ahorrar sangre; porque aquí, antes de tirar un tiro, hay que llamar mil veces al pueblo y hablarle al pueblo para que el pueblo, sin tiros, resuelva los problemas.

Yo, que tengo fe en el pueblo, y lo he demostrado, y sé lo que puede el pueblo, y creo que lo he demostrado, les digo que si el pueblo quiere aquí no vuelve a sonar nunca más un tiro en este país (APLAUSOS).  Porque la opinión pública tiene una fuerza extraordinaria y tiene una influencia extraordinaria, sobre todo cuando no hay dictadura.  En la época de dictadura la opinión pública no es nada, pero en la época de la libertad la opinión pública lo es todo, y los fusiles se tienen que doblegar y arrodillar ante la opinión pública (APLAUSOS).  ¿Voy bien, Camilo?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Viva Camilo!”)

Le hablo al pueblo en esta forma porque siempre me ha gustado prever, y creo que hablándole previsoramente al pueblo la Revolución puede evitar los únicos peligros que le quedan por delante; y yo les diré que no son tan grandes, pero sí quisiera que para que la Revolución se consolidara, no hubiera que derramar una sola gota más de sangre cubana (APLAUSOS).

Mi gran preocupación es que en el extranjero, donde esta Revolución es la admiración del mundo entero, no tenga que decirse dentro de tres semanas, o cuatro semanas, o un mes, o una semana, que aquí se volvió a derramar sangre cubana para consolidar esta Revolución, porque entonces no sería ejemplo esta Revolución (APLAUSOS).

No hubiera hablado yo así cuando nosotros éramos un grupo de 12 hombres, porque cuando éramos un grupo de 12 hombres todo lo que teníamos por delante era pelear, pelear y pelear, y había mérito en combatir en esas circunstancias; pero hoy, que nosotros tenemos los aviones, los tanques, los cañones y la inmensa mayoría de los hombres armados, la marina de guerra, numerosas compañías del ejército y un poder enorme en el orden militar (EXCLAMACIONES DE:  “¡Y el pueblo!”, “¡Y el pueblo!”)  Pueblo…  voy a la idea que les quería decir:  hoy que tenemos todo eso, me preocupa mucho ver combatir, porque así no hay mérito en combatir; preferiría irme a la Sierra Maestra otra vez, con 12 hombres, a pelear contra todos los tanques, a venir con todos los tanques a tirarle un tiro a nadie aquí (APLAUSOS).

Y a quien le pido que nos ayude mucho, al que le pido de corazón que me ayude, es al pueblo (APLAUSOS), a la opinión pública, para desarmar a los ambiciosos, para condenar de antemano a los que desde ahora están empezando a asomar las orejas (APLAUSOS).

Yo no voy a extenderme hoy en ataques de tipo personal o específico, porque es muy reciente y demasiado pronto para entrar en polémicas públicas —aunque cuando haya que entrar, no me importa, porque tengo la frente alta y estoy dispuesto a discutir con la verdad cuando sea necesario—, porque hay una alegría muy grande en el pueblo, y porque en la masa de los combatientes, no voy a decir que en todos sus líderes, aunque sí en la mayor parte de los líderes, porque en la mayor parte de los líderes —y ahí está Carlos PríoSocarrás como ejemplo, que ha venido a Cuba en una actitud de ayudar a la Revolución incondicionalmente, como dice, y no aspirar absolutamente a nada— (APLAUSOS); no ha protestado del hecho, no ha protestado absolutamente nada, no ha mostrado la menor queja, ni la menor inconformidad por el gabinete, sabe que hay un gabinete de hombres honrados y de hombres jóvenes, que bien merece que se le otorgue un voto de confianza para trabajar.

Y ahí están los dirigentes de otras organizaciones, en la misma disposición.  Y también hay una cosa:  las masas de los combatientes, los hombres que pelearon y que no se guían más que por ideales, los hombres que combatieron, de todas las organizaciones, esos están en una postura muy patriótica y son de sentimientos muy revolucionarios y muy nobles, pues pensarán siempre como piensa el pueblo, porque yo estoy seguro de que el que trate de ponerse con la locura de tratar de provocar una guerra civil, va a tener la condenación del pueblo entero (APLAUSOS), y el abandono de los combatientes de fila, que no lo seguirán.  Y hay que estar verdaderamente loco para retar, no solo a la fuerza en las condiciones en que la tenemos hoy, sino a la razón, al derecho de la patria y al pueblo entero de Cuba (APLAUSOS).

Y todo esto lo digo, porque quiero hacerle una pregunta al pueblo; quiero hacerle una pregunta al pueblo que me interesa mucho, y le interesa mucho al pueblo, que la responda:  ¿Para qué estar almacenando armas clandestinamente en estos momentos?

¿Para qué estar escondiendo armas en distintos lugares de la capital?  ¿Para qué estar contrabandeando armas en estos momentos?  ¿Para qué?  Y yo les digo que hay elementos de determinada organización revolucionaria que están escondiendo armas (EXCLAMACIONES DE:  “¡A buscarlas!), que están almacenando armas, y que están contrabandeando armas.  Todas las armas que agarró el Ejército Rebelde están en los cuarteles, que de ahí no se ha tocado una sola, no se las ha llevado nadie para su casa, ni las ha escondido; están en los cuarteles, bajo llave; lo mismo en Pinar del Río, que en La Cabaña, que en Columbia, que en Matanzas, que en Santa Clara, que en Camagüey y que en Oriente; no se han cargado camiones con armas para esconderlos en ninguna parte, porque esas armas deben estar en los cuarteles.

Les voy a hacer una pregunta, porque hablando claro y analizando los problemas es como se resuelven, y yo estoy dispuesto a hacer lo que esté al alcance de mi mano por resolverlos como se deben resolver:  con la razón y la inteligencia, y con la influencia de la opinión pública, que es la que manda, no con la fuerza; porque si fuera a creer en la fuerza, que tenía que resolverse con la fuerza, no habría que hablar con el pueblo, ni plantearle este problema, sino ir a buscar las armas esas (APLAUSOS).

Y lo que hay que buscar aquí es que los combatientes revolucionarios, los hombres idealistas, que pueden ser engañados con esa maniobra, abandonen a los falsos lidercillos que están en esa postura y vengan a ponerse al lado del pueblo, que es al que tienen que servir antes que nada.

Yo les voy a hacer una pregunta:  ¿Armas para qué?, ¿para luchar contra quién?, ¿contra el Gobierno Revolucionario, que tiene el apoyo de todo el pueblo?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  ¿Es acaso lo mismo el magistrado Urrutia gobernando la República que Batista gobernando la República?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  ¿Armas para qué?, ¿hay dictadura aquí?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  ¿Van a pelear contra un gobierno libre, que respeta los derechos del pueblo?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”), ¿ahora que no hay censura, y que la prensa es enteramente libre, más libre de lo que ha sido nunca, y tiene además la seguridad de que lo seguirá siendo para siempre, sin que vuelva a haber censura aquí?  (APLAUSOS), ¿hoy, que todo el pueblo puede reunirse libremente?, ¿hoy, que no hay torturas, ni presos políticos, ni asesinatos, ni terror?, ¿hoy que no hay más que alegría, que todos los líderes traidores han sido destituidos en los sindicatos, y que se va a convocar inmediatamente a elecciones en todos los sindicatos?  (APLAUSOS.)  Cuando todos los derechos del ciudadano han sido restablecidos, cuando se va a convocar a unas elecciones en el más breve plazo de tiempo posible, ¿armas, para qué?, ¿esconder armas, para qué?  ¿Para chantajear al Presidente de la República?, ¿para amenazar aquí con quebrantar la paz?, ¿para crear organizaciones de gánsteres?  ¿Es que vamos a volver al gangsterismo?, ¿es que vamos a volver al tiroteo diario por las calles de la capital?  ¿Armas, para qué?

Pues yo les digo a ustedes que hace dos días elementos de determinada organización fueron a un cuartel, que era el cuartel San Antonio, cuartel que estaba bajo la jurisdicción del comandante Camilo Cienfuegos y bajo la jurisdicción mía, como Comandante en Jefe de todas las fuerzas, y las armas que estaban recogidas allí se las llevaron, se llevaron 500 armas y 6 ametralladoras y 80 000 balas (EXCLAMACIONES DE: “¡A buscarlas!”).

Y honradamente les digo que no se pudo haber cometido provocación peor.  Porque hacerles eso a hombres que han sabido pelear aquí por el país durante dos años, a hombres que hoy están responsabilizados con la paz del país y quieren hacer las cosas bien hechas, es una canallada y es una provocación injustificable.

Y lo que hemos hecho nosotros no es ir a buscar los fusiles esos; porque, precisamente —lo que les decía antes— lo que querernos es hablar con el pueblo, utilizar la influencia de la opinión pública, para que los lidercillos que andan detrás de esas maniobras criminales, se queden sin tropa.  Para que los combatientes idealistas —y los hombres que han combatido en cada organización aquí son verdaderos idealistas—, lo sepan, para que exijan responsabilidad por esos hechos.

Y es por eso que nosotros no nos hemos dejado ni provocar, los hemos dejado tan tranquilos por ese robo de armas, robo injustificado, porque aquí no hay dictadura y nadie tema que nosotros nos vayamos a convertir en dictadores, y les voy a decir por qué, se los voy a decir:  se convierte en dictador el que no tiene al pueblo y tiene que acudir a la fuerza, porque no tiene votos el día que tenga que aspirar (APLAUSOS).  No nos podemos convertir en dictadores los hombres que hemos visto tanto cariño en el pueblo, un cariño unánime, total y absoluto en el pueblo; aparte de nuestros principios, porque jamás incurriremos en la grosería de ostentar por la fuerza una posición, porque repugnamos eso, que por algo hemos sido los abanderados de esta lucha contra la asquerosa y repugnante tiranía (APLAUSOS).

Nosotros jamás necesitaremos de la fuerza, porque tenemos el pueblo, y además porque el día que el pueblo nos ponga mala cara, nada más nos ponga mala cara, nos vamos (APLAUSOS).  Porque entendemos esto corno un deber, no corno un placer; entendernos esto como un trabajo, que por algo ni dormimos, ni descansamos, ni comemos, recorriendo la isla y trabajando honradamente por servir a nuestro país; que por algo no tenemos nada, y por algo seremos siempre hombres que no tendremos nada (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Tienes al pueblo!”).  Y jamás nos verá el pueblo con una inmoralidad, ni concediendo un privilegio a nadie, ni tolerando una injusticia, ni robando, ni enriqueciéndonos, ni cosas por el estilo; porque el poder lo concebimos como un sacrificio, y créanme que si no fuera así, después de todas las muestras de cariño que yo he recibido del pueblo, de toda esa manifestación apoteósica de hoy, si no fuera un deber el que uno tiene que cumplir, lo mejor era irse, retirarse, o morirse; porque después de tanto cariño y de tanta fe, ¡miedo da el no poder cumplir como uno tiene que cumplir con este pueblo!  (APLAUSOS PROLONGADOS.)

Y si no fuera por ese deber, si no fuera por ese deber —lo digo— lo que yo haría sería despedirme del pueblo, y quedar siempre con el cariño que tengo hoy, y que me llamen con las mismas frases de aliento con que me han llamado hoy.
Sin embargo, yo sé que el poder es una tarea ardua, complicada, que las misiones y las tareas de nosotros como este mismo problema que se nos presenta, realmente es un problema difícil y está lleno de amarguras, y lo afronta uno porque lo único que uno no le va a decir al pueblo en esta hora es:  “Me voy.”  (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva el padre de la patria!”  SEGUIDO DE UNA OVACION CERRADA.)

Además, por otra razón no nos interesa la fuerza:  porque el día que alguien se alzara aquí con la fuerza, y yo me atrevería a llamar al peor enemigo y al que menos simpatizara conmigo, si estuviera dispuesto a cumplir con el pueblo, y le diría:  “Mire, tome todas esas fuerzas, todas esas tropas y todas esas armas”, y me quedaría tan tranquilo, porque sé que el día que se alzara con la fuerza, me iba yo otra vez para la Sierra Maestra e íbamos a ver cuánto duraba la dictadura esa ahí en el poder (APLAUSOS).

Yo creo que son razones más que suficientes para que todo el mundo crea que a nosotros no nos interesa controlar ningún poder por la fuerza.

El Presidente de la República me ha encomendado la más     espinosa de todas las tareas, la tarea de reorganizar los institutos  armados de la República y me ha asignado el cargo de Comandante en Jefe de todas las fuerzas de aire, mar y tierra de la nación (APLAUSOS    Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Te lo mereces!”).  No, no me lo merezco, porque eso es un sacrificio para mí, y en definitiva para mí eso no es ni motivo de orgullo, ni motivo de vanidad, y lo que es para mí es un sacrificio.  Pero yo quiero que el pueblo me diga si cree que debo asumir esa función (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”).

Creo que si hicimos un ejército con 12 hombres, y esos 12 hombres hoy estén al frente de los mandos militares, creo que si enseñamos a nuestro ejército que a un prisionero jamás se asesinaba, que a un herido jamás se abandonaba, que a un preso jamás se golpeaba, somos los hombres que podemos enseñar a todos los institutos armados de la República las mismas cosas que enseñamos a ese ejército (APLAUSOS).  Para tener unos institutos armados donde ni uno solo de sus hombres vuelva jamás a golpear a un prisionero, ni a torturarlo, ni a matarlo (APLAUSOS).  Y porque, además, podemos servir de puente entre los revolucionarios y los militares decentes, los que no han robado, ni han asesinado, porque esos militares, los que no han robado y los que no han asesinado, tendrán derecho a seguir perteneciendo a las fuerzas armadas (APLAUSOS); como también les digo que el que haya asesinado, no lo salva nadie del pelotón de fusilamiento (APLAUSOS PROLONGADOS).

Además, todos los combatientes revolucionarios que deseen pertenecer a las fuerzas regulares de la República tienen derecho, pertenezcan a la organización que pertenezcan, con sus grados…  Las puertas están abiertas para todos los combatientes revolucionarios que quieran luchar y que quieran hacer una tarea en beneficio del país.  Y si eso es así, si hay libertades, si hay un gobierno de hombres jóvenes y honrados, si el país está contento, si tiene confianza en ese gobierno y en los hombres que están mandando las fuerzas armadas, si va a haber unas elecciones, si las puertas están abiertas para todos, ¿por qué almacenar armas?

Yo quiero que me digan si el pueblo lo que quiere es que haya paz, o lo que quiere es que en todas las esquinas haya un tipo armado con un fusil; yo quiero que me digan si el pueblo está de acuerdo o considera que es correcto que todo el que quiera aquí tenga un ejército particular, que no obedezca más que a su jefecito (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”); si así puede haber orden y paz en la República (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).

(ALGUIEN EXCLAMA:  “¡Depuración de las fuerzas armadas!”)  Superdepuración, no depuración (APLAUSOS).

(EXCLAMACIONES DE:  “¡Habla de Raúl!”)  Raúl está en el Moncada, que es donde tiene que estar ahora.

Y esos son los problemas que hoy he querido plantear ante el pueblo.  Lo antes posible tienen que marcharse los fusiles de las calles y desaparecer los fusiles de las calles (APLAUSOS).  Porque ya no hay enemigo enfrente, porque ya no hay que pelear contra nadie; y si algún día hay que pelear contra un enemigo extraño o contra un movimiento que venga contra la Revolución, no pelearán cuatro gatos, peleará el pueblo entero (APLAUSOS PROLONGADOS).

Donde las armas tienen que estar es en los cuarteles, que nadie tiene derecho a tener ejércitos particulares aquí (APLAUSOS).

Esos elementos que andan con esas maniobras sospechosas, tal vez hayan encontrado pretexto para hacer eso en el hecho de que yo haya sido designado, y los compañeros míos, para un trabajo que es el que nos asignó el Presidente, y han hablado de que si hay ejército político.  ¿Ejército político, cuando como les dije a ustedes, tenemos a todo el pueblo, que ese es de verdad nuestro ejército político?

Hoy yo quiero advertir al pueblo, y yo quiero advertir a las madres cubanas, que yo haré siempre cuanto esté a nuestro alcance por resolver todos los problemas sin derramar una gota de sangre (APLAUSOS).  Yo quiero decirles a las madres cubanas que jamás, por culpa nuestra, aquí volverá a dispararse un solo tiro; y yo quiero pedirle al pueblo, como le quiero pedir a la prensa, como le quiero pedir a todos los hombres sanos y responsables del país, que nos ayuden a resolver estos problemas con el apoyo de la opinión pública, no con transacciones, porque cuando la gente se arma y amenaza para que le den algo, eso es una inmoralidad, y eso no lo aceptaré jamás (APLAUSOS).  Porque después que determinados elementos se han puesto a almacenar armas, digo aquí que no aceptaré la menor concesión, porque eso sería rebajar la moral de la Revolución (APLAUSOS).  Y que lo que hay que hacer es que el que no pertenezca a las fuerzas regulares de la República —a donde tiene derecho a pertenecer todo combatiente revolucionario—, que devuelva las armas a los cuarteles, porque aquí las armas sobran cuando ya no hay tiranía y está demostrado que las armas solo valen cuando se tiene la razón, y se tiene al pueblo, y de lo contrario, no sirven más que para asesinar y para cometer fechorías (APLAUSOS).

Quiero decirle además al pueblo que puede tener la seguridad de que las leyes del país serán respetadas y que aquí no habrá gangsterismo, ni pandillerismo, ni bandolerismo; sencillamente, porque no habrá tolerancia.  Las armas de la República están hoy en manos de los revolucionarios.  Esas armas, tengo la esperanza de que no habrá que usarlas jamás, pero el día que el pueblo lo ordene para garantizar su paz, su tranquilidad y sus derechos, cuando el pueblo lo pida, cuando el pueblo lo quiera, cuando ya sea una necesidad, entonces esas armas cumplirán con lo que tienen que cumplir, y cumplirán con su deber, sencillamente (APLAUSOS).

Nadie piense que vamos a caer en provocaciones, porque estamos demasiado serenos para caer en provocaciones, porque tenemos unas responsabilidades muy grandes para precipitarnos nunca en tomar medidas, ni en hacer alardes ni cosa que se parezca, y porque estoy muy consciente de que aquí hay que agotar siempre —y agotaré siempre— todos los medios persuasivos, y todos los medios razonables, y todos los medios humanos para evitar que se derrame una sola gota de sangre más en Cuba.  Así que en provocaciones, nadie tema que caiga; porque cuando la paciencia se nos haya acabado a todos nosotros, buscaremos más paciencia, y cuando la paciencia se nos vuelva a acabar, volveremos a buscar más paciencia; esa será nuestra norma (APLAUSOS).  Y esa tiene que ser la consigna de los hombres que tienen las armas en la mano y de los que tienen el poder en la mano:  no cansarse nunca de soportar, no cansarse nunca de resignarse a todas las amarguras y a todas las provocaciones, excepto cuando ya se vayan a poner en peligro los intereses más sagrados del pueblo.

Pero eso cuando de verdad se demuestre, eso cuando ya sea una demanda de la nación entera, de la prensa, de las instituciones cívicas, de los trabajadores, y de todo el pueblo; cuando lo pidan, y solo cuando lo pidan.  Y lo que haré siempre, en cada una de esas circunstancias, es venir y decirle al pueblo:  “Miren, ha pasado esto.”

Esta vez he omitido nombres, porque no quiero envenenar la atmósfera, porque no quiero aumentar la tensión; lo que simplemente quiero es prevenir al pueblo de esos peligros, porque sería muy triste que esta Revolución que tanto sacrificio ha costado —no que se vaya a frustrar, porque esta Revolución no se frustra de ninguna manera, porque ya se sabe que con el pueblo y con todo lo que hay a favor del pueblo, no hay el menor peligro—, pero sí sería muy triste que después del ejemplo que se ha dado a América, aquí se vuelva a disparar un tiro.

Es verdad que en casi todas las revoluciones, después de la lucha, viene otra, y después viene otra —y observen la historia de todas las revoluciones, en México y en todas partes.  Sin embargo, parecía que esta iba a ser una excepción, como ha sido una excepción en todo lo demás; ha sido extraordinaria en todo lo demás, y quisiéramos que también fuera extraordinaria en el hecho de que no se disparara más un tiro aquí; y creo que se logrará, creo que la Revolución triunfará sin que se dispare más un tiro, ¿saben por qué?  Porque es realmente admirable el grado de conciencia que se ha desarrollado en el país, el civismo de este pueblo, la disciplina de este pueblo, el espíritu de este pueblo; realmente, me siento orgulloso de todo el pueblo, tengo una fe extraordinaria en el pueblo de Cuba (APLAUSOS).  Vale la pena sacrificarse por nuestro pueblo.

Hoy tuve el gusto de dar un ejemplo delante de toda la prensa: estaba la multitud delante del Palacio Presidencial, y me decían que hacía falta 1 000 hombres para salir de allí; entonces, me paré y le pedí al pueblo que hiciera dos filas, que no hacía falta ningún hombre, que yo solo iba a ir allí, y en pocos minutos el pueblo hizo sus dos filas, y pasamos por allí, sin problemas de ninguna clase.  Ese es el pueblo de Cuba, y esa prueba se dio delante de todos los periodistas (APLAUSOS).

Desde ahora, ya se acabaron los agasajos y las ovaciones; desde ahora, para nosotros:  a trabajar, mañana será un día igual que otro cualquiera, y todos los demás igual, y nos acostumbraremos a la libertad.  Ahora estamos contentos porque hacía mucho tiempo que no éramos libres, pero dentro de una semana nos preocuparán otras cosas:  si tenemos dinero para pagar el alquiler, si la luz eléctrica, si la comida,      que esos son los problemas que de verdad tiene que resolver el Gobierno Revolucionario, el millón de problemas que tiene el pueblo de Cuba, y    que para eso tiene un consejo de ministros de hombres jóvenes que yo   sé que están poseídos de un entusiasmo, que tengo la seguridad de      que van a cambiar a la República, tengo la seguridad (APLAUSOS PROLONGADOS).  Además porque hay un Presidente que está seguro en el poder, que no lo amenaza ningún peligro, porque los peligros de que yo hablaba, no eran los peligros de que el régimen sufriera algún peligro de ser derrocado, son a mil leguas de distancia de eso; yo hablaba del peligro de que se derramara una sola gota de sangre más.  Pero el Presidente de la República está consolidado, reconocido ya por todas las naciones —no todas, pero rápidamente lo están reconociendo todas las naciones del mundo—, y cuenta con el respaldo del pueblo y con el respaldo de nosotros, con el respaldo de las fuerzas revolucionarias; y respaldo verdadero, y respaldo sin condiciones, respaldo sin pedir ni reclamar nada, porque aquí hemos luchado por los fueros del poder civil, y lo vamos a demostrar, que para nosotros los principios están por encima de toda otra consideración y que no luchamos por ambiciones.

Creo que hemos demostrado suficientemente haber luchado sin ambiciones.  Creo que ningún cubano albergue sobre ello la menor duda.

Así que ahora todos tenemos que trabajar mucho.  Yo, por mi parte, estoy dispuesto a hacer todo lo más que se pueda en beneficio del país, como sé que están todos mis compañeros, como sé que está el Presidente de la República y como sé que están todos los ministros, que no van a descansar.  Y yo les aseguro que si hoy sale uno de Cuba y regresa dentro de dos años, no va a conocer esta República.

Veo un extraordinario espíritu de colaboración en todo el pueblo, veo a la prensa, a los periodistas, a todos los sectores del país, deseosos de ayudar, y eso es lo que hace falta.  Y es que el pueblo de Cuba ha aprendido mucho, y en estos siete años ha aprendido por setenta.  Se dijo que el golpe de Estado había sido un retraso de veinticinco años; si fue así —y aquello era de verdad un retraso de veinticinco años—, ahora hemos dado un avance de cincuenta.  La República está desconocida: nada de politiquería, nada de vicio, nada de juego, nada de robo.  Hemos empezado hace unos días, y ya está casi desconocida la República.

Ahora nos queda un trabajo grande por hacer.  Todos los problemas relacionados con las fuerzas armadas, son problemas que estarán relacionados con nuestras futuras actividades, pero, además, siempre haremos todo lo que esté al alcance de nuestras manos por todo el pueblo, porque yo no soy militar profesional, ni de carrera, ni mucho menos; yo estaré aquí el tiempo mínimo, y cuando termine aquí voy a hacer otras cosas porque, sinceramente, yo no voy a hacer falta aquí en esto (EXCLAMACIONES).  Me refiero a que no voy a hacer falta dentro de las actividades de tipo militar, y que tengo otras ilusiones, de otras clases.      Y eso mismo, entre otras cosas:  el día que quiera tirar tiros, pelear, cimentar una inquietud, hay mucho campo aquí donde hacer las cosas (APLAUSOS).

(EXCLAMACIONES DE:  “¡Hay que fomentar fuentes de trabajo!”)  Si no resolvemos todos esos problemas, esta no sería una revolución, compañeros, porque creo que el problema fundamental de la República en estos momentos, y lo que dentro de poco estará necesitando el pueblo, cuando pase la alegría del triunfo, es trabajo, la manera de ganarse la vida decorosamente (APLAUSOS).

Pero no es eso solo, compañeros; hay mil cosas más de las cuales yo he estado hablando todos estos días, que imagino que ustedes, el que más y el que menos, habrá escuchado por la radio y por la prensa, y además, porque no vamos a agotar todos los temas en una sola noche.

Vamos a quedarnos pensando en estos problemas de los que les he hablado hoy, y vamos a concluir la larga jornada —que aunque yo no estoy cansado, sé que ustedes tienen que regresar a las casas y están lejos.  (EXCLAMACIONES DE:  “¡No importa!”, “¡Sigue!”)

Yo tenía el compromiso de ir al programa “Ante la Prensa” esta noche a las 10:30 o a la hora que fuera, y ya es la 1:30 (EXCLAMACIONES DE:  “¡Mañana!”)  Bueno, lo dejaré para mañana.

Ustedes tendrán oportunidad de escuchar por la prensa, por la radio y por todos los medios posibles, a los ministros.

Todos los amigos míos de tanto tiempo, de dondequiera han venido:  de la escuela, del barrio.  Casi estoy por decirles que conozco ya a todos los cubanos…

Y decía que tendrán oportunidad de oír a los ministros, cada uno de los cuales tiene sus planes y expondrán su programa; y cada uno de los hombres que está en el consejo de ministros está grandemente compenetrado con todos los demás elementos revolucionarios.

El Presidente de la República, con el derecho que le corresponde    —porque se eligió sin condiciones—, ha elegido una mayoría de ministros del Movimiento 26 de Julio.

Tenía su derecho, y al pedir nuestra colaboración, la ha tenido plenamente, y nos responsabilizamos con ese Gobierno Revolucionario.

Lo que yo he dicho en otra parte: nadie vaya a creer que las cosas se van a resolver de la noche a la mañana.  La guerra no se ganó en un día, ni en dos, ni en tres, y hubo que luchar duro; la Revolución tampoco se ganará en un día, ni se hará todo lo que se va a hacer en un día.  Además, le he dicho al pueblo en otros actos que no se vayan a creer que esos ministros son unos sabios —empiezo por decirles que ninguno ha sido ministro antes, o casi ninguno.  Así que nadie sabe ser ministro, eso es una cosa nueva para ellos; lo que están es llenos de buenas intenciones.  Y yo digo en esto, igual que digo de los comandantes rebeldes: miren, el comandante Camilo Cienfuegos no sabía de guerra, ni de manejar un arma, absolutamente nada.  El Che no sabía nada; cuando conocí al Che en México se dedicaba a disecar conejos y hacer investigaciones médicas.  Raúl tampoco sabía nada; EfigenioAmeijeiras tampoco sabía nada; y al principio no sabían nada de guerra, y al final se les podía decir, como les dije: “Comandante, avance sobre Columbia, y tómela”; “Comandante, avance sobre La Cabaña, y tómela”; “Avance   sobre Santiago, y tómelo”, y yo sabía que lo tomaban… (APLAUSOS PROLONGADOS).  ¿Por qué?  Porque habían aprendido.

Es posible que los ministros ahora no tengan grandes aciertos, pero estoy seguro de que dentro de unos meses van a saber resolver todos los problemas que les presente el pueblo, porque tienen lo más importante:  el deseo de acertar y de ayudar al pueblo; y, sobre todo, estoy seguro de que ni uno solo, jamás, cometerá una de las faltas clásicas de los ministros.  ¿Ustedes saben cuál es, no?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Robar!”, “¡Robar!”)  ¡Ah!, ¿cómo lo saben?

Pues, sobre todo, eso: la moral, la honradez de esos compañeros.  No serán sabios, porque aquí nadie es sabio, pero sí les aseguro que     hay honrados de sobra, que es lo que se está pidiendo.  ¿No es lo          que ha estado pidiendo el pueblo siempre, un gobierno honrado?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Entonces, vamos a darles un voto de confianza, vamos a dárselo, vamos a esperar (EXCLAMACIONES).  Sí, son del “26” la mayoría, pero si no sirven, después vendrán los del 27, o los del 28.  Ya sabemos que hay mucha gente capacitada en Cuba, pero todos no pueden ser ministros.  ¿O es que acaso el “26 de Julio” no tiene derecho a hacer un ensayo de gobernar la República?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”).

Así que eso es todo por hoy.  Realmente, nada más me falta algo…  Si supieran, que cuando me reúno con el pueblo se me quita el sueño, el hambre; todo se me quita.  ¿A ustedes también se les quita el sueño, verdad?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!)
Lo importante, o lo que me hace falta por decirles, es que yo creo que los actos del pueblo de La Habana hoy, las concentraciones multitudinarias de hoy, esa muchedumbre de kilómetros de largo —porque esto ha sido asombroso, ustedes lo vieron; saldrá en las películas, en las fotografías—, yo creo que, sinceramente, ha sido una exageración del pueblo, porque es mucho más de lo que nosotros merecemos (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).

Sé, además, que nunca más en nuestras vidas volveremos a presenciar una muchedumbre semejante, excepto en otra ocasión —en que estoy seguro de que se van a volver a reunir las muchedumbres—, y es el día en que muramos, porque nosotros, cuando nos tengan que llevar a la tumba, ese día, se volverá a reunir tanta gente como hoy, porque nosotros ¡jamás defraudaremos a nuestro pueblo!

(OVACION.)

VERSION TAQUIGRÁFICA DE LAS OFICINAS DEL PRIMER MINISTRO

Felicita Primera Secretaria del Partido Comunista de Cuba en la Habana a los capitalinos.

 

La integrantes del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba(PCC) Mercedes López Acea ,Vicepresidenta  del Consejo de Estado y primera secretaria del Comité Provincial del PCC en la Habana trasmitió una felicitación al pueblo capitalino con motivo del nuevo año y el aniversario 59 del triunfo de la Revolución Cubana.

¨¨A ese pueblo  que hay que felicitar, como que hay que felicitar al pueblo de Cuba, como tenemos que sentirnos orgullosos  de este nuevo  aniversario de la Revolución y ratificar esa fidelidad y esa continuidad ante nuestros líderes históricos, ante Fidel, Raúl y el resto de los compañeros que gestaron  esta gran Revolución que disfrutamos todos.¨¨ dijo López  Acea al trasmitir la felicitación a la población de la Habana.

La dirigente partidista  subrayo  que en la ciudad se está terminando el año con unas 250 viviendas por encima del plan previsto. Menciono   también la labor de la  agricultura .donde hubo  cultivos que tuvieron que ser sembrados  tres veces, primero porque fueron dañados, después porque se sembraron y vinieron lluvias intensas que volvieron a afectar y volvieron a sembrar para hoy  poder tener  una determinada presencia de hortalizas en los mercados, y poder efectuar las ferias que se están realizando en la ciudad.

¨Yo creo que ha sido un año de mucho esfuerzo. En medio de la recuperación del huracán Irma  nos propusimos  y que ha contado prácticamente  con la participación masiva de los trabajadores en ese empeño ha sido   el Programa  de Esfuerzo  Decisivo  que declaramos a partir del 20 de noviembre para levar una última etapa de mucho esfuerzo.¨¨ destaco López.

Preciso la dirigente que en ese programa  se ha retomado los planteamientos más envejecidos de la población, aquellos que no habían tenido solución por muchos  años, y donde se ha logrado una integración  entre  todos los organismo  de la provincia, donde se ha contado con la participación de organismos centrales.

¨¨Yo creo  que la enseñanza de las  brigadas  mixtas  que como parte de la recuperación , fueron un elemento esencial  a partir de la indicación  Presidente del  Consejo de Defensa nacional  General de ejército  Raúl   Castro Ruz de constitución de brigadas mixtas  para buscarle solución a problemas que territorialmente teníamos   que buscársela , lo hemos  aplicado como método permanente de trabajo  en estos últimos meses y  aquí  en  ese Programa de Esfuerzo  Decisivo  donde hemos retomado un grupo de planteamientos  importantes que estaban  envejecidos de la población  hemos podido dar un impulso¨¨ asevero Mercedes López Acea.

El  aniversario  59 del triunfo  revolucionario del Primero de Enero de 1959 se está celebrando en la Habana  en Jornadas de Trabajo y Victoria con el esfuerzo decisivo del pueblo capitalino que ha permitido cumplir más de 4000 acciones en los 15  municipios de la provincia con un alto impacto  social.

Ferias por el Fin de año en la Habana

Este sábado se  desarrolla en la   Habana una Feria Agropecuaria, Gastronómica y Comercial, de la Industria Alimentaria y de Servicios, como parte de las  actividades previstas en saludo al aniversario 59 del triunfo de la Revolución Cubana y del cierre del año.

Las ventas se realizaran en los municipios de Plaza de la Revolución, Playa y 10 de octubre, dijo Julio Martínez Roque, delegado del Ministerio de la Agricultura (MINAGRI) en la  capital.

Martínez preciso que diferentes unidades  productivas de las empresas porcina ,avícola ,de ganado menor ,agropecuaria y agroforestal ,de las provincias de Artemisa ,Mayabeque ,La Habana y de otros territorios , a través de la Unión  Nacional de Acopio realizaran la comercialización de los productos.

Una amplia  variedad de surtidos , entre ellos viandas ,hortalizas , granos ,cítricos, frutas , carne de cerdo ,ovinas, caprinos ,conejos , gallinas criollas , huevos de gallina y de  codorniz , carbón vegetal , productos procesados ,conservas de frutas y de vegetales serán ofertadas en estas feria  en la ciudad.

La Agricultura destino para el presente mes mil 500 toneladas de  carne de cerdo, y ya se han vendido más de 600 toneladas en mercados y plazas  de los  15  municipios  capitalinos.

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Este es un espacio de intercambio y reflexión, para demostrar la valía de un pueblo que se enfrenta al Imperio más poderoso del planeta con la seguridad absoluta en la Victoria porque le asiste la razón. Esas son las Razones de Cuba